Casa Velha VI
Difficulty: Medium    Uploaded: 7 years, 6 months ago by Santxiki     Last Activity: 7 years, 5 months ago
Fin
155 Units
100% Translated
100% Upvoted
Al día siguiente fui más temprano a la Casa Vieja, a fin de llegar antes que los huéspedes que esperaba Dña. Antônia del campo, pero ya los encontré allí; habían llegado la víspera, a los avemarías. Uno de ellos, el coronel Raimundo, estaba en el porche delantero, me conoció enseguida, y vino a mí para saber cómo iba la historia de Pedro I. Sin esperar la respuesta, dijo que me podía dar buenas informaciones. Había conocido mucho al emperador. Había asistido a la disolución de la Constituyente, a propósito de que estaba en las galerías, durante la sesión permanente, y oyó los discursos de Montezuma y de los otros, comiendo pan y queso a la noche, comprados en la Rua da Cadeia; una noche de diablos.

–¿Su Reverendísima va a escribir todo?

–Todo lo que sepa.

–Pues yo le daré algunas cosas.

Comenzamos a pasear a lo largo del gran porche. ¡Egoísmo de letrado! La esperanza de algunos documentos y anécdotas para mi libro puso de lado la principal cuestión de aquellos días; me entregué a la conversación del coronel. Ya sabemos que era pariente de la casa; era hermano de un cuñado del marido de Dña. Antônia, y había sido muy amigo y familiar suyo. Hablamos cerca de media hora; me contó muchas cosas de aquel tiempo, algunas de ellas arrancadas por mí, porque él no siempre veía la utilidad de un episodio.

–¡Oh! ¡eso no tiene interés!

–Pero diga, diga, puede ser, insistía yo.

Entonces él contaba lo que fuera, una visita, una conversación, un dicho, que yo guardaba en la cabeza para traspasarlo al papel, como hice algunas horas después. Raimundo fue sintiéndose halagado con la idea de que yo iba a imprimir lo que me estaba contando y llegó a minucias insignificantes, casos viejos y, finalmente, las anécdotas de sí mismo y las partes de su vida militar.

—Nhãtônia, dijo al ver entrar a la pariente en la terraza, este sacerdote sabe dónde tiene la cabeza.

Doña Antônia hizo un gesto afirmativo y seco, pero luego, para no molestarme, respondió sonriendo que sí, que sabía igualmente dónde tenía la cabeza y el corazón. Lalau y las dos hijas del coronel vinieron de fuera, de dentro vino una señora mayor, arrastrando un poco los pies y dando el brazo a una joven alta y fina.

—Venga para aquí, baronesa, le dijo doña Antônia.

Me presentaron a sus damas. Supe que la baronesa era abuela de la joven que la acompañaba. Esperaban que vinieran del Pati do Alfers diez o doce días después; pero habían venido antes para asistir a la fiesta de Gloria. Fue lo que me quedó claro allí mismo por la conversación de los primeros minutos. La baronesa se había sentado de espaldas a una de las columnas, en la silla rasa que le habían dado, ayudada por la nieta, que la acomodó minuciosamente. La observé por algunos instantes. Los dos bucles blancos y gruesos, que le caían por las mejillas, eran del mismo color que el tocado de cambray y encajes; los ojos eran castaños y no enteramente apagados; tenían sus momentos de fulgor, principalmente si hablaba de política.

–Sinhazinha, ¿el libro? le preguntó a la nieta.

–Aquí está, abuela.

–¿Es el mismo de la otra vez, Nhãtônia?

Era la misma novela que había leído cuando estuvo allí hacía un año, y quería releer ahora: era el Saint Clair de las islas o Los desterrados de la isla de la Barra. Metió la mano en el bolso y sacó las gafas, después la caja de rapé, y lo puso todo en el regazo. Raimundo, pasándose la mano por la barba, dijo riendo: –Bien, las señoras van a conversar y nosotros vamos a jugar un solo. ¿Vale, Reverendísimo?

Hice un gesto de complacencia.

–Félix es un compañero, y Nhãtônia también; pero vamos solo los tres. ¿Nunca jugó con Félix? Ya verá cómo es él, fino como treinta diablos; allí en el campo le da una paliza a todo el mundo. En eso salió al padre. Si algún día entrara en la Cámara, crea que ha de hacer una gran figura, como su padre, o tal vez más. Y mire que encuentro todo poco para dar al traste con esa regencia del Sr. Pedro de Araújo Lima... –Aquí viene el coronel con sus ideas extravagantes, respondió la baronesa abriendo la caja de rapé y ofreciéndome una pizca, que rechacé. ¿Encuentra que Araujo Lima está mal? ¿Prefería a su amigo Feijó?

