Ernesto de Tal II - Machado de Assis
Difficulty: Medium    Uploaded: 8 years, 4 months ago by Santxiki     Last Activity: 7 years, 1 month ago
Fin
89 Units
100% Translated
100% Upvoted
Observe el lector a aquella joven que está allí, sentada en un sofá, entre dos damas de la misma edad, conversando bajito con ellas y moviendo de vez en cuando los ojos. Es Rosina. Los ojos de Rosina no engañan a nadie... excepto a los enamorados. Sus ojos son vivarachos e inquisidores y con un movimiento particular que ella les da, todavía resultan más inquisidores y vivarachos. Es galante y graciosa; si no lo fuera, no se dejaría atrapar por ella nuestro infeliz Ernesto que era joven de gusto refinado. No era alta, más bien bajita, viva y traviesa. Tenía bastante afectación en los modales y en el habla; pero Ernesto, a quien un amigo le había hecho esa misma observación, afirmó que no le gustaban las moscas muertas.

—A mí ni las vivas, respondió el amigo encantado por haber atrapado al aire este juego de palabras.

Juego de palabras de 1850.

No viste con lujo porque el tío no es rico; pero aún así resulta apuesta y elegante. En la cabeza lleva como ornamento solamente dos lazos de cinta azul.

—¡Ah! ¡si aquellas cintas quisieran ahorcarme! decía un individuo de bigote negro y cabello con raya en medio.

—¡Si aquellas cintas me quisieran llevar al cielo! decía otro de patillas castañas y orejas muy pequeñas.

Ambiciosos deseos los de estos dos jóvenes, ambiciosos e inútiles, porque a ella, si alguien le llama la atención, es un joven de bigote rubio y nariz larga que ahora está hablando con el subdelegado. A él es a quien Rosina dirige de vez en cuando su mirada, con disimulo es cierto, no tanto sin embargo como para que no la observen las dos jóvenes que están a su lado.

—¡Noviazgo acabado! decía una de ellas a la otra haciendo una señal con la cabeza hacia el lado del joven de nariz larga.

—¡Vamos, Justina!

—¡Calumnias! respondió la otra joven.

—¡Cállate, Amelia!

—¿Tú quieres engañarnos? insistía Justina. ¡Baja del caballo! Allí está él mirando... Parece que ni escucha al comendador. ¡Pobre comendador! para carabina está demasiado grueso.

–Mira, si no te callas me voy, dijo Rosina fingiéndose enfadada.

–¡Pues vete!

–¡Pobre Ernesto! suspiró Amelia del otro lado.

–Mira que la tía nos puede oír, observó Rosina mirando de reojo para una viaja gorda, que, sentada al lado del sofá, contaba a una comadre las peripecias diversas de la última molestia del marido.

–¿Pero por qué no vino Ernesto? preguntó Justina.

–Mandó decir a papá que tenía un trabajo urgente.

–¿Quién sabe si algún noviazgo también? insinuó Justina.

–¡No es capaz! añadió Rosina.

–¡Bravo! ¡qué confianza!

–¡Qué amor!

–¡Qué certeza!

–¡Qué defensora!

—No es capaz, repitió la joven: Ernesto no es capaz de citarse con otra; de eso estoy segura... Ernesto es un... El resto se lo tragó.

–¿Un qué? preguntó Amelia.

–¿Un qué? preguntó Justina.

En este momento sonaba un vals, y el chico de la nariz larga, al que el subdelegado había dejado para ir a conversar con Vieira, se aproximó al sofá y le pidió a Rosina el honor de concederle ese vals. La joven bajó la mirada con singular modestia, susurró algunas palabras que nadie escuchó, se levantó y se fue a bailar. Justina y Amelia se acercaron la una a la otra y comentaron el proceder de Rosina y su manera de bailar el vals sin gracia. Pero, como ambas eran amigas de Rosina, estas censuras no las hicieron en tono ofensivo, sino con indulgencia, como los amigos deben censurar a los amigos ausentes.

