Linha reta e linha curva II
Difficulty: Medium    Uploaded: 8 years, 1 month ago by Santxiki     Last Activity: 8 years, 1 month ago
Fin
313 Units
100% Translated
100% Upvoted
Al día siguiente al que tuvieron lugar las escenas descritas en el capítulo anterior, entendió el cielo que debía regar con sus lágrimas el suelo de la bella Petrópolis.

Tito, que dedicaba ese día a ver toda la ciudad, se vio obligado a quedarse en casa. Era una amigo que no resultaba molesto, porque cuando estaba de más sabía desaparecer con discreción y cuando no lo estaba, se volvía el más agradable de los compañeros.

Tito sabía unir mucha jovialidad con mucha delicadeza; sabía hacer reír sin salirse de las convenciones. Había que añadir que, al regresar de un largo y pintoresco viaje, traía los bolsillos de la memoria (sea consentida la frase) llenos de vivos recuerdos. Había realizado un viaje de poeta y no de petimetre. Supo ver y sabía contar. Estas dos cualidades, indispensables en el viajero, por desgracia son las más escasas. La mayoría de las personas que viajan no saben ver, ni saben contar.

Tito había andado por todas las repúblicas del océano Pacífico, había vivido en México y en algunos estados norteamericanos. Después había ido a Europa en el barco de línea de Nueva York. Vio Londres y París. Fue a España, donde vivió la vida de Almaviva, dando serenatas bajo las ventanas de las Rosinas de hoy. De allí trajo algunos abanicos y mantillas. Pasó a Italia y elevó el ánimo a la altura de los recuerdos del arte clásico. Vio la sombra de Dante en las calles de Florencia; vio las almas de los duques rondando nostálgicas sobre las aguas viudas del mar Adriático; la tierra de Rafael, de Virgilio y de Miguel Ángel fue para él una fuente viva de recuerdos del pasado y de impresiones para el futuro. Fue a Grecia, donde supo evocar el espíritu de las generaciones extinguidas que dieron al genio del arte y de la poesía un brillo que atravesó las sombras de los siglos.

Nuestro héroe viajó más todavía y vio todo con ojos de quien sabe ver y contaba todo con el alma de quien lo sabe contar. Azevedo y Adelaide pasaban horas entretenidas.

—Del amor, decía él, solamente sé que es una palabra de cuatro letras, un tanto agradable al oído, es cierto, pero anunciadora de luchas y de desgracias. Los buenos amores están llenos de felicidad, porque tienen la virtud de no elevar los ojos a las estrellas del cielo; se contentan con cenas a media noche y algunos paseos a caballo o por mar.

Este era el constante lenguaje de Tito. ¿Expresaba la verdad o era un lenguaje de convención? Todos pensaban que la verdad estaba en la primera hipótesis, incluso porque esa se correspondía con la mente jovial y liberal de Tito.

En el primer día de residencia de Tito en Petrópolis, la lluvia, como dije antes, impidió que los diversos personajes de esta historia se encontrasen. Cada cual permaneció en su casa. Pero el día siguiente fue más benigno; Tito aprovechó el buen tiempo para ir a ver la risueña ciudad de la sierra. Azevedo y Adelaide quisieron acompañarlo; mandaron ensillar tres monturas propias para el ligero paseo.

A la vuelta fueron a visitar a Emília. La visita duró pocos minutos. La hermosa viuda los recibió con la gracia y cortesía propia de una princesa. Era la primera vez que Tito iba allá y, fuera por eso o por otra circunstancia, fue él quien mereció las mayores atenciones de la dueña de la casa.

Diogo, que en ese momento hacía su centésima declaración de amor a Emília, y a quien Emília acababa de ofrecer una taza de té, no vio con buenos ojos la excesiva atención que el viajero merecía por parte de la dueña de sus pensamientos. Esa y tal vez otras circunstancias hacían que el viejo Adonis presenciara la conversación con el ceño fruncido.

Al despedirse, Emília le ofreció la casa a Tito, declarando que sentiría la misma satisfacción al recibirlo muchas veces. Tito aceptó caballerosamente el ofrecimiento; tras lo cual todos salieron.

Cinco días después de esta visita, Emília fue a la casa de Adelaide. Tito no estaba presente, estaba paseando. Azevedo había salido por un negocio, pero regresó unos minutos más tarde. Cuando, después de conversar una hora, Emília, de pie, ya se preparaba para regresar a su casa, entró Tito.

—Iba a salir cuando entró, dijo Emília. Parece que nos contrariamos en todo.

—No es por mi voluntad, respondió Tito; por el contrario, mi deseo es no contrariar a nadie, y por lo tanto, no contrariarla a usted.

—No lo parece.

—¿Por qué?

Emília sonrió y dijo con tono de reproche: —Sabe que me complacería que utilizara el ofrecimiento de mi casa; aún no lo ha hecho. ¿Fue un olvido?

—Fue.

—Es muy amable... —Soy muy sincero. Yo sé que usted preferiría una delicada mentira; pero no conozco nada más delicado que la verdad.

Emília sonrió.

En ese momento entró Diogo.

—¿Iba a salir, doña Emília? preguntó.

—Esperaba su brazo.

—Aquí lo tiene.

Emília se despidió de Azevedo y de Adelaide. En cuanto a Tito, en el momento en que se inclinaba respetuosamente, Emília le dijo con la mayor tranquilidad de espíritu: —Hay alguien tan delicado como la verdad: es el señor Diogo. Espero decir lo mismo... —¿De mí? interrumpió Tito. Mañana mismo.

Emília salió del brazo de Diogo.

Al día siguiente, en efecto, Tito fue a la casa de Emília. Ella lo esperaba con cierta impaciencia. Como no sabía a qué hora se presentaría, la bella viuda lo esperó en todo momento, desde la mañana. Recién al caer la tarde, Tito se dignó a aparecer.

Emília vivía con una tía anciana. Era una buena señora, amiga de la sobrina y completamente esclava de su voluntad. Esto significa que no había en Emília el menor recelo que la buena tía no suscribiese de antemano.

En la sala en la que Tito fue recibido no había nadie Por lo tanto, tuvo tiempo de sobra para examinarla a gusto. Era una sala pequeña, pero amueblada y decorada con buen gusto. Muebles ligeros, elegantes y ricos; cuatro estatuillas muy delicadas, copias de Pradier, un piano Erard, todo dispuesto y arreglado con vida.

Tito pasó el primer cuarto de hora examinando la sala y los objetos que contenía. Ese examen influiría mucho en el estudio que quisiera hacer del espíritu de la muchacha. Dime cómo vives y te diré quién eres.

