Ernesto de Tal III - Machado de Asis
Difficulty: Medium    Uploaded: 8 years, 4 months ago by Santxiki     Last Activity: 7 years, 1 month ago
Fin
60 Units
100% Translated
100% Upvoted
–Un pazguato, es lo que Rosina quería decir cuando defendió la fidelidad de Ernesto, maliciosamente atacada por las dos amigas.

Hacía apenas tres meses que Ernesto cortejaba a la sobrina de Vieira, que se carteaba con ella, que se prometían fidelidad eterna uno al otro y en ese corto espacio de tiempo ya había descubierto cinco o seis moros en la costa. En esas ocasiones hervía de cólera y era capaz de echar abajo todo. Pero la buena niña, con su varita mágica, traía al chico al buen camino, escribiéndole dos líneas o diciéndole cuatro palabras de fuego. Ernesto confesaba que había visto mal, y que ella era excesivamente misericordiosa con él.

–Te merecías que no te amase más, observaba Rosina con gracioso enfado.

–¡Oh! ¡no!

–¿Para qué tienes que inventar esas cosas?

–Yo no invento... me dijeron.

–Pues hiciste mal en creerlo.

–¡Sí, hice mal... tú eres un ángel del cielo!

Rosina le perdonaba la calumnia y las cosas continuaban como antes.

Un amigo al que Ernesto confiaba todas sus alegrías y amarguras, al que tomaba por consejero y que era su compañero de casa, le decía muchas veces: –Mira, Ernesto, creo que estás perdiendo tu trabajo.

–¿Qué quieres decir?

–Tú ne le gustas.

–¡Imposible!

–Tú eres apenas un pasatiempo.

–Te engañas; me quiere.

–Pero también quiere a muchos más.

–¡Jorge!

–En resumidas cuentas... –¡Ni una palabra más!

–Es una ligona, concluía el amigo tranquilamente.

Al oir este perentorio juicio de su amigo, Ernesto lanzaba una mirada larga y profunda, capaz de paralizar todos los movimientos conocidos de la mecánica; como, sin embargo, el rostro del amigo no revelaba la menor impresión de temor o arrepentimiento, Ernesto retiraba la mirada –pero cauteloso en este punto como el senador D. Manuel, a quien el vizconde de Jequitinhonha decía un día en el senado que retirara la risa y continuaba riendo– y todo acababa en buena y santa paz.

Tal era la confianza de Ernesto en la flor de la Rua do Conde. Si ella le dijese un día que tenía en el bolsillo del vestido una de las torres de la Candelária, no es seguro, pero es muy probable que Ernesto aceptara la noticia.

Sin embargo, en esta ocasión, el enfado era serio. Ernesto vio positivamente recibir, a hurtadillas, una cartita de la joven de la mano de una especie de primo que frecuentaba la casa de Vieira. Sus ojos echaron chispas de rabia cuando vieron blanquear la misteriosa carta en las manos de la joven. Hizo un gesto de amenaza al joven, lanzó una mirada de desprecio a la joven y salió. Después escribió la carta que ya conocemos y fue a esperar la respuesta en la esquina de la calle. ¿Qué respuesta, si hubiera visto el gesto de Rosina? Ingenuo lector, él quería una respuesta que le demostrara no haber visto nada, una respuesta que lo hiciera mirarse a sí mismo con desprecio y enojo. No encontraba posible semejante explicación, pero en el fondo del alma era eso lo que él quería.

La respuesta llegó al día siguiente. El joven que vivía con él fue a despertarlo a las ocho de la mañana para entregarle una pequeña carta de Rosina.

Ernesto dio un salto en la cama, se sentó, abrió la carta y leyó rápidamente. Un aire de suprema felicidad rebeló al compañero de Ernesto el contenido de la carta.

—Tod está solucionado, dijo Ernesto cerrando la carta y bajando de la cama; lo explicó todo, yo lo había entendido mal.

—¡Ah! dijo Jorge mirando con lástima al amigo, entonces, ¿qué dice ella?

Ernesto no respondió inmediatamente; abrió la carta otra vez, la leyó para sí, volvió a cerrarla, miró al techo, a las pantuflas, al compañero y, sólo después de esta serie de gestos indicadores de la profunda abstracción de su mente, es cuando respondió a Jorge, diciendo: —Ella lo explica todo; la carta que yo creía que era de amor era una nota del primo pidiendo algún dinero al tío. Dice que soy muy malo por obligarla a hablar de estas flaquezas de familia y termina jurando que me ama como nadie sería capaz de amar nunca . Lee.

Jorge recibió la carta y la leyó, mientras Ernesto paseaba de un lado a otro, gesticulando y hablando consigo mismo, como si mentalmente redactara un acto de contrición.

—¿Entonces? ¿qué tal? dijo él cuando Jorge le entregó la carta.

—Tines razón, todo está explicado, respondió Jorge.

Esa misma tarde, Ernesto fue a la Rua do Conde. Ella lo recibió desde lejos con una sonrisa. En la primera ocasión que tuvieron, todo quedó aclarado, declarándose Ernesto compungido por haber sospechado de Rosina y llevando la joven su generosidad al punto de darle un beso, al atardecer, antes de que la criada llegase a encender las velas de espermaceti de los aparadores.

