Casa Velha III
Difficulty: Medium    Uploaded: 7 years, 7 months ago by Santxiki     Last Activity: 7 years, 1 month ago
Fin
211 Units
100% Translated
100% Upvoted
Amor non inprobatur, escribió mi gran san Agustín. Para él, al igual que para mí, la cuestión es que los seres humanos sean amados y amen en Dios. De este modo, es cuando, por aquel gesto, sospeché que esta joven y Félix estaban enamorados, no los condené por eso y, para contarlo todo, confieso que sentí una gran satisfacción.. No sé explicarlo bien; pero es cierto que, siendo allí un extraño y viendo a esa joven por primera vez, la impresión que me causó fue igual que si se tratara de viejos amigos. Puede ser que todo lo explique la simpatía de mi naturaleza; también puede ser que esa chica, al igual que había fascinado a Félix para el amor, acabara de fascinarme para la amistad. Una cosa u otra, a elegir, la verdad es que quedé satisfecho y les di mi aprobación.

Mientras, observé que por parte de él no había visto nada, ni a la mesa, ni en la terraza, nada que mostrase igual afecto. ¿Iba a suceder que solamente ella lo amara y no él a ella? La hipótesis me dejó afligido. Los encontraba tan apropiados el uno para el otro que el que no acabaran unidos me parecía una violación de la ley divina. Tales eran las reflexiones que iba haciendo cuando volví de allí ese día, y para quien andaba a la busca de documentos políticos, no es de creer que semejante preocupación fuese de gran peso; pero ni el alma de un hombre es tan estrecha que no quepan en ella cosas contrarias, ni yo era tan historiador como había presumido. No escribí la historia que esperaba; la que de allí traje es ésta.

No me fue difícil averiguar que Félix amaba a la pequeña. Ya en los primeros días me pareció otro, más placentero, a la mesa o fuera de ella, pude percibir algunas miradas que decían mucho. Observé tan bien que esa muchacha, tan niña, era enteramente mujer cuando sus ojos se encontraban con los de él, como si el amor fuera la pubertad del espíritu, y también noté que, si toda la gente la trataba de un modo afectuoso, pero superior, él tenía para ella atenciones y respeto.

Ya entonces no iba yo allí todos los días, sino tres o cuatro veces por semana. La dueña de la casa, aunque siempre afable, recibía la impresión natural de la asiduidad, que lo vulgariza todo. Los dos, no; Félix venía muchas veces a esperarme a distancia de la casa, y en la casa, en el portón o en la terraza, encontraba siempre a la muchachita riendo por la boca y por los ojos. Es muy posible que yo fuese para ellos como el trazo de pluma que une dos palabras; es cierto, sin embargo, que les caía bien. Yo, entre ellos, con mi sotana (déjenme confesar esta vanidad) tenía unos aires del obispo Cirilo entre Eudoro y Cimódoce.

Ha de parecer singular que no me acordase de inmediato del encargo de Dña. Antônia de que su hijo me acompañase a Europa y no lo asociase con este amor naciente: me acordé después. Al principio, viendo el afecto con que ela trataba a la mocita, pensé que los aprobaba. Más tarde, cuando me acordé del encargo, creí que ese amor era para ella el remedio al mal secreto de su hijo, si alguno había, que no me había querido revelar.

Durante los primeros días, tras la llegada de Lalau, nada sucedió que merezca la pena ser relatado aquí. Félix me acompañaba en el trabajo, pero de forma interrumpida, y, a veces, si salía para algún asunto de la casa, solo nos veíamos a la mesa de la comida. Lalau no iba a la biblioteca; un día, sin embargo, se atrevió a entrar a escondidas, y vino a hablarme. Suspendí el trabajo y conversamos cerca de media hora y sobre una infinidad de cosas, presentes y pasadas. Eran más de las once; el día estaba caliente, el aire parado, la casa silenciosa, salvo algún que otro mugido, a lo lejos, o algún canto de pajarito. Yo, con los estudios clásicos que había tenido, y la gran tendencia idealista, le daba a todo el color de mis reminiscencias y de mi índole, añadiendo que la propia realidad externa, anticuada y solemne en los muebles y en los libros, reciente y graciosa en Lalau, era propicia para la transfiguración.

Me dejé llevar por el sabor del momento. Noten bien que ella a veces escuchaba mal, o no sabía escuchar en absoluto, sino con los ojos vagos, pensando en otra cosa. Otras veces me interrumpía para hacer un reparo inútil. Ya dije también que tenía la conversación truncada y salteada. Con todo eso, era interesante hablarle, y principalmente oírla. Sabía, en medio de las puerilidades frecuentes de sus palabras, no desentonar nunca de la consideración que me debía; y era tanto curiosa como franca.

–¿Tuvo miedo? dijo ella.

–¿Cómo entró usted?

–Entrando; lo vi a usted aquí, y vine muy despacio, pensando no llegaría al final de la sala sin que usted me oyera, pero no oyó nada, todo embebido en lo que está escribiendo. ¿Qué es?

–Cosas serias.

–Dña. Antonia dijo que usted está aquí tomando unas notas políticas para poner en un libro.

–Entonces, si lo sabía ¿por qué me preguntó?

Lalau se encogió de hombros.

–Hizo mal, le dije. Mire que soy padre, puedo predicarle un sermón.

–¿Usted predica sermones? ¿por qué no viene a predicar aquí en Cuaresma? Me gustan mucho los sermones. El año pasado oí dos, en la iglesia de la Lapa, muy bonitos. No me acuerdo del nombre del padre. Yo, si fuera padre, predicaría también. Solo no me gustan los latinajos; no los entiendo.

Habló así, a trancos, unos cinco minutos largos; yo la dejé seguir, solo mirando, viviendo de aquella vida que brotaba de ella, cristalina y fresca. Por fin Lalau se sentó, pero no permaneció sentada más de dos minutos, se levantó otra vez para ir a la ventana y volvió dentro para mirar los libros. Los encontró demasiado grandes; admiraba cómo había quien tuviera paciencia para leerlos. ¡Y además algunos eran tan viejos!

-¿Qué importa que sean viejos?, repliqué. Dios es viejo, y es la mejor lectura que hay.