Y no tenían mucha razón las dos amigas. Rosina bailaba el vals con gracia y podía ponerse a la altura de quien supiera aquel tipo de baile. Ahora, en cuanto al noviazgo, puede ser que tuvieran razón y, efectivamente, la tenían; la manera en que ella miraba y hablaba al joven de la nariz larga despertaba sospechas en la mente más despreocupada a ese respecto.

Acabado el vals, pasearon un poco y fueron después hacia el vano de una ventana. Era entonces la una y el desgraciado de Ernesto se encaminaba ya en dirección a la Rua da Misericórdia.

—Mañana pasaré a las seis de la tarde.

—¡A las seis, no! dijo Rosina.

Era la hora en que Ernesto acostumbraba a ir allí.

—Entonces, a las cinco... —¿A las cinco?... Sí, a las cinco, asintió la joven.

El joven de la nariz larga agradeció con una sonrisa esta ratificación de su tratado amoroso y profirió algunas palabras que la joven oyó derretida y avergonzada, entre vanidosa y modesta. Lo que decía era que Rosina no solo era la flor del baile, sino también la flor de la Rua do Conde y no solo la flor de la Rua do Conde, sino también la flor de la ciudad completa.

Esto era lo que Ernesto le había dicho muchas veces; el joven de la nariz larga, sin embargo, tenía una forma particular de elogiar a una joven. La gracia, por ejemplo, con la que metía el dedo pulgar de la mano izquierda en el bolsillo izquierdo del chaleco, jugando luego con los demás dedos como si tocara el piano, era de todo punto inimitable; no existía nadie, al menos en las inmediaciones, que tuviera más elegancia en la manera de arquear los brazos, de arreglarse los cabellos o, sencillamente, de ofrecer una taza de té.

Tales eran las dotes que habían conquistado el inconstante corazón de la graciosa Rosina. ¿Sólo esas? No. La mera circunstancia de no tener Ernesto la interesante vestimenta que adornaba el cuerpo y realzaba las gracias de su afortunado rival, ya puede dar alguna luz al lector de buena fe. Sin duda, Rosina ignoraba la precaria situación de Ernesto en cuanto al frac; pero sabía que él ocupaba un empleo de menor importancia en el Arsenal de Guerra, mientras que el joven de la nariz larga tenía un buen puesto en una casa comercial.

Una joven que profesase ideas filosóficas respecto al amor y al matrimonio diría que los impulsos del corazón estaban por encima de todo. Rosina no era enteramente reacia a los impulsos del corazón y a la filosofía del amor, pero tenía ambición por aparentar algo, se moría por los vestidos nuevos y los espectáculos frecuentes, le gustaba, en fin, vivir a la luz pública. Todo eso se lo podía dar, con el tiempo, el joven de la nariz larga, que ella entreveía ya en dirección de la casa en la que trabajaba; Ernesto, sin embargo, era difícil que pasara del puesto que tenía en el Arsenal y, en todo caso, no subiría tampoco muy deprisa.

Pesados los merecimientos de uno y otro, el que perdía era el mísero Ernesto.

Rosina conocía al nuevo pretendiente desde hacía algunas semanas; pero solo en aquella noche había tenido ocasión de tratarlo de cerca, de consolidar, digámoslo así, su situación. Las relaciones, hasta entonces puramente telegráficas, pasaron a ser verbales y si al lector le gusta un estilo rebuscado y culterano, le diré que fueron tantos los telegramas intercambiados entre ellos durante la noche, que los estados vecinos, recelosos de perder una alianza probable, llamaron a las armas a la milicia de los agrados, mandaron salir al ejército de los requiebros, apuntaron la artillería de los ojos tiernos, de los pañuelos en la boca y de las expresiones suavísimas; pero toda esa cantidad de obstáculos no dio ningún resultado porque la hermosa Rosina, al menos en aquella noche, se encontraba entregada a un único pensamiento.