Pero el primer cuarto de hora transcurrió sin que apareciera un alma, ni se escucharan ruidos de ninguna clase. Tito comenzó a impacientarse. Ya conocemos su carácter brusco a pesar de la suprema delicadeza que todos le reconocían. Parece, sin embargo, que su rudeza, casi siempre ejercida contra Emília era más estudiada que natural. Lo cierto es que al cabo de media hora, enfadado por la demora, Tito murmuró para sí: —¡Quiere vengarse!

Y cogiendo el sombrero que había puesto sobre una silla se dirigía hacia la puerta cuando escuchó un crujido de sedas. Giró la cabeza; entraba Emília.

—¿Huía?

—Es cierto.

—Disculpe la demora.

—No hay nada que disculpar, no podía venir, se debía naturalmente a algún motivo serio. En cuanto a mí, tampoco tengo de qué disculparme Esperé, estaba cansado, regresaría en otra ocasión. Todo eso es natural.

Emília le ofreció una silla a Tito y se sentó en un sofá

—Realmente, dijo ella acomodando el faldón, es usted un hombre original.

—Es mi gloria. No imagina cómo aborrezco las copias. Hacer lo que hace mucha gente, ¿qué mérito tiene eso? No nací para esos trabajos de imitación.

—Ya hace algo como mucha gente.

–¿Qué?

—Ayer me prometió esta visita y vino a cumplir la promesa.

—¡Ah! señora, no lance esto a cuenta de mis virtudes. Podía no venir, vine, no fue por voluntad, sino por... casualidad.

—De todas maneras, le agradezco.

—Es el medio para cerrarme su puerta.

—¿Por qué?

–Porque no me llevo bien con esos agradecimientos; tampoco creo que puedan aumentar en nada mi admiración por su persona. He ido muchas veces a visitar las estatuas de los museos de Europa, pero si ellas se acordaran de agradecerme algún día, le doy mi palabra que no volvería allí.

Estas palabras fueron seguidas por algunos segundos de silencio.

Fue Emília quien habló primero.

—¿Hace mucho tiempo que es amigo del marido de Adelaide?

—Desde que era un niño, respondió Tito.

—¡Ah! ¿fue niño?

—Lo sigo siendo aún hoy.

—Es exactamente el tiempo de mi relación con Adelaide. Nunca me arrepentí.

—Yo tampoco.

—Hubo un tiempo, prosiguió Emília, en el que estuvimos separadas, pero eso nunca cambió en nada nuestra relación. Fue en la época de mi primer matrimonio.

—¡Ah! ¿Contrajo matrimonio dos veces?

—En dos años.

—¿Y por qué enviudó la primera vez?

—Porque mi marido murió, dijo Emília riendo.

—Pero le pregunto otra cosa. ¿Por qué continuó viuda incluso después de la muerte de su primer marido? Creo que podría continuar casada.

—¿De qué modo? preguntó Emília con asombro.

—Continuando siendo la mujer del difunto. Creo que si el amor termina en la sepultura no merece la pena buscarlo en este mundo.

—Realmente el señor Tito es una mente fuera de lo común.

—Algo.

—Es necesario que lo sea para desconocer que en nuestra vida no importan esas exigencias de la eterna felicidad. Además, se puede mantener el recuerdo de los que mueren sin renunciar a las condiciones de nuestra existencia. Ahora soy yo quien le pregunto, ¿por qué me mira con tan singulares ojos...?

—No sé si son singulares; pero son los míos.

—Entonces, ¿cree que cometí bigamia?

—No creo nada. Ahora, déjeme decirle la última razón de mi incapacidad para el amor.

—Soy toda oídos.

—No creo en la fidelidad.

—¿En absoluto?

—En absoluto.

—Muchas gracias.

—¡Ah! sé que esto no es delicado; pero en primer lugar, tengo el coraje de decir mis opiniones y en segundo fue usted quien me provocó. Desgraciadamente, es cierto, no creo en los amores leales y eternos. Quiero hacerla mi confidente. Hubo un día en que traté de amar; concentré todas las fuerzas vivas de mi corazón y me dispuse a reunir mi orgullo y mi ilusión en la cabeza del objeto amado. ¡Qué lección maestra! El objeto amado, después de alimentar mis esperanzas, se casó con otro que no era ni más guapo ni más amante.

—¿Qué prueba eso? preguntó la viuda.

—Prueba que me sucedió lo que puede suceder y sucede diariamente a los demás.

—Ahora... —Ha de perdonarme, pero creo que es una cosa ya introducida en el torrente sanguíneo... —No diga eso. Es cierto que pueden tener lugar tales casos; pero ¿serán todos así? ¿No admite una excepción? Profundice más en los corazones ajenos si quiere encontrar la verdad... y la encontrará.

—¡Cuál! dijo Tito bajando la cabeza y golpeando la punta del pie con el bastón.

—Puedo afirmarlo, dijo Emília.

—Lo dudo.

—Siento pena de una criatura así, prosiguió la viuda. ¡No conocer el amor es no conocer la vida! ¿Existe nada igual a la unión de dos almas que se adoran? Desde que el amor entra en el corazón, todo se transforma, todo cambia, la noche parece día, el dolor se asemeja al placer... Si no conoce nada de esto, puede morir, porque es el más desdichado de los hombres.

—He leído eso en los libros, pero todavía no me convencí... —¿Ya reparó en mi sala?

—Ya vi algo.

—¿Se fijó en aquel grabado?

Tito miró hacia el grabado que le indicaba la viuda.

—Si no me equivoco, dijo él, aquello es el Amor domando a las fieras.

—Mire y convénzase.

—¿Con la opinión del dibujante? preguntó Tito. No es posible. He visto grabados vivos. He servido de blanco a muchas flechas, me han llenado de agujeros, pero tengo la fortaleza de san Sebastián; me enfrento, no cedo.

—¡Qué orgullo!

—¿Qué puede doblegar semejante arrogancia? ¿La belleza? Ni Cleopatra. ¿La castidad? Ni Susana. Resuma, si quiere, todas las cualidades en una sola criatura, y no cambiaré... Es esto y nada más.

Emília se levantó y se dirigió hacia el piano.

—¿No le molesta la música? preguntó ella abriendo el piano.

—La adoro, respondió el muchacho sin moverse; en cuanto a los ejecutantes, solo me gustan los buenos. Los malos, me dan ganas de ahorcarlos.

Emília ejecutó en el piano los preludios de una sinfonía. Tito la escuchaba con la más profunda atención. Realmente, la bella viuda tocaba divinamente.

