A parasita azul VI - Machado de Assis
Difficulty: Medium    Uploaded: 8 years, 4 months ago by Santxiki     Last Activity: 7 years, 1 month ago
Fin
134 Units
100% Translated
100% Upvoted
No existen misterios para un autor que sabe investigar todos los recovecos del corazón. Mientras el pueblo de Santa Luzia hace mil conjeturas respecto a la verdadera causa de la renuncia que hasta ahora ha mostrado la hermosa Isabel, estoy capacitado para decirle al lector impaciente que ella ama.

—¿Y a quién ama? pregunta encarecidamente el lector.

Ama... a una parásita. ¿Una parásita? Es cierto, una parásita.

Entonces, debe de ser una flor muy bonita, un milagro de frescura y de aroma. No, señor, es una parásita muy fea, un cadáver de flor, seco, reseco, una flor que debía haber sido muy linda hace mucho tiempo, en el pie, pero que hoy en la canasta en que ella la trae, no inspira ningún sentimiento, a no ser de curiosidad. Sí, porque es realmente curioso que una joven de veinte años, en toda la fuerza de las pasiones, parezca indiferente a los hombres que la rodean y concentre todos sus afectos en los restos descoloridos y secos de una flor.

¡Ah! pero aquella fue cogida en circunstancias especiales. Algunos años antes se había dado el caso. A un joven de la localidad le gustaba entonces mucho Isabel, porque era una niña agraciada y acostumbraba a llamarla su mujer, ocurrencia inocente que el tiempo no sancionó. A Isabel también le gustaba el joven, hasta el punto de nacer en la mente del padre de la joven la siguiente idea: — Si de aquí a algunos años las cosa no cambiaran por parte de ella y si a él le llegara a gustar seriamente la pequeña, creo que los puedo casar.

Isabel ignoraba por completo esta idea del padre; pero continuaba gustándole el joven que continuaba encontrándola una niña muy interesante.

Un día,Isabel vio una linda parásita azul entre las ramas de un árbol.

—¡Qué bonita flor! dijo.

—¡Apuesto a que usted la quiere!

—La quería, sí... dijo la niña que, sin saber, conocía ya ese hablar indirecto y encubierto.

El joven se quitó el paletó sin ningún ceremonial, como quien trata a una niña, y trepó por el árbol a la punta. Isabel quedó abajo jadeante y ansiosa por el resultado. No tardó mucho el complaciente joven en posar la mano en la flor y y cogerla con delicadeza.

—¡Cógela! dijo él desde la copa.

Isabel se acercó al árbol y recogió la flor en el regazo. Contento por haber satisfecho el deseo de la niña, el joven trató de bajar, pero lo hizo tan mal que al cabo de dos minutos yacía en el suelo a los pies de Isabel. La niña dio un grito de angustia y pidió socorro, el joven trató de tranquilizarla diciendo que no era nada y tratando de levantarse alegremente. En efecto, se levantó con la camisa salpicada de sangre; se había herido la cabeza.

La herida fue considerada leve, al cabo de pocos días estaba el valiente mozo completamente restablecido.

La impresión que Isabel recibió en aquella ocasión fue profunda. Hasta entonces el muchacho le gustaba, a partir de ese momento pasó a adorarlo. La flor que le había cogido llegó naturalmente a secarse; Isabel la guardó como si fuera una reliquia; la besaba todos los días y, a partir de cierto momento, lloraba sobre ella. Una especie de culto supersticioso prendía el corazón de la joven aquella débil parásita.

Sin embargo, ella no era de tan mal corazón como para no quedar vivamente impresionada cuando supo de la enfermedad de Camilo. Hizo que indagasen con asiduidad el estado del joven y cinco días después fue con el padre a visitarlo a la hacienda del comendador.

La simple vista de la joven, si no curó al enfermo, dio como resultado consolarlo y animarlo; revivieron algunas esperanzas que ya estaban más secas y encogidas que la parásita cuya historia narré antes.

¿Quién sabe si no me amará ahora?. pensó.