Cuando acabó el baile y Rosina entró en su habitación, vio un papelito doblado en el tocador.

—¿Qué es esto? dijo.

Lo abrió: era la respuesta a la carta de Ernesto que se le había olvidado enviar. ¿Y si alguien la hubiera leído? No, no era lo normal. Dobló la cartita con mucho cuidado, la cerró con engrudo, la guardó en un cajón, diciéndose: —Es preciso mandarla mañana por la mañana.
unit 2
É Rosina.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 3
Os olhos de Rosina não enganam ninguém... exceto os namorados.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 6
Alta não era, mas baixinha, viva, travessa.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 8
— Eu nem de moscas vivas, acudiu o amigo encantado por ter apanhado no ar este trocadilho.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 9
Trocadilho de 1850.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 10
Não veste com luxo porque o tio não é rico; mas ainda assim está garrida e elegante.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 11
Na cabeça tem por enfeite apenas dois laços de fita azul.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 12
— Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 13
se aquelas fitas me quisessem enforcar!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 14
dizia um gamenho de bigode preto e cabelo partido ao meio.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 15
— Se aquelas fitas me quisessem levar ao céu!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 16
dizia outro de suíças castanhas e orelhas pequeninas.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 19
— Namoro ferrado!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 20
dizia uma delas à outra fazendo um sinal de cabeça para o lado do moço de nariz comprido.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 21
— Ora, Justina?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 22
— Calúnias!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 23
acudiu a outra moça.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 24
— Cala-te, Amélia!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 25
— Você quer enganar a gente?
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 26
insistia Justina.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 27
Tire o cavalo da chuva!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 28
Lá está ele olhando... Parece que nem ouve o comendador.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 29
Pobre comendador!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 30
para pau-de-cabeleira está grosso demais.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 31
— Olha, se você não se cala eu vou-me embora, disse Rosina fingindo-se enfadada.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 32
— Pois vá!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 33
— Coitado do Ernesto!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 34
suspirou Amélia do outro lado.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 36
— Mas por que não veio o Ernesto?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 37
perguntou Justina.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 38
— Mandou dizer a papai que tinha um trabalho urgente.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 39
— Quem sabe se algum namoro também?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 40
insinuou Justina.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 41
— Não é capaz!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 42
acudiu Rosina.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 43
— Bravo!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 44
que confiança!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 45
— Que amor!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 46
— Que certeza!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 47
— Que defensora!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 49
— Um quê?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 50
perguntou Amélia.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 51
— Um quê?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 52
perguntou Justina.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 57
E não tinham muita razão as duas amigas.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 58
Rosina valsava com graça e podia pedir meças a quem soubesse aquele gênero de dança.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 60
Acabada a valsa, passearam um pouco e foram depois para o vão de uma janela.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 61
Era então uma hora, e já o desgraçado Ernesto palmilhava na direção da Rua da Misericórdia.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 62
— Eu passarei amanhã às seis horas da tarde.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 63
— Às seis horas, não!
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 64
disse Rosina.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 65
Era a hora em que Ernesto costumava ir lá.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 66
— Então às cinco... — Às cinco?...
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 67
Sim, às cinco, concordou a moça.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 72
Tais foram os dotes que venceram o coração inconstante da graciosa Rosina.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 73
Só esses?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 74
Não.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 80
Pesados os merecimentos de um e de outro, quem perdia era o mísero Ernesto.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 83
Quando acabou o baile, e Rosina entrou na sua alcova, viu um papelinho dobrado no toucador.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 84
— Que é isto?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 85
disse ela.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 86
Abriu: era a resposta à carta de Ernesto que ela se esquecera de mandar.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 87
Se alguém a tivesse lido?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 88
Não; não era natural.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago

Veja o leitor aquela moça que ali está, sentada num sofá, entre duas damas da mesma idade, conversando baixinho com elas, e requebrando de quando em quando os olhos. É Rosina. Os olhos de Rosina não enganam ninguém... exceto os namorados. Os olhos dela são espertinhos e caçadores, e com um certo movimento que ela lhes dá, ficam ainda mais caçadores e espertinhos. É galante e graciosa; se o não fora, não se deixaria prender por ela o nosso infeliz Ernesto, que era rapaz de apurado gosto. Alta não era, mas baixinha, viva, travessa. Tinha bastante afetação nos modos e no falar; mas Ernesto, a quem um amigo notara isso mesmo, declarou que não gostava de moscas mortas.

— Eu nem de moscas vivas, acudiu o amigo encantado por ter apanhado no ar este trocadilho.

Trocadilho de 1850.

Não veste com luxo porque o tio não é rico; mas ainda assim está garrida e elegante. Na cabeça tem por enfeite apenas dois laços de fita azul.

— Ah! se aquelas fitas me quisessem enforcar! dizia um gamenho de bigode preto e cabelo partido ao meio.

— Se aquelas fitas me quisessem levar ao céu! dizia outro de suíças castanhas e orelhas pequeninas.

Desejos ambiciosos os destes dois rapazes, — ambiciosos e vãos, porque ela, se alguém lhe prende a atenção, é um moço de bigode louro e nariz comprido que está agora conversando com o subdelegado. Para ele é que Rosina dirige de quando em quando os olhos, com disfarce é verdade, não tanto porém que o não percebam as duas moças que estão ao pé dela.

— Namoro ferrado! dizia uma delas à outra fazendo um sinal de cabeça para o lado do moço de nariz comprido.

— Ora, Justina?

— Calúnias! acudiu a outra moça.

— Cala-te, Amélia!

— Você quer enganar a gente? insistia Justina. Tire o cavalo da chuva! Lá está ele olhando... Parece que nem ouve o comendador. Pobre comendador! para pau-de-cabeleira está grosso demais.

— Olha, se você não se cala eu vou-me embora, disse Rosina fingindo-se enfadada.

— Pois vá!

— Coitado do Ernesto! suspirou Amélia do outro lado.

— Olhe que titia pode ouvir, observou Rosina olhando de esguelha para uma velha gorda, que, assentada ao pé do sofá, referia a uma comadre as diversas peripécias da última moléstia do marido.

— Mas por que não veio o Ernesto? perguntou Justina.

— Mandou dizer a papai que tinha um trabalho urgente.

— Quem sabe se algum namoro também? insinuou Justina.

— Não é capaz! acudiu Rosina.

— Bravo! que confiança!

— Que amor!

— Que certeza!

— Que defensora!

— Não é capaz, repetiu a moça: o Ernesto não é capaz de namorar a outra; estou certa disso... O Ernesto é um...

Engoliu o resto.

— Um quê? perguntou Amélia.

— Um quê? perguntou Justina.

Neste momento tocou-se uma valsa, e o rapaz do nariz comprido, a quem o subdelegado deixara para ir conversar com Vieira, aproximou-se do sofá e pediu a Rosina a honra de lhe dar aquela valsa. A moça abaixou os olhos com singular modéstia, murmurou algumas palavras que ninguém ouviu, levantou-se e foi valsar. Justina e Amélia chegaram-se então uma para a outra e comentaram o procedimento de Rosina e a sua maneira de valsar sem graça. Mas como ambas eram amigas de Rosina, não foram estas censuras feitas em tom ofensivo, mas com brandura, como os amigos devem censurar os amigos ausentes.

E não tinham muita razão as duas amigas. Rosina valsava com graça e podia pedir meças a quem soubesse aquele gênero de dança. Agora quanto ao namoro, pode ser que tivessem razão, e tinham efetivamente; a maneira por que ela olhava e falava ao rapaz de nariz comprido despertava suspeitas no espírito mais desprevenido a seu respeito.

