A parasita azul II. Machado de Assis
Difficulty: Medium    Uploaded: 8 years, 6 months ago by Santxiki     Last Activity: 7 years, 1 month ago
Fin
143 Units
100% Translated
100% Upvoted
CAPÍTULO II. PARA GOIÁS. Al cabo de unos días, seguían ambos para Santos, de allí para São Paulo y tomaban la carretera de Goiás.
Soares, a medida que iba recuperando la antigua amistad con el hijo del comendador, le contaba las memorias de su vida, durante los ocho años de separación y, a falta de mejor cosa, esto era lo que entretenía al médico en las ocasiones y lugares en que la naturaleza no le ofrecía algún espectáculo de los suyos. Al cabo de unas cuantas leguas de marcha Camillo estaba informado de las disputas electorales de Soares, de sus aventuras de caza, de sus proezas amorosas y de muchas cosas más, unas serias, otras fútiles, que Soares narraba con igual entusiasmo e interés.
Camillo no era de mente observadora; pero el alma de Soares le andaba tan patente en las manos que era imposible dejar de verla y examinarla. No le pareció mal muchacho, sin embargo, notó en él cierta fanfarronería, en todo género de cosas, en la política, en la caza, en el juego e incluso en los amores. En este último capítulo había un párrafo serio; era lo que decía respecto a una joven que él amaba locamente, de tal forma que prometía aniquilar a quienquiera que osase elevar los ojos hacia ella.
—Es lo que le digo, Camillo, confesaba el hijo del comerciante, si alguien tuviera el atrevimiento de pretender a esa joven puede contar que en el mundo hay dos desgraciados más, él y yo.
Felizmente, no ha de suceder tal cosa, allí todos me conocen; saben que no pierdo el tiempo para llevar a cabo lo que prometo. Hace pocos meses el mayor Valente perdió la elección solo porque tuvo el atrevimiento de decir que iba a conseguir la dimisión del juez municipal. No consiguió la dimisión y, como castigo, llevó lo suyo; salió en la lista de los suplentes. Quien le dio el golpe fui yo. La cosa fue... —Pero ¿por qué no se casa con esa joven? preguntó Camillo, desviando cuidadosamente la narración de la última victoria electoral de Soares.
—No me caso porque... ¿tiene gran curiosidad por saberlo?
—Curiosidad... de amigo y nada más.
—No me caso porque ella no quiere.
Camillo frenó al caballo.
—¿No quiere? dijo sorprendido. Entonces, ¿por qué motivo pretende impedir que ella...? —Esa es una historia muy larga. A Isabel... – ¿Isabel?... interrumpió Camillo. Ahora, espere, ¿será la hija del Dr. Matos, que fue juez de derecho hace diez años?
– Ella misma.
– ¡Debe estar hecha una moza!
– Tiene sus veinte años bien cumplidos.
– Recuerdo que era muy bonita a los doce – ¡Oh! cambió mucho... ¡para mejor! Nadie la ve que no vuelva la cabeza al momento.
Ya ha rechazado unos cuantos matrimonios. El último novio rechazado fui yo. La causa por la que se me rechazó me la dijo ella misma.
– ¿Y qué causa era?
– "Mira, Sr. Soares, me dijo ella. Usted se merece bien que una joven lo acepte por marido; yo sería capaz de ello, pero no lo hago porque nunca seríamos felices". – ¿Qué más?
– Nada más. Sólo me respondió esto que le acabo de contar.
– ¿Nunca más hablaron?
– Al contrario, hablamos muchas veces. No cambió conmigo; me trata como antes. Si no fuera por aquellas palabras que me dijo, y que aún me duelen aquí adentro, yo podría tener esperanzas. Veo, sin embargo, que serían inútiles; no le gusto.
– ¿Quiere que le diga una cosa con franqueza?
– Dígala.
– Me parece un gran egoísta.