—Entonces, dijo ella levantándose, ¿debo ser ahorcada?

—Debe ser coronada. Toca perfectamente.

—Otro punto en el que no es original. Todos me dicen eso.

—¡Ah! yo tampoco niego la luz del sol.

En ese momento entró a la sala la tía de Emília. Esta le presentó a Tito. Entonces la conversación tomó un tono personal y reservado; duró poco, por cierto, porque Tito, tomando de pronto su sombrero, dijo que tenía que hacer.

—¿Hasta cuándo?

—Hasta siempre.

Se despidió y salió.

Emília todavía lo acompañó un tiempo con la mirada, por la ventana de la casa. Pero Tito, como si no se tratara de él, siguió sin mirar para atrás.

Pero, justo en el momento en que Emília volvía adentro, Tito se encontraba con el viejo Diogo.

Diogo iba en dirección a la casa de la viuda. Tenía aspecto pensativo. Iba tan distraído que llegó casi a tropezar con Tito.

—¿A dónde va tan distraído? preguntó Tito.

—¡Ah!, ¿es usted? ¿Viene de casa de doña Emília?

—Vengo.

—Yo voy para allá. ¡Pobre! tiene que estar muy impaciente con mi tardanza.

—No lo está, no señor, respondió Tito con la mayor sangre fría.

Diogo le lanzó una mirada de despecho.

A eso siguió un silencio de algunos minutos, durante el cual Diogo jugaba con la cadena del reloj y Tito lanzaba al aire ovillos de humo de un primoroso habano. Uno de esos ovillos fue a desenrollarse en la cara de Diogo. El viejo tosió y le dijo a Tito: —¡Vamos, señor Tito! ¡Es demasiado!

—¿Qué, mi querido señor? preguntó el muchacho.

—¡Hasta el humo!

—Fue sin querer. Pero no comprendo sus palabras... —Le voy a explicar, dijo el viejo tomando un aire risueño. Deme su brazo... —¡Pues no!

Y los dos siguieron conversando como dos viejos amigos.

—Estoy listo para escuchar su explicación.

—Ahí va. ¿Sabe lo que quiero? Es que sea sincero. No ignora que suspiro a los pies de la viuda. Le pido que no discuta el hecho, admítalo, simplemente. Hasta aquí todo marchaba bien, cuando usted llegó a Petrópolis.

—Pero... —Escúcheme en silencio. Llegó el señor a Petrópolis y sin que yo le hubiera hecho daño alguno, entendió para sí mismo que me había de quitar de en medio. Desde entonces comenzó el corte... —Mi querido señor Diogo, todo eso es una fantasía. Yo no cortejo a doña Emília, ni pretendo hacerlo. ¿Acaso me ve frecuentar su casa?

—Acaba de salir de allí.

—Es la primera vez que la visito.

—¿Quién sabe?

—Además, ¿no oyó hoy en casa de Azevedo las expresiones con que ella se despidió de mí? No son de una mujer que... —¡Ah! eso no prueba nada. Las mujeres, y sobre todo aquella, no siempre dicen lo que sienten... —Entonces, ¿piensa que aquella siente algo por mí?

–Si no fuera por eso, no le hablaría.

–¡Ah! esa sí que es una novedad.

–Sólo sospecho. Ella solo me habla de usted, pregunta veinte veces por día por su persona, por sus costumbres, por su pasado y sus opiniones... Yo, como se imaginará, respondo a todo que no sé, pero voy desarrollando un odio hacia usted del cual jamás me podrá culpar.

–¿Es mi culpa si le gusto? Ahora, vaya a descansar, señor Diogo. Ni yo le gusto, ni ella me gusta. Trabaje sin miedo y sea feliz.

–¡Feliz! ¡si pudiera serlo! Pero no... no lo creo, la felicidad no está hecha para mí. Mire, señor Tito, amo a esa mujer como se puede amar la vida. Una mirada de ella vale más para mí que un año de gloria y felicidad. Es por ella que he abandonado mis negocios. ¿No vio el otro día que me llegó a las manos una carta cuya lectura me hizo entristecer? Perdí una causa. ¿Todo por qué? ¡Por ella!

—Pero, ¿ella no le da esperanzas?

—¡Yo no sé qué es esa muchacha! A veces me trata de manera que voy al séptimo cielo, y otras es tal su indiferencia que me arroja al infierno. Hoy una sonrisa, mañana un gesto de desdén. Me culpa de no visitarla, la voy a visitar y se ocupa tanto de mí como de Ganimedes; Ganimedes es el nombre de un perrito de peluche que le di. Se preocupa tanto por mí como por el perro... Y a propósito. Esa muchacha es un enigma.

—Pues no seré yo quien lo descifre, señor Diogo. Le deseo mucha felicidad. Adiós.

Y los dos se separaron. Diogo siguió hacia la casa de Emília, Tito a la de Azevedo.

Tito acababa de saber que la viuda pensaba en él, eso todavía no lo conmovía en lo más mínimo. ¿Por qué? Es lo que sabremos más adelante. Lo que es preciso decir ya mismo, es que la mujer de Azevedo tenía las mismas sospechas que se habían despertado en el espíritu de Diogo. La intimidad de Emília daba lugar a un franco interrogatorio y a una franca confesión. Adelaide, al día siguiente de la escena que relaté anteriormente, le dijo a Emília lo que pensaba.

La respuesta de la viuda fue una carcajada.

—No te entiendo, dijo la mujer de Azevedo.

—Es sencillo, dijo la viuda. ¿Me juzgas capaz de enamorarme del amigo de tu marido? Te engañas. No, no lo amo. Como te dije el día en que lo vi por primera vez, solo intento tenerlo a mis pies. Si recuerdo bien, fuiste tú misma quien me aconsejó. Lo acepté. He de vengar a nuestro sexo. Aunque sea un poco de vanidad de mi parte, creo que lo que ninguna hace, lo hago yo.

—¡Ah! ¡Qué despiadada! ¿Es eso?

—Ni más, ni menos.

—¿Lo crees posible?

—¿Por qué no?

—Refleja que la derrota será doble... —Lo será, pero no ha de haberla.

