Linha reta e linha curva III
Difficulty: Medium    Uploaded: 8 years, 1 month ago by Santxiki     Last Activity: 7 years, 1 month ago
Fin
577 Units
100% Translated
100% Upvoted
Después de lo que acabo de narrar, habían transcurrido ocho días.

Tito, como hemos visto hasta ahora, se encontraba en el terreno del primer día. Paseaba, leía, conversaba y parecía completamente ajeno a los planes que se tramaban a su alrededor. Durante ese tiempo, apenas fue en dos ocasiones a casa de Emília, una con la familia de Azevedo y la otra con Diogo. En estas visitas, era siempre el mismo: frío, indiferente e impasible. No había mirada, por más seductora y significativa que fuera, que lo inquietara; ni la idea de que andaba en el pensamiento de la viuda era capaz de animarlo.

–¿Por qué, al menos, si no es capaz de amar, no intenta llevar adelante uno de esos romances de salón que tanto halagan la vanidad de los hombres?

Emília se hacía esta pregunta, bajo la impresión de la incomodidad que le causaba la indiferencia del hombre. No comprendía que Tito pudiese permanecer helado frente a sus encantos. Pero desgraciadamente era así.

Cansada de trabajar en vano, la viuda decidió dar un golpe más decisivo. Llevó la conversación hacia las dulzuras del matrimonio y lamentó su estado de viudez. El matrimonio Azevedo era para ella el ejemplo de la perfecta felicidad conyugal. Lo presentaba a los ojos de Tito como un incentivo para quien quería ser feliz en la tierra. Nada, ni la tesis, ni la hipótesis, movió la frialdad de Tito.

Emília jugaba a un juego peligroso. Era necesario decidir entre sus deseos de vengar al sexo y las conveniencias de su posición; pero ella era de un carácter dominante; respetaba mucho los principios de su severa moral, pero no acataba del mismo modo las conveniencias con que la sociedad cercaba a esa moral. La vanidad se imponía en su mente con fuerza prodigiosa. Así que la bella viuda fue utilizando todos los medios que era lícito emplear para que Tito se apasionase.

Pero, si se apasionaba, ¿qué haría ella? La pregunta era ociosa; desde que ella lo tuviera a sus pies, trataría de conservarlo ahí haciendo pareja al viejo Diogo. Era el mejor trofeo que una belleza altiva puede ambicionar.

Una mañana, ocho día más tarde de las escenas relatadas en el capítulo anterior, apareció Diogo en casa de Azevedo. Habían acabado de almorzar; Azevedo había subido al despacho, para dispensar alguna correspondencia para la corte; Adelaide se encontraba en la sala de la planta baja.

Diogo entró con una cara entristecida, como nunca se le había visto. Adelaide corrió hacia él.

-¿Qué pasa? Le preguntó.

-¡Ah!, señora... ¡soy el más infeliz de los hombres!

-¿Por qué? Venga a sentarse... Diogo se sentó, o más bien se dejó caer en la silla que le ofreció Adelaide. Esta tomó lugar a su lado, lo animó a contar sus amarguras.

–Entonces, ¿qué le pasa?

–Dos desgracias, respondió él. La primera en la forma de una sentencia. Perdí una nueva demanda. Eso es una desgracia, pero no es nada... — ¿Entonces, hay algo peor...?

—Lo hay. La segunda desgracia fue en la forma de una carta.

—¿De una carta? preguntó Adelaide.

—De una carta. Vea esto.

Diogo sacó de la billetera una pequeña carta de color rosa, que olía a esencia de magnolia.

Adelaide leyó la carta en silencio.

Cuando terminó, el viejo le preguntó: —¿Qué me dice de esto?

—No comprendo, respondió Adelaide.

—Esta carta es de ella.

—Sí, ¿y entonces?

—Es para él.

—¿Él?, ¿quién?

—¡Él! ¡El diablo! ¡Mi rival! ¡Tito!

—¡Ah!

—Es imposible decirle lo que sentí cuando cogí esta carta. ¡Nunca temblé en mi vida! Pero cuando leí esto, no sé qué vértigo se apoderó de mí. ¡Estoy mareado! A cada paso parece que me voy a desmayar... ¡Ah!

—¡Ánimo! dijo Adelaide.

—Eso mismo es lo que venía a buscar... cosuelo, ánimo. Supe que estaba aquí y esperé encontrarla sola... ¡Ah! cuánto siento que su estimado marido esté vivo..., porque el mejor consuelo sería que usted aceptase un corazón tan incomprendido.

—Afortunadamente, él está vivo.

Diogo suspiró y dijo: —¡Afortunadamente!

Y, tras un silencio, continuó: —Tuve dos ideas: una fue el desprecio, pero despreciarlos es ponerlos en mayor libertad y afligirme de dolor y de vergüenza, la segunda fue el duelo... es mejor... lo mato... o... —Olvídese de eso.

—Es indispensable que uno de nosotros sea eliminado del número de los vivos.

—Puede ser un error... —Pero no es un error, es una certeza.

—¿Certeza de qué?

Diogo abrió la nota y dijo: —Ahora, escuche: Si todavía no me comprendió es muy corto de entendimiento. Quítese la máscara y me explicaré. Esta noche voy a tomar té sola. El inoportuno Diogo no me incomodará con sus tonterías. Deme la felicidad de verlo y admirarlo.

EMÍLIA —Pero, ¿qué es esto?

—¿Qué es esto? ¡Ah! ¡Si fuese más que esto, yo ya estaría muerto! Pude pillar la carta, y dicha entrevista no tuvo lugar... –¿Cuándo fue escrita la carta?

—Ayer.

—Tranquilícese. ¿Es capaz de guardar un secreto? Lo que voy a decirle es grave. Pero únicamente su aflicción me hace hablar. Puedo afirmarle que esta carta es una pura burla. Se trata de vengar a nuestro sexo ultrajado; se trata de hacer que Tito se apasione... nada más.

Diogo se estremeció de alegría.

—¿Sí? preguntó.

—Es la pura verdad. Pero, mire, esto es secreto. Si lo descubrí fue porque lo vi afligido. No nos comprometa.

—¿Eso es serio? insistió Diogo.

—¿Cómo quiere que se lo diga?

—¡Ah!, ¡qué peso me ha quitado! Puede estar segura de que el secreto cayó en un pozo. ¡Oh!, he de reírme mucho... he de reírme mucho... ¡Qué inspirado estuve en venir a hablarle! Dígame, ¿puedo decirle a doña Emília que lo sé todo?

—¡No!

—Entonces es mejor que no me dé por enterado... —Sí.

—¡Muy bien!

Mientras decía estas palabras, el viejo Diogo se frotaba las manos y parpadeaba. Estaba radiante. ¡Qué!, ¡ver al supuesto rival siendo víctima de los lazos de la viuda! ¡Qué gloria! ¡Qué felicidad!

En eso estaba cuando en la puerta interna apareció Tito. Acababa de levantarse de la cama.

—Buenos días, doña Adelaide, dijo dirigiéndose a la mujer de Azevedo.

Después, sentándose y mirando hacia Diogo: –Buenos días, dijo. Hoy está alegre... ¿Ganó la lotería?

—¿La lotería? preguntó Diogo. Gané... gané... —¿Durmió bien? le preguntó Adelaide a Tito.

—Como un justo, que lo soy. Tuve sueños color de rosa, soñé con el Sr. Diogo.

—¡Ah!, ¿soñó conmigo?, murmuró entre dientes el viejo enamorado. ¡Desgraciado! ¡me da pena!

—Pero, ¿dónde está Azevedo? le preguntó Tito a Adelaide.

—Está de paseo.

—¿Ya?

—Pues entonces... Son las once...

—¡Las once! Es cierto, me desperté muy tarde. Tenía que hacer dos visitas, una a doña Emília... —¡Ah!, dijo Diogo.

—¿De qué se espanta, querido?

—¡De nada! ¡De nada!

—Bueno, voy a mandar a servir su almuerzo.

Los dos se quedaron solos. Tito encendió un cigarro de paja, Diogo aparentaba estar muy distraído pero miraba al muchacho con disimulo. Este, apenas soltó dos bocanadas, se volvió hacia el viejo y dijo: – ¿Cómo andan sus amores?

–¿Qué amores?

–Los suyos, Emília... ¿Ya le hizo comprender toda la inmensidad de la pasión que lo devora?

–Cuál... Necesito algunas lecciones... ¿Quisiera dármelas?

–¿Yo? ¡Está soñando!

–¡Ah! yo sé que usted es fuerte... Es modesto, pero es fuerte... ¡e incluso fortísimo! Ahora, yo soy realmente un aprendiz... Hace poco tuve la idea de desafiarlo.

–¿A mí?

Es verdad, pero fue una locura de la que me arrepentí... –Además de que no se acostumbra en nuestro país... –En todas partes se acostumbra vengar el honor.

–¡Bravo, don Quijote!

–Ahora, yo me creía ofendido en mi honor.

–¿Por mí?

–Pero cambié de idea, me di cuenta de que en realidad era yo quien lo ofendía al pretender luchar con un maestro, ¿yo, un simple aprendiz...?

–¿Maestro de qué?

–¡De amores! ¡Oh! yo sé que es un maestro... –Olvídese de eso... yo no soy nada... usted sí, Sr. Diogo, usted es un león, incluso dos. Cómo habría... ¡Pues...! ¡Apuesto a que tiene celos!

–Exactamente.

–Pero era preciso no conocerme, ¿no conoce mis ideas?

–Hombre, a veces es peor.

–Peor, ¿cómo?

–Las mujeres no dejan una ofensa sin castigo... Sus ideas son ofensivas... ¿Cuál será el castigo? Aquí me detengo... aquí me detengo... –¿A dónde va?

–Voy a salir. Adiós. Olvide esa desastrosa idea del duelo... –Que se terminó... ¡Ah! ¡Se escapó de una buena!

–¿De qué?

–De morir. Le hubiese clavado la espada en ese abdomen... con unas ganas... ¡con unas ganas que solo se pueden comparar a las que tengo de abrazarlo vivo y sano!

Diogo se rió con una risa incómoda.

–Gracias, gracias. ¡Hasta luego!

–Venga aquí, ¿a dónde va? ¿No se despide de doña Adelaide?

–Ya vuelvo, dijo Diogo tomando el sombrero y saliendo precipitadamente.

Tito aún lo acompañó con la mirada.

"Este sujeto", se dijo el muchacho cuando se encontró solo, "no tiene nada de original. Esa opinión sobre las mujeres no le pertenece... Mejor... ya se conspira; es lo que me conviene. Ha de conformarse! ¡Ha de venir! Un criado alemán vino para anunciar a Tito que el almuerzo estaba preparado. Tito estaba entrando cuando asomó a la puerta la figura de Azevedo.

—Ahora,...¡gracias a Dios! Mi amigo no se levanta con el sol. Tienes los ojos de quien acaba de dormir.

—Es cierto y voy a almorzar.

Ambos se dirigieron hacia adentro, donde la mesa puesta esperaba a Tito.

–¿Almuerzas otra vez?, preguntó Tito.

–No.

–Pues entonces vas a ver cómo se come.

Tito se sentó a la mesa; Azevedo se tendió en un sofá.

–¿A dónde fuiste?, preguntó Tito.

–Fui a pasear... Comprendí que es preciso ver y admirar lo que nos resulta indiferente para apreciar y ver lo que hace la felicidad íntima del corazón.

–¡Ah! ¿Sí? ¡Ya ves que incluso la felicidad cansa! Al final, la razón siempre está de mi lado.

–Tal vez. A pesar de todo, me parece que ya intentas entrar en la familia de los casados.

–¿Yo?

–Sí, tú.

–¿Por qué?

–Pero, dime, ¿es o no es verdad?

