A parasita azul VII - Machado de Assis
Difficulty: Medium    Uploaded: 8 years, 4 months ago by Santxiki     Last Activity: 4 years, 6 months ago
Fin
182 Units
100% Translated
100% Upvoted
El comendador no había perdido la idea de introducir a su hijo en la política. Ese mismo año había elecciones; el comendador escribió a las principales influencias de la provincia para que el joven ingresara a la respectiva asamblea. Camilo se enteró de la previsión de su padre; simplemente se encogió de hombros, decidido a no aceptar nada que no fuera la mano de Isabel. En vano su padre, el padre Maciel, el teniente coronel le mostraban un futuro espléndido, todo sembrado de altos cargos. Sólo una posición le satisfacía: casarse con la moza.

Ciertamente no era fácil: la determinación de Isabel parecía inquebrantable.

"Me amas, sin embargo", se dijo el joven; es medio camino ya hecho.

Y como su amor era más reciente que el de ella, Camilo comprendió que la forma de marcar la diferencia de edad era demostrar que aún podía compeler más,... siendo él, capaz de mayores sacrificios.

No escatimó esfuerzo en todo tipo de demostraciones. Afrontó lluvias y tormentas, para ir a verla todos los días; se hizo esclavo de sus más pequeños deseos. Si Isabel hubiera tenido la curiosidad infantil de ver la estrella del alba, es muy probable que él hubiera encontrado la manera de llevársela.

Al mismo tiempo, había dejado de importunarla con epístolas o palabras amorosas. La última que le dijo fue: —¡Esperaré!

En esta esperanza caminó durante muchas semanas, sin que su situación mejorara sensiblemente.

Alguna lectora menos exigente considerará singular la resolución de Isabel, aun después de saber que era amada. Yo también pienso así; pero no quiero alterar el carácter de la heroína, porque era tal como la presento en estas páginas. Comprendía que ser amada casualmente, por la única realidad de haber un joven que había regresado de París, mientras ella llevaba muchos años recordando y viviendo únicamente de un recuerdo, pienso, que eso la humillaba, y porque era inmensamente orgullosa, había decidido no casarse con él ni con otro. Sería absurdo; pero era así.

Cansado de acosar en vano el corazón de la joven, y por otro lado, convencido de que era necesario mostrar una de esas pasiones invencibles para ver si la convencía y modificaba su determinación, Camilo planeó un gran golpe.

Una mañana desapareció de la finca. Al principio nadie se inmutó por la ausencia del joven, porque solía dar largos paseos, cuando a veces se despertaba más temprano. Sin embargo, la ausencia comenzó a asustar a medida que pasaba el tiempo. Los emisarios salieron a todas partes y regresaron sin noticias del joven.

El padre estaba con mucho temor; la noticia del suceso se extendió por todas partes durante diez leguas a la redonda. Luego de cinco días de infructuosas investigaciones, se supo que un joven, con todas las apariencias de Camilo, había sido visto a caballo a media legua de la ciudad. Estaba solo y triste. Un tropero aseveró después haber visto a un joven junto a un barranco, pareciendo sondear con la mirada qué probabilidad de muerte le traería una caída.

El comendador comenzó a ofrecer grandes sumas de dinero a cualquiera que le diera noticias seguras de su hijo. Todos sus amigos enviaron gente a investigar los bosques y los campos, y en este trabajo inútil pasó una semana.

¿Será necesario decir el dolor que sufrió la bella Isabel cuando le contaron la desaparición de Camilo? La primera impresión aparentemente no fue ninguna; su rostro no reveló la tormenta que había estallado inmediatamente en su corazón. Diez minutos después, la tormenta subió a los ojos y se desbordó en un verdadero mar de lágrimas.

Fue entonces cuando el padre se dio cuenta de la pasión que tanto tiempo había incubado. Al ver aquella explosión no dudó que el amor de la hija pudiera llegar a ser funesto para ella. Su primera idea fue que el joven había desaparecido para escapar de una boda indispensable. Isabel le aseguró que, por el contrario, era ella quien se negaba a aceptar el amor de Camilo.

—¡Yo fui quien lo mató! exclamó la pobre muchacha.

El buen viejo no entendía muy bien cómo una chica enamorada de un joven y un joven enamorado de una chica, en lugar de caminar hacia el matrimonio, intentaron separarse el uno del otro. Recordó que su proceder había sido todo lo contrario, ni bien tuvo tuvo una primera cita.

Al cabo de una semana, el Dr. Matos fue buscado en su finca por nuestro conocido residente de la cabaña, quien llegó sin aliento y feliz.

—Está a salvo, dijo él.

—¡Salvado! exclamaron el padre y la hija.

—Es verdad, dijo Miguel (era el nombre del hombre); fui a buscarlo al fondo de un acantilado, casi sin vida, ayer por la tarde.

—¿Y por qué no viniste y nos lo dijiste? ... preguntó el anciano.

— Porque primero era necesario cuidarlo. Cuando volvió en sí, en esos días, quiso ir allí e intentarlo de nuevo, yo y mi mujer le impedimos hacer tal cosa. Todavía está un poco débil; por eso no vino conmigo.

