Casa Velha VIII/IX
Difficulty: Hard    Uploaded: 7 years, 3 months ago by terehola     Last Activity: 7 years, 2 months ago
Fin
171 Units
100% Translated
100% Upvoted
No podía dudar mucho. Dejé de ir tres días a la Casa Velha; fui después, e invité a Félix a venir a comer conmigo al día siguiente. Comimos temprano y de allí fuimos al Paseo Público, que quedaba cerca de mi casa. En el Paseo le dije: –¿Sabe que soy su amigo?
–Lo sé, respondió él levantando la cabeza.
–No se aflija; lo que le voy a decir es más por bien que por mal. Sé que estima a su madre; ella lo merece, no solo por ser su madre, sino porque si hace alguna cosa que parece contrariarlo, no lo hace más que en beneficio suyo y de la verdad.
Félix volvió a fruncir el ceño.
–Adivino que tiene alguna cosa difícil de decir que me ha de mortificar. Vamos, dígalo pronto.
– Lo digo ya, aunque me cueste. Y crea que me cuesta, pero es necesario, olvide a esa chica. No me mire así; tal vez imagina que estoy finalmente en manos de su madre.
– Sí.
– Mejor que fuera eso, porque entonces usted no tendría en cuenta ni a uno ni a otra, y se casaría, si le conviniese.
– ¿Y por qué no he de hacer eso mismo?
– No puede ser; no se puede casar, olvídela, olvídela de una vez por todas. Dios es quien no lo quiere, Dios o el diablo, porque la primera acción es del diablo; pero olvídela completamente. Su padre fue un gran culpable... En esto él me pidió, afligido, que le contara todo. Me costó, pero le revelé la confidencia de la madre. La impresión fue profunda y dolorosa, pero el sentimiento del pudor y de la religión pudo serenarla deprisa. Quise prolongar la conversación; él no lo quiso, no podía, y encontré natural que no pudiese; habló poco, distraído o absorto, y se despidió en algunos minutos.
No fue para casa, como supe después; fue a andar, a andar mucho, dando vueltas en la memoria a las duras palabras que le dije. Solo entró en casa después de las ocho de la noche, y se recogió en la habitación. La madre estaba afligida: presentiría mi revelación, y temía alguna imprudencia; probablemente se arrepintió de todo. Lo cierto es que, en cuanto supo de la llegada de su hijo, fue a hablar con él; Félix no le dijo nada, pero la expresión del rostro mostró a Dña. Antônia el estado del alma. Félix se quejó de dolor de cabeza y se quedó solo.
Fue el mismo quien me contó todo eso, al día siguiente, yendo a mi casa. Me agradeció una vez más, pero se quejó del singular silencio de la madre. Lo expliqué a mi manera; era natural que le costase la revelación, y que no la hiciese antes de intentar cualquier otro medio.
– Sea como fuera, estoy curado, dijo. La noche me hizo bien. El sentimiento que esa chica me inspiró se convirtió ahora en otro, y crea que con la imaginación ya me acostumbré a llamarla hermana; crea además que encuentro en esto un sabor particular, tal vez por ser hijo único.
Le apreté la mano, aprobándolo. Confieso que esperaba menos rápida conformidad. Pensé que tendría que asistir a mucha desesperación, y hasta lágrimas. Tanto mejor. Él, después de algunos instantes, me consultó si encontraba prudente revelarle todo a la chica; también yo había pensado en eso, y no había llegado a ninguna conclusión. Era difícil; pero no encontraba manera de que no fuera así. Después de considerarlo, decidimos no decir nada, salvo en último caso.
Los días que siguieron fueron, naturalmente, de desagrado. Los huéspedes de Dña. Antônia notaron algo en la familia que no era habitual; y la baronesa decidió volver a la finca nada más pasada la fiesta de la Gloria. No sé si Sinhazinha se dio cuenta de algo, pues continuaba teniendo los mismos modales del primer día. La idea de casarla con el hijo de Dña. Antônia empezó a parecerme natural, y hasta indispensable. Conversé con ella; vi que era inteligente, dócil y agradable, aunque fría; por lo menos, así parecía. Se casaría con él, o con otro, según la voluntad de la abuela. El día 15 debía ir Lalau a la casa, y yo, que lo sabía, no fui allí, a pesar del convite especial que había recibido para comer. No fui, no tuve ánimo de ver el primer encuentro de la alegría expansiva y ruidosa de la muchacha con la frialdad y el apartamiento del chico. Dejé de ir allí durante cinco días; aparecí el 20 de agosto.

El día 20, en efecto, lo encontré todo cambiado, Lalau triste, y Félix retraído y seco. Este vino a contarme lo que había pasado y acabó diciendo que el estado moral de la chica pedía mi intervención. Por su parte no quería cambiar sus maneras con ella, para no mantener un sentimiento condenado; no se atrevía tampoco a darle la noticia de la nueva situación. Pero yo podía hacerlo, sin reserva, y con ventaja para todos.