–¿Cuál verdad?

–Lo que sé, es que una tarde de estas en la que te adormeciste leyendo no sé qué libro, escuché que pronunciabas en sueños, con la mayor ternura, el nombre de Emília.

–¿En serio?, preguntó Tito mientras masticaba.

–Es exacto. Llegué a la conclusión de que si soñabas con ella era porque la tenías en tus pensamientos, y si la tenías en tus pensamientos era porque la amabas.

–Te has equivocado.

–¿Equivocado?

–Sacaste la conclusión de un hombre que lleva cinco meses de matrimonio. ¿Qué prueba un sueño? ¡No prueba nada! Pareces una vieja supersticiosa... –Pero, en fin, algo hay, forzosamente... ¿Serás capaz de decirme qué es?

–Hombre, podría decirte algo si no estuvieras casado... –¿Qué importancia tiene que esté casado?

–Toda. Sería indiscreto sin querer e incluso sin saber. De noche, entre un beso y un bostezo, marido y mujer abren uno hacia el otro la bolsa de las confidencias. Sin pensarlo, puedes echar todo a perder.

–No digas eso. ¡Venga! ¿Hay novedades?

–No hay nada.

–Confirmas mis sospechas. Te gusta Emília.

–No la odio, es cierto.

–Te gusta. Y ella lo merece. Es una buena señora, su belleza no es vulgar, y posee las mejores cualidades. ¿Preferirías, tal vez, que no fuese viuda...?

–Sí, es natural que se conmueva diez veces por día al recordar a los dos maridos que ya exportó al otro mundo... a la espera de exportar al tercero... –No es de esas... –¿Lo aseguras?

–Casi puedo asegurarlo.

–¡Ah! amigo, dijo Tito retirándose de la mesa y yendo a encender un cigarro, toma el consejo de un loco: nunca asegures nada, principalmente en estos asuntos. Entre la prudencia discreta y la confianza ciega no es lícito dudar, la elección está decidida en los propios términos de la primera. ¿Que puedes asegurar tú con respecto a Emília? No la conoces mejor que yo.

Hace quince días que nos conocemos y ya leo en su interior, estoy lejos de atribuirle malos sentimientos, pero estoy seguro de que no posee las rarísimas cualidades que se necesitan para ser excepcional. ¿Qué sabes tú?

—Realmente, no sé nada.

"¡No sabes nada!", dijo Tito.

—Hablo por mis impresiones. Me parecía que un casamiento entre ustedes dos no estaba fuera de consideración.

—Si me hablas otra vez sobre el matrimonio, me voy.

—¿Solamente por la palabra?

—Por todo, ...la palabra,... la idea.

—Mientras tanto, admiras y aplaudes mi casamiento... —¡Ah! Aplaudo en los otros muchas cosas que no soy capaz de ejecutar. Depende de la vocación... Adelaide apareció a la puerta del comedor. La conversacion entre los dos muchachos terminó.

—Traigo una noticia.

—¿Qué noticia? Le preguntaron los dos.

—Recibí una nota de Emília... Ella nos pide que vayamos allá mañana, porque... —¿Por qué? pregunto Azevedo.

—Talvez dentro de ocho días se vaya para la ciudad.

—¡Ah!, dijo Tito con la mayor indiferencia de este mundo.

–Prepara tus maletas, le dijo Azevedo a Tito.

–¿Por qué?

–¿No sigues los pasos de la diosa?

–¡No te burles, cruel amigo! Cuándo no... –Venga... Adelaide sonrió al escuchar estas palabras.

Media hora más tarde, Tito subió al gabinete donde Azevedo tenía los libros. Dijo que iba a leer las Confesiones de San Agustín.

–¿Qué es ese repentino viaje? le preguntó Azevedo a su mujer.

–¿Tienes mucho interés por saberlo?

–Tengo.

–Pues bien. Mira que es un secreto. No lo sé con seguridad, pero creo que es una estrategia.

–¿Estrategia? No entiendo.

–Te lo digo. Se trata de atrapar a Tito.

–¿Atrapar?

–¡Hoy estás tan lento! Atrapar en los lazos del amor... –¡Ah!

–Emília juzgó que lo debe hacer. Es solo para jugar. El día en el que él se declare vencido, ella se habrá vengado de lo que él dice en contra del sexo.

–No está mal... Y tú entras en esta estrategia... –Como consejera.

—Entonces, se trama contra un amigo, un alter ego.

—Tá, tá, tá. Cierra la boca. No vayas a hacer abortar el plan.

Azevedo se rió, a más no poder. En el fondo encontraba gracioso el castigo premeditado al pobre Tito.

La visita que Tito dijo tener que hacer a la viuda en ese día, no se realizó.

Diogo, que apenas había salido de casa de Azevedo, conocedor de las intenciones de la viuda, había ido a la casa de ésta a esperar al muchacho, estuvo allí inútilmente durante el día, comió inútilmente e inútilmente aburrió la tarde entera tanto a Emília como a la tía; Tito no apareció.

Pero, de noche, a la hora en que Diogo, irritado ya de tanta demora en casa de la joven, trataba de salir, se anunció la llegada de Tito.

Emília se estremeció; pero ese movimiento se le escapó a Diogo.

Tito entró a la sala en la que se encontraban Emília, la tía y Diogo.

—No contaba con su visita, dijo la viuda.

—Yo soy así, aparezco cuando menos me esperan. Soy como la muerte y la lotería.

—En este momento, es la lotería, dijo Emília.

—¿Qué número tiene su boleto, señora mía?

—El número doce, es decir, doce horas que he tenido el placer de tener hoy aquí al señor Diogo... —¡Doce horas! exclamó Tito dándose la vuelta hacia el viejo.

—Sin que todavía nuestro buen amigo nos contara una historia... —¡Doce horas!, repitió Tito.

—¿Qué admira mi querido señor?, preguntó Diogo.

—Lo encuentro un poco estirado... —Las horas se cuentan cuando son aburridas... Solicito retirarme... Y diciendo esto, Diogo tomó el sombrero para salir lanzando una mirada de despecho y celos a la viuda.

—¿Qué es eso?, preguntó esta. ¿A dónde va?

—Doy alas a las horas, respondió Diogo al oído de Emília; ahora van a correr deprisa.

—Lo perdono y le ruego que se siente.

Diogo se sentó.

La tía de Emília pidió permiso para retirarse algunos minutos.

Quedaron los tres.

—Pero entonces, dijo Tito, ¿no contó ni siquiera una historia?

—Ninguna.

Emília lanzó una mirada a Diogo como para tranquilizarlo. Este, más calmado en ese momento, se acordó de lo que le había dicho Adelaide y volvió a las buenas.

—A fin de cuentas, se dijo, el burlado es él. Yo soy nada más el medio de prenderlo... Contribuyamos para que se le eche de frente.

—Ninguna historia, prosiguió Emília.

—Pues mire, sé muchas, dijo Diogo con intención.

—Cuente una de las muchas que sabe, dijo Tito.

—¡Nada! ¿Por qué no cuenta el señor?

–Si insiste... –Mucho... mucho, dijo Diogo parpadeando. Cuente, por ejemplo, la historia del desilusionado, la historia de las trampas del amor, la historia de los viajeros insensibles, vamos, vamos.

–No, voy a contar la historia de un hombre y un mono.

–¡Oh!, dijo la viuda.

–Es muy interesante, dijo Tito. Ahora, escuchen... –Perdón, interrumpió Emília, será después del té.

–Pues sí.

Poco después sirvieron el té para los tres. Después del té, Tito tomó la palabra y comenzó con la historia: Historia de un hombre y un mono. No lejos del pueblo***, en el interior de Brasil, vivía hace unos veinte años un hombre de treinta y cinco años cuya misteriosa vida era objeto de las conversaciones en los pueblos cercanos y objeto del terror que experimentaban los viajeros que pasaban por la carretera cercana a la casa.

La misma casa ya provocaba aprensión a los espíritus menos timoratos. Era tan baja que vista de lejos ni siquiera parecía una casa. Pero aquel que se acercara, conocería aquella singular construcción. La mitad de la edificación estaba al nivel del suelo y la otra mitad bajo tierra. Sin embargo, era una casa sólidamente construida. No tenía puerta ni ventanas. Tenía un vano cuadrado que servía de ventana y de puerta al mismo tiempo. Era por allí que entraba y salía el misterioso morador.

Poca gente lo veía salir, no solamente porque lo hacía raras veces, sino porque lo hacía a horas intempestivas. Era en las horas de luna llena que el solitario dejaba su morada para ir a pasear por los alrededores. Llevaba siempre consigo a un gran mono que respondía al nombre de Calígula.

El mono y el hombre, o el hombre y el mono eran dos amigos inseparables, dentro y fuera de la casa, en la luna nueva.

Corrían mil versiones con respecto a este solitario misterioso.

La más extendida era que se trataba de un hechicero. Había una que lo daba por loco; otra por simplemente aquejado por la misantropía.

Esta última versión tenía de por sí dos circunstancias: la primera era no constar nada de positivo que hiciera reconocer en el hombre costumbres de hechicero o enajenado; la segunda era la amistad que parecía otorgar al macaco y el horror con el que huía al ver a los humanos. Cuando la gente se aburre de los humanos toma siempre el cariño de los animales que tienen la ventaja de no discurrir ni intrigar.

El misterioso... Es preciso darle un nombre: llamémoslo Daniel. Daniel prefería al mono y no hablaba a ningún hombre más. Algunas veces, los viajeros que pasaban por la carretera escuchaban salir de dentro de la casa gritos de mono y de hombre; era el hombre que acariciaba al mono.

¿Cómo se alimentaban aquellas dos criaturas? Hubo quien, un día por la mañana, vio abrirse la puerta, salir al mono y regresar poco después con un paquete en la boca. El arriero que presenciaba esta escena quiso descubrir a dónde iba el mono a buscar aquel paquete que llevaba sin duda los alimentos de los dos solitarios. A la mañana siguiente se introdujo en el bosque; el mono llegó a la hora de costumbre y se dirigió a un tronco de árbol; sobre ese tronco había una gran rama que el animal tiró al suelo. Después, introduciendo las manos en el interior del viejo tronco, sacó un paquete igual al de la víspera y se fue.

El arriero se persignó y quedo tan impresionado con la escena que acababa de presenciar que no la contó a nadie.

Esta existencia duraba tres años.

Durante ese tiempo, el hombre no había envejecido. Era el mismo del primer día. Largas barbas rubias y cabellos largos caídos hacia atrás. Utilizaba un gran abrigo de paño, lo mismo en invierno que en verano. Calzaba botas y no usaba sombrero.

A los pasajeros y a los habitantes de la vecindad les resultaba imposible adentrarse en la casa del solitario. No lo será seguro para nosotros, mi bella señora y mi querido amigo.

La casa se divide en dos salas y un cuarto. Una sala es para comer y la otra es... la de las visitas. El cuarto está ocupado por los dos moradores, Daniel y Calígula.

Las dos salas son de iguales dimensiones y el cuarto es la mitad de una sala. El mobiliario de la primera sala se compone de dos sucios bancos apoyados en la pared y de una mesa baja en el centro. El suelo está entarimado. De las paredes cuelgan dos retratos: uno de una joven y el otro del viejo. La joven es una figura angelical y deliciosa. El viejo inspiraba respeto y admiración. De otras dos paredes cuelgan, por un lado un cuchillo de mango de marfil y del otro una mano de difunto, amarilla y seca.

El comedor apenas tiene una mesa y dos bancos.

El mobiliario del cuarto se resume en un catre en el que duerme Daniel. Calígula se extiende en el suelo, junto a la cabecera del dueño.

Este es el mobiliario de la casa.