Ahora, el lector tiene la palabra para preguntarme sobre las intenciones de esta joven que, prefiriendo la posición del joven de la nariz larga, todavía se carteaba con Ernesto y le daba todas las demostraciones de una preferencia que no existía.

Las intenciones de Rosina, curioso lector, eran perfectamente conyugales. Se quería casar y hacerlo lo mejor que pudiera. Para ello aceptaba el homenaje de todos sus pretendientes, escogiendo para sí lo que mejor se adecuara a sus deseos, pero aún así sin desanimar a los otros, porque el mejor de ellos podía fallar y para ella existía una cosa peor que el mal matrimonio y era el no casarse.

Este era el programa de la moza. Añada a eso que era de naturaleza provocadora, que le gustaba tener a sus pies a una multitud de pretendientes, hay que reconocer que muchos de ellos no pretendían casarse y cortejaban por pasar el tiempo lo que dejaba claro por parte de esos caballeros una incurable vacuidad de espíritu.

Quién no tiene perro, caza con gato, dice el proverbio. Ernesto era, por tanto, moral y conyugalmente hablando, el posible gato de Rosina, una especie de pis-aller, —como dicen los franceses— que convenía tener a mano.
unit 3
Nessas ocasiões fervia-lhe a cólera, e era capaz de deitar tudo abaixo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 5
Ernesto confessava que tinha visto mal, e que ela era excessivamente misericordiosa para com ele.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 6
— Merecia bem que eu o não amasse mais, observava Rosina com gracioso enfado.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 7
— Oh!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 8
não!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 9
— Para que há de inventar essas coisas?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 10
— Eu não invento... disseram-me.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 11
— Pois fez mal em acreditar.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 12
— Fiz mal, sim... você é um anjo do céu!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 13
Rosina perdoava-lhe a calúnia, e as coisas continuavam como dantes.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 15
— Como assim?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 16
— Ela não gosta de ti.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 17
— Impossível!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 18
— Tu és apenas um passatempo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 19
— Enganas-te; ama-me.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 20
— Mas ama também a outros muitos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 21
— Jorge!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 22
— Em suma... — Nem mais uma palavra!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 23
— É uma namoradeira, concluía o amigo tranqüilamente.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 25
Tal era a confiança de Ernesto na flor da Rua do Conde.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 27
Desta vez porém o arrufo era sério.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 29
Seus olhos faiscaram de raiva quando viram alvejar a misteriosa epístola nas mãos da moça.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 30
Fez um gesto de ameaça ao rapaz, lançou um olhar de desprezo à moça, e saiu.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 31
Depois escreveu a carta de que temos notícia, e foi esperar a resposta na esquina da rua.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 32
Que resposta, se ele vira o gesto de Rosina?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 34
Não achava possível semelhante explicação; mas no fundo d’alma era isso o que ele queria.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 35
A resposta veio no dia seguinte.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 37
Ernesto deu um salto na cama, assentou-se, abriu a epístola, e leu-a rapidamente.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 38
Um ar de celeste bem-aventurança revelou ao companheiro de Ernesto o conteúdo da carta.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 40
— Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 41
disse Jorge olhando com lástima para o amigo; então que diz ela?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 44
Lê.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 46
— Então?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 47
que tal?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 48
disse ele quando Jorge lhe entregou a carta.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 49
— Tens razão, tudo se explica, respondeu Jorge.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 50
Ernesto foi nessa mesma tarde à Rua do Conde.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 51
Ela recebeu-o com um sorriso logo de longe.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 54
As intenções de Rosina, leitor curioso, eram perfeitamente conjugais.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 55
Queria casar, e casar o melhor que pudesse.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 57
Este era o programa da moça.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 59
Quem não tem cão, caça com gato, diz o provérbio.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago

— Um palerma — é o que Rosina queria dizer quando defendeu a fidelidade de Ernesto, maliciosamente atacada pelas duas amigas.

Havia apenas três meses que Ernesto namorava a sobrinha de Vieira, que se carteava com ela, que protestavam um ao outro eterna fidelidade, e nesse curto espaço de tempo tinha já descoberto cinco ou seis mouros na costa. Nessas ocasiões fervia-lhe a cólera, e era capaz de deitar tudo abaixo. Mas a boa menina, com a sua varinha mágica, trazia o rapaz a bom caminho, escrevendo-lhe duas linhas ou dizendo-lhe quatro palavras de fogo. Ernesto confessava que tinha visto mal, e que ela era excessivamente misericordiosa para com ele.

— Merecia bem que eu o não amasse mais, observava Rosina com gracioso enfado.

— Oh! não!

— Para que há de inventar essas coisas?

— Eu não invento... disseram-me.

— Pois fez mal em acreditar.

— Fiz mal, sim... você é um anjo do céu!

Rosina perdoava-lhe a calúnia, e as coisas continuavam como dantes.