El rostro de Isabel estaba radiante. Algunas lágrimas, pocas y silenciosas, aún le corrían por sus ojos; pero ya eran de alegría y no de tristeza.

Miguel se fue con la promesa de que el anciano iría a buscar al hijo del comendador.

— Ahora, Isabel, dijo el padre apenas se quedó sólo con ella, ¿Qué piensas hacer?

— ¡Lo que me ordenes, padre mío!

— Sólo ordenaré lo que te diga tu corazón. ¿Qué te dice él?

—Di... —¿Qué?

—Que si.

—Eso es lo que debería haber dicho hace mucho tiempo, porque... El anciano se detuvo.

¿Pero, si la causa de este suicidio es otra cosa? ella pensó. Preguntaré todo. Luego de que la noticia fue comunicada al comendador, pronto llegó a la casa del Dr. Matos, donde Camilo llegó poco después. El desdichado joven reflejaba en su rostro el dolor de haber escapado de la trágica muerte que había buscado; al menos, eso le dijo muchas veces en el camino, al padre de Isabel.

—¿Pero cuál fue la causa de esa resolución? le preguntó el doctor.

—La causa… murmuró Camilo, que esperaba la pregunta; no me atrevo a confesarla… —¿Es vergonzosa? preguntó el doctor con una sonrisa benévola.

— ¡Oh! no! ...

—- ¿Pero cuál es la causa?

— ¿Me perdona si se la digo?

— ¿Por qué no?

— No, no me atrevo,… dijo resuelto Camilo.

— Es inútil, porque ya lo sé.

— ¡Ah!

— Y perdono la causa, pero no perdono la resolución; el señor ha hecho una cosa de niño.

—¡Pero ella me desprecia!

—¡No,... lo ama!

Camilo hizo aquí un gesto de sorpresa perfectamente imitado, y acompañó al doctor hasta la casa, donde encontró al padre, quien no supo si mostrarse severo o satisfecho.

Camilo comprendió en cuanto entró, el efecto que su desastre había tenido en el corazón de Isabel.

—¡Pues claro! dijo el padre de Isabel. Ahora que lo hemos resucitado, debemos atarlo a la vida con una cadena fuerte.

Y sin esperar la formalidad de la costumbre ni atender a la etiqueta normal de la sociedad, el padre de Isabel le dijo al comendador que pensaba,... era imprescindible casar a sus hijos.

El comendador aún no se había recuperado de la sorpresa, de haber encontrado a su hijo cuando escuchó ese pensamiento y, si toda la tribu de los Xavante llegara a caer sobre él, armada con arco y flecha, no sentiría mayor asombro. Miraba alternativamente a todos los presentes, como preguntándoles la razón de un hecho que para todos era muy natural. Al final, le explicaron que la pasión de Camilo hacia Isabel, era la única causa del intento de suicidio ejecutado por su hijo. El comendador aprobó la elección del joven y llevó en su galantería a decir, que él habría hecho lo mismo si no hubiera contado con la voluntad de la muchacha.

—¿Será finalmente digno de tu amor? preguntó el médico a Isabel cuando estuvo a solas con ella.

—¡Oh! ¡Sí!... dijo ella. ¡Si muriese, yo también moriría!

Camilo se apresuró a decir que la Providencia lo había cuidado y, nunca supimos cómo llamó a la Providencia.

No pasó mucho tiempo antes de que se publicara el desenlace del trágico episodio en la ciudad y sus alrededores.

Tan pronto como Leandro Soares supo sobre el planeado matrimonio de Isabel y Camilo, literalmente se puso fuera de sí. Mil proyectos le vinieron a la mente, cada uno más sanguinario: en su opinión eran dos pérfidos que lo habían traicionado; debía tomarse una solemne venganza de ambos.

Ningún déspota ha soñado jamás con pruebas más terribles que las que Leandro Soares engendró en su imaginación escaldada. Dos días y dos noches pasó el pobre novio en estériles conjeturas. Al tercer día, decidió simplemente ir a buscar a su afortunado rival, arrojarle su villanía en la cara y asesinarlo después.

Se armó con un cuchillo y partió.

El feliz novio abandonó la finca, sin preocuparse por el destino que le aguardaba. Su imaginación ahora concebía una vida llena de dicha y deleites celestiales; la imagen de la niña le dio a todo lo que lo rodeaba un color poético. Estaba envuelto en estos ensueños cuando vio a su pretendido rival frente a él. Se había olvidado de él en medio de su felicidad; supuso algún peligro y se preparó para ello.

Leandro Soares, fiel al programa que se había impuesto, desató una letanía de insultos que el joven escuchó en silencio. Cuando Soares terminó y estaba a punto de poner en práctica el sangriento punto final, Camilo respondió: —entendí todo lo que me dijiste; te pido ahora que me escuches. Es verdad que me voy a casar con esta chica; pero también es verdad que ella no lo ama. ¿Cuál es nuestro crimen en este caso? Ahora, mientras albergas sentimientos de odio hacia mí, estaba pensando en tu felicidad.