Raimundo replicó, ella triplicó, entre tanto yo volví la atención para Sinhazinha, que, después de haber acomodado a su abuela, se había sentado con las otras chicas.

Sinhazinha era lo opuesto a Lalau. Maneras pausadas, actitudes prolongadamente tranquilas; sus ojos no derramaban la misma vida que abarcaba todas las cosas y rincones, como los ojos de la otra. Bonita era, y la elevación del talle delgado le daba un aire superior a las demás señoras allí presentes, que eran de mediana estatura o bajitas, con excepción de Lalau, que aún así era menos alta que ella. Pero esa misma superioridad se veía disminuida por la modestia de la persona, cuya timidez, si era natural, se había perfeccionado en el campo. No miró para mi cuando llegó, ni todavía después de sentarse. Dejaba caer los párpados, o, como mucho, los levantaba para mirar solo la persona con quien estaba hablando. Como su cuello era un tanto largo y la cabeza estaba erguida, aquel gesto podía parecer afectación. Los cabellos eran el encanto de la abuela, que decía que su nieta era alemana, porque tendían a rubio; pero, además de rubios, eran rizados, y, peinados y atados descuidadamente, le daban mucha gracia.

En ese examen no gasté más de dos o tres minutos. Después, al ir a compararla mejor con Lalau, vi que ésta hacía el mismo examen a escondidas. No era la primera vez que la veía, era la segunda o la tercera, desde que Sinhazinha había perdido padre y madre y venido de Río Grande del Sur para la hacienda de la abuela; no la vio el año anterior, cuando ella estuvo allí, y pienso que le encontraba algún cambio para mejor.

–Reverendísimo, ¿vamos? me dijo el coronel, en cuanto acabó de replicar a la baronesa.

–Ya, ya. ¿Dónde está el compañero?

–Tenemos que encontrarlo. Nhãtônia, ¿habrá salido?

Dña. Antônia respondió negativamente. Estaría viendo los animales que vinieron del campo, o el caballo que había comprado la víspera. Y describió el caballo, a instancias del coronel, acercándose al mismo tiempo al lado de Sinhazinha. Al llegar a ella se paró, le puso una mano en la cabeza y con la otra le levantó la barbilla, para mirarla desde arriba.

–¡Ay, Nhãtônia!, dijo la chica. Me está ahogando.

Dña. Antônia le hizo una mueca de burla, se inclinó y le besó la cabeza con tanta ternura, que tuve celos por la otra. Y se sentó entre todas, y todas le hicieron muchas fiestas. Raimundo se había callado para mirar la escena, porque quería mucho a sus hijas, y le gustaba ver que las acariciaban también. En esto oímos pasos en la sala contigua, y de ahí a poco entraba en el porche el hijo de Dña. Antônia.

–¡Hola!, exclamó el coronel. Estábamos esperando por usted para un solo.

–Vaya, vaya, intervino la baronesa, levantando los ojos del libro. El coronel está ansioso por jugar, y es una suerte, porque vino del campo insoportable, y no me deja leer... ¿Entonces usted compró un caballo?

Breves acontecimientos, palabras sin interés, o a penas curiosas, que no me consolaban de la interrupción a que me veía obligado en el cometido voluntario que había emprendido; pero ese día no fue esa mi peor impresión. De allí fuimos para la mesa de juego, en una sala que quedaba al otro lado, junto al dormitorio de Félix. El coronel, contando los tantos, nos dijo que la baronesa tenía la idea de casar a la nieta, aunque todavía no tuviese novio; era una idea. Parece que se sentía débil, tenía miedo de morir sin verla casada; fue lo que él oyó decir a los Rosários de Iguazú, que tenían mucha intimidad con ella e incluso eran parientes. Después, sonriendo a Félix: –Ahí está un buen arreglo para usted.

–¡Vaya!, gruñó el joven.

–¿Vaya qué?, replicó el coronel encarándolo, mientras barajaba y daba las cartas. Repito que era un buen arreglo; yo la encuentro bien guapa, la encuentro realmente (¡tape los oídos Reverendísimo!) la encuentro una mujeraza. El padre la educó muy bien; y además dos haciendas, hasta se puede decir que tres, pero una de ellas ha ido para abajo. Dos grandes haciendas, con setecientas cabezas, o más; tierra de primera calidad; mucha plata... No hay otro heredero... –¡Solo!, interrumpió el chico.