Esta conversación fue interrumpida por Azevedo. Una señal de Emília hizo guardar silencio a Adelaide. Quedó acordado que ni el propio Azevedo sabría nada. Y, en efecto, Adelaide no dijo nada a su marido.
unit 2
Tito, que destinava esse dia a ver toda a cidade, foi obrigado a conservar-se em casa.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 6
Tinha feito uma viagem de poeta e não de peralvilho.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 7
Soube ver e sabia contar.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 8
Estas duas qualidades, indispensáveis ao viajante, por desgraça são as mais raras.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 9
A maioria das pessoas que viajam nem sabem ver, nem sabem contar.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 11
Tinha depois ido à Europa no paquete da linha de Nova Iorque.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 12
Viu Londres e Paris.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 13
Foi à Espanha, onde viveu a vida de Almaviva, dando serenatas às janelas das Rosinas de hoje.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 14
Trouxe de lá alguns leques e mantilhas.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 15
Passou à Itália e levantou o espírito à altura das recordações da arte clássica.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 19
Azevedo e Adelaide passavam horas esquecidas.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 22
Esta era a linguagem constante de Tito.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 23
Exprimia ela a verdade, ou era uma linguagem de convenção?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 26
Cada qual ficou na sua casa.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 27
unit 29
Na volta foram visitar Emília.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 30
Durou poucos minutos a visita.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 31
A bela viúva recebeu-os com graça e cortesia de princesa.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 36
Tito aceitou cavalheiramente o oferecimento; feito o que, saíram todos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 37
Cinco dias depois desta visita Emília foi à casa de Adelaide.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 38
Tito não estava presente; andava a passeio.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 39
Azevedo tinha saído para um negócio, mas voltou daí a alguns minutos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 41
— Ia sair quando entrou, disse Emília.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 42
Parece que nos contrariamos em tudo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 44
— Não parece.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 45
— Por quê?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 47
Foi esquecimento?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 48
— Foi.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 49
— É muito amável... — Sou muito franco.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 51
Emília sorriu.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 52
Nesse momento entrou Diogo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 53
— Ia sair, D. Emília?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 54
perguntou ele.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 55
— Esperava o seu braço.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 56
— Aqui o tem.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 57
Emília despediu-se de Azevedo e de Adelaide.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 59
Espero dizer o mesmo... — De mim?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 60
interrompeu Tito.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 61
Amanhã mesmo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 62
Emília saiu pelo braço de Diogo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 63
No dia seguinte, com efeito, Tito foi à casa de Emília.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 64
Ela o esperava com certa impaciência.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 66
Só ao cair da tarde é que Tito dignou-se aparecer.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 67
Emília morava com uma tia velha.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 68
Era uma boa senhora, amiga da sobrinha, e inteiramente escrava da sua vontade.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 69
Isto quer dizer que não havia em Emília o menor receio que a boa tia não assinasse de antemão.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 70
Na sala em que Tito foi recebido não estava ninguém.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 71
Ele teve portanto tempo de sobra para examiná-la à vontade.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 72
Era uma sala pequena, mas mobiliada e adornada com gosto.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 74
Tito gastou o primeiro quarto de hora no exame da sala e dos objetos que a enchiam.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 75
Esse exame devia influir muito no estudo que ele quisesse fazer do espírito da moça.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 76
Dize-me como moras, dir-te-ei quem és.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 78
Tito começou a impacientar-se.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 79
Já sabemos que espírito brusco era ele, apesar da suprema delicadeza que todos lhe reconheciam.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 80
unit 83
Voltou a cabeça; Emília entrava.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 84
— Fugia?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 85
— É verdade.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 86
— Perdoe a demora.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 87
— Não há que perdoar; não podia vir, era natural que fosse por algum motivo sério.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 88
Quanto a mim não tenho igualmente de que pedir perdão.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 89
Esperei, estava cansado, voltaria em outra ocasião.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 90
Tudo isto é natural.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 91
Emília ofereceu uma cadeira a Tito e sentou-se num sofá.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 92
— Realmente, disse ela acomodando o balão, o Sr. Tito é um homem original.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 93
— É a minha glória.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 94
Não imagina como eu aborreço as cópias.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 95
Fazer o que muita gente faz, que mérito há nisso?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 96
Não nasci para esses trabalhos de imitação.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 97
— Já uma coisa fez como muita gente.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 98
— Qual foi?
2 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 99
— Prometeu-me ontem esta visita e veio cumprir a promessa.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 100
— Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 101
minha senhora, não lance isto à conta das minhas virtudes.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 102
Podia não vir; vim; não foi vontade, foi... acaso.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 103
— Em todo caso, agradeço-lhe.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 104
— É o meio de me fechar a sua porta.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 105
— Por quê?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 108
A estas palavras seguiu-se um silêncio de alguns segundos.
3 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 109
Emília foi quem falou primeiro.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 110
— Há muito tempo que se dá com o marido de Adelaide?
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 111
— Desde criança, respondeu Tito.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 112
— Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 113
foi criança?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 114
— Ainda hoje sou.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 115
— É exatamente o tempo das minhas relações com Adelaide.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 116
Nunca me arrependi.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 117
— Nem eu.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 119
Foi no tempo do meu primeiro casamento.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 120
— Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 121
foi casada duas vezes?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 122
— Em dois anos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 123
— E por que enviuvou da primeira?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 124
— Porque meu marido morreu, disse Emília rindo-se.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 125
— Mas eu pergunto outra coisa.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 126
Por que se fez viúva, mesmo depois da morte de seu primeiro marido?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 127
Creio que poderia continuar casada.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 128
— De que modo?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 129
perguntou Emília com espanto.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 130
— Ficando mulher do finado.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 131
Se o amor acaba na sepultura acho que não vale a pena de procurá-lo neste mundo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 132
— Realmente o Sr. Tito é um espírito fora do comum.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 133
— Um tanto.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 136
Agora é que eu lhe pergunto por que me olha com olhos tão singulares?...
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 137
— Não sei se são singulares, mas são os meus.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 138
— Então, acha que eu cometi uma bigamia?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 139
— Eu não acho nada.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 140
Ora, deixe-me dizer-lhe a última razão da minha incapacidade para os amores.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 141
— Sou toda ouvidos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 142
— Eu não creio na fidelidade.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 143
— Em absoluto?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 144
— Em absoluto.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 145
— Muito obrigada.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 146
— Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 148
É infelizmente verdade, eu não creio nos amores leais e eternos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 149
Quero fazê-la minha confidente.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 151
Que lição mestra!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 153
— Que prova isso?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 154
perguntou a viúva.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 155
— Prova que me aconteceu o que pode acontecer e acontece diariamente aos outros.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 157
É certo que podem acontecer casos desses; mas serão todos assim?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 158
Não admite uma exceção?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 159
Aprofunde mais os corações alheios se quiser encontrar a verdade... e há de encontrar.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 160
— Qual!
2 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 161
disse Tito abaixando a cabeça e batendo com a bengala na ponta do pé.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 162
— Posso afirmá-lo, disse Emília.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 163
— Duvido.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 164
— Tenho pena de uma criatura assim, continuou a viúva.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 165
Não conhecer o amor é não conhecer a vida!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 166