–No sé, dije yo después de algunos instantes de reflexión; no sé. . . ¿Su madre?
–Mamá está perfectamente bien con ella; hasta parece que la trata con mucha más ternura. ¿No le decía yo? Mamá es muy amiga de ella.
–¿No le habrá dicho nada?
–Creo que no.
Y después de un pequeño silencio: –Ni lo diría ella misma. Hay confesiones difíciles de hacer para otros, e imposibles para ella; digo hacerlas directamente a la persona interesada. Venga; sáquenos de esta situación incierta.
–Bueno; veré. No afirmo nada, veré.
Estábamos en la sala de los libros; Lalau apareció en la puerta. Se quedó parada unos instantes, después vino animadamente hacia mí, expansiva y ruidosa, pero a propósito, por despecho; verán que no me hablaba con la atención puesta en mí, sino dispersa, y mirando de modo que pudiese pillar los gestos del chico. Este no decía nada; miraba para los libros. Lalau me preguntó qué había sido de mí, por dónde había andado, si era ingrato con ella, si la olvidaba; afirmando que también estaba dispuesta a olvidarme, y ya tenía un sacerdote en vista, un canónigo tabacoso, muy feo, de cabeza grande. Todo eso lo decía de forma que me dolía y debía dolerle a él también; lo cierto es que él no se quedó mucho tiempo en la sala; fue a la ventana por unos instantes; después me dijo que iba a ver los caballos y salió.
Lalau no pudo contenerse más; en cuanto él salió, se dejó caer en una silla, en una esquina de la sala y rompió en lágrimas. La explosión me aturdió, corrí hacia ella, le tomé las manos, ella tomó las mías, dijo que era desgraciada, que nadie más la quería, que había padecido mucho aquel día, mucho, mucho... Nunca hablamos del sentimiento que la agobiaba ahora; pero no fue necesario comenzar por una confesión.
–No entiendo nada, decía ella; solo sé que sufro, que lloro y que me voy a ir. ¿Por qué? ¿Sabe lo que tiene?
No le di respuesta.
–Nadie sabe nada, naturalmente, continuó ella. Quien lo sabe todo ya está yendo hacia el campo. Así mismo debía ser; yo no valgo nada, no soy nada, no tengo una abuela baronesa, soy una sirvientita... Pero entonces ¿por qué engañarme tanto tiempo? ¿Para burlarse de mí?
Y lloraba otra vez, por más que yo enfrente de ella, de pie, le dijera que no hiciera ruido, que la podían oír; ella, sin embargo, durante algunos minutos no escuchaba nada. Cuando se cansó de llorar y se secó los ojos, era realmente digna de lástima. La expresión ahora era solo de dolor y de abatimiento; había desaparecido la indignación de la muchacha oscura que se ve preterida por otra de mejor posición. Me senté a su lado, le dije que era necesario tener paciencia, que los disgustos eran la parte principal de la vida; los placeres eran la excepción; le dije todo lo que la religión le podría recordar para conseguir que se resignara. Lalau escuchaba con la mirada fija, o mirando vagamente; a veces interrumpía con una sonrisa. Urgía contarle todo; pero aquí confieso que no encontraba palabras. La noticia era grave; el efecto debería de ser violento, porque, mientras ella pensase ser abandonada por otra, la esperanza se acurrucaría en algún rincón del corazón, y nada está perdido mientras el corazón espera alguna cosa. Pero la noticia de la filiación era concluyente.
No sabiendo cómo decirlo, proseguí con mi vaga exhortación. Ella, que al principio me oía sin interés, miró de repente para mí y me preguntó si realmente estaba todo perdido. Viendo que no le decía nada: –Dígame, por caridad, dígamelo todo.
–Vamos, cálmese... –No me calmo, dígalo.
–Hasta que no se calme no digo nada. Escuche, Dios escribe directo por líneas torcidas. ¿Quién sabe lo que traerá el futuro?
–No entiendo; diga.
En verdad, no se podía ser menos hábil o más torpe que yo. No me atrevía a decir la cosa, y no hacía más que aguzar el deseo de oírla. Lalau me insistió todavía, me cogió las manos, me las besó, y ese gesto me hizo daño, mucho daño. Me puse de pie, di dos pasos y regresé diciendo que ahora no, porque estaba tan fuera de sí, pero que luego le contaría todo, que era algo grave... —¿Grave? Dígame ya, ya.
Y se pegó a mí, que le dijera todo, juraba no contarle nada a nadie si era preciso guardar el secreto,pero no quería ignorar de qué se trataba. No me daba tiempo; si abría la boca para posponer, me interrumpía que no, que tenía que ser pronto, pronto; y me hablaba en nombre de Dios, de Nuestra Señora, y me preguntaba si era así como decía ser sacerdote.
–¿Me promete oírme en silencio?