– Puede ser; pero soy así. Tengo celos de todo, hasta de lo que respira. Si yo viera que le gusta otro y no pudiera impedir la boda, me mudaría a otro lugar. Lo que me vale es el convencimiento que tengo de que a ella no le va a gustar nunca otro, y así piensan todos los demás.
– No es de admirar que no sepa amar, reflexionó Camilo, poniendo los ojos en el horizonte como si estuviese allí la imagen de la hermosa súbdita del zar. No todas habían recibido del cielo ese don que es el verdadero distintivo de las mentes selectas. Sin embargo, existen algunas que saben dar la vida y el alma a un ser querido que les llena el corazón de profundos afectos y, de este modo, rinden justicia a una perpetua adoración. Son raras, soy consciente, las mujeres de esta casta; pero existen... Camillo terminó este homenaje a la dama de sus pensamientos abriendo las alas a un suspiro que si no llegó a su destino, no fue por culpa del autor. El compañero no comprendió la intención del discurso, insistió en decir que la hermosa goiana estaba lejos de que nadie le gustase y él más lejos todavía de consentirlo.
El tema era del agrado de los dos coprovincianos; hablaron de ello largamente hasta la llegada de la tarde. Poco después llegaron a un apeadero donde debían pernoctar.
Librados los animales de la carga, los criados cuidaron en primer lugar del café y luego de la cena.
En esas ocasiones a nuestro héroe aún le zaherían más las nostalgias de París. ¡Qué diferencia entre sus cenas de los restaurantes de los boulevards y aquella comida ligera y tosca, en una miserable posada de carretera, sin las exquisiteces de la cocina francesa, sin la lectura del Figaro o de la Gazette des Tribunaux!
Camilo suspiraba para sus adentros y, en esos momentos, aún se volvía menos comunicativo. No se perdía nada porque su compañero hablaba por los dos.
Finalizada la comida, Camilo encendió un puro y Soares un cigarro de paja. Ya era de noche. La hoguera de la cena iluminaba un pequeño espacio alrededor; pero no era precisa, porque la luna comenzaba a salir detrás de un cerro, pálida y luminosa, jugando con las hojas del arbolado y en las aguas tranquilas del río que serpenteaba allí al lado.
Uno de los arrieros saco la guitarra y comenzó a canturrear una cantinela que a cualquier otro le encantaría por la ruda sencillez de los versos y de la tonada, pero que al hijo del comendador a penas le hizo recordar con tristeza las veladas de la Ópera. Le recordó más; le recordó una noche en la que la bella moscovita,cómodamente sentada en un palco de los Italianos, dejaba de escuchar las ternuras del tenor, para contemplarlo de lejos, olisqueando un ramito de violetas.
Soares tendió la hamaca y se durmió.
El arriero dejó de cantar y al cabo de poco tiempo, todo estaba silencioso en la posada.
Camillo quedó solitario ante la noche que era realmente hermosa y solemne. Al joven goiano no le faltaba el gusto por lo bello y la casi novedad de aquel espectáculo, que una larga ausencia le había hecho olvidar, no dejaba de impresionarlo inmensamente.
De cuando en cuando llegaban a sus oídos aullidos lejanos de alguna fiera que vagaba en solitario. Otras veces eran aves nocturnas que soltaban alrededor sus trinos tristones. Los grillos y también las ranas y los sapos formaban el coro de aquella ópera dela selva que nuestro héroe seguramente admiraba, pero ante la cual prefería indudablemente la ópera cómica.
Así estuvo largo tiempo, cerca de dos horas, dejando vagar su imaginación al sabor de las añoranzas y levantando y deshaciendo mil castillos en el aire. De pronto, fue llamado por la voz de Soares que parecía víctima de una pesadilla. Puso atención y oyó y escuchó estas palabras sueltas y reprimidas que su compañero murmuraba: —Isabel... querida Isabel... ¿Qué es eso? ¡Ah! ¡Dios mío! ¡Vengan!
Las últimas sílabas eran aún más afligidas que las primeras. Camillo corrió al compañero y lo sacudió con fuerza. Soares se despertó sorprendido, se sentó,miró al rededor y susurró: —¿Qué pasa?