Acabada a valsa, passearam um pouco e foram depois para o vão de uma janela. Era então uma hora, e já o desgraçado Ernesto palmilhava na direção da Rua da Misericórdia.

— Eu passarei amanhã às seis horas da tarde.

— Às seis horas, não! disse Rosina.

Era a hora em que Ernesto costumava ir lá.

— Então às cinco...

— Às cinco?... Sim, às cinco, concordou a moça.

O rapaz de nariz comprido agradeceu com um sorriso esta ratificação do seu tratado amoroso, e proferiu algumas palavras que a moça ouviu derretida e envergonhada, entre vaidosa e modesta. O que ele dizia era que Rosina não só era a flor do baile, mas também a flor da Rua do Conde, e não só a flor da Rua do Conde, mas também a flor da cidade inteira.

Isto era o que lhe dissera muitas vezes Ernesto; o rapaz de nariz comprido, entretanto, tinha uma maneira particular de elogiar uma moça. A graça, por exemplo, com que ele metia o dedo polegar da mão esquerda no bolso esquerdo do colete, brincando depois com os outros dedos como se tocasse piano, era de todo ponto inimitável; nem havia ninguém, pelo menos, naquelas imediações, que tivesse mais elegância na maneira de arquear os braços, de concertar os cabelos, ou simplesmente de oferecer uma xícara de chá.

Tais foram os dotes que venceram o coração inconstante da graciosa Rosina. Só esses? Não. A simples circunstância de não ter Ernesto a interessante vestidura que ornava o corpo e realçava as graças do seu afortunado rival, pode já dar algumas luzes ao leitor de boa fé. Rosina ignorava sem dúvida a situação precária de Ernesto a respeito da casaca; mas sabia que ele ocupava um emprego somenos no Arsenal de Guerra, ao passo que o rapaz de nariz comprido tinha um bom lugar numa casa comercial.

Uma moça que professasse idéias filosóficas a respeito do amor e do casamento diria que os impulsos do coração estavam antes de tudo. Rosina não era inteiramente avessa aos impulsos do coração e à filosofia do amor; mas tinha ambição de figurar alguma coisa, morria por vestidos novos e espetáculos freqüentes, gostava enfim de viver à luz pública. Tudo isso podia dar-lhe, com o tempo, o rapaz de nariz comprido, que ela antevia já na direção da casa em que trabalhava; o Ernesto porém era difícil que passasse do lugar que tinha no Arsenal, e em todo o caso não subiria muito nem depressa.

Pesados os merecimentos de um e de outro, quem perdia era o mísero Ernesto.

Rosina conhecia o novo candidato desde algumas semanas; mas só naquela noite tivera ocasião de o tratar de perto, de consolidar, digamos assim, a sua situação. As relações, até então puramente telegráficas, passaram a ser verbais; e se o leitor gosta de um estilo arrebicado e gongórico, dir-lhe-ei que tantos foram os telegramas trocados durante a noite entre eles, que os Estados vizinhos, receosos de perder uma aliança provável, chamaram às armas a milícia dos agrados, mandaram sair a armada dos requebros, assestaram a artilharia dos olhos ternos, dos lenços na boca, e das expressões suavíssimas; mas toda essa leva de broquéis nenhum resultado deu porque a formosa Rosina, ao menos naquela noite, achava-se entregue a um só pensamento.

Quando acabou o baile, e Rosina entrou na sua alcova, viu um papelinho dobrado no toucador.

— Que é isto? disse ela.

Abriu: era a resposta à carta de Ernesto que ela se esquecera de mandar. Se alguém a tivesse lido? Não; não era natural. Dobrou a cartinha com muito cuidado, fechou-a com obreia, guardou-a numa gavetinha, dizendo consigo:

— É preciso mandá-la amanhã de manhã.