–Lo prometo, dijo ella deprisa, ansiosa, pendiendo de mis ojos. –Es muy grave lo que voy a decir.
–Pero dígalo.
La tomé de la mano y la llevé enfrente del retrato del difunto consejero. Era teatral el gesto, pero tenía la ventaja de ahorrarme palabras; le dije simplemente que allí estaba alguien que no quería: el padre de ambos. Lalau empalideció, cerró los ojos e iba a caerse; pude sujetarla a tiempo.
Lalau tenía el sentimiento de las situaciones graves. Aquella era excepcional. No me dijo nada después de mi revelación, no me hizo ninguna pregunta; me apretó la mano y salió.
Dos días después fue a casa de la tía, con el pretexto de no sé que asunto de familia, pero realmente era una separación. Fui allí a verla; la encontré abatida. La tía me habló en privado; me preguntó si había algo en casa de Dña. Antônia; la sobrina, interrogada por ella, había respondido que no; quiso ir a la Casa Velha, pero fue la propia sobrina quien la disuadió, o más bien quien le impuso que no fuera.
–No pasó nada, fue su última palabra. Lo que pasa es que es tiempo de vivir en nuestra casa, y no en la casa de los demás. Ya no soy una niña. Tengo que cuidar de mi vida.
Dña. Mafalda no encontraba apropiada esta razón. La sobrina era tan amiga de la Casa Velha, y la familia de Dña. Antônia la quería tanto, que no se podía explicar de aquel modo una retirada tan repentina. Nunca le había oído el menor proyecto a tal respecto. Ademas desde que la había visto andaba triste, muy triste... Todas esas reflexiones eran justas; sin embargo, para que ella no llegase a ir a la Casa Velha, le dije que la razón dada por Lalau si no era sincera, en cualquier caso era buena. Pensaba muy bien queriendo venir a casa; eran pobres; ella debía acostumbrarse a la vida pobre, y no a la otra, que era abundante y amplia, y podía crearle hábitos peligrosos.
Nada le dije a ella, ni era posible; hablamos los tres juntos en la sala de visitas, que era también la de trabajo. Lalau intentó disfrazar la tristeza, pero la apatente indiferencia no llegó a persuadirme; llegué a la conclusión de que el amor permanecía en su corazón a pesar del vínculo de sangre y tuve horror a la naturaleza. No fue solo la naturaleza. Continué aborreciendo la memoria del hombre causante de tal situación y tales dolores.
En la Casa Velha fui igualmente discreto. Doña Antônia no me preguntó qué había pasado con ellas ni con su hijo y, por mi parte, no dije nada. Lo que ella me confió, algunos días después, fue que el viaje de Félix a Europa ya no era necesario; ahora se ocupaba de que contrajera matrimonio; me habló con claridad de sus proyectos relativos a Sinhazinha. Le parecía una excelente elección, yo la aprobé, con una inclinación de la cabeza.
Pasaron muchos días. Mi trabajo se terminaba. Había visto y revisado muchos papeles y tomado muchas notas. El coronel volvió a la Corte a mediados de septiembre, venía a ocuparse de unas escrituras. Notó la diferencia en la casa, donde faltaba la alegría de la joven y sobraba la tristeza, o algo parecido, del sobrino. No le dije nada, parece que Doña Antônia tampoco.
Félix pasaba una parte del día conmigo, cada vez que iba allí; me hablaba de unos planes relacionados con las industrias e incluso con la agricultura, no recuerdo bien, probablemente todo mezclado, en él todavía no había nada definido, recordemos que ya tenía idea de ser diputado. Lo que él quería hacer ahora, era algo que lo aturdiera, que le quitara el dolor del reciente desastre. En ese sentido, le aprobaba todo.
Me pareció que el tiempo iba haciendo algún efecto en ambos. Lalau aún no reía ni tenía la misma conversación de antes, pero comenzaba a tranquilizarse. Iba allí muchas veces, por las tardes; ella me agradecía evidentemente la delicadeza. No solo me tenía afecto, sino que encontraba en mi persona un pedazo de las otras facciones, de la otra casa y del otro tiempo. Además me estaba agradecida, aunque el destino me hubiera hecho portador de malas noticias y destructor de sus más íntimas esperanzas.
La idea de casarla entró enseguida en mi cabeza; y en ese sentido le hablé a la tía, que lo aprobó todo, sin adelantar nada más. No conocía a Vitorino, hijo del cochero, y le pregunté que tal sería como marido.
– Muy bueno, me dijo ella. Un chico serio, y tiene alguna posesión por la muerte del padre.
– ¿Tiene alguna educación?
– Sí. El padre hasta quería hacerlo doctor, pero fue el chico quien no quiso; dijo que se contentaba con otra cosa; parece que es amanuense de notario... amanuense no sé cómo se dice... mentado... paramentado. . .
–Juramentado –Eso mismo.