Ambos pasamos; él jugó y perdió. No tenía juego, fue un modo de interrumpir el discurso del pariente. Pero el coronel era de aquellos que no olvidan nada y, al poco tiempo, volvió al tema para decir que él, a pesar de estar ajado, si la joven quisiera, la tomaría por esposa y luego rechazó la idea. No, no podía ser, era un trasto viejo, ya no era el que había sido en los tiempos del rey e incluso más tarde. Y ya venía una aventura de 1815, cuando el pariente, por respeto a mí, le dijo que jugara o nos largábamos... Yo, por mi parte, estaba molesto. La opinión del coronel, relativa a la conveniencia de casar a su pariente con Sinhazinha, y las muestras de ternura de Dña. Antônia para con ella, me habían hecho creer que podía haber algo en esbozo; pero, aún si no hubiera nada, Raimundo, expansivo como era, llegaría a insinuarlo a la parienta. Era una solución. Ignoro si Félix también sospechaba lo mismo; y, con todo, es cierto que jugó distraído y callado –durante algunos minutos–, lo que hizo que el coronel nos dijera de repente que estábamos en la luna, que no había venido del campo para ponerse taciturno, y que, o jugábamos o él se iba a las francesas de la calle del Ouvidor.

Una vez más, Félix cortó la imaginación libertina de su tío. Para desviarlo de ahí, habló de otros atractivos, de un prestidigitador célebre cuyo nombre llenaba entonces la ciudad, y que olvidé por completo, de bailes de máscaras y teatros. Le contó el enredo de los dramas que estaban entonces en escena, y aludió a cierta farsa, que había divertido mucho al coronel la última vez que había venido del campo. Raimundo tenía el alma ingenuamente crédula para las ficciones de la poesía; las oía como quien oye la noticia de una puñalada. No era mal hombre, y era excelente padre; dijo enseguida que no se perdería nada y llevaría al teatro a sus "candongas". Así llamaba a las hijas.

Jugamos hasta casi la hora de comer. Mientras ellos iban a la caballeriza, a ver los animales que habían llegado, me dirigí a la sala principal, donde encontré a Dña. Mafalda, la tía de Lalau, que venía a buscarla para ir con ella a las novenas de la Gloria; la chica volvería después de la fiesta. Me pareció que Lalau iba a obedecer avergonzada; y, por otro lado, no oí ninguna objeción por parte de Dña. Antônia. Solo estaban las tres; las huéspedas del campo se habían recogido por algunos momentos. Raimundo y Félix entraron poco después, el primero me invitó a ir a pasear a caballo con él y el sobrino.

–Pero, si yo no sé montar... –¡No me diga! Entonces vamos nosotros dos, continuó volviéndose para el sobrino. Venga Nhãtônia... –Yo no.

–...Venga Sinhazinha. Sinhazinha es una jinete excelente.

¡Otra vez este nombre! La gente como yo, cuando recela de alguna cosa, hace derivar o afluir hacia ella los incidentes más ajenos y las más casuales circunstancias. Empecé a creer que el coronel era efectivamente un conquistador, y a temer que Félix no resistiese por mucho tiempo a la oferta de una novia distinguida y graciosa, y a la riqueza que vendría con ella. Miré para él; lo vi hablando con la tía de Lalau.

–¿Vale?, le preguntó el coronel de lejos.

–Hoy, no. Bien, mañana, después del almuerzo.

–Usted no pierde las novenas de la Glória, dijo Félix a Mafalda.

–Es mi devoción antigua; y me gusta ir con Lalau, a causa de su madre, que también era muy devota de Nuestra Señora de la Gloria. ¿Se acuerda, Nhãtônia? Pero sea como sea, el día 16 estamos aquí.

–No, interrumpió Félix, vengan a comer el día de la Gloria; vengan de mañana. Tenemos misa en la capilla, y ¿qué diferencia hay entre la misa cantada y la rezada? ¿No es así, Reverendísimo?

Hice un gesto de asentimiento. Dña. Antônia, sin embargo, se mordió el labio inferior, y no tuvo tiempo de intervenir, porque la tía de la chica enseguida estuvo de acuerdo en traerla el día 15 de mañana. Lalau se lo agradeció con los ojos. A pesar de la disposición del chico, seguí receloso. En la cena me encontraron preocupado; respondí solamente que eran remordimientos por haber gastado lo mejor del día en el juego, en vez de quedar trabajando, y anuncié a Dña. Antônia que en breve habría concluido las investigaciones. Al caer la tarde, Lalau y su tía se despidieron y yo me ofrecí para acompañarlas. No era preciso; Dña. Antônia había mandado preparar el coche.

–Nhãtônia siempre se quiere tomar esas molestias, dijo Mafalda agradeciendo.