La casa que, desde el exterior, parece no tener capacidad suficiente para contener a un hombre de pie, es, no obstante, suficiente, dado que, como dije, está encajada en el suelo.

¿Qué vida habrían llevado allí adentro el mono y el hombre en el espacio de tres años? No sabría decirlo.

Cuando Calígula trae de mañana el paquete, Daniel divide la comida en dos porciones, una para la comida y otra para la cena. Luego, hombre y mono se sientan uno frente al otro en el comedor y comen por igual las dos comidas.

Cuando llega la luna llena, salen los dos solitarios, como ya dije, todas las noches, hasta la época en que la luna pasa a ser menguante. Salen a las diez, poco más o menos, y regresan, poco más o menos, a las dos de la madrugada. Cuando entran, Daniel saca la mano del difunto que cuelga de la pared y se da con ella dos bofetadas a sí mismo. Hecho esto, va a acostarse y Calígula lo acompaña.

Una noche, era en el mes de junio, época de luna llena, Daniel se preparó para salir. Calígula dio un brinco y saltó a la carretera. Daniel cerró la puerta y allí se fue con el mono carretera arriba.

La luna, completamente llena, proyectaba sus pálidos y melancólicos reflejos en el extenso bosque que cubría las colinas cercanas y clareaba toda la extensa campiña que rodeaba a la casa.

Solo se oía a lo lejos el murmullo de una cascada y de cerca el piar de algunas lechuzas y el grillar de una infinidad de grillos dispersos por la llanura.

Daniel caminaba despacio llevando un pan debajo del brazo y acompañado del mono que saltaba del suelo a los hombros de Daniel y de los hombros de Daniel al suelo.

Incluso sin la forma lúgubre que tenía aquel lugar a causa de la residencia del solitario, cualquier persona que encontrara en aquella hora a Daniel y al mono corría el peligro de morir de miedo. Daniel, extremadamente delgado y alto, tenía de por sí un aire lúgubre. Los cabellos de la barba y de la cabeza, crecidos en abundancia, hacían su cabeza todavía mayor de lo que era. Sin el sombrero era una cabeza verdaderamente satánica.

Calígula, que en los demás días era un mono ordinario, tomaba, en aquellas horas de paseo nocturno, un aire tan lúgubre y tan misterioso como el de Daniel.

Ya hacía una hora que los dos solitarios habían salido de casa. La casa quedaba ya un poco lejos. Nada más natural que el llegar la policía en esa ocasión, tomar la entrada de la casa y reconocer el misterio. Pero la policía, a pesar de los medios que tenía a su disposición, no se animaba a investigar en el misterio que el pueblo tachaba de diabólico. También la policía es humana y nada que sea humano le resulta desconocido.

Hacía una hora, había dicho, que los dos paseantes habían salido de casa. En ese momento, comenzaban a subir un pequeña colina... Tito fue interrumpido por un bostezo del viejo Diogo.

—¿Desea dormir? preguntó el muchacho.

—Es lo que voy a hacer.

—Pero, ¿la historia?

—La historia es muy divertida. Hasta aquí solo hemos visto dos cosas, un hombre y un mono; perdón... tenemos dos más, un mono y un hombre. ¡Es muy divertida! Pero, para variar, el hombre va a salir y el mono se queda.

Diciendo estas palabras con un enfado cómico, Diogo tomó el sombrero y salió.

Tito soltó una carcajada.

–Pues vayamos al final de la historia... –¿Qué final, señora? Yo ya estaba en aprietos por no saber cómo continuar... Era una manera de servirle. Veo que es un viejo aburrido... —No lo es, está equivocado.

—¡Ah!, ¿no?

—Me divierto con él. Lo que no impide que su presencia me dé un infinito placer... —Usted está diciendo una falsedad.

—¿Cuál?

—Dijo que mi conversación le resultaba agradable. Pues, eso es falso de toda falsedad... —¿Quiere un elogio?

—No, soy sincero. Ni siquiera sé cómo me soporta, desenfrenado, fastidioso, chocarrero, sin fe en nada, soy un conversador poco digno de ser deseado. Hace falta mucha bondad para tener expresiones tan benévolas, tan amigables... —Deje ese aire burlón y... —¿Burlón, señora?

—¡Ayer, mi tía y yo tomamos el té solas! ¡Solas...!

—¡Ah!

—Contaba con que usted viniese a aburrirse una hora con nosotras... —¿Qué aburrirse...? Le digo: el culpable fue Ernesto.

—¡Ah!, ¿fue él?

—Es cierto, nos encontramos en la casa de unos amigos, éramos cuatro en total, la conversación giró sobre el tresillo y terminamos jugando. ¡Ah!, ¡pero fue una noche completa! Me sucedió lo que me sucede siempre: ¡gané!

—Está bien.

–Porque, mire, tampoco jugaba con novatos, eran maestros de primera, especialmente uno, hasta las once parecía no tener suerte, pero de esa hora en adelante, ellos comenzaron a retroceder y yo comencé a asombrarlos... y puede estar segura de que los dejé atónitos. ¡Ah!, es que tengo diploma..., ¿pero qué es eso, está llorando?

Emília tenía, en efecto, el pañuelo en los ojos. ¿Lloraba? Es cierto que cuando se quitó el pañuelo de los ojos, los tenía húmedos. Se volvió contra la luz y le dijo al muchacho: –Cuál... puede continuar.

–No hay nada más, solo fue eso, dijo Tito.

–Supongo que la noche transcurrió feliz... –Algo... –Pero una carta se responde, ¿por qué no respondió la mía? dijo la viuda.

–La suya... ¿cuál?

–La carta que le escribí pidiendo que viniese a tomar té con nosotros.

–No recuerdo.

–¿No recuerda?

–O, si recibí esa carta, fue en un momento en que no la podía leer, y entonces la olvidé, la olvidé en algún lugar... –Es posible, pero es la última vez... –¿No me invita más a tomar té?

–No. Se puede arriesgar a perderse distracciones mejores.

—No digo eso, la señora trata bien a la gente y en su casa se pasan bien las horas... Lo digo francamente. Pero, entonces, ¿tomó el té sola? ¿Y Diogo?

—Me deshice de él. ¿Le parece que sea divertido?

—Parece que lo es... Es un hombre delicado; un tanto dado a las pasiones, es verdad, pero siendo ese un defecto común, me parece que en él no hay mucho que sea merecedor de censura.

—Diogo está vengado.

—¿De qué, señora mía?

Emília miró fijamente a Tito y dijo: —¡De nada!

Y, levantándose, se dirigió al piano.

—Voy a tocar, dijo, ¿no le aburre?

—De ninguna manera.

Emilia comenzó a tocar; pero era una música tan triste que infundía cierta melancolía en la mente del joven. Este, pasado un rato, la interrumpió con estas palabras: —¡Qué música tan triste!

—Traduzco mi alma, dijo la viuda.

—¿Está triste?

—¿Qué más le dan mis tristezas?

—Tiene razón, no me importan nada. ¿En todo caso no es conmigo?

Emília se levantó y fue hacia él.

–¿Piensa que le he de perdonar su afrenta? dijo ella.

–¿Qué afrenta, señora?

–La afrenta de no haber venido cuando lo invité.

–Pero ya le expliqué... –¡Paciencia! Lo que siento es que en ese tresillo también estaba el marido de Adelaide.

–Él se retiró a las diez y entró un nuevo compañero, que no era del todo malo.

–¡Pobre Adelaide!

–Pero si le digo que se retiró a las diez... –No debió haber ido. Debía pertenecer siempre a su mujer. Sé que estoy hablando a un incrédulo, no puede calcular la felicidad y los deberes del hogar. Dos personas viven una para la otra, confundidas, unidas; piensan, respiran, sueñan lo mismo; limitan el horizonte en los ojos de cada una, sin otra ambición, sin desear nada más. ¿Sabe lo que es esto?

–Lo sé... Es el matrimonio por fuera.

–Conozco a alguien que le puede probar todo eso... –¿En serio? ¿Quién es esa fénix?

–Si lo dijera se arruinaría, no lo digo.

–¡Ni se arruinará! Dígalo, tengo curiosidad.

–¿No cree que haya alguien que pueda amarlo?

–Puede ser... –¿No cree que alguien, por despecho o por cualquier otro motivo, pueda tomar de la originalidad de su espíritu el influjo de un amor verdadero, muy diferente del amor ordinario de los salones; un amor capaz de sacrificios, capaz de todo? ¿No lo cree?

–Si lo afirma, le creo, pero... –Existe la persona y el amor.

–Son entonces dos fénix.

–No se burle. Existen... Intente... –¡Ah! eso será más difícil; no tengo tiempo. Y suponiendo que creyera, ¿de qué me serviría? A mí me resulta perfectamente inútil. Eso es bueno para otros, para Diogo, por ejemplo... –¿Para Diogo?

La bella viuda pareció comenzar a irritarse. Después de un silencio, dijo: –¡Adiós! Disculpe, estoy molesta.

–Entonces, ¡hasta mañana!

Dicho esto, Tito le estrechó la mano a Emília y salió tan alegre y despreocupado como si saliera de una cena de cumpleaños.

Emília, apenas quedó sola, se dejó caer en una silla y se cubrió el rostro.

Estaba en esa posición hacía cinco minutos, cuando asomó por la puerta la figura del viejo Diogo.

El ruido que el viejo hizo al entrar despertó a la viuda.

—¡Aquí todavía!

—Es cierto, señora mía, dijo Diogo acercándose, es cierto. Todavía aquí por mi infelicidad... —No entiendo... —No me fui para casa. Un demonio oculto me impulsó a cometer un acto infame. Lo cometí; pero saqué del mismo un provecho; estoy a salvo. Sé que no me ama.

—¿Lo escuchó?

—Todo. Y me di cuenta.

—¿De qué se dio cuenta, mi querido señor?

—Me di cuenta de que la señora ama a Tito.

—¡Ah!

—Por lo tanto, me retiro, pero no quiero hacerlo sin que al menos se quede sabiendo que me voy consciente de que no soy amado y que me voy antes de que me echen.

Emília escuchó las palabras de Diogo con la mayor tranquilidad. Mientras él hablaba tuvo tiempo de pensar en lo que debía decir.

Diogo se encontraba ya haciendo su último cumplido, cuando la viuda le dirigió la palabra.

—Escúcheme, señor Diogo. Oyó bien, pero entendió mal. Ya que pretende haber sabido... —Ya lo sé; va a decir que tiene un plan concebido para reírse de ese joven... —¿Cómo lo sabe?

—Me lo dijo doña Adelaide.

—Es cierto.

—No le creo.

—¿Por qué?

—En sus palabras había lágrimas. Las escuché con dolor en el alma. ¡Si supiera cómo sufría!

La hermosa viuda no pudo dejar de sonreír al gesto cómico de Diogo. Después, como parecía inmerso en una sombría meditación, dijo: —Se equivoca, tanto que vuelvo para la ciudad.

—¿En serio?

—¿Acaso cree que un hombre como ese pueda inspirar cualquier sentimiento serio? ¡Ni de lejos!

Estas palabras fueron pronunciadas con el tono con el que Emília acostumbraba a persuadir a aquel eterno enamorado. Eso, junto con una sonrisa, fue suficiente para calmar el ánimo de Diogo. Al cabo de unos minutos él estaba radiante.

—Escuche, para desengañarlo de una vez voy a escribir una nota a Tito... —Yo mismo se la llevaré, dijo Diogo loco de contento.

—¡De acuerdo!

—Adiós, hasta mañana. Que tenga sueños color de rosa y disculpe mis malos modos. Hasta mañana.