–Bueno, se puede hablar con ella... sin decirle todo... así, a modo de indagación... –Veré; déjelo así.
Días después Dña. Mafalda me dio cuenta del encargo: la sobrina ni quería oír hablar de casarse. Encontraba a Vitorino muy buen novio, pero su deseo era quedarse soltera, trabajar en la costura, para ayudar a la tía y no depender de nadie; pero casarse, nunca.
Esta conversación me trajo la idea de exponer a Dña. Antônia que, ya que Lalau era hija de su marido, estaría bien que le hiciera una pequeña donación que la resguardara de la miseria. Dña. Antônia aceptó la idea sin dudar. Estaba tan contenta con el resultado obtenido, que podía hacerlo. Me confesó, sin embargo, que lo mejor de todo sería, hecha la donación, pasado el tiempo y casado el hijo que volviera la chica a la Casa Velha. La echaba mucho de menos; no podía vivir mucho tiempo sin su compañía. Repetí la última parte a Lalau que la escuchó conmovida. Creo que hasta iba a brotarle una lágrima; pero la reprimió deprisa, y habló de otra cosa.
Era un martes. El miércoles yo debía ultimar mis trabajos en la Casa Velha y restituir los papeles, cuando hice un hallazgo que lo trastornó todo.
unit 1
Não podia hesitar muito.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 3
Jantamos cedo, e fomos dali ao Passeio Público, que ficava perto de minha casa.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 4
No Passeio, disse-lhe: —Sabe que sou seu amigo?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 5
—Sei, respondeu ele franzindo a testa.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 6
—Não se aflija; o que lhe vou dizer é antes bem que mal.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 8
Félix tornou a franzir a testa.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 9
—Adivinho que há alguma cousa difícil de dizer que me há de mortificar.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 10
Vamos, diga depressa.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 11
—Digo já, ainda que me custe.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 12
E creia que me custa, mas é preciso, esqueça aquela moça.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 13
Não me olhe assim; imagina talvez que estou finalmente nas mãos de sua mãe.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 14
—imagino.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 15
unit 16
— E por que não farei isso mesmo?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 17
— Não pode ser; não pode casar, esqueça-a, esqueça-a de uma vez para sempre.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 19
Seu pai foi um grande culpado... Aqui ele pediu-me, aflito, que lhe contasse tudo.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 20
Custou-me, mas revelei-lhe a confidência da mãe.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 21
unit 24
Só entrou em casa depois de oito horas da noite, e recolheu-se ao quarto.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 26
Félix queixou-se de dor de cabeça, e ficou só.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 27
Foi ele mesmo que me contou tudo isso, no dia seguinte, indo a minha casa.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 28
Agradeceu-me ainda uma vez, mas queixou-se do singular silêncio da mãe.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 30
—Seja como for, estou curado, disse ele.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 31
A noite fez-me bem.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 33
Apertei-lhe a mão, aprovando.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 34
Confesso que esperava menos pronta conformidade.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 35
Cuidei que tivesse de assistir a muito desespero, e até lágrimas.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 36
Tanto melhor.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 38
Era difícil; mas não achava modo de não ser assim mesmo.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 39
Depois de algum exame, assentamos de não dizer nada, salvo em último caso.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 40
Os dias que se seguiram foram naturalmente de constrangimento.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 42
unit 43
A idéia de casá-la com o filho de D. Antônia entrou a parecer-me natural, e até indispensável.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 44
Conversei com ela; vi que era inteligente, dócil e meiga, ainda que fria; assim parecia, ao menos.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 45
Casaria com ele, ou com outro, à vontade da avó.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 48
Deixei de lá ir cinco dias; apareci a 20 de agosto.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 49
No dia 20 achei, com efeito, tudo mudado, Lalau, e triste, Félix retraído e seco.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 52
Mas eu podia fazê-lo, sem constrangimento, e com vantagem para todos.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 53
—Não sei, disse eu depois de alguns instantes de reflexão; não sei.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 54
.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 55
.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 56
Sua mãe?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 57
—Mamãe está perfeitamente bem com ela; parece até que a trata com muito mais ternura.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 58
Não lhe dizia eu?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 59
Mamãe é muito amiga dela.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 60
— Não lhe terá dito nada?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 61
—Creio que não.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 62
E depois de algum silêncio: — Nem lho diria ela mesma.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 64
Vamos lá; tire-nos desta situação duvidosa.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 65
—Bem; verei.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 66
Não afirmo nada, verei.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 67
Estávamos na sala dos livros; Lalau apareceu à porta.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 69
Este não dizia nada; olhava para os livros.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 3 months ago
unit 74
— Não compreendo nada, dizia ela; sei só que sofro, que choro, e que me vou embora.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 75
Por quê?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 76
Sabe que há?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 77
Não lhe dei resposta.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 78
— Ninguém sabe nada, naturalmente, continuou ela.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 79
Quem sabe tudo já lá vai caminhando para a roça.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 81
Mas então por que enganar-me tanto tempo?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 82
Para caçoar comigo?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 84
Quando cansou de chorar, e enxugou os olhos, estava realmente digna de lástima.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 87
Lalau ouvia com os olhos parados, ou olhando vagamente; às vezes interrompia com um sorriso.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 88
Urgia contar-lhe tudo; mas aqui confesso que não achava palavras.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 90
Mas a notícia da filiação era decisiva.