Lalau miró asombrada para mí. Probablemente era la primera vez que oía una figura retórica de esas, y le causó impresión. Además temía que los libros viejos se parecieran al antiguo capellán de la casa, el antecesor del padre Mascarenhas, que andaba siempre con la sotana polvorienta y tenía la cara llena de arrugas. Consecuentemente vinieron historias del capellán. En ninguna de ellas, ni en otras entraba Félix; exclusión que podía ser natural, pero que no me pareció casual. Como le dije que no está bien burlarse de los padres, quedó muy seria y atenta; después rompió el silencio, riendo: —Pero no es del señor.

—De mí o de otro es lo mismo.

—Sin embargo, el otro era tan feo, tan abandonado... Le dije, con las palabras que encontré, que el padre es padre, se cual sea su apariencia. En cuanto le hablaba, ella daba algunos pasos de un lado para otro, creo que para sentir la alfombra debajo de los pies; ya que solo la había allí y en la sala de visitas, siempre cerrada. De vez en cuando se detenía y observaba por encima las figuras descoloridas en el suelo; en otras ocasiones dejaba deslizar el pié a propósito. Tenía el rasgo pueril de encontrar placer en cualquier cosa.

—Está bien, está bien, me dijo al final, no necesita discutir conmigo; no hablo más del capellán. Puede continuar su trabajo, yo me marcho.

—No es necesario que se vaya.

—¡Muchas gracias! Quiere que me quede mirando a las paredes mientras el señor trabaja... —Pero, ¡si no estoy trabajando! Mire, si quiere que no haga nada, siéntese un momento, pero siéntese de una vez.

Lalau se sentó. La silla en la que se sentó era una vieja silla de respaldo de cuero repujado y patas en arco. Desde allí, miraba al exterior y el sol que entraba por la ventana venía a morir a sus pies. Para no estar en completo sosiego comenzó a jugar con los dedos; pero paró enseguida cuando le pregunte a bocajarro si se acordaba de su madre. Las facciones de la chica perdieron instantáneamente el aire alegre y descuidado; todo lo que había en ella de frívolo se convirtió en gravedad y compostura, y la niña desapareció, para dejar solo a la mujer con su añoranza filial.

Me respondió con una pregunta. ¿Cómo podía olvidarla? Sí señor, se acordaba de ella, y mucho, y rezaba por ella todas las noches para que Dios le diese el cielo. Y con seguridad estaba en el cielo. Era buena como yo no me podía imaginar, y nadie fue nunca tan amigo suyo como la difunta. No negaba que Dña. Antônia la quería mucho, y tenía pruebas de ello, y también las demás personas de la casa; pero la madre era otra cosa. La madre moría por ella, y casi se puede decir que así mismo fue, porque cogió un resfriado cuando la estaba cuidando de una fiebre, y se quedó con una tos que nunca más la abandonó. El doctor lo negó, dijo que la muerte fue por otra cosa; ella, sin embargo, sospechó siempre que la enfermedad de su madre comenzó con aquello. Tan buena que ni siquiera quiso que ella la viera morir, para que no padeciera más de lo que padecía. No la pudo ver morir, la vio después de muerta, ¡tan bonita! ¡tan serena! ¡parecía viva!

En esto llevó los dedos a los ojos; yo me levanté y le dije que cambiáramos de conversación, que su madre estaba en el cielo y que la voluntad de Dios estaba por encima de todo. Lalau me escuchó con los ojos fijos, ella que los tenía como una pareja de mariposas, y después de algunos instantes de silencio, continuó hablando de la madre, pero ya no de la muerte, sino de la vida, y particularmente de la belleza. No, yo no me podía imaginar lo bonita que era su madre; hasta se paraba la gente en la calle para verla. Y la describió por completo, como podía, dejando bien claro que las gracias físicas de la madre, a sus ojos, eran incluso una cualidad moral, una característica, algo especial y genuino que no poseerán nunca las demás madres.

—Dios que la llamó para sí, le dije, sabe por qué lo hizo. Ahora hablemos de los vivos. Ella está en el cielo y la señora está aquí, al lado de las personas que la quieren... —Oh! ¡yo daría todo por tenerla a mi lado, en nuestra casita de Ciudad Nueva! La casa era esto –continuó ella levantando las manos abiertas delante del rostro y marcando así el tamaño de un palmo– todavía me acuerdo bien, no era nada, casi nada, no tenía alfombras ni dorados, ¡pero mamá era tan buena! ¡tan buena! ¡Pobre mamá!

–¡Mire el sol! dije yo intentando desviar su atención.

En efecto, el sol, que estaba subiendo, comenzaba a lamerle el dobladillo del vestido. Lalau miró para el suelo, quiso alejar la silla, pero al sentirla pesada, se levantó y se acercó a mí; pidiéndome disculpas por tantas cosas que había dicho y que no interesaban a nadie; y no me dio tiempo a replicar, porque añadió enseguida otro pedido: –que no contase nada a Dña. Antônia.

–¿Por qué?".

–Puede creer que dije esto porque no estoy bien aquí, y yo estoy muy bien aquí, muy bien.

Quise retenerla. pero la palabra no consiguió nada y yo no podía cogerla con las manos. La dejé ir y volví a mis notas. Pero ellas no volvían a mí, por más que intentase buscarlas y transcribirlas. Lalau volvió todavía a la sala, de ahí a tres o cuatro minutos, para reiterar el último pedido; le prometí todo lo que quiso. Después, mirándome fijamente, añadió que yo era padre, y no me podía reír de ella ni faltar a mi palabra.

—¿Reír?, dije en tono de censura.

—No se enoje conmigo, se apresuró, sonriendo, lo digo porque soy muy temerosa y desconfiada.