Há nada igual à união de duas almas que se adoram?
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 168
Se não conhece nada disto, pode morrer, porque é o mais infeliz dos homens.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 169
— Tenho lido isso nos livros, mas ainda não me convenci... — Já reparou na minha sala?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 170
— Já vi alguma coisa.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 171
— Reparou naquela gravura?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 172
Tito olhou para a gravura que a viúva lhe indicava.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 173
— Se me não engano, disse ele, aquilo é o Amor domando as feras.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 174
— Veja e convença-se.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 175
— Com a opinião do desenhista?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 176
perguntou Tito.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 177
Não é possível.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 178
Tenho visto gravuras vivas.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 180
— Que orgulho!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 181
— O que pode fazer dobrar uma altivez destas?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 182
A beleza?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 183
Nem Cleópatra.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 184
A castidade?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 185
Nem Susana.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 186
unit 187
Emília levantou-se e dirigiu-se para o piano.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 188
— Não aborrece a música?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 189
perguntou ela abrindo o piano.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 190
— Adoro-a, respondeu o moço sem se mover; agora quanto aos executantes só gosto dos bons.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 191
Os maus dá-me ímpetos de enforcá-los.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 192
Emília executou ao piano os prelúdios de uma sinfonia.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 193
Tito ouvia-a com a mais profunda atenção.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 194
Realmente a bela viúva tocava divinamente.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 195
— Então, disse ela levantando-se, devo ser enforcada?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 196
— Deve ser coroada.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 197
Toca perfeitamente.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 198
— Outro ponto em que não é original.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 199
Toda a gente me diz isso.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 200
— Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 201
eu também não nego a luz do sol.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 202
Neste momento entrou na sala a tia de Emília.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 203
Esta apresentou-lhe Tito.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 205
— Até quando?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 206
— Até sempre.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 207
Despediu-se e saiu.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 208
Emília ainda o acompanhou com os olhos por algum tempo, da janela da casa.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 209
Mas Tito, como se o caso não fosse com ele, seguiu sem olhar para trás.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 210
Mas, exatamente no momento em que Emília voltava para dentro, Tito encontrava o velho Diogo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 211
Diogo ia na direção da casa da viúva.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 212
Tinha um ar pensativo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 213
Tão distraído ia que chegou quase a esbarrar com Tito.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 214
— Onde vai tão distraído?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 215
perguntou Tito.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 216
— Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 217
é o senhor?
2 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 218
Vem da casa de D. Emília?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 219
— Venho.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 220
— Eu para lá vou.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 221
Coitada!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 222
há de estar muito impaciente com a minha demora.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 223
— Não está, não senhor, respondeu Tito com o maior sangue-frio.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 224
Diogo lançou-lhe um olhar de despeito.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 226
Um desses novelos foi desenrolar-se na cara de Diogo.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 227
O velho tossiu e disse a Tito: — Apre lá, Sr. Tito!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 228
É demais!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 229
— O quê, meu caro senhor?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 230
perguntou o rapaz.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 231
— Até a fumaça!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 232
— Foi sem reparar.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 233
unit 234
Dê-me o seu braço... — Pois não!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 235
E os dois seguiram conversando como dois amigos velhos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 236
— Estou pronto a ouvir a sua explicação.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 237
— Lá vai.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 238
Sabe o que eu quero?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 239
É que seja franco.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 240
Não ignora que eu suspiro aos pés da viúva.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 241
Peço-lhe que não discuta o fato, admita-o simplesmente.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 242
Até aqui tudo ia caminhando bem, quando o senhor chegou a Petrópolis.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 243
— Mas... — Ouça-me silenciosamente.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 245
Desde então começou a corte... — Meu caro Sr. Diogo, tudo isso é uma fantasia.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 246
Eu não faço a corte a D. Emília, nem pretendo fazer-lha.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 247
Vê-me acaso freqüentar a casa dela?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 248
— Acaba de sair de lá.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 249
— É a primeira vez que a visito.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 250
— Quem sabe?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 251
unit 252
Não são de mulher que... — Ah!
2 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 253
isso não prova nada.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 255
— Se não fosse isso, não lhe falaria.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 256
— Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 257
ora eis aí uma novidade.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 258
— Suspeito apenas.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 260
— É culpa minha se ela gosta de mim?
2 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 261
Ora, vá descansado, Sr. Diogo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 262
Nem ela gosta de mim, nem eu gosto dela.
2 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 263
Trabalhe desassombradamente e seja feliz.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 264
— Feliz!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 265
se eu pudesse ser!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 266
Mas não... não creio; a felicidade não se fez para mim.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 267
Olhe, Sr. Tito, amo aquela mulher como se pode amar a vida.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 268
Um olhar dela vale mais para mim que um ano de glórias e de felicidade.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 269
É por ela que eu tenho deixado os meus negócios à toa.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 270
Não viu outro dia que uma carta me chegou às mãos, cuja leitura me fez entristecer?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 271
Perdi uma causa.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 272
Tudo por quê?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 273
por ela!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 274
— Mas, ela não lhe dá esperanças?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 275
— Eu sei o que é aquela moça!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 276
unit 277
Hoje um sorriso, amanhã um gesto de desdém.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 279
Importa-se tanto comigo como com o cachorro... É de propósito.
2 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 280
É um enigma aquela moça.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 281
— Pois não serei eu quem o decifre, Sr. Diogo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 282
Desejo-lhe muita felicidade.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 283
Adeus.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 284
E os dois separaram-se.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 285
Diogo seguiu para a casa de Emília, Tito para a casa de Azevedo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 286
Tito acabava de saber que a viúva pensava nele; todavia, isso não lhe dera o menor abalo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 287
Por quê?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 288
É o que saberemos mais adiante.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 290
A intimidade de Emília dava lugar a uma franca interrogação e a uma confissão franca.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 292
A resposta da viúva foi uma risada.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 293
— Não te compreendo, disse a mulher de Azevedo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 294
— É simples, disse a viúva.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 295
Julgas-me capaz de apaixonar-me pelo amigo de teu marido?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 296
Enganas-te.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 297
Não, eu não o amo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 298
Somente, como te disse no dia em que o vi aqui pela primeira vez, empenho-me em tê-lo a meus pés.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 299
Se bem me recordo foste tu mesma quem me deu conselho.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 300
Aceitei-o.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 301
Hei de vingar o nosso sexo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 302
É um pouco de vaidade minha, embora; mas eu creio que aquilo que nenhuma fez, fá-lo-ei eu.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 303
— Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 304
cruelzinha!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 305
É isso?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 306
— Nem mais, nem menos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 307
— Achas possível?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 308
— Por que não?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 309
— Reflete que a derrota será dupla... — Será, mas não há de haver.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 310
Esta conversa foi interrompida por Azevedo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 311
Um sinal de Emília fez calar Adelaide.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 312
Ficou convencionado que nem mesmo Azevedo saberia de coisa alguma.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago
unit 313
E, com efeito, Adelaide nada comunicou a seu marido.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 8 years, 1 month ago