2 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 91
Não sabendo como dizê-lo, prossegui na minha exortação vaga.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 93
Vendo que lhe não dizia nada: —Diga, por esmola, diga tudo.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 94
— Vamos lá, sossegue... — Não sossego, diga.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 95
— Enquanto não sossegar não digo nada.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 96
Escute, Deus escreve direito por linhas tortas.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 97
Quem sabe o que estaria no futuro?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 98
—Não entendo; diga.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 99
Em verdade, não se podia ser menos hábil, ou mais atado que eu.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 100
Não ousava dizer a cousa, e não fazia mais que aguçar o desejo de a ouvir.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 101
Lalau instou ainda comigo, pegou-me nas mãos, beijou-mas, e esse gesto faz-me mal, muito mal.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 103
Diga-me já, já.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 106
— Promete ouvir-me quieta?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 107
— Prometo, disse ela depressa, ansiosa, pendendo-me dos olhos.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 108
— É bem grave o que lhe vou dizer.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 109
— Mas diga.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 110
Peguei-lhe na mão, e levei-a para defronte do retrato do finado conselheiro.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 112
Lalau empalideceu, fechou os olhos e ia a cair; pude sustê-la a tempo.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 113
Lalau tinha o sentimento das situações graves.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 114
Aquela era excepcional.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 115
unit 117
Fui ali vê-la; achei-a abatida.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 119
— Não houve nada, foi a sua última palavra.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 120
O que há é que é tempo de viver em nossa casa, e não na casa dos outros.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 121
Estou moça.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 122
preciso de cuidar da minha vida.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 123
D.. Mafalda não achava própria esta razão.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 125
Nunca lhe ouvira o menor projeto a tal respeito.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 130
Não foi só a natureza.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 131
Continuei a aborrecer a memória do homem, causa de tal situação e de tais dores.
2 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 132
Na Casa Velha fui igualmente discreto.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 135
Parecera-lhe a escolha excelente; eu inclinei-me, aprovando.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 136
Passaram-se muitos dias.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 137
O meu trabalho estava no fim.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 138
Tinha visto e revisto muitos papéis e tomara muitas notas.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 139
O coronel voltou à Corte no meado de setembro; vinha tratar de umas escrituras.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 141
Não lhe disse nada; parece que D. Antônia também não.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 143
unit 144
Neste sentido, aprovava-lhe tudo.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 145
Pareceu-me que o tempo ia fazendo algum efeito em ambos.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 146
Lalau não ria ainda, nem tinha a mesma conversação de outrora; começava a apaziguar-se.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 147
Ia ali muita vez, às tardes; ela agradecia-me evidentemente a fineza.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 151
Não conhecia o Vitorino, filho do segeiro, e perguntei-lhe que tal seria para marido.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 152
— Muito bom, disse-me ela.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 153
Rapaz sério, e tem alguma cousa por morte do pai.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 154
— Tem alguma educação?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 155
— Tem.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 157
.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 158
.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 159
— Juramentado — Isso mesmo.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 160
unit 161
Dias depois, D. Mafalda deu-me conta da incumbência: a sobrinha nem queria ouvir falar em casar.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 164
D. Antônia aceitou a lembrança sem hesitar.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 165
Estava tão contente com o resultado obtido, que podia fazê-lo.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 167
Tinha grandes saudades dela; não podia viver muito tempo sem a sua companhia.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 168
Repeti a última parte a Lalau que a escutou comovida.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 169
Creio até que ia a brotar-lhe uma lágrima; mas reprimiu-a depressa, e falou de outra cousa.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 170
Era uma terça-feira.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago

Não podia hesitar muito. Deixei de ir três dias à Casa Velha; fui depois, e convidei o Félix a vir jantar comigo no dia seguinte. Jantamos cedo, e fomos dali ao Passeio Público, que ficava perto de minha casa. No Passeio, disse-lhe:
—Sabe que sou seu amigo?
—Sei, respondeu ele franzindo a testa.
—Não se aflija; o que lhe vou dizer é antes bem que mal. Sei que estima sua mãe; ela o merece, não só por ser mãe, como porque, se alguma cousa faz que parece contrariá-lo, não o faz senão em benefício seu e da verdade.
Félix tornou a franzir a testa.
—Adivinho que há alguma cousa difícil de dizer que me há de mortificar. Vamos, diga depressa.
—Digo já, ainda que me custe. E creia que me custa, mas é preciso, esqueça aquela moça. Não me olhe assim; imagina talvez que estou finalmente nas mãos de sua mãe.