–Yo no, respondió Dña. Antônia riendo, los que se molestan son los animales.

El coche, en vez de recogerlas al lado de la puerta que quedaba debajo de la sala de los libros, vino a recibirlas delante del porche, donde nos encontrábamos todos. El bochorno de Lalau era ya manifiesto. Si prefería su madre a todo, como me había dicho una vez, creo que prefería a Dña. Antônia y la Casa Velha a la compañía de la tía; se añadía ahora la presencia de los huéspedes, la variedad de vida que ellos traían a la Casa Velha; finalmente, puede ser también, sin afirmarlo, que tuviese recelos idénticos a los míos. Se despidió con pena. Dña. Antônia, aunque le fuera adversa, es cierto que todavía la amaba, le dio la mano para que la besara, y, al verla irse, la atrajo para sí y la besó en la cara una y muchas veces.

–¡Cuidado, nada de travesuras! le dijo.

Tía y sobrina descendieron los escalones del porche y, cuando yo iba a ayudarlas a entrar en el coche, se me atravesó el hijo de la dueña de la casa, que les dio la mano a una y a otra, lleno de respeto y gracia.

–¡Adiós, Nhãtônia! dijo la chica metiendo la cabeza entre las cortinas de cuero del coche, y cerrándolas, después de decirme adiós con los ojos.

Yo, que estaba arriba de la escalera, le correspondí igualmente con la mirada, y volví hacia las otras personas, mientras el coche se ponía en marcha, y el chico subía los escalones.

–Nhãtonia, dijo el coronel riendo, este hijo suyo serviría para chambelán del palacio.