A penas quedó restablecido su primer cuidado fue ir a la hacienda del Dr. Matos; el comendador quiso acompañarlo. No lo encontraron en casa; solamente estaban la hermana y la hija. La hermana era una pobre vieja que además de ese achaque, tenía dos más: era sorda y le gustaba la política. La ocasión era buena, mientras la tía de Isabel absorbía la persona y la atención del comendador, Camillo tuvo tiempo de dar un golpe decisivo y rápido, dirigiendo a la joven estas palabras: —Le agradezco la bondad que mostró respecto a mí durante mi problema. Esa misma bondad me anima a pedirle una cosa más... Isabel frunció el ceño.

—Hace días, renació en mí una esperanza, esperanza que ya estaba muerta. ¿Será ilusión mía? Una palabra suya, un gesto suyo resolverá esta duda.

Isabel levantó los hombros.

—No comprendo, dijo ella.

- Sí comprende, dijo Camillo, en tono amargo. Pero seré más abierto, si lo exige. La amo; se lo dije mil veces; pero no recibí contestación. Sin embargo ahora... Camillo finalizaría de buena gana este pequeño discurso, si tuviera delante de sí a la persona que él deseaba que lo oyese. Isabel, sin embargo, no le dio tiempo de llegar al final. Sin decir palabra, sin hacer un gesto, atravesó la larga terraza y fue a sentarse en el otro extremo donde la anciana tía ponía a prueba los excelentes pulmones del comendador.

La decepción de Camillo iba más allá de toda descripción. Pretextando un calor que no hacía salió para tomar aire y unas veces lento, otras apresurado, conforme triunfaba en él la irritación o el desánimo, el mísero pretendiente se dejó llevar sin rumbo. Construyó mil planes de venganza, ideó mil maneras de lanzarse a los pies de la joven, rememoró todos los hechos que se habían producido con ella y, al cabo de una larga hora, llegó a la triste conclusión de que todo estaba perdido. En ese momento volvió en sí: estaba al borde de un arroyo que atravesaba la hacienda del Dr. Matos. El lugar era agreste y especialmente hecho para la situación en la que él se encontraba. A unos doscientos pasos vio una cabaña, donde pareció que alguien entonaba una cancioncilla de la región.

La felicidad ajena es algo inoportuna cuando somos víctimas de algún infortunio. Camillo todavía se sintió más irritado e, ingenuamente, se preguntó si alguien podía ser feliz estando él con el corazón sangrando de desesperación. Enseguida aparecía en la puerta de la cabaña un hombre y salía en dirección al arroyo. Camillo se estremeció; le pareció reconocer al misterioso hombre que le había hablado el día del Espíritu Santo. Tenía la misma estatura y el mismo porte; se acercó rápidamente y se detuvo a cinco pasos de distancia. El hombre volvió la cara y ¡era él!

Camillo corrió hacia el desconocido.

—¡Por fin! dijo.

El desconocido sonrió complaciente y estrechó la mano que Camillo le ofrecía.

—¿Quiere descansar? le preguntó.

—No, respondió el médico. Aquí mismo o más lejos si le place, pero ya mismo, por favor, deseo que me explique las palabras que me dijo el otro día en la iglesia.

el desconocido sonrió de nuevo.

—¿Entonces? dijo Camillo viendo que el hombre no respondía.

—Antes que nada, dígame: —¿le gusta la joven?

—¡Oh! ¡mucho!

—¿Jura que la haría feliz?

—¡Lo juro!

—Entonces, escuche. Lo que voy a contar a Su Señoría es verdad, porque lo supe por mi mujer que fue doncella de doña Isabel. Es aquella que está allí.

Camillo miró hacia la puerta de la cabaña y vio a una mulata alta y elegante que miraba hacia él con curiosidad.

– Ahora, continuó el desconocido, apartémonos un poco; para que ella no nos oiga, porque no quiero que ella llegue a saber de quién oyó Su Señoría esta historia.