—imagino.
—Antes fosse isso, porque então o senhor não atenderia a um nem a outro, e casaria, se lhe conviesse.
— E por que não farei isso mesmo?
— Não pode ser; não pode casar, esqueça-a, esqueça-a de uma vez para sempre. Deus é que o não quer, Deus ou o diabo, porque a primeira ação e do diabo; mas esqueça-a inteiramente. Seu pai foi um grande culpado...
Aqui ele pediu-me, aflito, que lhe contasse tudo. Custou-me, mas revelei-lhe a confidência da mãe. A impressão foi profunda e dolorosa, mas o sentimento do pudor e da religião pôde serená-la depressa. Quis prolongar a conversação; ele não o quis, não podia, e achei natural que não pudesse; pouco falou, distraído ou absorto, e despediu-se dali a alguns minutos.
Não foi para casa, como soube depois; foi andar, andar muito, revolvendo na memória as duras palavras que lhe disse. Só entrou em casa depois de oito horas da noite, e recolheu-se ao quarto. A mãe estava aflita: pressentira a minha revelação, e receou alguma imprudência; provavelmente arrependeu-se de tudo; Certo é que, logo que soube da chegada do filho, foi ter com ele; Félix não lhe disse nada, mas a expressão do rosto mostrou a D. Antônia o estado da alma. Félix queixou-se de dor de cabeça, e ficou só.
Foi ele mesmo que me contou tudo isso, no dia seguinte, indo a minha casa. Agradeceu-me ainda uma vez, mas queixou-se do singular silêncio da mãe. Expliquei-lho, a meu modo; era natural que lhe custasse a revelação, e não a fizesse antes de tentar qualquer outro meio.
—Seja como for, estou curado, disse ele. A noite fez-me bem. O sentimento que essa menina me inspirou converteu-se agora em outro, e creia que pela imaginação já me acostumei a chamá-la irmã; creia mais que acho nisto um sabor particular, talvez por ser filho único.
Apertei-lhe a mão, aprovando. Confesso que esperava menos pronta conformidade. Cuidei que tivesse de assistir a muito desespero, e até lágrimas. Tanto melhor. Ele, depois de alguns instantes, consultou-me se acharia prudente revelar tudo à moça; também eu já tinha pensado nisso, e não resolvera nada. Era difícil; mas não achava modo de não ser assim mesmo. Depois de algum exame, assentamos de não dizer nada, salvo em último caso.
Os dias que se seguiram foram naturalmente de constrangimento. Os hóspedes de D. Antônia notaram alguma cousa na família, que não era habitual; e a baronesa resolveu voltar para a fazenda, logo depois da festa da Glória. Sinhazinha é que não sei se reparou em alguma cousa; continuava a ter os mesmos modos do primeiro dia. A idéia de casá-la com o filho de D. Antônia entrou a parecer-me natural, e até indispensável. Conversei com ela; vi que era inteligente, dócil e meiga, ainda que fria; assim parecia, ao menos. Casaria com ele, ou com outro, à vontade da avó. No dia 15, devia ir Lalau para a casa, e eu, que o sabia, lá não fui, apesar do convite especial que tivera para jantar. Não fui, não tive animo de ver o primeiro encontro da alegria expansiva e ruidosa da moça com a frieza e o afastamento do rapaz. Deixei de lá ir cinco dias; apareci a 20 de agosto.

No dia 20 achei, com efeito, tudo mudado, Lalau, e triste, Félix retraído e seco. Este veio contar-me o que se passara, e acabou dizendo que o estado moral da menina pedia a minha intervenção. Pela sua parte não queria mudar de maneiras com ela, para não entreter um sentimento condenado; não ousava também dar-lhe notícia da situação nova. Mas eu podia fazê-lo, sem constrangimento, e com vantagem para todos.
—Não sei, disse eu depois de alguns instantes de reflexão; não sei. . . Sua mãe?
—Mamãe está perfeitamente bem com ela; parece até que a trata com muito mais ternura. Não lhe dizia eu? Mamãe é muito amiga dela.
— Não lhe terá dito nada?
—Creio que não.
E depois de algum silêncio:
— Nem lho diria ela mesma. Há confissões difíceis de fazer a outros, e impossíveis a ela; digo fazê-las diretamente à pessoa interessada. Vamos lá; tire-nos desta situação duvidosa.
—Bem; verei. Não afirmo nada, verei.
Estávamos na sala dos livros; Lalau apareceu à porta. Parou alguns instantes, depois veio afoutamente a mim, expansiva e ruidosa, mas de propósito, por pirraça; verão que não me falava com a atenção em mim, mas dispersa, e olhando de modo que pudesse apanhar os gestos do rapaz. Este não dizia nada; olhava para os livros. Lalau perguntou-me o que era feito de mim, por onde tinha andado, se era ingrato para ela, se esquecia; afirmando que também estava disposta a esquecer-me, e já tinha um padre em vista, um cônego, tabaquento, muito feio, cabeça grande. Tudo isso era dito por modo que me doía, e devia doer a ele também; certo é que ele não se demorou muito na sala; foi até a janela, por alguns instantes; depois disse-me que ia ver os cavalos e saiu.