Dña. Antônia, escandalizada, tenía arrugado el ceño, y miró sombría para su hijo. Quiero creer que este incidente fue la gota que hizo surgir del espíritu de Dña. Antônia la singular determinación que voy a relatar.
unit 3
Conhecera muito o imperador.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 5
— Vossa Reverendíssima vai escrever tudo?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 6
— Tudo o que souber.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 7
— Pois eu lhe darei alguma coisa.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 8
Começamos a passear ao longo da varanda grande.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 9
Egoísmo de letrado!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 13
— Oh!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 14
isso não tem interesse!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 15
— Mas diga, diga, pode ser, insistia eu.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 18
— Nhãtônia, disse ele vendo entrar a parenta na varanda, este seu padre sabe onde tem a cabeça.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 21
— Ande para aqui, baronesa, disse-lhe D. Antônia.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 22
Apresentaram-me às suas damas.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 23
Soube que a baronesa era avó da moça que a acompanhava.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 25
Foi o que me constou ali mesmo pela conversação dos primeiros minutos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 27
Observei-a por alguns instantes.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 29
— Sinhazinha, o livro?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 30
perguntou ela à neta.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 31
— Está aqui, vovó.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 32
— É o mesmo da outra vez, Nhãtônia?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 34
Meteu a mão no bolso e tirou os óculos, depois a caixa de rapé, e pôs tudo no regaço.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 36
Valeu, Reverendíssimo?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 37
Fiz um gesto de complacência.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 38
— Félix é um parceirão, e Nhãtônia também; mas vamos só os três.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 39
Nunca jogou com o Félix?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 40
Vai ver o que ele é, fino como trinta diabos; lá na roça dá pancada em todo mundo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 41
Aquilo sai ao pai.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 42
Se algum dia entrar na Câmara, creia que há de fazer um figurão, como o pai, e talvez mais.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 44
Acha que o Araújo Lima vai mal?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 45
Preferia o seu amigo Feijó?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 47
Sinhazinha era o oposto de Lalau.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 51
Não olhou para mim quando chegou, nem ainda depois de sentar-se.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 52
unit 55
Gastei nesse exame não mais de dois a três minutos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 56
Depois, indo a compará-la melhor com Lalau, vi que esta fazia igual exame sorrateiramente.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 58
— Reverendíssimo, vamos?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 59
disse-me o coronel, acabando de replicar à baronesa.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 60
— Já, já.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 61
Onde está o parceiro?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 62
— Havemos de achá-lo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 63
Nhãtônia, ele terá saído?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 64
D. Antônia respondeu negativamente.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 65
Estaria vendo as bestas, que vieram da roça, ou o cavalo que comprara na véspera.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 66
E descreveu o cavalo, a pedido do coronel, chegando-se ao mesmo tempo para o lado da Sinhazinha.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 68
— Ai, Nhãtônia!
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 69
disse a moça.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 70
Está me afogando.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 72
E sentou-se entre elas todas, e todas lhe fizeram grande festa.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 74
Nisto ouvimos passos na sala contígua, e daí a nada entrava na varanda o filho de D. Antônia.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 6 months ago
unit 75
— Ora, viva!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 76
bradou o coronel.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 77
Estávamos à espera de você para um solo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 78
— Vá, vá, acudiu a baronesa, levantando os olhos do livro.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 81
Fomos dali para a mesa do jogo, em uma sala que ficava do outro lado, ao pé da alcova do Félix.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 84
Depois, rindo para o Félix: — Ali está um bom arranjo para você.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 85
— Ora!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 86
rosnou o rapaz.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 87
— Ora quê?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 88
retorquiu o coronel encarando-o, enquanto baralhava e dava as cartas.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 89
unit 90
acho-a um peixão.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 93
interrompeu o moço.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 94
Ambos passamos; ele jogou e perdeu.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 95
Não tinha jogo, foi um modo de interromper o discurso do parente.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 100
Era uma solução.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 102
Ainda uma vez, Félix atalhou a imaginação libertina do tio.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 107
Assim chamava às filhas.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 108
Jogamos até perto da hora de jantar.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 111
Só estavam as três; as hóspedes da roça tinham-se recolhido por alguns instantes.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 113
— Mas, se eu não sei montar... — Não diga isso!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 114
Então vamos nós dois, continuou voltando-se para o sobrinho.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 115
Vai Nhãtônia... — Eu não.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 116
— ...Vai Sinhazinha.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 117
Sinhazinha é cavaleira de truz.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 118
Outra vez este nome!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 121
Olhei para ele; vi-o falando com a tia de Lalau.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 122
— Valeu?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 123
perguntou-lhe o coronel de longe.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 124
— Hoje, não.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 125
Bem, amanhã, depois do almoço.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 126
— A senhora não perde as novenas da Glória, disse Félix a Mafalda.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 128
Lembra-se, Nhãtônia?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 129
Mas deixe estar, no dia 16 estamos cá.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 130
— Não, interrompeu Félix, venham jantar no dia da Glória; venham de manhã.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 131
Temos missa na capela, e que diferença há entre a missa cantada e a rezada?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 132
Não é, Reverendíssimo?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 133
Fiz um gesto de assentimento.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 135
Lalau agradeceu-lhe com os olhos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 136
Não obstante a disposição do moço, fiquei receoso.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 138
Caindo a tarde, Lalau e a tia despediram-se, e eu ofereci-me para acompanhá-las.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 139
Não era preciso; D. Antônia mandara aprontar a sege.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 140
— Nhãtônia quer dar-se sempre a esses incômodos, disse agradecendo Mafalda.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 141
— Eu não, redargüiu D. Antônia rindo, as incomodadas são as bestas.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 143
O constrangimento de Lalau era já manifesto.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 145
Despediu-se penosamente.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 147
— Cuidado, nada de travessuras!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 148
disse-lhe.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 150
— Adeus, Nhãtônia!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 153
— Nhãtônia, disse o coronel rindo, este seu filho dava para camarista do paço.
2 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago
unit 154
D. Antônia, escandalizada, tinha entre as sobrancelhas uma ruga, e olhou sombria para o filho.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 5 months ago

No dia seguinte fui mais cedo para a Casa Velha, a fim de chegar antes dos hóspedes que D. Antônia esperava da roça, mas já os achei lá; tinham chegado na véspera, às ave-marias. Um deles, o coronel Raimundo, estava na varanda da frente, conheceu-me logo, e veio a mim para saber como ia a história de Pedro I. Sem esperar pela resposta, disse que podia dar-me boas informações. Conhecera muito o imperador. Assistira à dissolução da Constituinte, por sinal que estava nas galerias, durante a sessão permanente, e ouviu os discursos do Montezuma e dos outros, comendo pão e queijo, à noite, comprados na Rua da Cadeia; uma noite dos diabos.

— Vossa Reverendíssima vai escrever tudo?

— Tudo o que souber.

— Pois eu lhe darei alguma coisa.

Começamos a passear ao longo da varanda grande. Egoísmo de letrado! A esperança de alguns documentos e anedotas para o meu livro pôs de lado a principal questão daqueles dias; entreguei-me à conversação do coronel. Já sabemos que era parente da casa; era irmão de um cunhado do marido de D. Antônia, e fora muito amigo e familiar dele. Falamos cerca de meia hora; contou-me muita coisa do tempo, algumas delas arrancadas por mim, porque ele nem sempre via a utilidade de um episódio.

— Oh! isso não tem interesse!

— Mas diga, diga, pode ser, insistia eu.