El viejo besó con gracia la mano de Emília y salió.
unit 1
Tinham-se passado oito dias depois do que acabo de narrar.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 2
Tito, como o temos visto até aqui, estava no terreno do primeiro dia.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 3
Passeava, lia, conversava e parecia inteiramente alheio aos planos que se tramavam em roda dele.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 5
Nestas visitas era sempre o mesmo, frio, indiferente, impassível.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 9
Ela não compreendia que Tito pudesse conservar-se de gelo diante dos seus encantos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 10
Mas infelizmente era assim.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 11
Cansada de trabalhar em vão, a viúva determinou dar um golpe mais decisivo.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 12
Encaminhou a conversa para as doçuras do casamento e lamentou o estado de sua viuvez.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 13
O casal Azevedo era para ela o tipo da perfeita felicidade conjugal.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 14
Apresentava-o aos olhos de Tito como um incentivo para quem queria ser venturoso na terra.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 15
Nada, nem a tese, nem a hipótese, nada moveu a frieza de Tito.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 16
Emília jogava um jogo perigoso.
2 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 18
A vaidade impunha no espírito dela, com força prodigiosa.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 19
unit 20
Mas, apaixonado ele, o que faria ela?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 22
Era o melhor troféu que uma beleza altiva pode ambicionar.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 25
Diogo entrou com uma cara contristada, como nunca se lhe vira.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 26
Adelaide correu para ele.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 27
— Que é isso?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 28
perguntou ela.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 29
— Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 30
minha senhora... sou o mais infeliz dos homens!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 31
— Por quê?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 32
Venha sentar-se... Diogo sentou-se, ou antes deixou-se cair na cadeira que Adelaide lhe ofereceu.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 33
Esta tomou lugar ao pé dele, animou-o a contar as suas mágoas.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 34
— Então que há?
3 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 35
— Duas desgraças, respondeu ele.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 36
A primeira em forma de sentença.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 37
Perdi mais uma demanda.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 38
É uma desgraça isto, mas não é nada... — Pois há maior?...
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 39
— Há.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 40
A segunda desgraça foi em forma de carta.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 41
— De carta?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 42
perguntou Adelaide.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 43
— De carta.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 44
Veja isto.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 45
Diogo tirou da carteira uma cartinha cor-de-rosa, cheirando à essência de magnólia.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 46
Adelaide leu a carta para si.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 47
Quando ela acabou, perguntou-lhe o velho: — Que me diz a isto?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 48
— Não compreendo, respondeu Adelaide.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 49
— Esta carta é dela.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 50
— Sim, e depois?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 51
— É para ele.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 52
— Ele quem?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 53
— Ele!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 54
o diabo!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 55
o meu rival!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 56
o Tito!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 57
— Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 58
— Dizer-lhe o que senti quando apanhei esta carta, é impossível.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 59
Nunca tremi na minha vida!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 60
Mas quando li isto, não sei que vertigem se apoderou de mim.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 61
Ando tonto!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 62
A cada passo como que desmaio... Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 63
— Ânimo!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 64
disse Adelaide.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 65
— É isto mesmo que eu vinha buscar... é uma consolação, uma animação.
2 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 66
Soube que estava aqui e estimei achá-la só... Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 68
— Felizmente ele está vivo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 69
Diogo soltou um suspiro e disse: — Felizmente!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 71
— É indispensável que um de nós seja riscado do número dos vivos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 72
— Pode ser engano... — Mas não é engano, é certeza.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 73
— Certeza de quê?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 75
Tire a máscara e eu me explicarei.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 76
Esta noite tomo chá sozinha.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 77
O importuno Diogo não me incomodará com as suas tolices.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 78
Dê-me a felicidade de vê-lo e admirá-lo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 79
EMÍLIA — Mas que é isto?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 80
— Que é isto?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 81
Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 82
se fosse mais do que isto já eu estava morto!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 83
Pude pilhar a carta, e a tal entrevista não se deu... — Quando foi escrita a carta?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 84
— Ontem.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 85
— Tranqüilize-se.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 86
É capaz de guardar um segredo?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 87
O que lhe vou dizer é grave.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 88
Mas só a sua aflição me faz falar.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 89
Posso afirmar-lhe que esta carta é uma pura caçoada.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 90
Trata-se de vingar o nosso sexo ultrajado; trata-se de fazer com que Tito se apaixone... nada mais.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 91
Diogo estremeceu de alegria.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 92
— Sim?
2 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 93
perguntou ele.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 94
— É pura verdade.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 95
Mas veja lá, isto é segredo.
2 Translations, 4 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 96
Se lho descobri foi por vê-lo aflito.
2 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 97
Não nos comprometa.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 98
— Isso é sério?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 99
insistiu Diogo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 100
— Como quer que lho diga?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 101
— Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 102
que peso me tirou!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 103
Pode estar certa de que o segredo caiu num poço.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 104
Oh!
2 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 105
muito me hei de rir... muito me hei de rir... Que boa inspiração tive em vir falar-lhe!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 106
Diga-me, posso dizer a D. Emília que sei tudo?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 107
— Não!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 108
— É então melhor que não me dê por achado... — Sim.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 109
— Muito bem!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 110
Dizendo estas palavras o velho Diogo esfregava as mãos e piscava os olhos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 111
Estava radiante.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 112
Quê!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 113
ver o suposto rival sendo vítima dos laços da viúva!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 114
Que glória!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 115
que felicidade!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 116
Nisto estava quando à porta do interior apareceu Tito.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 117
Acabava de levantar-se da cama.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 118
— Bom dia, D. Adelaide, disse ele dirigindo-se para a mulher de Azevedo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 119
Depois sentando-se e voltando a cara para Diogo: — Bom dia, disse.
2 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 120
Está hoje alegre... Tirou a sorte grande?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 121
— A sorte grande?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 122
perguntou Diogo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 123
Tirei... tirei... — Dormiu bem?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 124
perguntou Adelaide a Tito.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 125
— Como um justo que sou.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 126
Tive sonhos cor-de-rosa: sonhei com o Sr. Diogo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 127
— Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 128
sonhou comigo?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 129
murmurou entre dentes o velho namorado.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 130
Coitado!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 131
tenho pena dele!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 132
— Mas onde está Azevedo?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 133
perguntou Tito a Adelaide.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 134
— Anda de passeio.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 135
— Já?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 136
— Pois então.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 137
Onze horas.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 138
— Onze horas!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 139
É verdade, acordei muito tarde.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 140
Tinha duas visitas para fazer: uma a D. Emília... — Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 141
disse Diogo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 142
— De que se espanta, meu caro?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 143
— De nada!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 144
de nada!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 145
— Bom; vou mandar pôr o seu almoço, disse Adelaide.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 146
Os dois ficaram sós.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 148
Este, apenas soltou duas fumaças, voltou-se para o velho e disse: — Como vão os seus amores?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 149
— Que amores?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 150
— Os seus, a Emília... Já lhe fez compreender toda a imensidade da paixão que o devora?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 151
— Qual... Preciso de algumas lições...
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 152
Se mas quisesse dar?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 153
— Eu?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 154
Está sonhando!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 155
— Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 156
eu sei que o senhor é forte... É modesto, mas é forte... e até fortíssimo!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 157
Ora, eu sou realmente um aprendiz... Tive há pouco a idéia de desafiá-lo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 158
— A mim?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 160
— Bravo, D. Quixote!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 161
— Ora, eu acreditava-me ofendido na honra.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 162
— Por mim?
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 164
— Mestre de quê?
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 165
— Dos amores!
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 166
Oh!
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 168
Como havia de eu...
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 169
Ora!...
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 170
Aposto que teve ciúmes?
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 171
— Exatamente.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 172
— Mas era preciso não me conhecer; não sabe das minhas idéias?
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 173
— Homem, às vezes é pior.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 174
— Pior, como?
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 176
Paro aqui... paro aqui... — Onde vai?
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 177
— Vou sair.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 178
Adeus.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 179
Não se lembre mais da minha desastrada idéia do duelo... — Que está acabado... Ah!
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 180
o senhor escapou de boa!
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 181
— De quê?
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 182
— De morrer.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 184
Diogo riu-se com um riso amarelo.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 185
— Obrigado, obrigado.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 186
Até logo!
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 187
— Venha cá, onde vai?
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 188
Não se despede de D. Adelaide?
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 189
— Eu já volto, disse Diogo travando do chapéu e saindo precipitadamente.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 190
Tito ainda o acompanhou com os olhos.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 191
"Este sujeito", disse o moço consigo quando se viu só, "não tem nada de original.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 192
unit 193
Hás de vir!
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 194
hás de vir!” Um criado alemão veio anunciar a Tito que o almoço estava preparado.
2 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 195
Tito ia entrando quando assomou à porta a figura de Azevedo.
3 Translations, 4 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 196
— Ora, graças a Deus!
2 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 197
O meu amigo não se levanta com o sol.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 198
Estás com olhos de quem acaba de dormir.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 199
— É verdade, e vou almoçar.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 200
Dirigiram-se os dois para dentro, onde a mesa estava posta à espera de Tito.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 201
— Almoças outra vez?
2 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 202
perguntou Tito.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 203
— Não.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 204
— Pois então vais ver como se come.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 205
Tito sentou-se à mesa; Azevedo estirou-se num sofá.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 206
— Onde foste?
2 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 207
perguntou Tito.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 209
— Ah!
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 210
sim?
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 211
Bem vês que até a felicidade por igual fatiga!
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 212
Afinal sempre a razão do meu lado.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 213
— Talvez.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 214
Apesar de tudo, quer-me parecer que já intentas entrar na família dos casados.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 215
— Eu?
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 216
— Tu, sim.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 217
— Por quê?
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 218
— Mas, dize, é ou não verdade?
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 219
— Qual, verdade!
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 221
— Deveras?
2 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 222
perguntou Tito mastigando.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 223
— É exato.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 225
— Concluíste mal.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 226
— Mal?
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 227
— Concluíste como um marido de cinco meses.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 228
Que prova um sonho?
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 229
Não prova nada!
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 231
— Homem, podia dizer-te alguma coisa se não fosses casado... — Que tem que eu seja casado?
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 232
— Tem tudo.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 233
Seria indiscreto sem querer e até sem saber.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 235
Sem pensares, podes deitar tudo a perder.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 236
— Não digas isso.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 237
Vamos lá.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 238
Há novidade?
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 239
— Não há nada.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 240
— Confirmas as minhas suspeitas.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 241
Gostas da Emília.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 242
— Ódio não lhe tenho, é verdade.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 243
— Gostas.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 244
E ela merece.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 245
É uma boa senhora, de não vulgar beleza, possuindo as melhores qualidades.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 246
Talvez preferisses que não fosse viúva?...
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 248
— Quase que posso afiançar.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 249
— Ah!
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 252
O que podes tu afiançar a respeito de Emília?
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 253
Não a conheces melhor do que eu.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 255
Que sabes tu?
2 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 256
— Realmente, eu não sei nada.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 257
"Não sabes nada!"
2 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 258
disse Tito consigo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 259
— Falo pelas minhas impressões.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 260
Parecia-me que um casamento entre vocês ambos não vinha fora de propósito.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 261
— Se me falas outra vez em casamento, saio.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 262
— Pois só a palavra?
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 263
— A palavra, a idéia, tudo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 264
— Entretanto, admiras e aplaudes o meu casamento... — Ah!
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 265
eu aplaudo nos outros muitas coisas de que não sou capaz de usar.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 266
Depende da vocação... Adelaide apareceu à porta da sala de jantar.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 267
A conversa cessou entre os dois rapazes.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 268
— Trago-lhe uma notícia.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 269
— Que notícia?
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 270
perguntaram-lhe os dois.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 271
— Recebi um bilhete de Emília... Pede-nos que vamos lá amanhã, porque... — Por quê?
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 272
perguntou Azevedo.
2 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 273
— Talvez dentro de oito dias se retire para a cidade.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 274
— Ah!
2 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 275
disse Tito com a maior indiferença deste mundo.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 276
— Apronta as tuas malas, disse Azevedo a Tito.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 277
— Por quê?
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 278
— Não segues os passos da deusa?
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 279
— Não zombes, cruel amigo!
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 280
Quando não... — Anda lá... Adelaide sorriu ouvindo estas palavras.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 281
Daí a meia hora Tito subiu para o gabinete em que Azevedo tinha os livros.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 282
Ia, dizia, ler as Confissões de Santo Agostinho.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 283
— Que repentina viagem é esta?
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 284
perguntou Azevedo à sua mulher.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 285
— Tens muito empenho em saber?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 286
— Tenho.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 287
— Pois bem.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 288
Olha que é segredo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 289