—Ah! dijo Soares con ironía.

—Es verdad. Me dije a mí mismo que un hombre de sus habilidades no debería dedicarse eternamente a servir como un trampolín para los demás; y luego, como mi padre quería a la fuerza hacerme diputado provincial, le dije que aceptaría el puesto para dárselo a usted. Mi padre estuvo de acuerdo; pero tuve que vencer resistencias políticas e incluso ahora intento romper algunas. Un hombre que así procede, creo, merece un poco de estima y por lo menos no tanto odio.

No creo que el lenguaje humano tenga suficientes palabras enérgicas para pintar la indignación que se manifestó en el rostro de Leandro Soares. La sangre corrió a sus mejillas, mientras que sus ojos parecían despedir chispas de fuego. Sus labios temblaron como si estuvieran ensayando en silencio una elocuente maldición contra su feliz rival. Finalmente, el desafortunado pretendiente lo acometió en estos términos: —La acción que tomó ya era bastante infame; no necesitaba añadir el desprecio ... —¡El desprecio! interrumpió Camilo.

—¿Qué otro nombre le daré a lo que me acaba de decir? ¡Gran estima, de hecho, es lo suyo, que después de robarme la mayor, la única felicidad que podía tener, viene a ofrecerme una compensación política!

Camilo consiguió explicarle que no le estaba ofreciendo ninguna compensación; lo había pensado porque conocía las tendencias políticas de Soares y pensó que ello le sería agradable.

—Al mismo tiempo, concluyó gravemente el joven, me cautivó la idea de prestar un servicio a la provincia. Creía que en ningún caso, aunque me debiese costar la vida, propondría algo desfavorable para la provincia y el país. Quería servirles a los dos presentando su candidatura, y puede creer que mi opinión será la de todos.

—Pero hablaste de resistencia..." dijo Soares, fijando en su oponente una mirada inquisitoria.

—Resistencia, no por oposición personal, sino por conveniencia política, explicó Camilo. ¿Qué vale eso? Todo se basa en la razón y los verdaderos principios del partido que tiene el honor de tenerlo entre sus miembros.

Leandro Soares no quitaba los ojos de Camilo; en los labios le rondaba ahora una sonrisa irónica y llena de amenazas. Lo contempló aún algunos instantes sin decir palabra, hasta que de nuevo rompió el silencio.

—¿Qué haría el señor en mi caso?, preguntó él dando a su irónica sonrisa un aire verdaderamente lúgubre.

—Me negaba, respondió Camilo con impaciencia.

—¡Ah!

—Sí, me negaba, porque no tengo vocación política. No es lo mismo contigo, tienes vocación, y también, por así decirlo, el apoyo del partido en toda esta región.

—Tengo esa convicción, dijo Soares con orgullo.

—No es lo único: todos lo justifican.

Soares comenzó a caminar de un lado a otro. ¿Se agolparon terribles inspiraciones en su mente, o la humanidad exigió cierta moderación en el tipo de muerte que le daría a su rival? Pasaron cinco minutos. Al final de ellos, Soares se detuvo frente a Camilo y de repente le preguntó: —¿Me lo juras?

—¿Qué?

—¿Qué la hará feliz?

—Ya me lo he jurado a mí mismo; es mi deber más dulce.

—Sería mi deber si la suerte no se hubiera pronunciado contra mí; no importa; estoy dispuesto a todo.

—Créeme, sé cómo apreciar tu gran corazón", dijo Camilo, extendiendo la mano.

—Quizás. Lo que no sabes, lo que no conoces, es la tormenta que permanece en mi alma, el inmenso dolor que me acompañará hasta la muerte. Amores como estos van hasta la tumba.

Se detuvo y negó con la cabeza, como si quisiera expulsar una idea siniestra.

—¿Cuál es tu pensamiento?, preguntó Camilo al ver el gesto de Soares.

—Descansa, respondió este último; no tengo ningún proyecto. Me resignaré a la suerte: y si acepto esta candidatura política que me ofrecen, es sólo para ahogar en ella el dolor que asfixia mi corazón.

No sé si este remedio electoral se utilizará para todos los casos de dolencia amorosa. En el corazón de Soares se produjo una sana crisis, que se resolvió a favor del paciente.

Los lectores adivinan bien que Camilo no había dicho nada a favor de Soares; pero se apresuró a hacerlo, y su padre con él, y al final fue posible que Leandro Soares fuera incluido en una boleta y presentado a los votantes en la próxima campaña. Los opositores del joven, conscientes de las circunstancias en las que se le ofreció la candidatura, no dejaron de decir en todos los tonos que había vendido su primogenitura por un plato de lentejas.

El hijo del Comendador llevaba casado un año, cuando un viajero francés apareció en su finca. Llevaba cartas de recomendación de uno de sus profesores en París. Camilo lo recibió con alegría y le pidió noticias de Francia, que todavía amaba, dijo, como su patria intelectual. El viajero le contó muchas cosas y finalmente sacó un fajo de periódicos de su maleta.

Era El Figaro.

—El Figaro! exclamó Camilo, lanzándose hacia los periódicos.