Então ele contava o que era, uma visita, uma conversa, um dito, que eu recolhia de cabeça, para transpô-lo ao papel, como fiz algumas horas depois. Raimundo foi-se sentindo lisonjeado com a idéia de que eu ia imprimir o que me estava contando, e desceu a minúcias insignificantes, casos velhos, e finalmente às anedotas dele mesmo, e às partes da sua vida militar.

— Nhãtônia, disse ele vendo entrar a parenta na varanda, este seu padre sabe onde tem a cabeça.

D. Antônia fez um gesto afirmativo e seco, mas logo depois, para me não molestar, redargüiu sorrindo que sim, que tanto sabia onde tinha a cabeça como o coração. Lalau e as duas filhas do coronel vieram de fora, veio de dentro uma senhora idosa, arrastando um pouco os pés, e dando o braço a uma moça alta e fina.

— Ande para aqui, baronesa, disse-lhe D. Antônia.

Apresentaram-me às suas damas. Soube que a baronesa era avó da moça que a acompanhava. Eram esperadas do Pati do Alferes dez ou doze dias depois; mas vieram antes para assistir à festa da Glória. Foi o que me constou ali mesmo pela conversação dos primeiros minutos. A baronesa sentara-se de costas para uma das colunas, na cadeira rasa que lhe deram, ajudada pela neta, que a acomodou minuciosamente. Observei-a por alguns instantes. Os dois cachos brancos e grossos, pelas faces abaixo, eram da mesma cor da touca de cambraia e rendas; os olhos eram castanhos e não inteiramente apagados; lá tinham seus momentos de fulgor, principalmente se ela falava em política.

— Sinhazinha, o livro? perguntou ela à neta.

— Está aqui, vovó.

— É o mesmo da outra vez, Nhãtônia?

Era a mesma novela que lera quando ali esteve um ano antes, e queria reler agora: era o Saint Clair das Ilhas ou os Desterrados da Ilha da Barra. Meteu a mão no bolso e tirou os óculos, depois a caixa de rapé, e pôs tudo no regaço. Raimundo, passando a mão pela barba, disse rindo:

— Bem, as senhoras vão conversar e nós vamos a um solo. Valeu, Reverendíssimo?

Fiz um gesto de complacência.

— Félix é um parceirão, e Nhãtônia também; mas vamos só os três. Nunca jogou com o Félix? Vai ver o que ele é, fino como trinta diabos; lá na roça dá pancada em todo mundo. Aquilo sai ao pai. Se algum dia entrar na Câmara, creia que há de fazer um figurão, como o pai, e talvez mais. E olhe que acho tudo pouco para dar em terra com a tal Regência do Sr. Pedro de Araújo Lima...

— Lá vem o coronel com as suas idéias extravagantes, acudiu a velha baronesa abrindo a caixa de rapé, e oferecendo-me uma pitada, que recusei. Acha que o Araújo Lima vai mal? Preferia o seu amigo Feijó?

Raimundo replicou, ela treplicou, enquanto eu voltava a atenção para Sinhazinha, que, depois de ter acomodado a avó, fora sentar-se com as outras moças.

Sinhazinha era o oposto de Lalau. Maneiras pausadas, atitudes longamente quietas; não tinha nos olhos a mesma vida derramada que abrangia todas as coisas e recantos, como os olhos da outra. Bonita era, e a elevação do talhe delgado dava-lhe um ar superior a todas as demais senhoras ali presentes, que eram medianas ou baixinhas, com exceção de Lalau, que ainda assim era menos alta que ela. Mas essa mesma superioridade era diminuída pela modéstia da pessoa, cujo acanhamento, se era natural, aperfeiçoara-se na roça. Não olhou para mim quando chegou, nem ainda depois de sentar-se. Usava as pálpebras caídas, ou, quando muito, levantava-as para fitar só a pessoa com quem ia falando. Como o pescoço era um tantinho alto demais, e a cabeça vivia ereta, aquele gesto podia parecer afetação. Os cabelos eram o encanto da avó, que dizia que a neta era a sua alemã, porque eles tendiam a ruivo; mas, além de ruivos, eram crespos, e, penteados e atados ao desdém, davam-lhe muita graça.

Gastei nesse exame não mais de dois a três minutos. Depois, indo a compará-la melhor com Lalau, vi que esta fazia igual exame sorrateiramente. Não era a primeira vez que a via, era a segunda ou terceira, desde que Sinhazinha perdera o pai e a mãe e viera do Rio Grande do Sul para a fazenda da avó; não a viu no ano anterior, quando ela ali esteve, e cuido que lhe achava alguma diferença para melhor.