Y, rápida como un pajarito, me dejó solo otra vez. Esta vez no regresé a las notas, me quedé paseando por la larga sala, bordeando los estantes, deteniéndome para mirar los libros, pero, en realidad, pensando en Lalau. La simpatía que me arrastraba hacia ella se complicaba ahora con la veneración ante aquella explosión de sensibilidad, que estaba lejos de esperar por parte de una criatura tan traviesa y pueril. Encontré en esa añoranza de la madre, tan viva, después de largos años, un documento de gran valor moral, pues el afecto que le mostraban allí e incluso el mismo contacto con la opulencia podían naturalmente haberla amortiguado o sustituido. Nada de eso; ¡Lalau daría todo por vivir al lado de su madre! ¿Todo? Pensé también en el silencio que me recomendó, temerosa de que la encontraran ingrata, y este rasgo no me pareció menos valioso que el otro: estaba claro que ella comprendía las deducciones posibles de un dolor que persiste a despecho de los cariños con que pensaban haberlo eliminado, y quería ahorrar a sus benefactores la amargura de creer que empleaban mal el beneficio.

Poco después llegó Félix. Vino a hablarme, me dijo que tenía una buena noticia, que iba a cambiarse de ropa y volvía. Veinte minutos después estaba otra vez conmigo y me confiaba el plan de hacerse elegir diputado.

–Hasta ahora no había decidido nada, pero creo que debo hacerlo. Sigo la carrera de papá. ¿Qué le parece, Reverendísimo?

–Me parece bien. Todas las carreras son buenas, excepto la del pecado. También yo estuve por algún tiempo con ideas de entrar en la Cámara; pero no tenía recursos ni alianzas políticas; desistí del empeño. Y estuvo bien así. Soy más especulativo que activo; me gusta escribir de política, no hacer política. Cada uno como Dios lo hizo. Usted, si salió a su padre, sí que tiene que ser activo, y bien activo. ¿La cosa es para pronto?

No me respondió nada; tenía los ojos fuera de allí. Pero poco después, advertido por el silencio: –¿El qué? ¡Ah! no es para ahora; estoy arreglando las cosas. Estuve con algunos amigos de papá y parece que hay primicias. Como sabe hay muchos descontentos contra el regente... Si el emperador ya tuviese la edad de constitución sí sería bueno; se iba el regente y el resto... Pues es verdad, creo que sí... Sin embargo, nunca había pensado en esto seriamente; pero las cosas son así mismo... ¿Qué le parece?

–Pienso que hace bien.

–En todo caso, le pido secreto; no diga nada a mamá.

–¿Cree que ella se oponga?

–No; pero... puede ser que no se consiga nada, y para no darle una esperanza que puede fallar... Es solo eso.

Era plausible la explicación; le prometí no decir nada. Creo que hablamos todavía de política, y de la política de aquellos diez últimos años, que no era poca ni tranquila. Ciertamente, Féix no tenía un plan de ideas y apreciaciones originales; a través de sus palabras, tanteaba yo las fórmulas y los juicios del círculo o de las personas con quienes se relacionaba con el fin de comenzar la carrera. Ahora, su particularidad era tener la claridad y rectitud de espíritu necesarias para tomar solo la parte sana y justa de lo que oía, o, por lo menos, la porción moderada. Nunca estaría en los extremos, cualquiera que fuese su partido.

–¿Trabajó mucho hoy? me preguntó cuando nos preparábamos para comer.

–Poco; tuve una visita.

–¿Mamá?

–No; otra persona, Lalau, ¿no es así como la llaman? Estuvo aquí una media hora. Podía estar tres o cuatro horas que no me importaría. ¡Muy divertida!

–A mamá le gusta mucho, dijo él.

–Debe de gustar a todo el mundo; no solo es divertida, es buena, tiene buen corazón. Le digo que dejé a un lado al Emperador, a los Andradas, a los siete de abril, lo deje todo a un lado solo para oírla hablar. Tiene cosas de niña, pero no es una niña.

–Muy inteligente, ¿No le parece?

–Mucho.

–¿De qué hablaron?

–De mil cosas, tal vez dos mil; con ella es difícil contar los temas; va de uno para otro con tal rapidez que, si uno no tiene cuidado, se cae en el camino. ¿Sabe qué idea tuve aquí, mirando para ella?

–¿Cuál?

–Casarla.

–¿Casarla? preguntó él vivamente.

–Casarla yo mismo; ser yo el padre que la uniese al escogido de su corazón, cuando ella lo tuviese... Félix no dijo nada, sonrió tímidamente, y, por primera vez, sospeché que las intenciones del chico podían ser muy otras que las que le suponía de antemano, que habría en él, tal vez, en vez de un marido, un seductor. No consigo expresar cómo me dolió esta suposición. Me sentía tan próximo a la muchacha, que era como si fuese mi hermana, mi propia sangre, la que un extraño iba a corromper y prostituir. Quise continuar hablando, para escrutarle bien el alma; no pude, él se retiró, y me quedé otra vez solo. Ese día me retiré un poco más temprano. Dña. Antônia me encontró preocupado, yo le dije que tenía dolor de cabeza.

Las personas de mi temperamento me comprenderán. Bastó que una idea se me figurase posible para que la creyese cierta. Vi a la niña perdida. ¿No habría habido allí una empleada seducida en 1835 por un saltimbanqui, como había dicho Dña. Antonia? Ahora no sería un saltimbanqui, sino el propio hijo de la dueña de la casa. Y así me expliqué la obstinación de Dña. Antônia en sacar al hijo de Río de Janeiro, comparada con el afecto que le tenía a la niña. Reflexioné en la distancia social que los separaba; Lalau era admitida en la intimidad de la familia, pero el chico, hijo de ministro y aspirante a ministro, y sobre todo hijo de casa noble, habiendo heredado la sangre del bisabuelo, tan orgullosa en las venas de la madre, estaba reservado para un matrimonio de otra categoría. Como, sin embargo, ella era bonita y la naturaleza tiene leyes diferentes de la sociedad, y no menos imperiosas, Félix había encontrado un modo de conciliar unas con otras, amando sin casarse.

Todo esto que queda ahí resumido, fueron mis reflexiones del resto del día y de una parte de la noche. Estaba irritado contra el chico, temía por ella, y no atinaba con lo que convenía hacer. Hasta me pareció que no debía hacer nada, nadie me daba derecho de presumir intenciones e intervenir en los asuntos particulares de una familia que, cada vez más, me llenaba de regalos. Esto era verdad; pero, como quiero decirlo todo, diré un secreto de conciencia. Entre la verdad de aquel concepto y el impulso de mi propio corazón, introduje un principio religioso, y me dije que era la caridad la que me obligaba, que en el Evangelio encontraría un motivo anterior y superior a todas las convenciones humanas. Este disimulo conmigo mismo podría callarlo ahora que los acontecimientos ya pasaron, pero no mostraría una parte de la historia que estoy narrando, ni la explicaría bien.