No dia seguinte àquele em que se passaram as cenas descritas no capítulo anterior, entendeu o céu que devia regar com as suas lágrimas o solo da formosa Petrópolis.

Tito, que destinava esse dia a ver toda a cidade, foi obrigado a conservar-se em casa. Era um amigo que não incomodava, porque quando era de mais sabia escapar-se discretamente, e quando o não era, tornava-se o mais delicioso dos companheiros.

Tito sabia juntar muita jovialidade a muita delicadeza; sabia fazer rir sem saltar fora das conveniências. Acrescia que, voltando de uma longa e pitoresca viagem, trazia as algibeiras da memória (deixem passar a frase) cheias de vivas reminiscências. Tinha feito uma viagem de poeta e não de peralvilho. Soube ver e sabia contar. Estas duas qualidades, indispensáveis ao viajante, por desgraça são as mais raras. A maioria das pessoas que viajam nem sabem ver, nem sabem contar.

Tito tinha andado por todas as repúblicas do mar Pacífico, tinha vivido no México e em alguns Estados americanos. Tinha depois ido à Europa no paquete da linha de Nova Iorque. Viu Londres e Paris. Foi à Espanha, onde viveu a vida de Almaviva, dando serenatas às janelas das Rosinas de hoje. Trouxe de lá alguns leques e mantilhas. Passou à Itália e levantou o espírito à altura das recordações da arte clássica. Viu a sombra de Dante nas ruas de Florença; viu as almas dos doges pairando saudosas sobre as águas viúvas do mar Adriático; a terra de Rafael, de Virgílio e Miguel Ângelo foi para ele uma fonte viva de recordações do passado e de impressões para o futuro. Foi à Grécia, onde soube evocar o espírito das gerações extintas que deram ao gênio da arte e da poesia um fulgor que atravessou as sombras dos séculos.

Viajou ainda mais o nosso herói, e tudo viu com olhos de quem sabe ver e tudo contava com alma de quem sabe contar. Azevedo e Adelaide passavam horas esquecidas.

— Do amor, dizia ele, eu só sei que é uma palavra de quatro letras, um tanto eufônica, é verdade, mas núncia de lutas e desgraças. Os bons amores são cheios de felicidade, porque têm a virtude de não alçarem olhos para as estrelas do céu; contentam-se com ceias à meia-noite e alguns passeios a cavalo ou por mar.

Esta era a linguagem constante de Tito. Exprimia ela a verdade, ou era uma linguagem de convenção? Todos acreditavam que a verdade estava na primeira hipótese, até porque essa era de acordo com o espírito jovial e folgazão de Tito.

No primeiro dia da residência de Tito em Petrópolis, a chuva, como disse acima, impediu que os diversos personagens desta história se encontrassem. Cada qual ficou na sua casa. Mas o dia imediato foi mais benigno; Tito aproveitou o bom tempo para ir ver a risonha cidade da serra. Azevedo e Adelaide quiseram acompanhá-lo; mandaram aparelhar três ginetes próprios para o ligeiro passeio.

Na volta foram visitar Emília. Durou poucos minutos a visita. A bela viúva recebeu-os com graça e cortesia de princesa. Era a primeira vez que Tito lá ia; e fosse por isso, ou por outra circunstância, foi ele quem mereceu as principais atenções da dona da casa.

Diogo, que então fazia a sua centésima declaração de amor a Emília, e a quem Emília acabava de oferecer uma chávena de chá, não viu com bons olhos a demasiada atenção que o viajante merecia da dama dos seus pensamentos. Essa, e talvez outras circunstâncias, faziam com que o velho Adônis assistisse à conversação com a cara fechada.

À despedida Emília ofereceu a casa a Tito, com a declaração de que teria a mesma satisfação em recebê-lo muitas vezes. Tito aceitou cavalheiramente o oferecimento; feito o que, saíram todos.

Cinco dias depois desta visita Emília foi à casa de Adelaide. Tito não estava presente; andava a passeio. Azevedo tinha saído para um negócio, mas voltou daí a alguns minutos. Quando, depois de uma hora de conversa, Emília já de pé preparava-se para voltar à casa, entrou Tito.

— Ia sair quando entrou, disse Emília. Parece que nos contrariamos em tudo.

— Não é por minha vontade, respondeu Tito; pelo contrário, meu desejo é não contrariar pessoa alguma, e portanto não contrariar Vossa Excelência.

— Não parece.

— Por quê?

Emília sorriu e disse com uma inflexão de censura:

— Sabe que me daria prazer se utilizasse do oferecimento de minha casa; ainda se não utilizou. Foi esquecimento?

— Foi.

— É muito amável...

— Sou muito franco. Eu sei que Vossa Excelência preferia uma delicada mentira; mas eu não conheço nada mais delicado que a verdade.

Emília sorriu.

Nesse momento entrou Diogo.

— Ia sair, D. Emília? perguntou ele.

— Esperava o seu braço.

— Aqui o tem.

Emília despediu-se de Azevedo e de Adelaide. Quanto a Tito, no momento em que ele curvava-se respeitosamente, Emília disse-lhe com a maior placidez da alma:

— Há alguém tão delicado como a verdade: é o Sr. Diogo. Espero dizer o mesmo...

— De mim? interrompeu Tito. Amanhã mesmo.

Emília saiu pelo braço de Diogo.

No dia seguinte, com efeito, Tito foi à casa de Emília. Ela o esperava com certa impaciência. Como não soubesse a hora em que ele devia apresentar-se lá, a bela viúva esperou-o a todos os momentos, desde manhã. Só ao cair da tarde é que Tito dignou-se aparecer.

Emília morava com uma tia velha. Era uma boa senhora, amiga da sobrinha, e inteiramente escrava da sua vontade. Isto quer dizer que não havia em Emília o menor receio que a boa tia não assinasse de antemão.