Lalau não pôde mais conter-se; logo que ele saiu, deixou-se cair numa cadeira, ao canto da sala, e rompeu em lágrimas. A explosão atordoou-me, corri para ela, peguei-lhe nas mãos, ela pagou nas minhas, disse que era desgraçada, que ninguém mais lhe queria, que tinha padecido muito naquele dia, muito, muito... Nunca falamos do sentimento que a acabrunhava agora; mas não foi preciso começar por nenhuma confissão.
— Não compreendo nada, dizia ela; sei só que sofro, que choro, e que me vou embora. Por quê? Sabe que há?
Não lhe dei resposta.
— Ninguém sabe nada, naturalmente, continuou ela. Quem sabe tudo já lá vai caminhando para a roça. Devia ser assim mesmo; eu não valho nada, não sou nada, não tenho avó baronesa, sou uma agregadazinha.. . Mas então por que enganar-me tanto tempo? Para caçoar comigo?
E chorava outra vez, por mais que eu defronte dela, em pé, lhe dissesse que não fizesse barulho, que podiam ouvir; ela, porém, durante alguns minutos não atendia a nada. Quando cansou de chorar, e enxugou os olhos, estava realmente digna de lástima. A expressão agora era só de dor e de abatimento; desaparecera a indignação da moça obscura que se vê preterida por outra de melhor posição. Sentei-me ao lado dela, disse-lhe que era preciso ter paciência, que os desgostos eram a parte principal da vida; os prazeres eram a exceção; disse-lhe tudo o que a religião lhe poderia lembrar para obter que se resignasse. Lalau ouvia com os olhos parados, ou olhando vagamente; às vezes interrompia com um sorriso. Urgia contar-lhe tudo; mas aqui confesso que não achava palavras. Era grave a notícia; o efeito devia ser violento, porque, conquanto ela cuidasse estar abandonada por outra, a esperança lá se aninharia nalgum recanto do coração, e nada está perdido enquanto o coração espera alguma cousa. Mas a notícia da filiação era decisiva.
Não sabendo como dizê-lo, prossegui na minha exortação vaga. Ela, que a princípio ouvia sem interesse, olhou de repente para mim, e perguntou-me se realmente estava tudo perdido. Vendo que lhe não dizia nada:
—Diga, por esmola, diga tudo.
— Vamos lá, sossegue...
— Não sossego, diga.
— Enquanto não sossegar não digo nada. Escute, Deus escreve direito por linhas tortas. Quem sabe o que estaria no futuro?
—Não entendo; diga.
Em verdade, não se podia ser menos hábil, ou mais atado que eu. Não ousava dizer a cousa, e não fazia mais que aguçar o desejo de a ouvir. Lalau instou ainda comigo, pegou-me nas mãos, beijou-mas, e esse gesto faz-me mal, muito mal. Ergui-me, dei dous passos, e voltei dizendo que, não agora, por estar tão fora de si, mas depois lhe contaria tudo, tudo, que era uma cousa grave...
— Grave? Diga-me já, já.
E pegou-se a mim, que lhe dissesse tudo, jurava não contar nada a ninguém, se era preciso guardar segredo; mas não queria ignorar o que era. Não me dava tempo; se eu abria a boca para adiar, interrompia-me que não, que havia de ser logo, logo; e falava-me em nome de Deus, de Nossa Senhora, e perguntava-me se era assim que dizia ser padre.
— Promete ouvir-me quieta?
— Prometo, disse ela depressa, ansiosa, pendendo-me dos olhos. — É bem grave o que lhe vou dizer.
— Mas diga.
Peguei-lhe na mão, e levei-a para defronte do retrato do finado conselheiro. Era teatral o gesto, mas tinha a vantagem de me poupar palavras; disse-lhe simplesmente que ali estava alguém que não queria: o pai de ambos. Lalau empalideceu, fechou os olhos e ia a cair; pude sustê-la a tempo.
Lalau tinha o sentimento das situações graves. Aquela era excepcional. Não me disse nada, depois da minha revelação, não me faz pergunta nenhuma; apertou-me a mão e saiu.
Dous dias depois foi para casa da tia, a pretexto de não sei que negócio de família, mas realmente era uma separação. Fui ali vê-la; achei-a abatida. A tia falou-me em particular; perguntou-me se houvera alguma cousa em casa de D. Antônia; a sobrinha, interrogada por ela, respondera que não; quis ir à Casa Velha, mas foi a própria sobrinha que a dissuadiu, ou antes que lhe impôs que não fosse.