Se apartaron, en efecto, bordeando el riachuelo. El desconocido narró entonces a Camillo toda la historia de la parásita y el culto que hasta entonces guardaba la chica por la flor ya seca. Un lector menos sagaz imagina que el enamorado oyó esa narración triste y abatido. Pero el lector que sepa leer adivina enseguida que la confidencia del desconocido despertó en el alma de Camillo los más increíbles sobresaltos de alegría.

– Esto es lo que hay, dijo el desconocido al concluir, creo que Vuestra Señoría puede saber con esto en qué terreno pisa.

– ¡Oh! ¡Sí! ¡Sí! dijo Camillo. ¡Soy amado! ¡Soy amado!

Sabedor de aquella novedad el médico ardía en deseos por volver a casa, de donde había salido hacía tanto tiempo. Metió la mano en la faltriquera, abrió la cartera y sacó un billete de veinte mil reales.

– El servicio que me acaba de prestar es inmenso, dijo; no tiene precio. Esto, sin embargo, es apenas un recuerdo... Diciendo estas palabras, le extendió el billete. El desconocido se rio desdeñosamente sin responder palabra. Después, extendió la mano al billete que Camillo le ofrecía, y, con gran asombro de este, lo tiró al riachuelo. El hilo de agua, que iba murmurando y saltando por encima de las piedras, se llevó consigo el billete, envuelto por una hoja que el viento le había llevado también.

– De este modo, dijo el desconocido, ni usted queda debiéndome un favor, ni yo recibo una paga por él. No piense que tuve intención de servir a Su Señoría, no. Mi deseo es hacer feliz a la hija de mi benefactor. Sabía que a ella le gustaba un joven, y que ese joven era capaz de hacerla feliz; abrí el camino para que él llegue hasta donde ella está. Eso no se paga; simplemente se agradece.

Al acabar de decir estas palabras, el desconocido dio la espalda al médico y se dirigió a la cabaña. Camillo siguió con la mirada a aquel hombre rústico. Poco después estaba en casa de Isabel, donde ya lo esperaban con algo de ansiedad. Isabel lo vio entrar, alegre y radiante.

– Lo sé todo, le dijo Camillo poco antes de salir.

La chica lo miró espantada.

– ¿Todo? repitió ella.

– Sé que me ama, sé que ese amor nació hace muchos años, cuando era una niña, y que todavía hoy... Fue interrumpido por el comendador que se aproximaba. Isabel estaba pálida y confusa; apreció la interrupción, porque no sabría que responder.

Al día siguiente le escribió Camillo una extensa carta apasionada, invocando el amor que ella había conservado en el corazón y pidiéndole que lo hiciera feliz. Dos días esperó Camillo la respuesta de la moza. Llegó al tercer día. Era breve y seca. Confesaba que lo había amado durante aquel largo tiempo y juraba no amar nunca a otro.

A penas eso, concluía Isabel. En cuanto a ser su esposa, nunca. Yo había querido entregar mi vida a quien tuviese un amor igual al mío. Su amor es de ayer; el mío de nueve años; la diferencia de edad es demasiado grande; no puede ser un buen consorcio. Olvídeme y adiós.