Um amigo a quem Ernesto confiava todas as suas alegrias e mágoas, a quem tomava por conselheiro e que era seu companheiro de casa, muitas vezes lhe dizia:

— Olha, Ernesto, eu creio que estás perdendo o teu trabalho.

— Como assim?

— Ela não gosta de ti.

— Impossível!

— Tu és apenas um passatempo.

— Enganas-te; ama-me.

— Mas ama também a outros muitos.

— Jorge!

— Em suma...

— Nem mais uma palavra!

— É uma namoradeira, concluía o amigo tranqüilamente.

Ouvindo este peremptório juízo do amigo, Ernesto despedia um olhar longo e profundo, capaz de paralisar todos os movimentos conhecidos da mecânica; como porém o rosto do amigo não revelasse a menor impressão de temor ou arrependimento, Ernesto recolhia o olhar — mais cordato neste ponto que o senador D. Manuel, a quem o visconde de Jequitinhonha dizia um dia no Senado que recolhesse um riso, e continuava a rir — e tudo acabava em boa e santa paz.

Tal era a confiança de Ernesto na flor da Rua do Conde. Se ela lhe dissesse um dia que tinha na algibeira do vestido uma das torres da Candelária, não é certo, mas é muito provável que Ernesto lhe aceitasse a notícia.

Desta vez porém o arrufo era sério. Ernesto vira positivamente a moça receber uma cartinha, às furtadelas, da mão de uma espécie de primo que freqüentava a casa de Vieira. Seus olhos faiscaram de raiva quando viram alvejar a misteriosa epístola nas mãos da moça. Fez um gesto de ameaça ao rapaz, lançou um olhar de desprezo à moça, e saiu. Depois escreveu a carta de que temos notícia, e foi esperar a resposta na esquina da rua. Que resposta, se ele vira o gesto de Rosina? Leitor ingênuo, ele queria uma resposta que lhe demonstrasse não ter visto coisa alguma, uma resposta que o fizesse olhar para si mesmo com desprezo e nojo. Não achava possível semelhante explicação; mas no fundo d’alma era isso o que ele queria.

A resposta veio no dia seguinte. O rapaz que morava com ele foi acordá-lo às oito horas da manhã, para lhe entregar uma cartinha de Rosina.

Ernesto deu um salto na cama, assentou-se, abriu a epístola, e leu-a rapidamente. Um ar de celeste bem-aventurança revelou ao companheiro de Ernesto o conteúdo da carta.

— Tudo está sanado, disse Ernesto fechando a carta e descendo da cama; ela explicou tudo, eu tinha visto mal.

— Ah! disse Jorge olhando com lástima para o amigo; então que diz ela?

Ernesto não respondeu imediatamente; abriu a carta outra vez, leu-a para si, tornou a fechá-la, olhou para o teto, para as chinelas, para o companheiro, e só depois desta série de gestos indicativos da profunda abstração do seu espírito, é que respondeu a Jorge, dizendo:

— Ela explica tudo; a carta que eu pensei ser de amores era um bilhete do primo pedindo algum dinheiro ao tio. Diz que eu sou muito mau em obrigá-la a falar nestas fraquezas de família, e conclui jurando que me ama como nunca seria capaz de amar ninguém. Lê.

Jorge recebeu a carta e leu, enquanto Ernesto passeava de um para outro lado, gesticulando e monossilabando consigo mesmo, como se redigisse mentalmente um ato de contrição.

— Então? que tal? disse ele quando Jorge lhe entregou a carta.

— Tens razão, tudo se explica, respondeu Jorge.

Ernesto foi nessa mesma tarde à Rua do Conde. Ela recebeu-o com um sorriso logo de longe. Na primeira ocasião que tiveram, tudo ficou explicado, declarando-se Ernesto compungido por haver suspeitado de Rosina, e levando a moça a sua generosidade ao ponto de lhe ceder um beijo, ao lusco-fusco, antes que a criada viesse acender as velas de spermacetti dos aparadores.

Agora tem a palavra o leitor para interpelar-me a respeito das intenções desta moça, que preferindo a posição do rapaz de nariz comprido, ainda se carteava com Ernesto, e lhe dava todas as demonstrações de uma preferência que não existia.

As intenções de Rosina, leitor curioso, eram perfeitamente conjugais. Queria casar, e casar o melhor que pudesse. Para este fim aceitava a homenagem de todos os seus pretendentes, escolhendo lá consigo o que melhor correspondesse aos seus desejos, mas ainda assim sem desanimar os outros, porque o melhor deles podia falhar, e havia para ela uma coisa pior que casar mal, que era não casar absolutamente.

Este era o programa da moça. Junte a isso que era naturalmente loureira, que gostava de trazer ao pé de si uma chusma de pretendentes, muitos dos quais é preciso saber que não pretendiam casar, e namoravam por passatempo, o que revelava da parte desses cavalheiros uma incurável vadiação de espírito.

Quem não tem cão, caça com gato, diz o provérbio. Ernesto era pois, moral e conjugalmente falando, o gato possível de Rosina, uma espécie de pis-aller, — como dizem os franceses, — que convinha ter à mão.