— Não houve nada, foi a sua última palavra. O que há é que é tempo de viver em nossa casa, e não na casa dos outros. Estou moça. preciso de cuidar da minha vida.
D.. Mafalda não achava própria esta razão. A sobrinha era tão amiga da Casa Velha, e a família de D. Antônia queria-lhe tanto, que não se podia explicar daquele modo uma retirada tão repentina. Nunca lhe ouvira o menor projeto a tal respeito. Acresce que, desde que viera, andava triste, muito triste...
Todas essas reflexões eram justas; entretanto, para que ela não chegasse a ir à Casa Velha, disse-lhe que a razão dada por Lalau, se não era sincera, era em todo caso boa. Pensava muito bem querendo vir para casa; eram pobres; ela devia acostumar-se à vida pobre, e não à outra, que era abundante e larga, e podia criar-lhe hábitos perigosos.
Nada lhe disse a ela mesma, nem era possível; falamos juntos os três na sala de visitas, que era também a de trabalho. Lalau procurou disfarçar a tristeza, mas a indiferença aparente não chegou a persuadir-me; concluí
que o amor lhe ficara no coração, a despeito do vínculo de sangue, e tive horror à natureza. Não foi só a natureza. Continuei a aborrecer a memória do homem, causa de tal situação e de tais dores.
Na Casa Velha fui igualmente discreto. D. Antônia não me perguntou o que se passara com elas, nem com o filho, e pela minha parte não lhe disse nada. O que ela me confiou, dias depois, é que a viagem de Félix à Europa era já desnecessária; cuidava agora de casá-lo; falou-me claramente nos seus projetos relativos a Sinhazinha. Parecera-lhe a escolha excelente; eu inclinei-me, aprovando.
Passaram-se muitos dias. O meu trabalho estava no fim. Tinha visto e revisto muitos papéis e tomara muitas notas. O coronel voltou à Corte no meado de setembro; vinha tratar de umas escrituras. Notou a diferença da caça, onde faltava a alegria da moça, e sobrava a tristeza ou alguma cousa análoga do sobrinho. Não lhe disse nada; parece que D. Antônia também não.
Félix passava uma parte do dia comigo, sempre que eu ali ia; falava-me de alguns planos relativamente a indústrias, ou mesmo a lavoura, não me lembra bem; provavelmente, era tudo misturado, nada havia nele ainda definido; lembramo-nos que já andara com idéias de ser deputado. O que ele queria agora era fazer alguma cousa que o aturdisse, que lhe tirasse a dor do recente desastre. Neste sentido, aprovava-lhe tudo.
Pareceu-me que o tempo ia fazendo algum efeito em ambos. Lalau não ria ainda, nem tinha a mesma conversação de outrora; começava a apaziguar-se. Ia ali muita vez, às tardes; ela agradecia-me evidentemente a fineza. Não só tinha afeição, como achava na minha pessoa um pedaço das outras feições, da outra casa e do outro tempo. Demais, era-me grata, posto que o destino me tivesse feito portador de más novas, e destruidor de suas mais íntimas esperanças.
A idéia de casá-la entrou desde logo no meu espírito; e nesse sentido falei à tia, que aprovou tudo, sem adiantar mais nada. Não conhecia o Vitorino, filho do segeiro, e perguntei-lhe que tal seria para marido.
— Muito bom, disse-me ela. Rapaz sério, e tem alguma cousa por morte do pai.
— Tem alguma educação?
— Tem. O pai até queria fazê-lo doutor, mas o rapaz é que não quis; disse que se contentava com outra cousa; parece que está escrevente de cartório... escrevente não sei como se diz... mentado... paramentado . . .
— Juramentado
— Isso mesmo.
—Bem, se puder falar com ela... sem dizer tudo... assim a modo de indagação... —Verei; deixe estar.
Dias depois, D. Mafalda deu-me conta da incumbência: a sobrinha nem queria ouvir falar em casar. Achava o Vitorino muito bom noivo, mas o seu desejo era ficar solteira, trabalhar em costura, para ajudar a tia e não depender de ninguém; mas casar nunca.
Esta conversa trouxe-me a idéia de ponderar a D. Antônia que, uma vez que Lalau era filha de seu marido, ficava-lhe bem fazer uma pequena doação que a resguardava da miséria. D. Antônia aceitou a lembrança sem hesitar. Estava tão contente com o resultado obtido, que podia fazê-lo. Confessou-me, porém, que o melhor de tudo seria, feita a doação, passados os tempos, e casado o filho, voltar a menina para a Casa Velha. Tinha grandes saudades dela; não podia viver muito tempo sem a sua companhia. Repeti a última parte a Lalau que a escutou comovida. Creio até que ia a brotar-lhe uma lágrima; mas reprimiu-a depressa, e falou de outra cousa.
Era uma terça-feira. Na quarta, devia eu ultimar os meus trabalhos na Casa Velha, e restituir os papéis, quando fiz um achado que transtornou tudo.