No podía sacarme a Lalau de la cabeza: sus palabras, sus modales, ingenuidad y lágrimas me acudían en tropel a la memoria, y me daban fuerzas para intentar dominar la situación y desviar el curso de los acontecimientos. Al día siguiente, por la mañana, quise reírme de mí mismo y de mis planes de don Quijote, remedio heroico, porque es tal la risa de alborozo que nadie la tolera aún de sí mismo; pero no conseguí nada. La conciencia permaneció seria y la contracción de la risa desapareció ante su indiferencia. Ideé cinco o seis planes diferentes, algunos absurdos. El mejor de ellos era el de avisar a la tía de la muchacha; pero lo rechacé más tarde por encontrarlo odioso. En verdad, iba a deshacer lazos íntimos, so pretexto de una sospecha que apenas podía explicármela yo mismo. Y, si resultaba odioso, no era menos imprudente; podía suponerse que yo cedía ante un sentimiento personal y reprobado. Rechacé de mi vista esta segunda razón, pero me atrajo la primera y di por zanjado el plan.

Lo mejor de todo, reflexioné al final, es observar y hacer lo que se puede, según las circunstancias, pero de modo que se evite el conflicto.

Tenía que ir a almorzar con un padre italiano en el Hospicio de Jerusalén, el mismo que me había hablado de la obra florentina y me había dado la ocasión de brillar en la Casa Vieja. Fui a almorzar y, al final del almuerzo, apareció por allí un recién llegado, un misionero que venía de la China y de Japón y traía muchas reliquias preciosas. Me invitaron a verlas. El misionero era lento en la acción y extenso en las palabras, de modo que pasamos en aquello un tiempo infinito y salí de allí tan tarde que, en ese día, no pude ir a la Casa Vieja. De noche, me constipé, me subió la fiebre y me quedé cinco días en cama.
unit 1
Amor non inprobatur, escreveu o meu grande Santo Agostinho.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 2
A questão para ele, como para mim, é que as criaturas sejam amadas e amem em Deus.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 6
Uma ou outra coisa, à escolha, a verdade é que fiquei satisfeito e os aprovei comigo.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 8
Dar-se-ia que só ela o amasse, não ele a ela?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 9
A hipótese afligiu-me.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 10
unit 12
Não escrevi a história que esperava; a que de lá trouxe é esta.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 13
Não me foi difícil averiguar que o Félix amava a pequena.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 16
Já então não ia eu ali todos os dias, mas três ou quatro vezes por semana.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 22
A princípio, vendo a afeição com que ela tratava a mocinha, cuidei que os aprovava.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 24
unit 26
Lalau não ia à biblioteca; um dia, porém, atreveu-se a entrar às escondidas, e foi ter comigo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 30
Deixei-me ir ao sabor do momento.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 32
Outras vezes interrompia-me para fazer um reparo inútil.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 33
Já disse também que tinha a conversação truncada e salteada.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 34
Com tudo isso, era interessante falar-lhe, e principalmente ouvi-la.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 36
— Teve medo?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 37
disse ela.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 38
— Como é que a senhora entrou?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 40
O que é?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 41
— Coisas sérias.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 42
— Nhãtônia disse que o senhor está aqui fazendo umas notas políticas para pôr num livro.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 43
— Então se sabia como é que me perguntou?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 44
Lalau encolheu os ombros.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 45
— Fez mal, disse eu.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 46
Olhe que eu sou padre, posso pregar-lhe um sermão.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 47
— O senhor prega sermões?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 48
por que não vem pregar aqui, na quaresma?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 49
Eu gosto muito de sermões.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 50
No ano passado, ouvi dois, na Igreja da Lapa, muito bonitos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 51
Não me lembra o nome do padre.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 52
Eu, se fosse padre, havia de pregar também.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 53
Só não gosto dos latinórios; não entendo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 56
Achou-os grandes demais; admirava como havia quem tivesse a paciência de os ler.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 57
E depois alguns eram tão velhos!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 58
— Que tem que sejam velhos?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 59
retorqui.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 60
Deus é velho, e é a melhor leitura que há.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 61
Lalau olhou espantada para mim.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 62
Provavelmente era a primeira vez que ouvia uma figura daquelas, e fez-lhe impressão.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 64
Consegüintemente vieram histórias do capelão.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 67
— De mim ou de outro, é a mesma coisa.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 71
Tinha o rasgo pueril de achar prazer em qualquer coisa.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 73
Pode continuar o seu trabalho, vou-me embora.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 74
— Não é preciso ir embora.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 75
— Muito obrigada!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 77
Olhe, se quer que eu não faça nada, sente-se um pouco, mas sente-se de uma vez.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 78
Lalau sentou-se.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 79
A cadeira em que se sentou era uma velha cadeira de espaldar de couro lavrado, e pés em arco.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 80
Dali , olhava para fora, e o sol, entrando pela janela, vinha morrer-lhe aos pés.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 83
Respondeu-me com uma pergunta.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 84
Como podia esquecê-la?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 85
unit 86
E com certeza estava no céu.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 87
Era boa como eu não podia imaginar, e ninguém foi nunca tão amiga dela, como a defunta.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 91
Tão boa que nem quis que ela a visse morrer, para não padecer mais do que padecia.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 92
Não pôde vê-la morrer, viu-a depois de morta, tão bonita!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 93
tão serena!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 94
parecia viva!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 97
Não, eu não podia imaginar como a mãe era bonita; até parava gente na rua para vê-la.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 99
— Deus que a chamou para si, disse-lhe eu, lá sabe por que é que o fez.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 100
Agora tratemos dos vivos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 101
Ela está no céu, a senhora está aqui, ao pé de pessoas que a estimam... — Oh!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 102
eu dava tudo para tê-la ao pé de mim, na nossa casinha da Cidade Nova!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 104
tão boa!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 105
Coitada de mamãe!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 106
— Olhe o sol!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 107
disse eu procurando desviar-lhe a atenção.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 108
Com efeito, o sol, que ia subindo, começava a lamber-lhe a barra do vestido.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 110
— Por quê?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 111
unit 112
Quis retê-la, mas a palavra não alcançou nada, e eu não podia pegar-lhe nas mãos.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 113
Deixei-a ir, e voltei às minha notas.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 114
Elas é que não voltaram a mim, por mais que tentasse buscá-las e transcrevê-las.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 116
unit 117
— Rir?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 118
disse eu em tom de censura.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 119
— Não se zangue comigo, acudiu sorrindo; digo isto porque sou muito medrosa e desconfiada.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 120
E, rápida, como passarinho, deixou-me outra vez só.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 124
Nada disso; Lalau daria tudo para viver ao pé da mãe!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 125
Tudo?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 127
Pouco depois chegou o Félix.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 128
Veio falar-me, disse-me que tinha uma boa notícia, que ia mudar de roupa e voltava.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 129
Vinte minutos depois estava outra vez comigo, e confiava-me o plano de fazer-se eleger deputado.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 130
— Até agora não tinha resolvido nada, mas acho que devo fazê-lo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 131
Sigo a carreira de papai.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 132
Que, lhe parece, Reverendíssimo?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 133
— Parece-me bem.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 134
Todas as carreiras são boas, exceto a do pecado.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 136
E assim foi bom.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 137
Sou antes especulativo que ativo; gosto de escrever política, não de fazer política.
2 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 138
Cada qual como Deus o fez.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 139
O senhor, se sair a seu pai, é que há de ser ativo, e bem ativo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 140
A coisa é para breve?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 141
Não me respondeu nada; tinha os olhos fora dali.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 142
Mas logo depois, advertido pelo silêncio: — O quê?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 143
Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 144
não é para já; estou arranjando as coisas.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 145
Estive com alguns amigos de papai, e parece que há furo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 146
Como sabe há muitos desgostos contra o Regente...
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 148
— Acho que fez bem.
2 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 149
— Em todo o caso, peço-lhe segredo; não diga nada a mamãe.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 150
— Crê que ela se oponha?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 152
Era plausível a explicação; prometi-lhe não dizer nada.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 156
Nunca andaria nos extremos, qualquer que fosse o seu partido.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 157
— Trabalhou muito hoje?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 158
perguntou-me ele quando nos preparávamos para jantar.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 159
— Pouco; tive uma visita.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 160
— Mamãe?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 161
— Não; outra pessoa, Lalau, não é assim que lhe chamam?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 162
Esteve aqui uma meia hora.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 163
Podia estar três ou quatro horas que eu não dava por isso.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 164
Muito engraçada!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 165
— Mamãe gosta muito dela, disse ele.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 166
— Todos devem gostar dela; não é só engraçada, é boa, tem muito bom coração.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 168
Tem coisas de criança, mas não é criança.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 169
— Muito inteligente, não acha?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 170
— Muito.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 171
— De que falaram?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 173
Sabe que idéia tive aqui, olhando para ela?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 174
— Que foi?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 175
— Casá-la.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 176
— Casá-la?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 177
perguntou ele vivamente.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 179
Não alcanço exprimir como me doeu esta suposição.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 181
unit 182
Nesse dia retirei-me um pouco mais cedo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 183
D. Antônia achou-me preocupado, eu disse-lhe que tinha dor de cabeça.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 184
As pessoas de meu temperamento entender-me-ão.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 185
Bastou que uma idéia se me afigurasse possível para que eu a acreditasse certa.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 186
Vi a menina perdida.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 187
Não houvera ali uma agregada, seduzida em 1835, por um saltimbanco, como me dissera D. Antônia?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 188
Agora não seria um saltimbanco, mas o próprio filho da dona da casa.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 192
unit 193
Estava irritado contra o rapaz, temia por ela, e não atinava com o que cumpria fazer.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 195
Isto era verdade; mas, como eu quero dizer tudo, direi um segredo de consciência.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 7 months ago
unit 200
A consciência ficou séria, e a contração do riso desmanchou-se diante da sua impassibilidade.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 201
Compus cinco ou seis planos diferentes, alguns absurdos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 202
O melhor deles era avisar a tia da menina; mas rejeitei-o logo por achá-lo odioso.
2 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 205
Rejeitei da vista esta segunda razão, mas atirei-me à primeira, e dei de mão ao plano.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 209
Convidaram-me a vê-las.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 211
De noite, constipei-me, apanhei uma febre, e fiquei cinco dias de cama.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago

Amor non inprobatur, escreveu o meu grande Santo Agostinho. A questão para ele, como para mim, é que as criaturas sejam amadas e amem em Deus. Assim , quando desconfiei, por aquele gesto, que esta moça e Félix eram namorados, não os condenei por isso, e para dizer tudo, confesso que tive um grande contentamento. Não sei bem explicá-lo; mas é certo que, sendo ali estranho, e vendo esta moça pela primeira vez, a impressão que recebi foi como se tratasse de amigos velhos. Pode ser que a simpatia da minha natureza explique tudo; pode ser também que esta moça, assim como fascinara o Félix para o amor, acabasse de fascinar-me para a amizade. Uma ou outra coisa, à escolha, a verdade é que fiquei satisfeito e os aprovei comigo.

Entretanto, adverti que da parte dele não vira nada, nem à mesa, nem na varanda, nada que mostrasse igual afeição. Dar-se-ia que só ela o amasse, não ele a ela? A hipótese afligiu-me. Achava-os tão ajustados um ao outro, que não acabarem ligados parecia-me uma violação da lei divina. Tais eram as reflexões que vim fazendo, quando dali voltei nesse dia, e para quem andava à cata de documentos políticos, não é de crer que semelhante preocupação fosse de grande peso; mas nem a alma de um homem é tão estreita que não caibam nela coisas contrárias, nem eu era tão historiador como presumira. Não escrevi a história que esperava; a que de lá trouxe é esta.