Na sala em que Tito foi recebido não estava ninguém. Ele teve portanto tempo de sobra para examiná-la à vontade. Era uma sala pequena, mas mobiliada e adornada com gosto. Móveis leves, elegantes e ricos; quatro finíssimas estatuetas, copiadas de Pradier, um piano de Erard, tudo disposto e arranjado com vida.

Tito gastou o primeiro quarto de hora no exame da sala e dos objetos que a enchiam. Esse exame devia influir muito no estudo que ele quisesse fazer do espírito da moça. Dize-me como moras, dir-te-ei quem és.

Mas o primeiro quarto de hora correu sem que aparecesse viva alma, nem que se ouvisse rumor de natureza alguma. Tito começou a impacientar-se. Já sabemos que espírito brusco era ele, apesar da suprema delicadeza que todos lhe reconheciam. Parece, porém, que a sua rudeza, quase sempre exercida contra Emília, era antes estudada que natural. O que é certo é que no fim de meia hora, aborrecido pela demora, Tito murmurou consigo:

— Quer tomar desforra!

E tomando o chapéu que havia posto numa cadeira ia dirigindo-se para a porta quando ouviu um farfalhar de sedas. Voltou a cabeça; Emília entrava.

— Fugia?

— É verdade.

— Perdoe a demora.

— Não há que perdoar; não podia vir, era natural que fosse por algum motivo sério. Quanto a mim não tenho igualmente de que pedir perdão. Esperei, estava cansado, voltaria em outra ocasião. Tudo isto é natural.

Emília ofereceu uma cadeira a Tito e sentou-se num sofá.

— Realmente, disse ela acomodando o balão, o Sr. Tito é um homem original.

— É a minha glória. Não imagina como eu aborreço as cópias. Fazer o que muita gente faz, que mérito há nisso? Não nasci para esses trabalhos de imitação.

— Já uma coisa fez como muita gente.

— Qual foi?

— Prometeu-me ontem esta visita e veio cumprir a promessa.

— Ah! minha senhora, não lance isto à conta das minhas virtudes. Podia não vir; vim; não foi vontade, foi... acaso.

— Em todo caso, agradeço-lhe.

— É o meio de me fechar a sua porta.

— Por quê?

— Porque eu não me dou com esses agradecimentos; nem creio mesmo que eles possam acrescentar nada à minha admiração pela pessoa de Vossa Excelência. Fui visitar muitas vezes as estátuas dos museus da Europa, mas se elas se lembrassem de me agradecer um dia, dou-lhe a minha palavra que não voltava lá.

A estas palavras seguiu-se um silêncio de alguns segundos.

Emília foi quem falou primeiro.

— Há muito tempo que se dá com o marido de Adelaide?

— Desde criança, respondeu Tito.

— Ah! foi criança?

— Ainda hoje sou.

— É exatamente o tempo das minhas relações com Adelaide. Nunca me arrependi.

— Nem eu.

— Houve um tempo, prosseguiu Emília, em que estivemos separadas; mas isso não trouxe mudança alguma às nossas relações. Foi no tempo do meu primeiro casamento.

— Ah! foi casada duas vezes?

— Em dois anos.

— E por que enviuvou da primeira?

— Porque meu marido morreu, disse Emília rindo-se.

— Mas eu pergunto outra coisa. Por que se fez viúva, mesmo depois da morte de seu primeiro marido? Creio que poderia continuar casada.

— De que modo? perguntou Emília com espanto.

— Ficando mulher do finado. Se o amor acaba na sepultura acho que não vale a pena de procurá-lo neste mundo.

— Realmente o Sr. Tito é um espírito fora do comum.

— Um tanto.

— É preciso que o seja para desconhecer que a nossa vida não importa essas exigências da eterna fidelidade. E demais, pode-se conservar a lembrança dos que morrem sem renunciar às condições da nossa existência. Agora é que eu lhe pergunto por que me olha com olhos tão singulares?...

— Não sei se são singulares, mas são os meus.

— Então, acha que eu cometi uma bigamia?

— Eu não acho nada. Ora, deixe-me dizer-lhe a última razão da minha incapacidade para os amores.

— Sou toda ouvidos.

— Eu não creio na fidelidade.

— Em absoluto?

— Em absoluto.

— Muito obrigada.

— Ah! eu sei que isto não é delicado; mas em primeiro lugar, eu tenho a coragem das minhas opiniões, e em segundo foi Vossa Excelência quem me provocou. É infelizmente verdade, eu não creio nos amores leais e eternos. Quero fazê-la minha confidente. Houve um dia em que eu tentei amar; concentrei todas as forças vivas do meu coração; dispus-me a reunir o meu orgulho e a minha ilusão na cabeça do objeto amado. Que lição mestra! O objeto amado, depois de me alimentar as esperanças, casou-se com outro que não era nem mais bonito, nem mais amante.

— Que prova isso? perguntou a viúva.

— Prova que me aconteceu o que pode acontecer e acontece diariamente aos outros.

— Ora...

— Há de me perdoar, mas eu creio que é uma coisa já metida na massa do sangue...

— Não diga isso. É certo que podem acontecer casos desses; mas serão todos assim? Não admite uma exceção? Aprofunde mais os corações alheios se quiser encontrar a verdade... e há de encontrar.

— Qual! disse Tito abaixando a cabeça e batendo com a bengala na ponta do pé.

— Posso afirmá-lo, disse Emília.

— Duvido.

— Tenho pena de uma criatura assim, continuou a viúva. Não conhecer o amor é não conhecer a vida! Há nada igual à união de duas almas que se adoram? Desde que o amor entra no coração, tudo se transforma, tudo muda, a noite parece dia, a dor assemelha-se ao prazer... Se não conhece nada disto, pode morrer, porque é o mais infeliz dos homens.

— Tenho lido isso nos livros, mas ainda não me convenci...

— Já reparou na minha sala?

— Já vi alguma coisa.

— Reparou naquela gravura?

Tito olhou para a gravura que a viúva lhe indicava.

— Se me não engano, disse ele, aquilo é o Amor domando as feras.

— Veja e convença-se.

— Com a opinião do desenhista? perguntou Tito. Não é possível. Tenho visto gravuras vivas. Tenho servido de alvo a muitas setas; crivam-me todo, mas eu tenho a fortaleza de S. Sebastião; afronto, não me curvo.

— Que orgulho!

— O que pode fazer dobrar uma altivez destas? A beleza? Nem Cleópatra. A castidade? Nem Susana. Resuma, se quiser, todas as qualidades em uma só criatura, e eu não mudarei... É isto e nada mais.

Emília levantou-se e dirigiu-se para o piano.

— Não aborrece a música? perguntou ela abrindo o piano.