Eu não sei positivamente, mas creio que é uma estratégia.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 290
— Estratégia?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 291
Não entendo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 292
— Eu te digo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 293
Trata-se de prender o Tito.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 294
— Prender?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 295
— Estás hoje tão bronco!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 296
Prender pelos laços do amor... — Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 297
— Emília julgou que deve fazê-lo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 298
É só para brincar.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 299
No dia em que ele se declarar vencido fica ela vingada do que ele disse contra o sexo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 300
— Não está mau... E tu entras nesta estratégia... — Como conselheira.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 301
— Trama-se então contra um amigo, um alter ego.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 302
— Tá, tá, tá.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 303
Cala a boca.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 304
Não vás fazer abortar o plano.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 305
Azevedo riu-se a bandeiras despregadas.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 306
No fundo achava engraçada a punição premeditada ao pobre Tito.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 307
A visita que Tito disse ter de fazer à viúva naquele dia, não se realizou.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 310
Emília estremeceu; mas esse movimento escapou a Diogo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 311
Tito entrou na sala onde se achavam Emília, a tia, e Diogo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 312
— Não contava com a sua visita, disse a viúva.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 313
— Eu sou assim; apareço quando não me esperam.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 314
Sou como a morte e a sorte grande.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 315
— Agora é a sorte grande, disse Emília.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 316
— Que número é o seu bilhete, minha senhora?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 318
exclamou Tito voltando-se para o velho.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 319
— Sem que ainda o nosso bom amigo nos contasse uma história... — Doze horas!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 320
repetiu Tito.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 321
— Que admira, meu caro senhor?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 322
perguntou Diogo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 324
— Que é isso?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 325
perguntou esta.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 326
Onde vai?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 327
— Dou asas às horas, respondeu Diogo ao ouvido de Emília; vão correr depressa agora.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 328
— Perdôo-lhe e peço que se sente.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 329
Diogo sentou-se.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 330
A tia de Emília pediu licença para retirar-se alguns minutos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 331
Ficaram os três.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 332
— Mas então, disse Tito, nem ao menos uma história contou?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 333
— Nenhuma.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 334
Emília lançou um olhar a Diogo como para tranqüilizá-lo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 335
Este, mais calmo então, lembrou-se do que Adelaide lhe havia dito, e voltou às boas.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 336
— Afinal de contas, disse ele consigo, o caçoado é ele.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 337
Eu sou apenas o meio de prendê-lo... Contribuamos para que se lhe tire a proa.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 338
— Nenhuma história, continuou Emília.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 339
— Pois olhe, eu sei muitas, disse Diogo com intenção.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 340
— Conte uma de tantas que sabe, disse Tito.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 341
— Nada!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 342
Por que não conta o senhor?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 343
— Se faz empenho... — Muito... muito, disse Diogo piscando os olhos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 345
— Não, vou contar a história de um homem e de um macaco.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 346
— Oh!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 347
disse a viúva.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 348
— É muito interessante, disse Tito.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 349
Ora, ouçam... — Perdão, interrompeu Emília, será depois do chá.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 350
— Pois sim.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 351
Daí a pouco servia-se o chá aos três.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 353
A própria casa era já de causar apreensões ao espírito menos timorato.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 354
Vista de longe nem parecia casa, tão baixinha era.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 355
Mas quem se aproximasse conheceria aquela construção singular.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 356
Metade do edifício estava ao nível do chão e metade abaixo da terra.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 357
Era entretanto uma casa solidamente construída.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 358
Não tinha porta nem janelas.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 359
Tinha um vão quadrado que servia ao mesmo tempo de janela e de porta.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 360
Era por ali que o misterioso morador entrava e saía.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 362
Era nas horas da lua cheia que o solitário deixava a residência para ir passear nos arredores.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 363
Levava sempre consigo um grande macaco, que acudia pelo nome de Calígula.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 365
Mil versões corriam a respeito deste misterioso solitário.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 366
A mais geral é que era um feiticeiro.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 367
Havia uma que o dava por doido; outra por simplesmente atacado de misantropia.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 370
O misterioso... É preciso dar-lhe um nome: chamemo-lo Daniel.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 371
Daniel preferia o macaco, e não falava a mais homem algum.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 373
Como se alimentavam aquelas duas criaturas?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 379
Durava esta existência três anos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 380
Durante esse tempo o homem não envelhecera.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 381
Era o mesmo que no primeiro dia.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 382
Longas barbas ruivas e cabelos grandes caídos para trás.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 383
Usava um grande casaco de baeta, tanto no inverno, como no verão.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 384
Calçava botas e não usava chapéu.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 385
Era impossível aos passageiros e aos moradores das vizinhanças penetrar na casa do solitário.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 386
Não o será decerto para nós, minha bela senhora, e meu caro amigo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 387
A casa divide-se em duas salas e um quarto.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 388
Uma sala é para jantar; a outra é... a de visitas.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 389
O quarto é ocupado pelos dois moradores, Daniel e Calígula.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 390
As duas salas são de iguais dimensões; o quarto é uma metade da sala.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 392
O chão é assoalhado.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 393
Pendem das paredes dois retratos: um de moça, outro de velho.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 394
A moça é uma figura angélica e deliciosa.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 395
O velho inspirava respeito e admiração.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 397
A sala de jantar tem apenas uma mesa e dois bancos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 398
A mobília do quarto resume-se num grabato em que dorme Daniel.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 399
Calígula estende-se no chão, junto à cabeceira do dono.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 400
Tal é a mobília da casa.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 402
Que vida terão passado aí dentro o macaco e o homem, no espaço de três anos?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 403
Não saberei dizê-lo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 407
Saem às dez horas, pouco mais ou menos, e voltam pouco mais ou menos às duas horas da madrugada.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 409
Feito isto, vai deitar-se; Calígula acompanha-o.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 410
Uma noite, era no mês de junho, época de lua cheia, Daniel preparou-se para sair.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 411
Calígula deu um pulo e saltou à estrada.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 412
Daniel fechou a porta, e lá se foi com o macaco estrada acima.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 417
Daniel, extremamente magro e alto, tinha em si um ar lúgubre.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 418
unit 419
Sem chapéu era uma cabeça verdadeiramente satânica.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 421
Havia já uma hora que os dois solitários tinham saído de casa.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 422
A casa ficara já um pouco longe.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 425
Também a polícia é humana, e nada do que é humano lhe é desconhecido.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 426
Havia uma hora, disse eu, que os dois passeadores tinham saído de casa.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 427
Começavam então a subir uma pequena colina... Tito foi interrompido por um bocejo do velho Diogo.
2 Translations, 4 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 428
— Quer dormir?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 429
perguntou o rapaz.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 430
— É o que vou fazer.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 431
— Mas a história?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 432
— A história é muito divertida.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 434
É muito divertida!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 435
Mas, para variar, o homem vai sair e fica o macaco.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 436
Dizendo estas palavras com uma raiva cômica, Diogo travou do chapéu e saiu.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 437
Tito soltou uma gargalhada.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 438
— Mas vamos ao fim da história... — Que fim, minha senhora?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 439
Eu já estava em talas por não saber como continuar...
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 440
Era um meio de servi-la.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 441
Vejo que é um velho aborrecido... — Não é, está enganado.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 442
— Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 443
não?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 444
— Divirto-me com ele.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 446
— Qual foi?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 447
— Disse que lhe era agradável a minha conversa.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 448
Ora, isso é falso como tudo quanto é falso... — Quer um elogio?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 449
— Não, falo franco.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 452
— Ontem eu e minha tia tomamos chá sozinhas!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 453
sozinhas!...
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 454
— Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 456
— Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 457
foi ele?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 459
Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 460
mas foi uma noite completa!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 461
Aconteceu-me o que me acontece sempre: ganhei!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 462
— Está bom.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 464
Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 465
é que eu tenho diploma... mas que é isso, está chorando?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 466
Emília tinha com efeito o lenço nos olhos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 467
Chorava?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 468
É certo que quando tirou o lenço dos olhos, tinha-os úmidos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 469
Voltou-se contra a luz e disse ao moço: — Qual... pode continuar.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 470
— Não há mais nada; foi só isto, disse Tito.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 472
disse a viúva.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 473
— À sua qual?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 474
— A carta que lhe escrevi pedindo que viesse tomar chá conosco?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 475
— Não me lembro.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 476
— Não se lembra?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 478
— Não.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 479
Pode arriscar-se a perder distrações melhores.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 481
Mas então tomou chá sozinha?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 482
E o Diogo?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 483
— Descartei-me dele.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 484
Acha que ele seja divertido?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 486
— O Diogo está vingado.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 487
— De que, minha senhora?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 488
Emília olhou fixamente para Tito e disse: — De nada!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 489
E levantando-se dirigiu-se para o piano.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 490
— Vou tocar, disse ela; não o aborrece?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 491
— De modo nenhum.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 493
Este, depois de algum tempo, interrompeu com estas palavras: — Que música triste!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 494
— Traduzo a minha alma, disse a viúva.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 495
— Anda triste?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 496
— Que lhe importam as minhas tristezas?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 497
— Tem razão, não me importam nada.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 498
Em todo o caso não é comigo?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 499
Emília levantou-se e foi para ele.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 500
— Acha que lhe hei de perdoar a desfeita que me fez?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 501
disse ela.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 502
— Que desfeita, minha senhora?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 503
— A desfeita de não vir ao meu convite?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 504
— Mas eu já lhe expliquei... — Paciência!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 505
O que sinto é que também nesse voltarete estivesse o marido de Adelaide.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 506
— Ele retirou-se às dez horas, e entrou um parceiro novo, que não era de todo mau.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 507
— Pobre Adelaide!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 508
— Mas se eu lhe digo que ele se retirou às dez horas... — Não devia ter ido.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 509
Devia pertencer sempre à sua mulher.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 510
Sei que estou falando a um descrido; não pode calcular a felicidade e os deveres do lar doméstico.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 512
Sabe o que é isto?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 513
— Sei... É o casamento por fora.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 514
— Conheço alguém que lhe provava aquilo tudo... — Deveras?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 515
Quem é essa fênix?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 516
— Se lho disser, há de mofar; não digo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 517
— Qual mofar!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 518
Diga lá, eu sou curioso.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 519
— Não acredita que haja alguém que possa amá-lo?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 521
Não acredita!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 522
— Se me afirma, acredito; mas... — Existe a pessoa e o amor.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 523
— São então duas fênix.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 524
— Não zombe.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 525
Existem... Procure... — Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 526
isso há de ser mais difícil: não tenho tempo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 527
E suponha que achasse, de que me servia?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 528
Para mim é perfeitamente inútil.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 529
Isso é bom para outros; para o Diogo, por exemplo... — Para o Diogo?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 530
A bela viúva pareceu ter um assomo de cólera.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 531
Depois de um silêncio disse: — Adeus!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 532
Desculpe, estou incomodada.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 533
— Então, até amanhã!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 535
Emília, apenas ficou só, caiu numa cadeira e cobriu o rosto.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 536
Estava nessa posição havia cinco minutos, quando assomou à porta a figura do velho Diogo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 537
O rumor que o velho fez entrando despertou a viúva.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 538
— Ainda aqui!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 539
— É verdade, minha senhora, disse Diogo aproximando-se, é verdade.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 540
Ainda aqui, por minha infelicidade... — Não entendo... — Não saí para casa.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 541
Um demônio oculto me impeliu para cometer um ato infame.
2 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 542
Cometi- o, mas tirei dele um proveito; estou salvo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 543
Sei que me não ama.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 544
— Ouviu?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 545
— Tudo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 546
E percebi.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 547
— Que percebeu, meu caro senhor?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 548
— Percebi que a senhora ama o Tito.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 549
— Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 551
Emília ouviu as palavras de Diogo com a maior tranqüilidade.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 552
Enquanto ele falava teve tempo de refletir no que devia dizer.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 553
Diogo estava já a fazer o seu último cumprimento, quando a viúva lhe dirigiu a palavra.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 554
— Ouça-me, Sr. Diogo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 555
Ouviu bem, mas percebeu mal.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 557
— Disse-mo D. Adelaide.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 558
— É verdade.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 559
— Não creio.
2 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 560
— Por quê?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 561
— Havia lágrimas nas suas palavras.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 562
Ouvi-as com a dor n’alma.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 563
Se soubesse como eu sofria!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 564
A bela viúva não pôde deixar de sorrir ao gesto cômico de Diogo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 566
— Deveras?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 567
— Pois acredita que um homem como aquele possa inspirar qualquer sentimento sério?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 568
Nem por sombras!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 569
Estas palavras foram ditas no tom com que Emília costumava persuadir aquele eterno namorado.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 570
Isso e mais um sorriso, foi quanto bastou para acalmar o ânimo de Diogo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 571
Daí a alguns minutos estava ele radiante.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 573
— Pois sim!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 574
— Adeus, até amanhã.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 575
Tenha sonhos cor-de-rosa, e desculpe os meus maus modos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 576
Até amanhã.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 577
O velho beijou graciosamente a mão de Emília e saiu.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago

Tinham-se passado oito dias depois do que acabo de narrar.

Tito, como o temos visto até aqui, estava no terreno do primeiro dia. Passeava, lia, conversava e parecia inteiramente alheio aos planos que se tramavam em roda dele. Durante esse tempo foi apenas duas vezes à casa de Emília, uma com a família de Azevedo, outra com Diogo. Nestas visitas era sempre o mesmo, frio, indiferente, impassível. Não havia olhar, por mais sedutor e significativo, que o abalasse; nem a idéia de que andava no pensamento da viúva era capaz de animá-lo.

— Por que, ao menos, se não é capaz de amar, não procura entreter um desses namoros de sala, que tanto lisonjeiam a vaidade dos homens?

Esta pergunta era feita por Emília a si mesma, sob a impressão da estranheza que lhe causava a indiferença do rapaz. Ela não compreendia que Tito pudesse conservar-se de gelo diante dos seus encantos. Mas infelizmente era assim.

Cansada de trabalhar em vão, a viúva determinou dar um golpe mais decisivo. Encaminhou a conversa para as doçuras do casamento e lamentou o estado de sua viuvez. O casal Azevedo era para ela o tipo da perfeita felicidade conjugal. Apresentava-o aos olhos de Tito como um incentivo para quem queria ser venturoso na terra. Nada, nem a tese, nem a hipótese, nada moveu a frieza de Tito.

Emília jogava um jogo perigoso. Era preciso decidir entre os seus desejos de vingar o sexo e as conveniências da sua posição; mas ela era de um caráter imperioso; respeitava muito os princípios de sua moral severa, mas não acatava do mesmo modo as conveniências de que a sociedade cercava essa moral. A vaidade impunha no espírito dela, com força prodigiosa. Assim que a bela viúva foi usando todos os meios que era lícito empregar para fazer apaixonar Tito.

Mas, apaixonado ele, o que faria ela? A pergunta é ociosa; desde que ela o tivesse aos pés, trataria de conservá-lo aí fazendo parelha ao velho Diogo. Era o melhor troféu que uma beleza altiva pode ambicionar.

Uma manhã, oito dias depois das cenas referidas no capítulo anterior, apareceu Diogo em casa de Azevedo. Tinham aí acabado de almoçar; Azevedo subira para o gabinete, a fim de aviar alguma correspondência para a corte; Adelaide achava-se na sala do pavimento térreo.

Diogo entrou com uma cara contristada, como nunca se lhe vira. Adelaide correu para ele.

— Que é isso? perguntou ela.

— Ah! minha senhora... sou o mais infeliz dos homens!

— Por quê? Venha sentar-se...

Diogo sentou-se, ou antes deixou-se cair na cadeira que Adelaide lhe ofereceu. Esta tomou lugar ao pé dele, animou-o a contar as suas mágoas.

— Então que há?

— Duas desgraças, respondeu ele. A primeira em forma de sentença. Perdi mais uma demanda. É uma desgraça isto, mas não é nada...

— Pois há maior?...

— Há. A segunda desgraça foi em forma de carta.

— De carta? perguntou Adelaide.

— De carta. Veja isto.

Diogo tirou da carteira uma cartinha cor-de-rosa, cheirando à essência de magnólia.

Adelaide leu a carta para si.

Quando ela acabou, perguntou-lhe o velho:

— Que me diz a isto?

— Não compreendo, respondeu Adelaide.

— Esta carta é dela.

— Sim, e depois?

— É para ele.

— Ele quem?

— Ele! o diabo! o meu rival! o Tito!

— Ah!

— Dizer-lhe o que senti quando apanhei esta carta, é impossível. Nunca tremi na minha vida! Mas quando li isto, não sei que vertigem se apoderou de mim. Ando tonto! A cada passo como que desmaio... Ah!

— Ânimo! disse Adelaide.

— É isto mesmo que eu vinha buscar... é uma consolação, uma animação. Soube que estava aqui e estimei achá-la só... Ah! quanto sinto que o estimável seu marido esteja vivo... porque a melhor consolação era aceitar Vossa Excelência um coração tão mal compreendido.

— Felizmente ele está vivo.

Diogo soltou um suspiro e disse:

— Felizmente!

E depois de um silêncio continuou:

— Tive duas idéias: uma foi o desprezo; mas desprezá-los é pô-los em maior liberdade e ralar-me de dor e de vergonha; a segunda foi o duelo... é melhor... eu mato... ou...

— Deixe-se disso.

— É indispensável que um de nós seja riscado do número dos vivos.

— Pode ser engano...

— Mas não é engano, é certeza.

— Certeza de quê?

Diogo abriu o bilhete e disse:

— Ora, ouça:

Se ainda não me compreendeu é bem curto de penetração. Tire a máscara e eu me explicarei. Esta noite tomo chá sozinha. O importuno Diogo não me incomodará com as suas tolices. Dê-me a felicidade de vê-lo e admirá-lo.

EMÍLIA

— Mas que é isto?

— Que é isto? Ah! se fosse mais do que isto já eu estava morto! Pude pilhar a carta, e a tal entrevista não se deu...

— Quando foi escrita a carta?

— Ontem.

— Tranqüilize-se. É capaz de guardar um segredo? O que lhe vou dizer é grave. Mas só a sua aflição me faz falar. Posso afirmar-lhe que esta carta é uma pura caçoada. Trata-se de vingar o nosso sexo ultrajado; trata-se de fazer com que Tito se apaixone... nada mais.

Diogo estremeceu de alegria.

— Sim? perguntou ele.

— É pura verdade. Mas veja lá, isto é segredo. Se lho descobri foi por vê-lo aflito. Não nos comprometa.

— Isso é sério? insistiu Diogo.

— Como quer que lho diga?

— Ah! que peso me tirou! Pode estar certa de que o segredo caiu num poço. Oh! muito me hei de rir... muito me hei de rir... Que boa inspiração tive em vir falar-lhe! Diga-me, posso dizer a D. Emília que sei tudo?

— Não!

— É então melhor que não me dê por achado...

— Sim.

— Muito bem!

Dizendo estas palavras o velho Diogo esfregava as mãos e piscava os olhos. Estava radiante. Quê! ver o suposto rival sendo vítima dos laços da viúva! Que glória! que felicidade!

Nisto estava quando à porta do interior apareceu Tito. Acabava de levantar-se da cama.

— Bom dia, D. Adelaide, disse ele dirigindo-se para a mulher de Azevedo.

Depois sentando-se e voltando a cara para Diogo:

— Bom dia, disse. Está hoje alegre... Tirou a sorte grande?

— A sorte grande? perguntou Diogo. Tirei... tirei...

— Dormiu bem? perguntou Adelaide a Tito.

— Como um justo que sou. Tive sonhos cor-de-rosa: sonhei com o Sr. Diogo.

— Ah! sonhou comigo? murmurou entre dentes o velho namorado. Coitado! tenho pena dele!

— Mas onde está Azevedo? perguntou Tito a Adelaide.

— Anda de passeio.

— Já?

— Pois então. Onze horas.

— Onze horas! É verdade, acordei muito tarde. Tinha duas visitas para fazer: uma a D. Emília...

— Ah! disse Diogo.

— De que se espanta, meu caro?

— De nada! de nada!

— Bom; vou mandar pôr o seu almoço, disse Adelaide.

Os dois ficaram sós. Tito acendeu um cigarro de palha; Diogo afetava grande distração, mas olhava sorrateiramente para o moço. Este, apenas soltou duas fumaças, voltou-se para o velho e disse:

— Como vão os seus amores?

— Que amores?

— Os seus, a Emília... Já lhe fez compreender toda a imensidade da paixão que o devora?

— Qual... Preciso de algumas lições... Se mas quisesse dar?

— Eu? Está sonhando!

— Ah! eu sei que o senhor é forte... É modesto, mas é forte... e até fortíssimo! Ora, eu sou realmente um aprendiz... Tive há pouco a idéia de desafiá-lo.

— A mim?

— É verdade, mas foi uma loucura de que me arrependi...

— Além de que não é uso em nosso país...

— Em toda a parte é uso vingar a honra.

— Bravo, D. Quixote!

— Ora, eu acreditava-me ofendido na honra.

— Por mim?

— Mas emendei a mão; reparei que era antes eu quem ofendia pretendendo lutar com um mestre, eu simples aprendiz?...

— Mestre de quê?

— Dos amores! Oh! eu sei que é mestre...

— Deixe-se disso... eu não sou nada... o Sr. Diogo, sim; o senhor vale um urso, vale mesmo dois. Como havia de eu... Ora!... Aposto que teve ciúmes?

— Exatamente.

— Mas era preciso não me conhecer; não sabe das minhas idéias?

— Homem, às vezes é pior.

— Pior, como?

— As mulheres não deixam uma afronta sem castigo... As suas idéias são afrontosas... Qual será o castigo? Paro aqui... paro aqui...

— Onde vai?

— Vou sair. Adeus. Não se lembre mais da minha desastrada idéia do duelo...

— Que está acabado... Ah! o senhor escapou de boa!

— De quê?

— De morrer. Eu enfiava-lhe a espada por esse abdômen... com um gosto... com um gosto só comparável ao que tenho de abraçá-lo vivo e são!

Diogo riu-se com um riso amarelo.

— Obrigado, obrigado. Até logo!

— Venha cá, onde vai? Não se despede de D. Adelaide?

— Eu já volto, disse Diogo travando do chapéu e saindo precipitadamente.

Tito ainda o acompanhou com os olhos.

"Este sujeito", disse o moço consigo quando se viu só, "não tem nada de original. Aquela opinião a respeito das mulheres não é dele... Melhor... já se conspira; é o que me convém. Hás de vir! hás de vir!”