Eran atrasados, pero eran parisinos. Le recordaban la vida que había tenido durante muchos años, y como no tenía deseos de cambiar su vida actual por aquella, siempre existía una curiosidad natural por despertar recuerdos de otra época.

En el cuarto o quinto periódico que abrió, se encontró con una noticia que leyó con consternación.

Decía así : Una célebre Leontina Caveau, que decía ser la viuda de un cierto príncipe Alexis, un súbdito del zar, fue llevada ayer a prisión. La hermosa dama (¡ella era hermosa!), no contenta con engañar a unos jóvenes desprevenidos, se apropió de todas las joyas de una de sus vecinas, mademoiselle B... La víctima del robo se quejó a tiempo, para impedir la fuga de la pretendida princesa.

Camilo acababa de leer esta noticia por cuarta vez, cuando Isabel entró en la habitación.

— ¿Extrañas París? preguntó ella al verlo tan concentrado en leer el periódico francés.

—No, dijo el marido, poniendo el brazo alrededor de su cintura; te estaba extrañando a ti.
unit 1
O comendador não perdera a idéia de meter o filho na política.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 12 months ago
unit 5
Uma só posição o contentava: casar com a moça.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 12 months ago
unit 6
Não era fácil, decerto: a resolução de Isabel parecia inabalável.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 12 months ago
unit 7
"Ama-me, porém", dizia o rapaz consigo; —é meio caminho andado”.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 12 months ago
unit 9
Não poupou manifestações de toda a sorte.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 12 months ago
unit 10
Chuvas e temporais arrostou para ir vê-la todos os dias; fez-se escravo dos seus menores desejos.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 12 months ago
unit 12
Ao mesmo tempo cessara de a importunar com epístolas ou palavras amorosas.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 11 months ago
unit 13
A última que lhe disse foi: — Esperarei!
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 11 months ago
unit 14
Nesta esperança andou ele muitas semanas, sem que a sua situação melhorasse sensivelmente.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 11 months ago
unit 18
Será absurdo; mas era assim.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 9 months ago
unit 20
Um dia de manhã desapareceu da fazenda.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 9 months ago
unit 22
A coisa porém começou a assustar à proporção que o tempo ia passando.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 9 months ago
unit 23
Saíram emissários para todas as partes, e voltaram sem dar novas do rapaz.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 9 months ago
unit 24
O pai estava aterrado; a notícia do acontecimento correu por toda a parte em dez léguas ao redor.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 9 months ago
unit 26
Ia só e triste.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 9 months ago
unit 28
O comendador entrou a oferecer grossas quantias a quem lhe desse notícia segura do filho.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 9 months ago
unit 32
Dez minutos depois a tempestade subiu aos olhos e transbordou num verdadeiro mar de lágrimas.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 9 months ago
unit 33
Foi então que o pai teve conhecimento da paixão tão longo tempo incubada.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 9 months ago
unit 34
Ao ver aquela explosão não duvidou que o amor da filha pudesse vir a ser-lhe funesto.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 9 months ago
unit 35
Sua primeira idéia foi que o rapaz desaparecera para fugir a um enlace indispensável.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 36
unit 37
— Fui eu que o matei!
2 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 38
exclamava a pobre moça.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 40
Lembrou-se que o seu procedimento fora justamente o contrário, logo que travou o primeiro namoro.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 42
— Está salvo disse ele.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 43
— Salvo!
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 44
exclamaram o pai e a filha.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 46
— E por que não vieste dizer-nos?...
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 47
perguntou o velho.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 48
— Porque era preciso cuidar dele em primeiro lugar.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 50
Está ainda um pouco fraco; por isso não veio comigo.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 51
O rosto de Isabel estava radiante.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 53
Miguel saiu com a promessa de que o velho iria lá buscar o filho do comendador.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 54
— Agora, Isabel, disse o pai apenas ficou só com ela, que pretendes fazer?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 55
— O que me ordenar, meu pai!
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 56
— Eu só ordenarei o que te disser o coração.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 57
Que te diz ele?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 58
— Diz... — O quê?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 59
— Que sim.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 60
— É o que devia ter dito há muito tempo, porque... O velho estacou.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 61
“Mas se a causa deste suicídio for outra?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 62
pensou ele.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 65
— Mas a causa dessa resolução?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 66
perguntou-lhe o doutor.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 67
unit 68
perguntou o velho com um sorriso benévolo.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 69
— Oh!
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 70
não!...
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 71
— Mas que causa é?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 72
— Perdoa-me, se eu lha disser?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 73
— Por que não?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 74
— Não, não ouso... disse resolutamente Camilo.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 75
— É inútil, porque eu já sei.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 76
— Ah!
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 77
— E perdôo a causa, mas não lhe perdôo a resolução; o senhor fez uma coisa de criança.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 78
— Mas ela despreza-me!
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 79
— Não... ama-o!
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 81
Camilo compreendeu logo ao entrar o efeito que o seu desastre causara no coração de Isabel.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 82
— Ora pois!
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 83
disse o pai da moça.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 84
Agora que o ressuscitamos é preciso prendê-lo à vida com uma cadeia forte.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 8 months ago
unit 88
unit 90