Não me foi difícil averiguar que o Félix amava a pequena. Logo nos primeiros dias pareceu-me outro, mais prazenteiro, e à mesa ou fora dela, pude apanhar alguns olhares, que diziam muito. Observei também que essa moça, tão criança, era inteiramente mulher quando os olhos dela encontravam os dele, como se o amor fosse a puberdade do espírito, e mais notei que, se toda a gente a tratava de um modo afetuoso, mas superior, ele tinha para com ela atenções e respeito.

Já então não ia eu ali todos os dias, mas três ou quatro vezes por semana. A dona da casa, posto que sempre afável, recebia a impressão natural da assiduidade, que vulgariza tudo. Os dois, não; o Félix vinha muitas vezes esperar-me a distância da casa, e na casa, ao portão, ou na varanda, achava sempre a mocinha, rindo pela boca e pelos olhos. É bem possível que eu fosse para eles como o traço de pena que liga duas palavras; é certo, porém, que gostavam de mim. Eu, entre ambos, com a minha batina (deixem-me confessar esta vaidade) tinha uns ares do bispo Cirilo entre Eudoro e Cimódoce.

Há de parecer singular que não me lembrasse logo do pedido de D. Antônia para que o filho me acompanhasse à Europa, e o não ligasse a este amor nascente: lembrei-me depois. A princípio, vendo a afeição com que ela tratava a mocinha, cuidei que os aprovava. Mais tarde, quando me recordei do pedido, acreditei que esse amor era para ela o remédio ao mal secreto do filho, se algum havia, que me não quisera revelar.

Durante os primeiros dias, depois da chegada de Lalau, nada aconteceu que mereça a pena contar aqui. Félix acompanhava-me no trabalho, mas interrompidamente, e às vezes, se saía a algum negócio da casa, só nos víamos à mesa do jantar. Lalau não ia à biblioteca; um dia, porém, atreveu-se a entrar às escondidas, e foi ter comigo. Suspendi o trabalho, e conversamos perto de meia hora, sobre uma infinidade de coisas, presentes e passadas. Era mais de onze horas; o dia estava quente, o ar parado, a casa silenciosa, salvo um ou outro mugido, ao longe, ou algum canto de passarinho. Eu, com os estudos clássicos que tivera, e a grande tendência idealista, dava a tudo a cor das minhas reminiscências e da minha índole, acrescendo que a própria realidade externa — antiquada e solene nos móveis e nos livros — recente e graciosa em Lalau — era propícia à transfiguração.

Deixei-me ir ao sabor do momento. Notem bem que ela às vezes ouvia mal, ou não sabia ouvir absolutamente, mas com os olhos vagos, pensando em outra coisa. Outras vezes interrompia-me para fazer um reparo inútil. Já disse também que tinha a conversação truncada e salteada. Com tudo isso, era interessante falar-lhe, e principalmente ouvi-la. Sabia, no meio das puerilidades freqüentes da palavra, não destoar nunca da consideração que me devia; e tanto era curiosa como franca.

— Teve medo? disse ela.

— Como é que a senhora entrou?

— Entrando; vi o senhor aqui, e vim muito devagar, pensando que não chegasse ao fim da sala, sem que o senhor me ouvisse, mas não ouviu nada, todo embebido no que está escrevendo. O que é?

— Coisas sérias.

— Nhãtônia disse que o senhor está aqui fazendo umas notas políticas para pôr num livro.

— Então se sabia como é que me perguntou?

Lalau encolheu os ombros.

— Fez mal, disse eu. Olhe que eu sou padre, posso pregar-lhe um sermão.

— O senhor prega sermões? por que não vem pregar aqui, na quaresma? Eu gosto muito de sermões. No ano passado, ouvi dois, na Igreja da Lapa, muito bonitos. Não me lembra o nome do padre. Eu, se fosse padre, havia de pregar também. Só não gosto dos latinórios; não entendo.

Falou assim, a trancos, uns bons cinco minutos; eu deixei-a ir, olhando só, vivendo daquela vida que jorrava dela, cristalina e fresca. No fim, Lalau sentou-se, mas não se conservou sentada mais de dois minutos, levantou-se outra vez para ir à janela, e tornou dentro para mirar os livros. Achou-os grandes demais; admirava como havia quem tivesse a paciência de os ler. E depois alguns eram tão velhos!

— Que tem que sejam velhos? retorqui. Deus é velho, e é a melhor leitura que há.

Lalau olhou espantada para mim. Provavelmente era a primeira vez que ouvia uma figura daquelas, e fez-lhe impressão. Teimou depois que os livros velhos pareciam-se com o antigo capelão da casa, o antecessor do Padre Mascarenhas, que andava sempre com a batina empoeirada, e tinha a cara feita de rugas. Consegüintemente vieram histórias do capelão. Em nenhuma delas, nem de outras entrava o Félix; exclusão que podia ser natural, mas que me não pareceu casual. Como eu lhe dissesse que não se deve mofar dos padres, ela ficou muito séria e atenta; depois rompeu, rindo:

— Mas não é do senhor.

— De mim ou de outro, é a mesma coisa.

— Ora, mas o outro era tão feio, tão lambuzão...

Disse-lhe, com as palavras que podia, que o padre é padre, qualquer que seja a aparência. Enquanto lhe falava, ela dava alguns passos de um lado para outro, cuido que para sentir o tapete debaixo dos pés; não o havia senão ali e na sala de visitas, fechada sempre. De quando em quando parava e olhava de cima as figuras desbotadas no chão; outras vezes deixava escorregar o pé, de propósito. Tinha o rasgo pueril de achar prazer em qualquer coisa.

— Está bom, está bom, disse-me ela finalmente, não precisa brigar comigo; não falo mais do capelão. Pode continuar o seu trabalho, vou-me embora.

— Não é preciso ir embora.

— Muito obrigada! Quer que fique olhando para as paredes, enquanto o senhor trabalha...

— Mas se eu não estou trabalhando! Olhe, se quer que eu não faça nada, sente-se um pouco, mas sente-se de uma vez.

Lalau sentou-se. A cadeira em que se sentou era uma velha cadeira de espaldar de couro lavrado, e pés em arco. Dali , olhava para fora, e o sol, entrando pela janela, vinha morrer-lhe aos pés. Para não estar em completo sossego, começou a brincar com os dedos; mas cessou logo, quando lhe perguntei, à queima-roupa, se se lembrava da mãe. As feições da moça perderam instantaneamente o ar alegre e descuidado; tudo o que havia nelas frívolo converteu-se em gravidade e compostura, e a criança desapareceu, para só deixar a mulher com a sua saudade filial.