Um criado alemão veio anunciar a Tito que o almoço estava preparado. Tito ia entrando quando assomou à porta a figura de Azevedo.

— Ora, graças a Deus! O meu amigo não se levanta com o sol. Estás com olhos de quem acaba de dormir.

— É verdade, e vou almoçar.

Dirigiram-se os dois para dentro, onde a mesa estava posta à espera de Tito.

— Almoças outra vez? perguntou Tito.

— Não.

— Pois então vais ver como se come.

Tito sentou-se à mesa; Azevedo estirou-se num sofá.

— Onde foste? perguntou Tito.

— Fui passear... Compreendi que é preciso ver e admirar o que é indiferente, para apreciar e ver aquilo que faz a felicidade íntima do coração.

— Ah! sim? Bem vês que até a felicidade por igual fatiga! Afinal sempre a razão do meu lado.

— Talvez. Apesar de tudo, quer-me parecer que já intentas entrar na família dos casados.

— Eu?

— Tu, sim.

— Por quê?

— Mas, dize, é ou não verdade?

— Qual, verdade!

— O que sei, é que uma destas tardes em que adormeceste lendo, não sei que livro, ouvi-te pronunciar em sonhos, com a maior ternura, o nome de Emília.

— Deveras? perguntou Tito mastigando.

— É exato. Concluí que se sonhavas com ela é que a tinhas no pensamento, e se a tinhas no pensamento é que a amavas.

— Concluíste mal.

— Mal?

— Concluíste como um marido de cinco meses. Que prova um sonho? Não prova nada! Pareces velha supersticiosa...

— Mas enfim, alguma coisa há por força... Serás capaz de me dizeres o que é?

— Homem, podia dizer-te alguma coisa se não fosses casado...

— Que tem que eu seja casado?

— Tem tudo. Seria indiscreto sem querer e até sem saber. À noite, entre um beijo e um bocejo, o marido e a mulher abrem um para o outro a bolsa das confidências. Sem pensares, podes deitar tudo a perder.

— Não digas isso. Vamos lá. Há novidade?

— Não há nada.

— Confirmas as minhas suspeitas. Gostas da Emília.

— Ódio não lhe tenho, é verdade.

— Gostas. E ela merece. É uma boa senhora, de não vulgar beleza, possuindo as melhores qualidades. Talvez preferisses que não fosse viúva?...

— Sim; é natural que se embale dez vezes por dia na lembrança dos dois maridos que já exportou para o outro mundo... à espera de exportar o terceiro...

— Não é dessas...

— Afianças?

— Quase que posso afiançar.

— Ah! meu amigo, disse Tito levantando-se da mesa e indo acender um charuto, toma o conselho de um tolo: nunca afiances nada, principalmente em tais assuntos. Entre a prudência discreta e a cega confiança não é lícito duvidar, a escolha está decidida nos próprios termos da primeira. O que podes tu afiançar a respeito de Emília? Não a conheces melhor do que eu.

Há quinze dias que nos conhecemos, e eu já lhe leio no interior; estou longe de atribuir-lhe maus sentimentos, mas tenho a certeza de que não possui as raríssimas qualidades que são necessárias à exceção. Que sabes tu?

— Realmente, eu não sei nada.

"Não sabes nada!" disse Tito consigo.

— Falo pelas minhas impressões. Parecia-me que um casamento entre vocês ambos não vinha fora de propósito.

— Se me falas outra vez em casamento, saio.

— Pois só a palavra?

— A palavra, a idéia, tudo.

— Entretanto, admiras e aplaudes o meu casamento...

— Ah! eu aplaudo nos outros muitas coisas de que não sou capaz de usar. Depende da vocação...

Adelaide apareceu à porta da sala de jantar. A conversa cessou entre os dois rapazes.

— Trago-lhe uma notícia.

— Que notícia? perguntaram-lhe os dois.

— Recebi um bilhete de Emília... Pede-nos que vamos lá amanhã, porque...

— Por quê? perguntou Azevedo.

— Talvez dentro de oito dias se retire para a cidade.

— Ah! disse Tito com a maior indiferença deste mundo.

— Apronta as tuas malas, disse Azevedo a Tito.

— Por quê?

— Não segues os passos da deusa?

— Não zombes, cruel amigo! Quando não...

— Anda lá...

Adelaide sorriu ouvindo estas palavras.

Daí a meia hora Tito subiu para o gabinete em que Azevedo tinha os livros. Ia, dizia, ler as Confissões de Santo Agostinho.

— Que repentina viagem é esta? perguntou Azevedo à sua mulher.

— Tens muito empenho em saber?

— Tenho.

— Pois bem. Olha que é segredo. Eu não sei positivamente, mas creio que é uma estratégia.

— Estratégia? Não entendo.

— Eu te digo. Trata-se de prender o Tito.

— Prender?

— Estás hoje tão bronco! Prender pelos laços do amor...

— Ah!

— Emília julgou que deve fazê-lo. É só para brincar. No dia em que ele se declarar vencido fica ela vingada do que ele disse contra o sexo.

— Não está mau... E tu entras nesta estratégia...

— Como conselheira.

— Trama-se então contra um amigo, um alter ego.

— Tá, tá, tá. Cala a boca. Não vás fazer abortar o plano.

Azevedo riu-se a bandeiras despregadas. No fundo achava engraçada a punição premeditada ao pobre Tito.

A visita que Tito disse ter de fazer à viúva naquele dia, não se realizou.

Diogo, que apenas saíra da casa de Azevedo, ciente das intenções da viúva, fora para casa desta esperar o rapaz, embalde lá esteve durante o dia, embalde jantou, embalde aborreceu a tarde inteira tanto a Emília como à tia; Tito não apareceu.

Mas, à noite, à hora em que Diogo, já vexado de tanta demora na casa da moça, tratava de sair, anunciou-se a chegada de Tito.

Emília estremeceu; mas esse movimento escapou a Diogo.

Tito entrou na sala onde se achavam Emília, a tia, e Diogo.

— Não contava com a sua visita, disse a viúva.

— Eu sou assim; apareço quando não me esperam. Sou como a morte e a sorte grande.

— Agora é a sorte grande, disse Emília.

— Que número é o seu bilhete, minha senhora?

— Número doze, isto é, doze horas que tenho tido o prazer de ter hoje aqui o Sr. Diogo...

— Doze horas! exclamou Tito voltando-se para o velho.

— Sem que ainda o nosso bom amigo nos contasse uma história...

— Doze horas! repetiu Tito.

— Que admira, meu caro senhor? perguntou Diogo.

— Acho um pouco estirado...

— As horas contam-se quando são aborrecidas... Peço para me retirar...

E dizendo isto, Diogo travou do chapéu para sair lançando um olhar de despeito e ciúme para a viúva.

— Que é isso? perguntou esta. Onde vai?

— Dou asas às horas, respondeu Diogo ao ouvido de Emília; vão correr depressa agora.

— Perdôo-lhe e peço que se sente.

Diogo sentou-se.

A tia de Emília pediu licença para retirar-se alguns minutos.

Ficaram os três.

— Mas então, disse Tito, nem ao menos uma história contou?

— Nenhuma.

Emília lançou um olhar a Diogo como para tranqüilizá-lo. Este, mais calmo então, lembrou-se do que Adelaide lhe havia dito, e voltou às boas.

— Afinal de contas, disse ele consigo, o caçoado é ele. Eu sou apenas o meio de prendê-lo... Contribuamos para que se lhe tire a proa.

— Nenhuma história, continuou Emília.

— Pois olhe, eu sei muitas, disse Diogo com intenção.

— Conte uma de tantas que sabe, disse Tito.

— Nada! Por que não conta o senhor?

— Se faz empenho...

— Muito... muito, disse Diogo piscando os olhos. Conte lá, por exemplo, a história do taboqueado, a história das imposturas do amor, a história dos viajantes encouraçados; vá, vá.

— Não, vou contar a história de um homem e de um macaco.

— Oh! disse a viúva.

— É muito interessante, disse Tito. Ora, ouçam...

— Perdão, interrompeu Emília, será depois do chá.

— Pois sim.

Daí a pouco servia-se o chá aos três. Findo ele, Tito tomou a palavra e começou a história:

HISTÓRIA DE UM HOMEM E DE UM MACACO

Não longe da vila ***, no interior do Brasil, morava há uns vinte anos um homem de trinta e cinco anos, cuja vida misteriosa era o objeto das conversas das vilas próximas e o objeto do terror que experimentavam os viajantes que passavam na estrada a dois passos da casa.

A própria casa era já de causar apreensões ao espírito menos timorato. Vista de longe nem parecia casa, tão baixinha era. Mas quem se aproximasse conheceria aquela construção singular. Metade do edifício estava ao nível do chão e metade abaixo da terra. Era entretanto uma casa solidamente construída. Não tinha porta nem janelas. Tinha um vão quadrado que servia ao mesmo tempo de janela e de porta. Era por ali que o misterioso morador entrava e saía.

Pouca gente o via sair, não só porque ele raras vezes o fazia, como porque o fazia em horas impróprias. Era nas horas da lua cheia que o solitário deixava a residência para ir passear nos arredores. Levava sempre consigo um grande macaco, que acudia pelo nome de Calígula.

O macaco e o homem, o homem e o macaco eram dois amigos inseparáveis, dentro e fora de casa, na lua nova.

Mil versões corriam a respeito deste misterioso solitário.

A mais geral é que era um feiticeiro. Havia uma que o dava por doido; outra por simplesmente atacado de misantropia.

Esta última versão tinha por si duas circunstâncias: a primeira era não constar nada de positivo que fizesse reconhecer no homem hábitos de feiticeiro ou alienado; a segunda era a amizade que ele parecia votar ao macaco e o horror com que fugia ao olhar dos homens. Quando a gente se aborrece dos homens toma sempre a afeição dos animais, que têm a vantagem de não discorrer, nem intrigar.

O misterioso... É preciso dar-lhe um nome: chamemo-lo Daniel. Daniel preferia o macaco, e não falava a mais homem algum. Algumas vezes os viajantes que passavam pela estrada ouviam partir de dentro da casa gritos do macaco e do homem; era o homem que afagava o macaco.

Como se alimentavam aquelas duas criaturas? Houve quem visse um dia de manhã abrir-se a porta, sair o macaco e voltar pouco depois com um embrulho na boca. O tropeiro que presenciava esta cena quis descobrir onde ia o macaco buscar aquele embrulho que levava sem dúvida os alimentos dos dois solitários. Na manhã seguinte introduziu-se no mato; o macaco chegou à hora do costume, e dirigiu-se para um tronco de árvore; havia sobre esse tronco um grande galho, que o bicho atirou ao chão. Depois, introduzindo as mãos no interior do velho tronco, tirou um embrulho igual ao da véspera e partiu.

O tropeiro persignou-se, e tão apreensivo ficou com a cena que acabava de presenciar que não a contou a ninguém.

Durava esta existência três anos.

Durante esse tempo o homem não envelhecera. Era o mesmo que no primeiro dia. Longas barbas ruivas e cabelos grandes caídos para trás. Usava um grande casaco de baeta, tanto no inverno, como no verão. Calçava botas e não usava chapéu.

Era impossível aos passageiros e aos moradores das vizinhanças penetrar na casa do solitário. Não o será decerto para nós, minha bela senhora, e meu caro amigo.

A casa divide-se em duas salas e um quarto. Uma sala é para jantar; a outra é... a de visitas. O quarto é ocupado pelos dois moradores, Daniel e Calígula.