— Serei enfim digno do seu amor?
2 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 91
perguntou o médico a Isabel quando se achou só com ela.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 92
— Oh!
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 93
sim!...
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 94
disse ela.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 95
Se morresse, eu morreria também!
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 97
Não tardou que o desenlace do episódio trágico fosse publicado na cidade e seus arredores.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 98
unit 101
Dois dias e duas noites passou o pobre namorado em conjecturas estéreis.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 103
Muniu-se de uma faca e partiu.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 104
Saía da fazenda o feliz noivo, descuidado da sorte que o esperava.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 106
Ia todo engolfado nestes devaneios quando viu em frente de si o preterido rival.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 107
Esquecera-se dele no meio da sua felicidade; compreendeu o perigo e preparou-se para ele.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 110
É verdade que vou casar com essa moça; mas também é verdade que ela o não ama.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 111
Qual é o nosso crime neste caso?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 112
Ora, ao passo que o senhor nutre a meu respeito sentimentos de ódio, eu pensava na sua felicidade.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 113
— Ah!
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 114
disse Soares com ironia.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 115
— É verdade.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 117
unit 118
unit 120
O sangue subiu-lhe todo às faces, enquanto os olhos pareciam despedir chispas de fogo.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 121
Os lábios trêmulos como que ensaiavam baixinho uma imprecação eloqüente contra o feliz rival.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 123
interrompeu Camilo.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 124
— Que outro nome darei eu ao que me acaba de dizer?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 130
unit 131
— Resistências, não por oposição pessoal, mas por conveniências políticas, explicou Camilo.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 132
Que vale isso?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 135
Contemplou-o ainda alguns instantes sem dizer palavra, até que de novo rompeu o silêncio.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 136
— Que faria o senhor no meu caso?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 137
perguntou ele dando ao seu irônico sorriso um ar verdadeiramente lúgubre.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 138
— Eu recusava, respondeu afoitamente Camilo.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 139
— Ah!
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 140
— Sim, recusava, porque não tenho vocação política.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 142
— Tenho essa convicção, disse Soares com orgulho.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 143
— Não é o único: todos lhe fazem justiça.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 144
Soares entrou a passear de um lado para outro.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 146
Decorreram cinco minutos.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 147
Ao cabo deles, Soares parou em frente de Camilo e ex abrupto lhe perguntou: — Jura-me uma coisa?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 148
— O quê?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 149
— Que a fará feliz?
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 4 years, 6 months ago
unit 150
— Já o jurei a mim mesmo; é o meu mais doce dever.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 7 months ago
unit 152
— Creia que eu sei avaliar o seu grande coração, disse Camilo estendendo-lhe a mão.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 6 months ago
unit 153
— Talvez.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 6 months ago
unit 155
Amores destes vão até a sepultura.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 6 months ago
unit 156
Parou e sacudiu a cabeça, como para expelir uma idéia sinistra.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 6 months ago
unit 157
— Que pensamento é o seu?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 6 months ago
unit 158
perguntou Camilo vendo o gesto de Soares.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 6 months ago
unit 159
— Descanse, respondeu este; não tenho projeto nenhum.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 6 months ago
unit 161
Não sei se este remédio eleitoral servirá para todos os casos de doença amorosa.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 6 months ago
unit 162
No coração de Soares produziu uma crise salutar, que se resolveu em favor do doente.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 6 months ago
unit 166
Levava cartas de recomendação de um dos seus professores de Paris.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 6 months ago
unit 168
O viajante disse-lhe muitas coisas, e sacou por fim da mala um maço de jornais.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 6 months ago
unit 169
Era o Figaro.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 6 months ago
unit 170
— O Figaro!
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 6 months ago
unit 171
exclamou Camilo, lançando-se aos jornais.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 6 months ago
unit 172
Eram atrasados, mas eram parisienses.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 6 months ago
unit 174
No quarto ou quinto número que abriu deparou-se-lhe uma notícia que ele leu com espanto.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 6 months ago
unit 176
A bela dama (era bela!)
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 6 months ago
unit 177
unit 178
B... A roubada queixou-se a tempo de impedir a fuga da pretendida princesa.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 6 months ago
unit 179
Camilo acabava de ler pela quarta vez esta notícia, quando Isabel entrou na sala.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 6 months ago
unit 180
— Estás com saudades de Paris?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 6 months ago
unit 181
perguntou ela vendo-o tão atento a ler o jornal francês.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 6 months ago
unit 182
— Não, disse o marido, passando-lhe o braço à roda da cintura; estava com saudades de ti.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 4 years, 6 months ago

O comendador não perdera a idéia de meter o filho na política. Justamente nesse ano havia eleição; o comendador escreveu às principais influências da província para que o rapaz entrasse na respectiva assembléia. Camilo teve notícia desta premeditação do pai; limitou-se a erguer os ombros, resolvido a não aceitar coisa nenhuma se não fosse a mão de Isabel. Em vão o pai, o Padre Maciel, o tenente-coronel lhe mostravam um futuro esplêndido e todo semeado de altas posições. Uma só posição o contentava: casar com a moça.