—Una pesadilla.
—Sí, fue una pesadilla. ¡Gracias a Dios! ¿Qué hora es?
—Todavía es de noche.
—¿Ya se ha levantado?
—Ahora es cuando me voy a acostar. Durmamos que ya es hora.
—Mañana le contaré el sueño.
Al día siguiente, en efecto, después de las primeras veinte brazas de marcha, relató Soares el terrible sueño de la víspera.
– Estaba al pie de un río, dijo, con la escopeta en la mano, espiando las capibaras.
Miro casualmente para el barranco que quedaba muy por encima, al lado opuesto, y veo una joven montada en un caballo negro y con los cabellos, que también eran negros, caídos sobre los hombros... – Estaba todo en la oscuridad, interrumpió Camillo.
– Espere; me admiré de ver allí, y de aquel modo, una joven que me parecía fina y delicada. ¿Quién pensaba usted que era?
– Isabel. – Isabel Corrí por la orilla adelante, trepé encima de una piedra próxima al lugar donde estaba ella, y le pregunté qué hacía allí. Ella estuvo un tiempo callada. Después, señalando para el fondo de la gruta, dijo: – Me cayó el sombrero allí abajo.
– ¡Ah!
– ¿Usted me ama? dijo ella pasados algunos minutos.
– Más que a la vida.
– ¿Hará lo que yo le pida?
– Todo.
– Bueno, vaya a buscar mi sombrero. Miré para abajo. Era una gruta inmensa en cuyo fondo bullía y rugía un agua fangosa y espesa. El sombrero, en lugar de ir por allí abajo con la corriente hasta perderse del todo, había quedado enganchado en la punta de una roca y allí, desde el fondo, parecía convidarme a descender. Pero era imposible. Miré para todos los lados, a ver si encontraba algún recurso. No había ninguno... – ¡Mire lo que es la imaginación exacerbada! observó Camillo.
– Sí, yo buscaba algunas palabras con que disuadir a Isabel de la terrible idea, cuando sentí que me posaban una mano en el hombro. Me volví; era un hombre; era usted.
– ¿Yo?
– Es cierto. Usted miró para mí con aire de desprecio, le sonrió a ella y después miró para el abismo. Repentinamente, sin que pueda decir cómo, usted estaba abajo y extendía la mano para coger el fatal sombrerito.
– ¡Ah!
– El agua, sin embargo, aumentando súbitamente, amenazaba sumergirlo. Entonces Isabel, soltando un grito de angustia, espoleó el caballo y se tiró por el barranco. Grité... pedí socorro; – Todo fue inútil. Ya el agua los envolvía en sus torbellinos... cuando usted me despertó.
Leandro Soares concluyó esta narración de su pesadilla, pareciendo todavía asustado de lo que había ocurrido... imaginariamente. Es conveniente decir que él creía en los sueños.
– ¡Vea lo que es una digestión mal hecha! exclamó Camillo cuando el comprovinciano terminó la narración. ¡Qué porción de disparates! El sombrero, el barranco, el caballo, y sobre todo mi presencia en ese melodrama fantástico, todo eso es obra de alguien que digirió mal la cena. En París hay teatros que representan pesadillas así, peores que la suya porque son más largas.
Pero lo que veo también es que esa chica no lo deja ni dormido.
—¡Ni dormido!
Soares dijo estas dos palabras casi como un eco, sin darse cuenta. Desde que había finalizado la narración y, más tarde, después de las primeras palabras de Camillo, había comenzado a realizar para sí mismo una serie de reflexiones que no llegaron al conocimiento del autor de esta narración. Lo más que les pudo decir es que no eran alegres, porque bajó la cabeza, frunció el ceño y él, clavando los ojos en las orejas del animal, se recogió en un silencio inviolable.