As duas salas são de iguais dimensões; o quarto é uma metade da sala. A mobília da primeira sala compõe-se de dois sujos bancos encostados à parede, uma mesa baixa no centro. O chão é assoalhado. Pendem das paredes dois retratos: um de moça, outro de velho. A moça é uma figura angélica e deliciosa. O velho inspirava respeito e admiração. Das outras duas paredes pendem, de um lado uma faca de cabo de marfim, e do outro uma mão de defunto, amarela e seca.

A sala de jantar tem apenas uma mesa e dois bancos.

A mobília do quarto resume-se num grabato em que dorme Daniel. Calígula estende-se no chão, junto à cabeceira do dono.

Tal é a mobília da casa.

A casa, que de fora parece não ter capacidade suficiente para conter um homem em pé, é contudo suficiente, visto estar, como disse, entranhada no chão.

Que vida terão passado aí dentro o macaco e o homem, no espaço de três anos? Não saberei dizê-lo.

Quando Calígula traz de manhã o embrulho, Daniel divide a comida em duas porções, uma para o almoço, outra para o jantar. Depois homem e macaco sentam-se em face um do outro na sala de jantar e comem irmãmente as duas refeições.

Quando chega a lua cheia saem os dois solitários, como já disse, todas as noites, até a época em que a lua passa a ser minguante. Saem às dez horas, pouco mais ou menos, e voltam pouco mais ou menos às duas horas da madrugada. Quando entram, Daniel tira a mão do finado que pende da parede e dá com ela duas bofetadas em si próprio. Feito isto, vai deitar-se; Calígula acompanha-o.

Uma noite, era no mês de junho, época de lua cheia, Daniel preparou-se para sair. Calígula deu um pulo e saltou à estrada. Daniel fechou a porta, e lá se foi com o macaco estrada acima.

A lua, inteiramente cheia, projetava os seus reflexos pálidos e melancólicos na vasta floresta que cobria as colinas próximas, e clareava toda a vasta campina que rodeava a casa.

Só se ouvia ao longe o murmúrio de uma cachoeira, e ao perto o piar de algumas corujas, e o chilrar de uma infinidade de grilos espalhados na planície.

Daniel caminhava pausadamente levando um pau debaixo do braço, e acompanhado do macaco, que saltava do chão aos ombros de Daniel e dos ombros de Daniel para o chão.

Mesmo sem a forma lúgubre que tinha aquele lugar por causa da residência do solitário, qualquer pessoa que encontrasse àquela hora Daniel e o macaco corria risco de morrer de medo. Daniel, extremamente magro e alto, tinha em si um ar lúgubre. Os cabelos da barba e da cabeça, crescidos em abundância, faziam a sua cabeça ainda maior do que era. Sem chapéu era uma cabeça verdadeiramente satânica.

Calígula, que nos outros dias era um macaco ordinário, tomava, naquelas horas de passeio noturno, um ar tão lúgubre e tão misterioso como o de Daniel.

Havia já uma hora que os dois solitários tinham saído de casa. A casa ficara já um pouco longe. Nada mais natural do que chegar a polícia nessa ocasião, tomar a entrada da casa e reconhecer o mistério. Mas a polícia, apesar dos meios que tinha à sua disposição, não se animava a investigar no mistério que o povo reputava diabólico. Também a polícia é humana, e nada do que é humano lhe é desconhecido.

Havia uma hora, disse eu, que os dois passeadores tinham saído de casa. Começavam então a subir uma pequena colina...

Tito foi interrompido por um bocejo do velho Diogo.

— Quer dormir? perguntou o rapaz.

— É o que vou fazer.

— Mas a história?

— A história é muito divertida. Até aqui só temos visto duas coisas, um homem e um macaco; perdão... temos mais dois, um macaco e um homem. É muito divertida! Mas, para variar, o homem vai sair e fica o macaco.

Dizendo estas palavras com uma raiva cômica, Diogo travou do chapéu e saiu.

Tito soltou uma gargalhada.

— Mas vamos ao fim da história...

— Que fim, minha senhora? Eu já estava em talas por não saber como continuar... Era um meio de servi-la. Vejo que é um velho aborrecido...

— Não é, está enganado.

— Ah! não?

— Divirto-me com ele. O que não impede que a presença do senhor me dê infinito prazer...

— Vossa Excelência disse agora uma falsidade.

— Qual foi?

— Disse que lhe era agradável a minha conversa. Ora, isso é falso como tudo quanto é falso...

— Quer um elogio?

— Não, falo franco. Eu nem sei como Vossa Excelência me atura; desabrido, maçante, chocarreiro, sem fé em coisa alguma, sou um conversador muito pouco digno de ser desejado. É preciso ter uma grande soma de bondade para ter expressões tão benévolas... tão amigas...

— Deixe esse ar de mofa, e...

— Mofa, minha senhora?

— Ontem eu e minha tia tomamos chá sozinhas! sozinhas!...

— Ah!

— Contava que o senhor viesse aborrecer-se uma hora conosco...

— Qual aborrecer... Eu lhe digo: o culpado foi o Ernesto.

— Ah! foi ele?

— É verdade; deu comigo aí em casa de uns amigos, éramos quatro ao todo, rolou a conversa sobre o voltarete e acabamos por formar mesa. Ah! mas foi uma noite completa! Aconteceu-me o que me acontece sempre: ganhei!

— Está bom.

— Pois, olhe, ainda assim eu não jogava com pexotes; eram mestres de primeira força: um principalmente; até às onze horas a fortuna pareceu desfavorecer-me, mas dessa hora em diante desandou a roda para eles e eu comecei a assombrar... pode ficar certa de que os assombrei. Ah! é que eu tenho diploma... mas que é isso, está chorando?

Emília tinha com efeito o lenço nos olhos. Chorava? É certo que quando tirou o lenço dos olhos, tinha-os úmidos. Voltou-se contra a luz e disse ao moço:

— Qual... pode continuar.

— Não há mais nada; foi só isto, disse Tito.

— Estimo que a noite lhe corresse feliz...

— Alguma coisa...

— Mas a uma carta responde-se; por que não respondeu à minha? disse a viúva.

— À sua qual?

— A carta que lhe escrevi pedindo que viesse tomar chá conosco?

— Não me lembro.

— Não se lembra?

— Ou, se recebi essa carta, foi em ocasião que a não pude ler, e então esqueci, esqueci-a em algum lugar...

— É possível: mas é a última vez...

— Não me convida mais para tomar chá?

— Não. Pode arriscar-se a perder distrações melhores.

— Isso não digo: a senhora trata bem a gente, e em sua casa passam-se bem as horas... Isto é com franqueza. Mas então tomou chá sozinha? E o Diogo?

— Descartei-me dele. Acha que ele seja divertido?

— Parece que sim... É um homem delicado; um tanto dado às paixões, é verdade, mas sendo esse um defeito comum, acho que nele não é muito digno de censura.

— O Diogo está vingado.

— De que, minha senhora?

Emília olhou fixamente para Tito e disse:

— De nada!

E levantando-se dirigiu-se para o piano.

— Vou tocar, disse ela; não o aborrece?

— De modo nenhum.

Emília começou a tocar; mas era uma música tão triste que infundia certa melancolia no espírito do moço. Este, depois de algum tempo, interrompeu com estas palavras:

— Que música triste!

— Traduzo a minha alma, disse a viúva.

— Anda triste?

— Que lhe importam as minhas tristezas?

— Tem razão, não me importam nada. Em todo o caso não é comigo?

Emília levantou-se e foi para ele.

— Acha que lhe hei de perdoar a desfeita que me fez? disse ela.

— Que desfeita, minha senhora?

— A desfeita de não vir ao meu convite?

— Mas eu já lhe expliquei...

— Paciência! O que sinto é que também nesse voltarete estivesse o marido de Adelaide.

— Ele retirou-se às dez horas, e entrou um parceiro novo, que não era de todo mau.

— Pobre Adelaide!

— Mas se eu lhe digo que ele se retirou às dez horas...

— Não devia ter ido. Devia pertencer sempre à sua mulher. Sei que estou falando a um descrido; não pode calcular a felicidade e os deveres do lar doméstico. Viverem duas criaturas uma para outra, confundidas, unificadas; pensar, aspirar, sonhar a mesma coisa; limitar o horizonte nos olhos de cada uma, sem outra ambição, sem inveja de mais nada. Sabe o que é isto?

— Sei... É o casamento por fora.

— Conheço alguém que lhe provava aquilo tudo...

— Deveras? Quem é essa fênix?

— Se lho disser, há de mofar; não digo.

— Qual mofar! Diga lá, eu sou curioso.

— Não acredita que haja alguém que possa amá-lo?

— Pode ser...

— Não acredita que alguém, por despeito, por outra coisa que seja, tire da originalidade do seu espírito os influxos de um amor verdadeiro, mui diverso do amor ordinário dos salões; um amor capaz de sacrifício, capaz de tudo? Não acredita!

— Se me afirma, acredito; mas...

— Existe a pessoa e o amor.

— São então duas fênix.

— Não zombe. Existem... Procure...

— Ah! isso há de ser mais difícil: não tenho tempo. E suponha que achasse, de que me servia? Para mim é perfeitamente inútil. Isso é bom para outros; para o Diogo, por exemplo...

— Para o Diogo?

A bela viúva pareceu ter um assomo de cólera. Depois de um silêncio disse:

— Adeus! Desculpe, estou incomodada.

— Então, até amanhã!

Dizendo o que, Tito apertou a mão de Emília e saiu tão alegre e descuidoso como se saísse de um jantar de anos.

Emília, apenas ficou só, caiu numa cadeira e cobriu o rosto.

Estava nessa posição havia cinco minutos, quando assomou à porta a figura do velho Diogo.

O rumor que o velho fez entrando despertou a viúva.

— Ainda aqui!

— É verdade, minha senhora, disse Diogo aproximando-se, é verdade. Ainda aqui, por minha infelicidade...

— Não entendo...

— Não saí para casa. Um demônio oculto me impeliu para cometer um ato infame. Cometi- o, mas tirei dele um proveito; estou salvo. Sei que me não ama.

— Ouviu?

— Tudo. E percebi.

— Que percebeu, meu caro senhor?

— Percebi que a senhora ama o Tito.

— Ah!

— Retiro-me, portanto, mas não quero fazê-lo sem que ao menos fique sabendo de que saio com ciência de que não sou amado; e que saio antes de me mandarem embora.

Emília ouviu as palavras de Diogo com a maior tranqüilidade. Enquanto ele falava teve tempo de refletir no que devia dizer.

Diogo estava já a fazer o seu último cumprimento, quando a viúva lhe dirigiu a palavra.

— Ouça-me, Sr. Diogo. Ouviu bem, mas percebeu mal. Já que pretende ter sabido...

— Já sei; vem dizer que há um plano assentado de zombar com aquele moço...

— Como sabe?

— Disse-mo D. Adelaide.

— É verdade.

— Não creio.

— Por quê?

— Havia lágrimas nas suas palavras. Ouvi-as com a dor n’alma. Se soubesse como eu sofria!

A bela viúva não pôde deixar de sorrir ao gesto cômico de Diogo. Depois, como ele parecesse mergulhado em meditação sombria, disse:

— Engana-se, tanto que volto para a cidade.

— Deveras?

— Pois acredita que um homem como aquele possa inspirar qualquer sentimento sério? Nem por sombras!

Estas palavras foram ditas no tom com que Emília costumava persuadir aquele eterno namorado. Isso e mais um sorriso, foi quanto bastou para acalmar o ânimo de Diogo. Daí a alguns minutos estava ele radiante.

— Olhe, e para desenganá-lo de uma vez vou escrever um bilhete ao Tito...

— Eu mesmo o levarei, disse Diogo louco de contente.

— Pois sim!

— Adeus, até amanhã. Tenha sonhos cor-de-rosa, e desculpe os meus maus modos. Até amanhã.

O velho beijou graciosamente a mão de Emília e saiu.