Não era fácil, decerto: a resolução de Isabel parecia inabalável.

"Ama-me, porém", dizia o rapaz consigo; —é meio caminho andado”.

E como o seu amor era mais recente que o dela, compreendeu Camilo que o meio de ganhar a diferença da idade, era mostrar que o tinha mais violento e capaz de maiores sacrifícios.

Não poupou manifestações de toda a sorte. Chuvas e temporais arrostou para ir vê-la todos os dias; fez-se escravo dos seus menores desejos. Se Isabel tivesse a curiosidade infantil de ver na mão a estrela d’alva, é muito provável que ele achasse meio de lha trazer.

Ao mesmo tempo cessara de a importunar com epístolas ou palavras amorosas. A última que lhe disse foi:

— Esperarei!

Nesta esperança andou ele muitas semanas, sem que a sua situação melhorasse sensivelmente.

Alguma leitora menos exigente há de achar singular a resolução de Isabel, ainda depois de saber que era amada. Também eu penso assim; mas não quero alterar o caráter da heroína, porque ela era tal qual a apresento nestas páginas. Entendia que ser amada casualmente, pela única razão de ter o moço voltado de Paris, enquanto ela gastara largos anos a lembrar-se dele e a viver unicamente dessa recordação, entendia, digo eu, que isto a humilhava, e porque era imensamente orgulhosa, resolvera não casar com ele nem com outro. Será absurdo; mas era assim.

Fatigado de assediar inutilmente o coração da moça, e por outro lado, convencido de que era necessário mostrar uma dessas paixões invencíveis a ver se a convencia e lhe quebrava a resolução, planeou Camilo um grande golpe.

Um dia de manhã desapareceu da fazenda. A princípio ninguém se abalou com a ausência do moço, porque ele costumava dar longos passeios, quando porventura acordava mais cedo. A coisa porém começou a assustar à proporção que o tempo ia passando. Saíram emissários para todas as partes, e voltaram sem dar novas do rapaz.

O pai estava aterrado; a notícia do acontecimento correu por toda a parte em dez léguas ao redor. No fim de cinco dias de infrutíferas pesquisas soube-se que um moço, com todos os sinais de Camilo, fora visto a meia légua da cidade, a cavalo. Ia só e triste. Um tropeiro asseverou depois ter visto um moço junto de uma ribanceira, parecendo sondar com o olhar que probabilidade de morte lhe traria uma queda.

O comendador entrou a oferecer grossas quantias a quem lhe desse notícia segura do filho. Todos os seus amigos despacharam gente a investigar as matas e os campos, e nesta inútil labutação correu uma semana.

Será necessário dizer a dor que sofreu a formosa Isabel quando lhe foram dar notícia do desaparecimento de Camilo? A primeira impressão foi aparentemente nenhuma; o rosto não revelou a tempestade que imediatamente rebentara no coração. Dez minutos depois a tempestade subiu aos olhos e transbordou num verdadeiro mar de lágrimas.

Foi então que o pai teve conhecimento da paixão tão longo tempo incubada. Ao ver aquela explosão não duvidou que o amor da filha pudesse vir a ser-lhe funesto. Sua primeira idéia foi que o rapaz desaparecera para fugir a um enlace indispensável. Isabel tranqüilizou- o dizendo que, pelo contrário, era ela quem se negara a aceitar o amor de Camilo.

— Fui eu que o matei! exclamava a pobre moça.

O bom velho não compreendeu muito como é que uma moça apaixonada por um mancebo, e um mancebo apaixonado por uma moça, em vez de caminharem para o casamento, tratassem de se separar um do outro. Lembrou-se que o seu procedimento fora justamente o contrário, logo que travou o primeiro namoro.

No fim de uma semana foi o Dr. Matos procurado na sua fazenda pelo nosso já conhecido morador da cabana, que ali chegou ofegante e alegre.

— Está salvo disse ele.

— Salvo! exclamaram o pai e a filha.

— É verdade, disse Miguel (era o nome do homem); fui encontrá-lo no fundo de uma ribanceira, quase sem vida, ontem de tarde.

— E por que não vieste dizer-nos?... perguntou o velho.

— Porque era preciso cuidar dele em primeiro lugar. Quando voltou a si quis ir outra vez tentar contra os seus dias; eu e minha mulher impedimo-lo de fazer tal. Está ainda um pouco fraco; por isso não veio comigo.

O rosto de Isabel estava radiante. Algumas lágrimas, poucas e silenciosas, ainda lhe correram dos olhos; mas eram já de alegria e não de mágoa.

Miguel saiu com a promessa de que o velho iria lá buscar o filho do comendador.

— Agora, Isabel, disse o pai apenas ficou só com ela, que pretendes fazer?

— O que me ordenar, meu pai!

— Eu só ordenarei o que te disser o coração. Que te diz ele?

— Diz...

— O quê?

— Que sim.

— É o que devia ter dito há muito tempo, porque...

O velho estacou.

“Mas se a causa deste suicídio for outra? pensou ele. Indagarei tudo.”