— Reverendíssimo, vamos? disse-me o coronel, acabando de replicar à baronesa.

— Já, já. Onde está o parceiro?

— Havemos de achá-lo. Nhãtônia, ele terá saído?

D. Antônia respondeu negativamente. Estaria vendo as bestas, que vieram da roça, ou o cavalo que comprara na véspera. E descreveu o cavalo, a pedido do coronel, chegando-se ao mesmo tempo para o lado da Sinhazinha. Chegando a esta parou, pôs-lhe uma das mãos na cabeça, e com a outra levantou-lhe o queixo, para mirá-la de cima.

— Ai, Nhãtônia! disse a moça. Está me afogando.

D. Antônia fez-lhe uma careta de escárnio, inclinou-se e beijou-lhe a testa com tanta ternura, que me deu ciúmes pela outra. E sentou-se entre elas todas, e todas lhe fizeram grande festa. Raimundo calara-se para mirar a cena, porque ele queria muito às filhas, e gostava de vê-las acariciadas também. Nisto ouvimos passos na sala contígua, e daí a nada entrava na varanda o filho de D. Antônia.

— Ora, viva! bradou o coronel. Estávamos à espera de você para um solo.

— Vá, vá, acudiu a baronesa, levantando os olhos do livro. O coronel está ansioso por jogar, e é uma fortuna, porque veio da roça insuportável, e não me deixa ler... Então você comprou um cavalo?

Curtos eventos, palavras sem interesse, ou apenas curiosas que me não consolavam da interrupção a que era obrigado no cometimento voluntário que empreendera; mas naquele dia não foi essa a minha pior impressão. Fomos dali para a mesa do jogo, em uma sala que ficava do outro lado, ao pé da alcova do Félix. O coronel, contando os tentos, disse-nos que a baronesa estava com idéias de casar com a neta, conquanto ainda não tivesse noivo; era uma idéia. Parece que sentia-se fraca, receava morrer sem vê-la casada; foi o que ele ouviu dizer aos Rosários de Iguaçu, que eram muito da intimidade dela, e até parentes. Depois, rindo para o Félix:

— Ali está um bom arranjo para você.

— Ora! rosnou o rapaz.

— Ora quê? retorquiu o coronel encarando-o, enquanto baralhava e dava as cartas. Repito que era um bom arranjo; eu acho-a bem bonita, acho-a mesmo (tape os ouvidos, Reverendíssimo!) acho-a um peixão. O pai educou-a muito bem; e depois duas fazendas, pode-se até dizer três, mas uma delas tem andado para trás. Duas grandes fazendas, com setecentas cabeças, ou mais; terra de primeira qualidade; muita prata... Não há outro herdeiro...

— Solo! interrompeu o moço.

Ambos passamos; ele jogou e perdeu. Não tinha jogo, foi um modo de interromper o discurso do parente. Mas o coronel era daqueles que não esquecem nada, e daí a pouco tornou ao assunto, para dizer que ele, apesar de achacado, se a moça quisesse, tomá-la-ia por esposa; e logo rejeitou a idéia. Não, não podia ser, estava um cangalho velho, não era mais quem dantes fora, no tempo do rei, e ainda depois. E vinha já uma aventura de 1815, quando o parente, em respeito a mim, disse-lhe que jogasse ou íamos embora...

Pela minha parte, estava aborrecido. A opinião do coronel, relativamente à conveniência de casar o parente com Sinhazinha, e as mostras de ternura de D. Antônia para com esta, fizeram-me crer que podia haver alguma coisa em esboço; mas, ainda que nada houvesse, Raimundo, expansivo como era, chegaria a insinuá-lo à parenta. Era uma solução. Ignoro se Félix também desconfiava a mesma coisa; é, todavia, certo que jogou distraído e calado — durante alguns minutos —, o que fez com que o coronel nos dissesse de repente que estávamos no mundo da lua, que não viera da roça para ficar casmurro, e que, ou jogássemos ou ele ia às francesas da Rua do Ouvidor.

Ainda uma vez, Félix atalhou a imaginação libertina do tio. Para desviá-lo dali, falou de outros atrativos, de um prestidigitador célebre cujo nome enchia então a cidade, e que inteiramente me esqueceu, de bailes de máscaras e teatros. Contou-lhe o enredo dos dramas que andavam então em cena, e aludiu a certa farsa, que divertira muito o coronel, na última vez que viera da roça. Raimundo tinha a alma ingenuamente crédula para as ficções da poesia; ouvia-as como quem ouve a notícia de uma facada. Não era mau homem, e era excelente pai; disse logo que não perderia nada, e levaria ao teatro as suas candongas. Assim chamava às filhas.