— Adoro-a, respondeu o moço sem se mover; agora quanto aos executantes só gosto dos bons. Os maus dá-me ímpetos de enforcá-los.

Emília executou ao piano os prelúdios de uma sinfonia. Tito ouvia-a com a mais profunda atenção. Realmente a bela viúva tocava divinamente.

— Então, disse ela levantando-se, devo ser enforcada?

— Deve ser coroada. Toca perfeitamente.

— Outro ponto em que não é original. Toda a gente me diz isso.

— Ah! eu também não nego a luz do sol.

Neste momento entrou na sala a tia de Emília. Esta apresentou-lhe Tito. A conversa tomou então um tom pessoal e reservado; durou pouco, aliás, porque Tito, travando repentinamente do chapéu, declarou que tinha que fazer.

— Até quando?

— Até sempre.

Despediu-se e saiu.

Emília ainda o acompanhou com os olhos por algum tempo, da janela da casa. Mas Tito, como se o caso não fosse com ele, seguiu sem olhar para trás.

Mas, exatamente no momento em que Emília voltava para dentro, Tito encontrava o velho Diogo.

Diogo ia na direção da casa da viúva. Tinha um ar pensativo. Tão distraído ia que chegou quase a esbarrar com Tito.

— Onde vai tão distraído? perguntou Tito.

— Ah! é o senhor? Vem da casa de D. Emília?

— Venho.

— Eu para lá vou. Coitada! há de estar muito impaciente com a minha demora.

— Não está, não senhor, respondeu Tito com o maior sangue-frio.

Diogo lançou-lhe um olhar de despeito.

A isso seguiu-se um silêncio de alguns minutos, durante o qual Diogo brincava com a corrente do relógio, e Tito lançava ao ar novelos de fumaça de um primoroso havana. Um desses novelos foi desenrolar-se na cara de Diogo. O velho tossiu e disse a Tito:

— Apre lá, Sr. Tito! É demais!

— O quê, meu caro senhor? perguntou o rapaz.

— Até a fumaça!

— Foi sem reparar. Mas eu não compreendo as suas palavras...

— Eu me faço explicar, disse o velho tomando um ar risonho. Dê-me o seu braço...

— Pois não!

E os dois seguiram conversando como dois amigos velhos.

— Estou pronto a ouvir a sua explicação.

— Lá vai. Sabe o que eu quero? É que seja franco. Não ignora que eu suspiro aos pés da viúva. Peço-lhe que não discuta o fato, admita-o simplesmente. Até aqui tudo ia caminhando bem, quando o senhor chegou a Petrópolis.

— Mas...

— Ouça-me silenciosamente. Chegou o senhor a Petrópolis, e sem que eu lhe tivesse feito mal algum, entendeu de si para si que me havia de tirar do lance. Desde então começou a corte...

— Meu caro Sr. Diogo, tudo isso é uma fantasia. Eu não faço a corte a D. Emília, nem pretendo fazer-lha. Vê-me acaso freqüentar a casa dela?

— Acaba de sair de lá.

— É a primeira vez que a visito.

— Quem sabe?

— Demais, ainda ontem não ouviu em casa de Azevedo as expressões com que ela se despediu de mim? Não são de mulher que...

— Ah! isso não prova nada. As mulheres, e sobretudo aquela, nem sempre dizem o que sentem...

— Então acha que aquela sente alguma coisa por mim?...

— Se não fosse isso, não lhe falaria.

— Ah! ora eis aí uma novidade.

— Suspeito apenas. Ela só me fala do senhor; indaga-me vinte vezes por dia de sua pessoa, dos seus hábitos, do seu passado e das suas opiniões... Eu, como há de acreditar, respondo a tudo que não sei, mas vou criando um ódio ao senhor, do qual não me poderá jamais criminar.

— É culpa minha se ela gosta de mim? Ora, vá descansado, Sr. Diogo. Nem ela gosta de mim, nem eu gosto dela. Trabalhe desassombradamente e seja feliz.

— Feliz! se eu pudesse ser! Mas não... não creio; a felicidade não se fez para mim. Olhe, Sr. Tito, amo aquela mulher como se pode amar a vida. Um olhar dela vale mais para mim que um ano de glórias e de felicidade. É por ela que eu tenho deixado os meus negócios à toa. Não viu outro dia que uma carta me chegou às mãos, cuja leitura me fez entristecer? Perdi uma causa. Tudo por quê? por ela!

— Mas, ela não lhe dá esperanças?

— Eu sei o que é aquela moça! Ora trata-me de modo que eu vou ao sétimo céu; ora é tal a sua indiferença que me atira ao inferno. Hoje um sorriso, amanhã um gesto de desdém. Ralha-me de não visitá-la; vou visitá-la, ocupa-se tanto de mim como de Ganimedes; Ganimedes é o nome de um cãozinho felpudo que eu lhe dei. Importa-se tanto comigo como com o cachorro... É de propósito. É um enigma aquela moça.

— Pois não serei eu quem o decifre, Sr. Diogo. Desejo-lhe muita felicidade. Adeus.

E os dois separaram-se. Diogo seguiu para a casa de Emília, Tito para a casa de Azevedo.

Tito acabava de saber que a viúva pensava nele; todavia, isso não lhe dera o menor abalo. Por quê? É o que saberemos mais adiante. O que é preciso dizer desde já, é que as mesmas suspeitas despertadas no espírito de Diogo, tivera a mulher de Azevedo. A intimidade de Emília dava lugar a uma franca interrogação e a uma confissão franca. Adelaide, no dia seguinte àquele em que se passou a cena que referi acima, disse a Emília o que pensava.

A resposta da viúva foi uma risada.

— Não te compreendo, disse a mulher de Azevedo.

— É simples, disse a viúva. Julgas-me capaz de apaixonar-me pelo amigo de teu marido? Enganas-te. Não, eu não o amo. Somente, como te disse no dia em que o vi aqui pela primeira vez, empenho-me em tê-lo a meus pés. Se bem me recordo foste tu mesma quem me deu conselho. Aceitei-o. Hei de vingar o nosso sexo. É um pouco de vaidade minha, embora; mas eu creio que aquilo que nenhuma fez, fá-lo-ei eu.

— Ah! cruelzinha! É isso?

— Nem mais, nem menos.

— Achas possível?

— Por que não?

— Reflete que a derrota será dupla...

— Será, mas não há de haver.

Esta conversa foi interrompida por Azevedo. Um sinal de Emília fez calar Adelaide. Ficou convencionado que nem mesmo Azevedo saberia de coisa alguma. E, com efeito, Adelaide nada comunicou a seu marido.