Comunicada a notícia ao comendador, não tardou que este se apresentasse em casa do Dr. Matos, onde pouco depois chegou Camilo. O mísero rapaz trazia escrita no rosto a dor de haver escapado à morte trágica que procurara; pelo menos, assim o disse muitas vezes em caminho, ao pai de Isabel.

— Mas a causa dessa resolução? perguntou-lhe o doutor.

— A causa... balbuciou Camilo que espreitava a pergunta; não ouso confessá-la...

— É vergonhosa? perguntou o velho com um sorriso benévolo.

— Oh! não!...

— Mas que causa é?

— Perdoa-me, se eu lha disser?

— Por que não?

— Não, não ouso... disse resolutamente Camilo.

— É inútil, porque eu já sei.

— Ah!

— E perdôo a causa, mas não lhe perdôo a resolução; o senhor fez uma coisa de criança.

— Mas ela despreza-me!

— Não... ama-o!

Camilo fez aqui um gesto de surpresa perfeitamente imitado, e acompanhou o velho até a casa, onde encontrou o pai, que não sabia se devia mostrar-se severo ou satisfeito.

Camilo compreendeu logo ao entrar o efeito que o seu desastre causara no coração de Isabel.

— Ora pois! disse o pai da moça. Agora que o ressuscitamos é preciso prendê-lo à vida com uma cadeia forte.

E sem esperar a formalidade do costume nem atender às etiquetas normais da sociedade, o pai de Isabel deu ao comendador a novidade de que era indispensável casar os filhos.

O comendador ainda não voltara a si da surpresa de ter encontrado o filho, quando ouviu esta notícia; e se toda a tribo dos Xavantes viesse cair em cima dele armada de arco e flecha não sentiria espanto maior. Olhou alternadamente para todos os circunstantes como se lhes pedisse a razão de um fato aliás mui natural. Afinal explicaram-lhe a paixão de Camilo e Isabel, causa única do suicídio meio executado pelo filho. O comendador aprovou a escolha do rapaz, e levou a sua galanteria a dizer que no caso dele teria feito o mesmo, se não contasse com a vontade da moça.

— Serei enfim digno do seu amor? perguntou o médico a Isabel quando se achou só com ela.

— Oh! sim!... disse ela. Se morresse, eu morreria também!

Camilo apressou-se a dizer que a Providência velara por ele; e não se soube nunca o que é que ele chamava Providência.

Não tardou que o desenlace do episódio trágico fosse publicado na cidade e seus arredores.

Apenas Leandro Soares soube do casamento projetado entre Isabel e Camilo ficou literalmente fora de si. Mil projetos lhe acudiram à mente, cada qual mais sanguinário: em sua opinião eram dois pérfidos que o haviam traído; cumpria tirar uma solene desforra de ambos.

Nenhum déspota sonhou nunca mais terríveis suplícios do que os que Leandro Soares engendrou na sua escaldada imaginação. Dois dias e duas noites passou o pobre namorado em conjecturas estéreis. No terceiro dia resolveu ir simplesmente procurar o venturoso rival, lançar-lhe em rosto a sua vilania e assassiná-lo depois.

Muniu-se de uma faca e partiu.

Saía da fazenda o feliz noivo, descuidado da sorte que o esperava. Sua imaginação ideava agora uma vida cheia de bem-aventurança e deleites celestes; a imagem da moça dava a tudo o que o rodeava uma cor poética. Ia todo engolfado nestes devaneios quando viu em frente de si o preterido rival. Esquecera-se dele no meio da sua felicidade; compreendeu o perigo e preparou-se para ele.

Leandro Soares, fiel ao programa que se havia imposto desfiou um rosário de impropérios que o médico ouviu calado. Quando Soares acabou e ia dar à prática o ponto final sanguinolento, Camilo respondeu:

— Atendi a tudo o que me disse; peço-lhe agora que me ouça. É verdade que vou casar com essa moça; mas também é verdade que ela o não ama. Qual é o nosso crime neste caso? Ora, ao passo que o senhor nutre a meu respeito sentimentos de ódio, eu pensava na sua felicidade.

— Ah! disse Soares com ironia.

— É verdade. Disse comigo que um homem das suas aptidões não devia estar eternamente dedicado a servir de degrau aos outros; e então, como meu pai quer à força fazer-me deputado provincial, disse-lhe que aceitava o lugar para o dar ao senhor. Meu pai concordou; mas eu tive de vencer resistências políticas e ainda agora trato de quebrar algumas. Um homem que assim procede creio que lhe merece alguma estima, — pelo menos não lhe merece tanto ódio.

Não creio que a língua humana possua palavras assaz enérgicas para pintar a indignação que se manifestou no rosto de Leandro Soares. O sangue subiu-lhe todo às faces, enquanto os olhos pareciam despedir chispas de fogo. Os lábios trêmulos como que ensaiavam baixinho uma imprecação eloqüente contra o feliz rival. Enfim, o pretendente infeliz rompeu nestes termos:

— A ação que o senhor praticou era já bastante infame; não precisava juntar-lhe o escárnio...