Jogamos até perto da hora de jantar. Enquanto eles iam à cavalariça, ver os animais chegados, dirigi-me para a sala principal, onde achei D. Mafalda, a tia da Lalau, que vinha buscá-la para ir com ela às novenas da Glória; a moça voltaria depois da festa. Pareceu-me que Lalau ia obedecer constrangida; e, por outro lado, não ouvi nenhuma objeção da parte de D. Antônia. Só estavam as três; as hóspedes da roça tinham-se recolhido por alguns instantes. Raimundo e Félix entraram pouco depois, o primeiro convidando-me a ir passear com ele e o sobrinho, a cavalo.

— Mas, se eu não sei montar...

— Não diga isso! Então vamos nós dois, continuou voltando-se para o sobrinho. Vai Nhãtônia...

— Eu não.

— ...Vai Sinhazinha. Sinhazinha é cavaleira de truz.

Outra vez este nome! A gente como eu, quando receia alguma coisa, faz derivar ou afluir para ela os mais alheios incidentes e as mais casuais circunstâncias. Fui acreditando que o coronel era efetivamente um desbravador, e a temer que o Félix não resistisse por muito tempo à oferta de uma noiva distinta e graciosa, e da riqueza que viria com ela. Olhei para ele; vi-o falando com a tia de Lalau.

— Valeu? perguntou-lhe o coronel de longe.

— Hoje, não. Bem, amanhã, depois do almoço.

— A senhora não perde as novenas da Glória, disse Félix a Mafalda.

— É minha devoção antiga; e gosto de ir com Lalau, por causa da mãe, que também era muito devota de Nossa Senhora da Glória. Lembra-se, Nhãtônia? Mas deixe estar, no dia 16 estamos cá.

— Não, interrompeu Félix, venham jantar no dia da Glória; venham de manhã. Temos missa na capela, e que diferença há entre a missa cantada e a rezada? Não é, Reverendíssimo?

Fiz um gesto de assentimento. D. Antônia, porém, mordeu o lábio inferior, e não teve tempo de intervir, porque a tia da moça concordou logo em trazê-la no dia 15 de manhã. Lalau agradeceu-lhe com os olhos. Não obstante a disposição do moço, fiquei receoso. Ao jantar, acharam-me preocupado; respondi somente que eram remorsos de ter gasto o melhor do dia ao jogo, em vez de ficar ao trabalho, e anunciei a D. Antônia que, em breve tempo, teria concluído as pesquisas. Caindo a tarde, Lalau e a tia despediram-se, e eu ofereci-me para acompanhá-las. Não era preciso; D. Antônia mandara aprontar a sege.

— Nhãtônia quer dar-se sempre a esses incômodos, disse agradecendo Mafalda.

— Eu não, redargüiu D. Antônia rindo, as incomodadas são as bestas.

A sege, em vez de as tomar ao pé da porta que ficava por baixo da sala dos livros, veio recebê-las diante da varanda, onde nos achávamos todos. O constrangimento de Lalau era já manifesto. Se preferia a mãe a tudo, como me dissera uma vez, cuido que preferia D. Antônia e a Casa Velha à companhia da tia; acrescia agora a presença de hóspedes, a variedade de vida que eles traziam à Casa Velha; finalmente, pode ser também, sem afirmá-lo, que tivesse receios idênticos aos meus. Despediu-se penosamente. D. Antônia, embora lhe fosse adversa, é certo que ainda a amava, deu-lhe a mão a beijar, e, vendo-a ir, puxou-a para si, e beijou-a na cara uma e muitas vezes.

— Cuidado, nada de travessuras! disse-lhe.

Tia e sobrinha desceram os degraus da varanda, e quando eu ia ajudá-las a entrar na sege, atravessou-se-me o filho da dona da casa, que deu a mão a uma e outra, cheio de respeito e graça.

— Adeus, Nhãtônia! disse a moça metendo a cabeça entre as cortinas de couro da sege, e fechando-as, depois de dizer-me adeus com os olhos.

Eu, que estava no topo da escada, correspondi-lhe igualmente com os olhos, e voltei para as outras pessoas, enquanto a sege ia andando, e o moço subia os degraus.

— Nhãtônia, disse o coronel rindo, este seu filho dava para camarista do paço.

D. Antônia, escandalizada, tinha entre as sobrancelhas uma ruga, e olhou sombria para o filho. Quero crer que este incidente foi a gota que fez entornar do espírito de D. Antônia a singular determinação que vou dizer.