Respondeu-me com uma pergunta. Como podia esquecê-la? Sim, senhor, lembrava-se dela, e muito, e rezava por ela todas as noites para que Deus lhe desse o céu. E com certeza estava no céu. Era boa como eu não podia imaginar, e ninguém foi nunca tão amiga dela, como a defunta. Não negava que Nhãtônia lhe queria muito, e tinha provas disso, e assim também as mais pessoas de casa; mas a mãe era outra coisa. A mãe morria por ela, e quase se pode dizer que foi assim mesmo, porque apanhou uma constipação, estando a tratá-la de uma febre, e ficou com uma tosse que nunca mais a deixou. O doutor negou, disse que a morte foi de outra coisa; ela, porém, desconfiou sempre que a doença da mãe começou dali. Tão boa que nem quis que ela a visse morrer, para não padecer mais do que padecia. Não pôde vê-la morrer, viu-a depois de morta, tão bonita! tão serena! parecia viva!

Aqui levou os dedos aos olhos; eu levantei-me e disse-lhe que mudássemos de conversa, que a mãe estava no céu, e que a vontade de Deus era mais que tudo. Lalau escutou-me com os olhos parados — ela que os trazia como um casal de borboletas —, e depois de alguns instantes de silêncio, continuou a falar da mãe, mas já não da morte, senão da vida, e particularmente da beleza. Não, eu não podia imaginar como a mãe era bonita; até parava gente na rua para vê-la. E descreveu-a toda, como podia, mostrando bem que as graças físicas da mãe, aos olhos dela, eram ainda uma qualidade moral, uma feição, alguma coisa especial e genuína que não possuíram nunca as outras mães.

— Deus que a chamou para si, disse-lhe eu, lá sabe por que é que o fez. Agora tratemos dos vivos. Ela está no céu, a senhora está aqui, ao pé de pessoas que a estimam...

— Oh! eu dava tudo para tê-la ao pé de mim, na nossa casinha da Cidade Nova! A casa era isto — continuou ela levantando as mãos abertas, diante do rosto, e marcando assim o tamanho de um palmo —, ainda me lembro bem, era nada, quase nada — não tinha lá tapetes nem dourados, mas mamãe era tão boa! tão boa! Coitada de mamãe!

— Olhe o sol! disse eu procurando desviar-lhe a atenção.

Com efeito, o sol, que ia subindo, começava a lamber-lhe a barra do vestido. Lalau olhou para o chão, quis recuar a cadeira, mas sentindo-a pesada, levantou-se e veio ter comigo; pedindo-me desculpa de tanta coisa que dissera, e não interessava a ninguém; e não me deu tempo de replicar, porque acrescentou logo outro pedido: — que não contasse nada a Nhãtônia.

— Por quê?

— Ela pode acreditar que eu disse isto, por não estar bem aqui, e eu estou muito bem aqui, muito bem.

Quis retê-la, mas a palavra não alcançou nada, e eu não podia pegar-lhe nas mãos. Deixei-a ir, e voltei às minha notas. Elas é que não voltaram a mim, por mais que tentasse buscá-las e transcrevê-las. Lalau ainda tornou à sala, daí a três ou quatro minutos, para reiterar o último pedido; prometi-lhe tudo o que quis. Depois, fitando-me bem, acrescentou que eu era padre, e não podia rir dela nem faltar à minha palavra.

— Rir? disse eu em tom de censura.

— Não se zangue comigo, acudiu sorrindo; digo isto porque sou muito medrosa e desconfiada.

E, rápida, como passarinho, deixou-me outra vez só. Desta vez não tornei às notas; fiquei passeando na longa sala, costeando as estantes, detendo-me para mirar os livros, mas realmente pensando em Lalau. A simpatia que me arrastava para ela complicava-se agora de veneração, diante daquela explosão de sensibilidade, que estava longe de esperar da parte de uma criatura tão travessa e pueril. Achei nessa saudade da mãe, tão viva, após longos anos, um documento de grande valor moral, pois a afeição que ali lhe mostravam, e o próprio contacto da opulência podiam naturalmente tê-la amortecido ou substituído. Nada disso; Lalau daria tudo para viver ao pé da mãe! Tudo? Pensei também no silêncio que me recomendou, medrosa de que a achassem ingrata, e este rasgo não me pareceu menos valioso que o outro: era claro que ela compreendia as induções possíveis de uma dor que persiste, a despeito dos carinhos com que cuidavam tê-la eliminado, e queria poupar aos seus benfeitores o amargor de crer que empregavam mal o benefício.

Pouco depois chegou o Félix. Veio falar-me, disse-me que tinha uma boa notícia, que ia mudar de roupa e voltava. Vinte minutos depois estava outra vez comigo, e confiava-me o plano de fazer-se eleger deputado.

— Até agora não tinha resolvido nada, mas acho que devo fazê-lo. Sigo a carreira de papai. Que, lhe parece, Reverendíssimo?

— Parece-me bem. Todas as carreiras são boas, exceto a do pecado. Também eu algum tempo, andei com fumaças de entrar na Câmara; mas não tinha recursos nem alianças políticas; desisti do emprego. E assim foi bom. Sou antes especulativo que ativo; gosto de escrever política, não de fazer política. Cada qual como Deus o fez. O senhor, se sair a seu pai, é que há de ser ativo, e bem ativo. A coisa é para breve?

Não me respondeu nada; tinha os olhos fora dali. Mas logo depois, advertido pelo silêncio:

— O quê? Ah! não é para já; estou arranjando as coisas. Estive com alguns amigos de papai, e parece que há furo. Como sabe há muitos desgostos contra o Regente... Se o Imperador já tivesse a idade de constituição é que era bom; ia-se embora o Regente e o resto... Pois é verdade, creio que sim... Entretanto, nunca tinha pensado nisto seriamente; mas as coisas são assim mesmo... Que acha?

— Acho que fez bem.