Decir que esta carta no hizo más que aumentar el amor de Camillo, es escribir en el papel lo que el lector ya adivinó. El corazón de Camillo solo esperaba una confesión escrita de la joven para traspasar el límite que lo separaba de la locura. La carta lo trastornó completamente.
unit 1
Não há mistérios para um autor que sabe investigar todos os recantos do coração.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 3
— E a quem ama?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 4
pergunta vivamente o leitor.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 5
Ama... uma parasita.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 6
Uma parasita?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 7
É verdade, uma parasita.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 8
Deve ser então uma flor muito linda, — um milagre de frescura e de aroma.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 11
Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 12
mas aquela foi colhida em circunstâncias especiais.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 13
Dera-se o caso alguns anos antes.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 17
Um dia viu Isabel uma linda parasita azul, entre os galhos de uma árvore.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 18
— Que bonita flor!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 19
disse ela.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 20
— Aposto que você a quer?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 21
unit 23
Isabel ficou embaixo ofegante e ansiosa pelo resultado.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 24
Não tardou que o complacente moço deitasse a mão à flor e delicadamente a colhesse.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 25
— Apanhe!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 26
disse ele de cima.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 27
Isabel aproximou-se da árvore e recolheu a flor no regaço.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 30
Levantou-se com efeito, com a camisa salpicada de sangue; tinha ferido a cabeça.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 31
unit 32
A impressão que Isabel recebeu naquela ocasião foi profunda.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 33
Gostava até então do rapaz; daí em diante passou a adorá-lo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 35
Uma espécie de culto supersticioso prendia o coração da moça àquela mirrada parasita.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 39
“Quem sabe se me não amará agora?” pensou ele.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 41
Não o acharam em casa; estavam apenas a irmã e a filha.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 44
Essa mesma bondade anima-me a pedir-lhe uma coisa mais... Isabel franziu a testa.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 45
— Reviveu-me uma esperança há dias, continuou Camilo, esperança que já estava morta.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 46
Será ilusão minha?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 47
Uma palavra sua, um gesto seu resolverá esta dúvida.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 48
Isabel ergueu os ombros.
2 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 49
— Não compreendo, disse ela.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 50
— Compreende, disse Camilo em tom amargo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 51
Mas eu serei mais franco, se o exige.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 52
Amo-a; disse-lho mil vezes; não fui atendido.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 54
Isabel, porém, não lhe deu tempo de chegar ao fim.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 56
O desapontamento de Camilo estava além de toda a descrição.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 59
Nesse momento deu acordo de si: estava ao pé de um riacho que atravessava a fazenda do Dr. Matos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 60
O lugar era agreste e singularmente feito para a situação em que ele se achava.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 61
A uns duzentos passos viu uma cabana, onde pareceu que alguém entoava uma cantiga do sertão.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 62
Importuna coisa é a felicidade alheia quando somos vítima de algum infortúnio.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 64
Daí a nada aparecia à porta da cabana um homem e saía na direção do riacho.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 65
Camilo estremeceu; pareceu-lhe reconhecer o misterioso que lhe falara no dia do Espírito Santo.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 66
Era a mesma estatura e o mesmo ar; aproximou-se rapidamente e parou a cinco passos de distância.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 67
O homem voltou o rosto: era ele!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 68
Camilo correu ao desconhecido.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 69
— Enfim!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 70
disse ele.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 71
O desconhecido sorriu-se complacentemente e apertou a mão que Camilo lhe oferecia.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 72
— Quer descansar?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 73
perguntou-lhe.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 74
— Não, respondeu o médico.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 76
Novo sorriso do desconhecido.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 77
— Então?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 78
disse Camilo vendo que o homem não respondia.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 79
— Antes de mais nada, diga-me: gosta deveras da moça?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 80
— Oh!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 81
muito!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 82
— Jura que a faria feliz?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 83
— Juro!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 84
— Então ouça.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 85
O que vou contar a V. S.ª é verdade, porque o soube por minha mulher que foi mucama de D. Isabel.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 86
É aquela que ali está.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 89
Afastaram-se com efeito costeando o riacho.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 91
Um leitor menos sagaz imagina que o namorado ouviu essa narração triste e abatido.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 94
— Oh!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 95
sim!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 96
sim!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 97
disse Camilo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 98
Sou amado!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 99
sou amado!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 100
Sabedor daquela novidade ardia o médico por voltar a casa, donde saíra havia tanto tempo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 101
Meteu a mão na algibeira, abriu a carteira e tirou uma nota de vinte mil-réis.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 102
— O serviço que me acaba de prestar é imenso, disse ele; não tem preço.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 103
Isto porém é apenas uma lembrança... Dizendo estas palavras, estendeu-lhe a nota.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 104
O desconhecido riu-se desdenhosamente sem responder palavra.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 105
unit 107
unit 108
Não pense que tive tenção de servir a V. S.ª; não.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 109
Meu desejo é fazer feliz a filha do meu benfeitor.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 111
Isto não se paga; agradece-se apenas.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 112
unit 113
Camilo acompanhou com os olhos aquele homem rústico.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 114
Pouco tempo depois estava em casa de Isabel, onde já era esperado com alguma ansiedade.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 115
Isabel viu-o entrar, alegre e radiante.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 116
— Sei tudo, disse-lhe Camilo pouco antes de sair.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 117
A moça olhou espantada para ele.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 118
— Tudo?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 119
repetiu ela.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 121
Isabel estava pálida e confusa; estimou a interrupção, porque não saberia que responder.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 123
Dois dias esperou Camilo a resposta da moça.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 124
Veio no terceiro dia.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 125
Era breve e seca.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 126
Confessava que o amara durante aquele longo tempo, e jurava não amar nunca a outro.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 127
Apenas isso, concluía Isabel.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 128
Quanto a ser sua esposa, nunca.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 129
Eu quisera entregar a minha vida a quem tivesse um amor igual ao meu.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 131
Esqueça-me e adeus.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 134
A carta transtornou-o completamente.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago

Não há mistérios para um autor que sabe investigar todos os recantos do coração. Enquanto o povo de Santa Luzia faz mil conjecturas a respeito da causa verdadeira da isenção que até agora tem mostrado a formosa Isabel, estou habilitado para dizer ao leitor impaciente que ela ama.

— E a quem ama? pergunta vivamente o leitor.

Ama... uma parasita. Uma parasita? É verdade, uma parasita.

Deve ser então uma flor muito linda, — um milagre de frescura e de aroma. Não, senhor, é uma parasita muito feia, um cadáver de flor, seco, mirrado, uma flor que devia ter sido lindíssima há muito tempo, no pé, mas que hoje na cestinha em que ela a traz, nenhum sentimento inspira, a não ser de curiosidade. Sim, porque é realmente curioso que uma moça de vinte anos, em toda a força das paixões, pareça indiferente aos homens que a cercam, e concentre todos os seus afetos nos restos descorados e secos de uma flor.

Ah! mas aquela foi colhida em circunstâncias especiais. Dera-se o caso alguns anos antes. Um moço da localidade gostava então muito de Isabel, porque era uma criança engraçada, e costumava chamá-la sua mulher, gracejo inocente que o tempo não sancionou. Isabel também gostava do rapaz, a ponto de fazer nascer no espírito do pai da moça a seguinte idéia:

— Se daqui a alguns anos as coisas não mudarem por parte dela, e se ele vier a gostar seriamente da pequena, creio que os posso casar.

Isabel ignorava completamente esta idéia do pai; mas continuava a gostar do moço, o qual continuava a achá-la uma criança interessantíssima.

Um dia viu Isabel uma linda parasita azul, entre os galhos de uma árvore.

— Que bonita flor! disse ela.

— Aposto que você a quer?

— Queria, sim... disse a menina que, sem aprender, conhecia já esse falar oblíquo e disfarçado.

O moço despiu o paletó com a sem-cerimônia de quem trata com uma criança e trepou pela árvore acima. Isabel ficou embaixo ofegante e ansiosa pelo resultado. Não tardou que o complacente moço deitasse a mão à flor e delicadamente a colhesse.

— Apanhe! disse ele de cima.

Isabel aproximou-se da árvore e recolheu a flor no regaço. Contente por ter satisfeito o desejo da menina, tratou o rapaz de descer, mas tão desastradamente o fez, que no fim de dois minutos jazia no chão aos pés de Isabel. A menina deu um grito de angústia e pediu socorro; o rapaz procurou tranqüilizá-la dizendo que nada era, e tentando levantar-se alegremente. Levantou-se com efeito, com a camisa salpicada de sangue; tinha ferido a cabeça.

A ferida foi declarada leve; dentro de poucos dias estava o valente moço completamente restabelecido.