— O escárnio! interrompeu Camilo.

— Que outro nome darei eu ao que me acaba de dizer? Grande estima, na verdade, é a sua, que depois de me roubar a maior, a única felicidade que eu podia ter, vem oferecer-me uma compensação política!

Camilo conseguiu explicar que não lhe oferecia nenhuma compensação; pensara naquilo por conhecer as tendências políticas de Soares e julgar que deste modo lhe seria agradável.

— Ao mesmo tempo, concluiu gravemente o noivo, fui levado pela idéia de prestar um serviço à província. Creia que em nenhum caso, ainda que me devesse custar a vida, proporia coisa desvantajosa à província e ao país. Eu cuidava servir a ambos apresentando a sua candidatura, e pode crer que a minha opinião será a de todos.

— Mas o senhor falou de resistências... disse Soares cravando no adversário um olhar inquisitorial.

— Resistências, não por oposição pessoal, mas por conveniências políticas, explicou Camilo. Que vale isso? Tudo se desfaz com a razão e os verdadeiros princípios do partido que tem a honra de o possuir entre seus membros.

Leandro Soares não tirava os olhos de Camilo; nos lábios pairava-lhe agora um sorriso irônico e cheio de ameaças. Contemplou-o ainda alguns instantes sem dizer palavra, até que de novo rompeu o silêncio.

— Que faria o senhor no meu caso? perguntou ele dando ao seu irônico sorriso um ar verdadeiramente lúgubre.

— Eu recusava, respondeu afoitamente Camilo.

— Ah!

— Sim, recusava, porque não tenho vocação política. Não acontece o mesmo com o senhor, que a tem, e é por assim dizer o apoio do partido em toda esta comarca.

— Tenho essa convicção, disse Soares com orgulho.

— Não é o único: todos lhe fazem justiça.

Soares entrou a passear de um lado para outro. Esvoaçavam-lhe na mente terríveis inspirações, ou a humanidade reclamava alguma moderação no gênero de morte que daria ao rival? Decorreram cinco minutos. Ao cabo deles, Soares parou em frente de Camilo e ex abrupto lhe perguntou:

— Jura-me uma coisa?

— O quê?

— Que a fará feliz?

— Já o jurei a mim mesmo; é o meu mais doce dever.

— Seria meu esse dever se a sorte se não houvesse pronunciado contra mim; não importa; estou disposto a tudo.

— Creia que eu sei avaliar o seu grande coração, disse Camilo estendendo-lhe a mão.

— Talvez. O que não sabe, o que não conhece, é a tempestade que me fica na alma, a dor imensa que me há de acompanhar até a morte. Amores destes vão até a sepultura.

Parou e sacudiu a cabeça, como para expelir uma idéia sinistra.

— Que pensamento é o seu? perguntou Camilo vendo o gesto de Soares.

— Descanse, respondeu este; não tenho projeto nenhum. Resignar-me-ei à sorte: e se aceito essa candidatura política que me oferece é unicamente para afogar nela a dor que me abafa o coração.

Não sei se este remédio eleitoral servirá para todos os casos de doença amorosa. No coração de Soares produziu uma crise salutar, que se resolveu em favor do doente.

Os leitores adivinham bem que Camilo nada havia dito em favor de Soares; mas empenhou-se logo nesse sentido, e o pai com ele, e afinal conseguiu-se que Leandro Soares fosse incluído numa chapa e apresentado aos eleitores na próxima campanha. Os adversários do rapaz, sabedores das circunstâncias em que lhe foi oferecida a candidatura, não deixaram de dizer em todos os tons que ele vendera o direito de primogenitura por um prato de lentilhas.

Havia já um ano que o filho do comendador estava casado, quando apareceu na sua fazenda um viajante francês. Levava cartas de recomendação de um dos seus professores de Paris. Camilo recebeu-o alegremente e pediu-lhe notícias da França, que ele ainda amava, dizia, como a sua pátria intelectual. O viajante disse-lhe muitas coisas, e sacou por fim da mala um maço de jornais.

Era o Figaro.

— O Figaro! exclamou Camilo, lançando-se aos jornais.

Eram atrasados, mas eram parisienses. Lembravam-lhe a vida que ele tivera durante longos anos, e posto nenhum desejo sentisse de trocar por ela a vida atual, havia sempre uma natural curiosidade em despertar recordações de outro tempo.

No quarto ou quinto número que abriu deparou-se-lhe uma notícia que ele leu com espanto.

Dizia assim:

Uma célebre Leontina Caveau, que se dizia viúva de um tal príncipe Alexis, súdito do tzar, foi ontem recolhida à prisão. A bela dama (era bela!) não contente de iludir alguns moços incautos, alapardou-se com todas as jóias de uma sua vizinha, Mlle. B... A roubada queixou-se a tempo de impedir a fuga da pretendida princesa.

Camilo acabava de ler pela quarta vez esta notícia, quando Isabel entrou na sala.

— Estás com saudades de Paris? perguntou ela vendo-o tão atento a ler o jornal francês.

— Não, disse o marido, passando-lhe o braço à roda da cintura; estava com saudades de ti.