— Em todo o caso, peço-lhe segredo; não diga nada a mamãe.

— Crê que ela se oponha?

— Não; mas... pode ser que não se alcance nada, e para lhe não dar uma esperança que pode falhar... É só isto.

Era plausível a explicação; prometi-lhe não dizer nada. Creio que falamos ainda de política, e da política daqueles últimos dez anos, que não era pouca nem plácida. Félix não tinha certamente um plano de idéias, e apreciações originais; através das palavras dele, apalpava eu as fórmulas e os juízos do círculo ou das pessoas com quem ele lidava para o fim de encetar a carreira. Agora, a particularidade dele era ter a clareza e retidão de espírito precisas para só recolher do que ouvia a parte sã e justa, ou, pelo menos, a porção moderada. Nunca andaria nos extremos, qualquer que fosse o seu partido.

— Trabalhou muito hoje? perguntou-me ele quando nos preparávamos para jantar.

— Pouco; tive uma visita.

— Mamãe?

— Não; outra pessoa, Lalau, não é assim que lhe chamam? Esteve aqui uma meia hora. Podia estar três ou quatro horas que eu não dava por isso. Muito engraçada!

— Mamãe gosta muito dela, disse ele.

— Todos devem gostar dela; não é só engraçada, é boa, tem muito bom coração. Digo-lhe que pus de lado o Imperador, os Andradas, os Sete de Abril, pus tudo de lado só para ouvi-la falar. Tem coisas de criança, mas não é criança.

— Muito inteligente, não acha?

— Muito.

— De que falaram?

— De mil coisas, talvez duas mil; com ela é difícil contar os assuntos; vai de um para outro com tal rapidez que, se a gente não toma cuidado, cai no caminho. Sabe que idéia tive aqui, olhando para ela?

— Que foi?

— Casá-la.

— Casá-la? perguntou ele vivamente.

— Casá-la eu mesmo; ser eu o padre que a unisse ao escolhido do seu coração, quando ela o tivesse...

Félix não disse nada, sorriu acanhadamente, e, pela primeira vez, suspeitei que as intenções do rapaz podiam ser mui outras das que lhe supunha até então, que haveria nele, porventura em vez de um marido, um sedutor. Não alcanço exprimir como me doeu esta suposição. Ia tanto para a moça, que era já como se fosse minha irmã, o meu próprio sangue, que um estranho ia corromper e prostituir. Quis continuar a falar, para escrutar-lhe bem a alma; não pude, ele esquivou-se, e fiquei outra vez só. Nesse dia retirei-me um pouco mais cedo. D. Antônia achou-me preocupado, eu disse-lhe que tinha dor de cabeça.

As pessoas de meu temperamento entender-me-ão. Bastou que uma idéia se me afigurasse possível para que eu a acreditasse certa. Vi a menina perdida. Não houvera ali uma agregada, seduzida em 1835, por um saltimbanco, como me dissera D. Antônia? Agora não seria um saltimbanco, mas o próprio filho da dona da casa. E assim explicou-se-me a teima de D. Antônia em arredar o filho do Rio de Janeiro, comparada com a afeição que tinha à menina. Refleti na distância social que os separava; Lalau era admitida na intimidade da família, mas o rapaz, filho de ministro e aspirante a ministro, e mais que tudo filho de casa-grande, tendo herdado o sangue do bisavô, tão orgulhoso nas veias da mãe, reservar-se-ia para algum casamento de outra laia. Como, porém, ela era bonita, e a natureza tem leis diferentes da sociedade, e não menos imperiosas, Félix achara um modo de conciliar umas e outras, amando sem casar.

Tudo isso que fica aí em resumo, foram as minhas reflexões do resto do dia, e de uma parte da noite. Estava irritado contra o rapaz, temia por ela, e não atinava com o que cumpria fazer. Pareceu-me até que não devia fazer nada, ninguém me dava direito de presumir intenções e intervir nos negócios particulares de uma família que, de mais a mais, enchia-me de obséquios. Isto era verdade; mas, como eu quero dizer tudo, direi um segredo de consciência. Entre a verdade daquele conceito e o impulso do meu próprio coração, introduzi um princípio religioso, e disse a mim mesmo que era a caridade que me obrigava, que no Evangelho acharia um motivo anterior e superior a todas as convenções humanas. Esta dissimulação de mim para mim podia calá-la agora, que os acontecimentos lá vão, mas não daria uma parte da história que estou narrando, nem a explicaria bem.

Lalau não me saía da cabeça: as palavras dela, suas maneiras, ingenuidade e lágrimas acudiram-me em tropel à memória, e davam-me força para tenta dominar a situação e desviar o curso dos acontecimentos. No dia seguinte de manhã quis rir de mim mesmo e dos meus planos de D. Quixote, remédio heróico, porque é tal a risada do apupo que ninguém a tolera ainda em si mesmo; mas não consegui nada. A consciência ficou séria, e a contração do riso desmanchou-se diante da sua impassibilidade. Compus cinco ou seis planos diferentes, alguns absurdos. O melhor deles era avisar a tia da menina; mas rejeitei-o logo por achá-lo odioso. Em verdade, ia dissolver laços íntimos, a título de uma suspeita, que apenas podia explicar a mim mesmo. E, se era odioso, não era menos imprudente; podia supor-se que eu cedia a um sentimento pessoal e reprovado. Rejeitei da vista esta segunda razão, mas atirei-me à primeira, e dei de mão ao plano.

O melhor de tudo, refleti finalmente, é observar e fazer o que puder, segundo as circunstâncias, mas de modo que evite estralada.

Tinha de ir almoçar com um padre italiano, no Hospício de Jerusalém, o mesmo que me falara da obra florentina, e me dera ocasião de brilhar na Casa Velha. Fui almoçar; no fim do almoço, apareceu lá um recém-chegado, um missionário que vinha das partes da China e do Japão, e trazia muitas relíquias preciosas. Convidaram-me a vê-las. O missionário era lento na ação e derramado nas palavras, de modo que despendemos naquilo um tempo infinito, e saí de lá tão tarde que não pude ir nesse dia à Casa Velha. De noite, constipei-me, apanhei uma febre, e fiquei cinco dias de cama.