A impressão que Isabel recebeu naquela ocasião foi profunda. Gostava até então do rapaz; daí em diante passou a adorá-lo. A flor que ele lhe colhera veio naturalmente a secar; Isabel guardou-a como se fora uma relíquia; beijava-a todos os dias; e de certo tempo em diante até chorava sobre ela. Uma espécie de culto supersticioso prendia o coração da moça àquela mirrada parasita.

Não era ela porém tão mau coração que não ficasse vivamente impressionada quando soube da doença de Camilo. Fez indagar com assiduidade do estado do moço, e cinco dias depois foi com o pai visitá-lo à fazenda do comendador.

A simples visita da moça, se não curou o doente, deu em resultado consolá-lo e animá-lo; viçaram-lhe algumas esperanças, que já estavam mais secas e mirradas que a parasita cuja história acima narrei.

“Quem sabe se me não amará agora?” pensou ele.

Apenas ficou restabelecido foi o seu primeiro cuidado ir à fazenda do Dr. Matos; o comendador quis acompanhá-lo. Não o acharam em casa; estavam apenas a irmã e a filha. A irmã era uma pobre velha, que além desse achaque, tinha mais dois: era surda e gostava de política. A ocasião era boa; enquanto a tia de Isabel confiscava a pessoa e a atenção do comendador, Camilo teve tempo de dar um golpe decisivo e rápido, dirigindo à moça estas palavras:

— Agradeço-lhe a bondade que mostrou a meu respeito durante a minha moléstia. Essa mesma bondade anima-me a pedir-lhe uma coisa mais...

Isabel franziu a testa.

— Reviveu-me uma esperança há dias, continuou Camilo, esperança que já estava morta. Será ilusão minha? Uma palavra sua, um gesto seu resolverá esta dúvida.

Isabel ergueu os ombros.

— Não compreendo, disse ela.

— Compreende, disse Camilo em tom amargo. Mas eu serei mais franco, se o exige. Amo-a; disse-lho mil vezes; não fui atendido. Agora porém...

Camilo concluiria de boa vontade este pequeno discurso, se tivesse diante de si a pessoa que ele desejava o ouvisse. Isabel, porém, não lhe deu tempo de chegar ao fim. Sem dizer palavra, sem fazer um gesto, atravessou a extensa varanda e foi sentar-se na outra extremidade onde a velha tia punha à prova os excelentes pulmões do comendador.

O desapontamento de Camilo estava além de toda a descrição. Pretextando um calor que não existia saiu para tomar ar, e ora vagaroso, ora apressado, conforme triunfava nele a irritação ou o desânimo, o mísero pretendente deixou-se ir sem destino. Construiu mil planos de vingança, ideou mil maneiras de ir lançar-se aos pés da moça, rememorou todos os fatos que se haviam dado com ela, e ao cabo de uma longa hora chegou à triste conclusão de que tudo estava perdido. Nesse momento deu acordo de si: estava ao pé de um riacho que atravessava a fazenda do Dr. Matos. O lugar era agreste e singularmente feito para a situação em que ele se achava. A uns duzentos passos viu uma cabana, onde pareceu que alguém entoava uma cantiga do sertão.

Importuna coisa é a felicidade alheia quando somos vítima de algum infortúnio. Camilo sentiu-se ainda mais irritado, e ingenuamente perguntou a si mesmo se alguém podia ser feliz estando ele com o coração a sangrar de desespero. Daí a nada aparecia à porta da cabana um homem e saía na direção do riacho. Camilo estremeceu; pareceu-lhe reconhecer o misterioso que lhe falara no dia do Espírito Santo. Era a mesma estatura e o mesmo ar; aproximou-se rapidamente e parou a cinco passos de distância. O homem voltou o rosto: era ele!

Camilo correu ao desconhecido.

— Enfim! disse ele.

O desconhecido sorriu-se complacentemente e apertou a mão que Camilo lhe oferecia.

— Quer descansar? perguntou-lhe.

— Não, respondeu o médico. Aqui mesmo, ou mais longe se lhe apraz, mas desde já, por favor, desejo que me explique as palavras que me disse outro dia na igreja.

Novo sorriso do desconhecido.

— Então? disse Camilo vendo que o homem não respondia.

— Antes de mais nada, diga-me: gosta deveras da moça?

— Oh! muito!

— Jura que a faria feliz?

— Juro!

— Então ouça. O que vou contar a V. S.ª é verdade, porque o soube por minha mulher que foi mucama de D. Isabel. É aquela que ali está.

Camilo olhou para a porta da cabana e viu uma mulatinha alta e elegante, que olhava para ele com curiosidade.

— Agora, continuou o desconhecido, afastemo-nos um pouco; para que ela nos não ouça, porque eu não desejo venha a saber-se de quem V. S.ª ouviu esta história.

Afastaram-se com efeito costeando o riacho. O desconhecido narrou então a Camilo toda a história da parasita, e o culto que até então a moça votava à flor já seca. Um leitor menos sagaz imagina que o namorado ouviu essa narração triste e abatido. Mas o leitor que souber ler adivinha logo que a confidência do desconhecido despertou na alma de Camilo os mais incríveis sobressaltos de alegria.

— Aqui está o que há, disse o desconhecido ao concluir, creio que V. S.ª com isto pode saber em que terreno pisa.

— Oh! sim! sim! disse Camilo. Sou amado! sou amado!

Sabedor daquela novidade ardia o médico por voltar a casa, donde saíra havia tanto tempo. Meteu a mão na algibeira, abriu a carteira e tirou uma nota de vinte mil-réis.

— O serviço que me acaba de prestar é imenso, disse ele; não tem preço. Isto porém é apenas uma lembrança...

Dizendo estas palavras, estendeu-lhe a nota. O desconhecido riu-se desdenhosamente sem responder palavra. Depois, estendeu a mão à nota que Camilo lhe oferecia, e, com grande pasmo deste, atirou-a ao riacho. O fio d’água, que ia murmurando e saltando por cima das pedras, levou consigo o bilhete, de envolta com uma folha que o vento lhe levara também.

— Deste modo, disse o desconhecido, nem o senhor fica devendo um obséquio, nem eu recebo a paga dele. Não pense que tive tenção de servir a V. S.ª; não. Meu desejo é fazer feliz a filha do meu benfeitor. Sabia que ela gostava de um moço, e que esse moço era capaz de a fazer feliz; abri caminho para que ele chegue até onde ela está. Isto não se paga; agradece-se apenas.

Acabando de dizer estas palavras, o desconhecido voltou as costas ao médico, e dirigiu-se para a cabana. Camilo acompanhou com os olhos aquele homem rústico. Pouco tempo depois estava em casa de Isabel, onde já era esperado com alguma ansiedade. Isabel viu-o entrar, alegre e radiante.

— Sei tudo, disse-lhe Camilo pouco antes de sair.

A moça olhou espantada para ele.

— Tudo? repetiu ela.

— Sei que me ama, sei que esse amor nasceu há longos anos, quando era criança, e que ainda hoje...

Foi interrompido pelo comendador que se aproximava. Isabel estava pálida e confusa; estimou a interrupção, porque não saberia que responder.

No dia seguinte escreveu-lhe Camilo uma extensa carta apaixonada, invocando o amor que ela conservara no coração, e pedindo-lhe que o fizesse feliz. Dois dias esperou Camilo a resposta da moça. Veio no terceiro dia. Era breve e seca. Confessava que o amara durante aquele longo tempo, e jurava não amar nunca a outro.

Apenas isso, concluía Isabel. Quanto a ser sua esposa, nunca. Eu quisera entregar a minha vida a quem tivesse um amor igual ao meu. O seu amor é de ontem; o meu é de nove anos; a diferença de idade é grande demais; não pode ser bom consórcio. Esqueça-me e adeus.

Dizer que esta carta não fez mais do que aumentar o amor de Camilo, é escrever no papel aquilo que o leitor já adivinhou. O coração de Camilo só esperava uma confissão escrita da moça para transpor o limite que o separava da loucura. A carta transtornou-o completamente.