El viaje, de aquel día en adelante, fue menos soportable para Camillo de lo que había sido hasta entonces. Además de una leve melancolía que se había apoderado del compañero, ya se iba volviendo aburrido aquel andar leguas y leguas que parecían no acabar nunca. Finalmente, Soares volvió a su habitual verborrea, pero entonces ya nada podía vencer el tedio mortal que se había apoderado del mísero Camillo.
Sin embargo, cuando avistó la ciudad, cerca de la cual estaba la hacienda donde había vivido las primeras auroras de su juventud, Camillo sintió que el corazón se le alteraba considerablemente. Lo dominaba un sentimiento serio. Por algún tiempo, al menos, París con sus esplendores cedía el lugar a la pequeña y honesta patria de los Seabras.
unit 10
Não arranjou a demissão, e por castigo tomou taboca; saiu na lista dos suplentes.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 11
Quem lhe deu o golpe fui eu.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 12
A coisa foi... – Mas por que não se casa com essa moça?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 13
perguntou Camilo, desviando cautelosamente a narração da última vitória eleitoral de Soares.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 14
– Não me caso porque... tem muita curiosidade de o saber?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 15
– Curiosidade... de amigo e nada mais.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 16
– Não me caso porque ela não quer.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 17
Camilo estacou o cavalo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 18
– Não quer?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 19
disse ele espantado.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 20
Então por que motivo pretende impedir que ela... – Isso é uma história muito comprida.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 21
A Isabel... – Isabel?...
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 22
interrompeu Camilo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 23
Ora, espere, será a filha do Dr. Matos, que foi juiz de direito há dez anos?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 24
– Essa mesma.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 25
– Deve estar uma moça?
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 26
– Tem seus vinte anos bem contados.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 27
– Lembra-me que era bonitinha aos doze – Oh!
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 28
mudou muito... para melhor!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 29
Ninguém a vê que não fique logo com a cabeça voltada.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 30
Tem rejeitado já uns poucos de casamentos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 31
O último noivo recusado fui eu.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 32
A causa por que se me recusou foi ela mesma que me veio dizer.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 33
– E que causa era?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 34
– “Olha, Sr. Soares, disse-me ela.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 36
– Mais nada.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 37
Respondeu-me apenas isto que lhe acabo de contar.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 38
– Nunca mais se falaram?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 39
– Pelo contrário, falamo-nos muitas vezes.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 40
Não mudou comigo; trata-me como dantes.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 42
Vejo, porém, que seriam inúteis; ela não gosta de mim.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 43
– Quer que lhe diga uma coisa com franqueza?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 44
– Diga.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 45
– Parece-me um grande egoísta.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 46
– Pode ser; mas sou assim.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 47
Tenho ciúmes de tudo, até do ar que ela respira.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 48
Eu, se a visse gostar de outro, e não pudesse impedir o casamento, mudava de terra.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 51
Nem todas receberam do céu esse dom, que é o verdadeiro distintivo dos espíritos seletos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 55
O assunto agradava aos dois comprovincianos; falaram dele longamente até o aproximar da tarde.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 56
Pouco depois chegaram a um pouso, onde deviam pernoitar.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 57
Tirada a carga dos animais, cuidaram os criados primeiramente do café, e, depois do jantar.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 58
Nessas ocasiões ainda mais pungiram ao nosso herói as saudades de Paris.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 60
Camilo suspirava consigo mesmo; tornava-se então ainda menos comunicativo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 61
Não se perdia nada porque o seu companheiro falava por dois.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 62
Acabada a refeição, acendeu Camilo um charuto e Soares um cigarro de palha.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 63
Era já noite.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 67
Soares atirou à rede e adormeceu.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 68
O tropeiro cessou de cantar, e dentro de pouco tempo tudo era silêncio no pouso.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 69
Camilo ficou sozinho diante da noite, que estava realmente formosa e solene.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 72
Outras vezes eram aves noturnas, que soltavam ao perto os seus pios tristonhos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 75
De repente foi chamado a si pela voz de Soares, que parecia vítima de um pesadelo.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 77
Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 78
meu Deus!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 79
Acudam!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 80
As últimas sílabas eram já mais aflitas que as primeiras.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 81
Camilo correu ao companheiro e fortemente o sacudiu.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 82
Soares acordou espantado, sentou-se, olhou em roda de si e murmurou: – Que é?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 83
– Um pesadelo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 84
– Sim, foi um pesadelo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 85
Ainda bem!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 86
Que horas são?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 87
– Ainda é noite.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 88
– Já está levantado?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 89
– Agora é que me vou deitar.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 90
Durmamos que é tempo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 91
– Amanhã lhe contarei o sonho.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 93
– Estava eu ao pé de um rio, disse ele, com a espingarda na mão, espiando as capivaras.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 95
– Espere; admirei-me de ver ali, e por aquele modo, uma moça que me parecia franzina e delicada.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 96
Quem pensava o senhor que era?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 97
– A Isabel.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 98
– A Isabel.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 100
Ela esteve algum tempo calada.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 101
Depois, apontando para o fundo do grotão disse: – “O meu chapéu caiu lá embaixo.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 102
– Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 103
– O senhor ama-me?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 104
disse ela passados alguns minutos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 105
– Mais que a vida.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 106
– Fará o que eu lhe pedir?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 107
– Tudo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 108
– Bem, vá buscar o meu chapéu.” Olhei para baixo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 109
Era um imenso grotão em cujo fundo fervia e roncava uma água barrenta e grossa.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 111
Mas era impossível.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 112
Olhei para todos os lados, a ver se achava algum recurso.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 113
Nenhum havia... – Veja o que é a imaginação escaldada!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 114
observou Camilo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 116
Voltei-me; era um homem; era o senhor.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 117
– Eu?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 118
– É verdade.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 119
O senhor olhou para mim com um ar de desprezo, sorriu para ela e depois olhou para o abismo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 121
– Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 122
– A água, porém, engrossando subitamente, ameaçava submergi-lo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 123
unit 124
Gritei... chamei por socorro; – Tudo foi inútil.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 125
Já a água os enrolava em suas dobras... quando fui acordado pelo senhor.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 127
Convém dizer que ele acreditava nos sonhos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 128
– Veja o que é uma digestão mal feita!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 129
exclamou Camilo quando o comprovinciano terminou a narração.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 130
Que porção de tolices!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 132
unit 133
Mas o que vejo também é que essa moça não o deixa nem dormindo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 134
– Nem dormindo!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 135
Soares disse estas duas palavras quase como um eco, sem consciência.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 138
A viagem, daquele dia em diante, foi menos suportável para Camilo de que até ali.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago
unit 142
Um sentimento sério o dominava.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 1 month ago

CAPÍTULO II
PARA GOIÁS
Daí a dias seguiam ambos para Santos, de lá para São Paulo e tomavam a estrada de Goiás.
Soares, à medida que ia reavendo a antiga amizade com o filho do comendador, contava-lhe
as memórias da sua vida, durante os oito anos de separação, e, à falta de coisa melhor, era isto o que
entretinha o médico nas ocasiões e lugares em que a natureza lhe não oferecia algum espetáculo dos
seus. Ao cabo de umas quantas léguas de marcha estava Camilo informado das rixas eleitorais de
Soares, das suas aventuras na caça, das suas proezas amorosas, e de muitas coisas mais, umas
graves, outras fúteis, que Soares narrava com igual entusiasmo e interesse.
Camilo não era espírito observador; mas a alma de Soares andava-lhe tão patente nas mãos,
que era impossível deixar de a ver e examinar. Não lhe pareceu mau rapaz, notou-lhe, porém, certa
fanfarronice, em todo o gênero de coisas, na política, na caça, no jogo, e até nos amores. Neste
último capítulo havia um parágrafo sério; era o que dizia respeito a uma moça, que ele amava
loucamente, de tal modo que prometia aniquilar a quem quer que ousasse levantar olhos para ela.
– É o que lhe digo, Camilo, confessava o filho do comerciante, se alguém tiver o
atrevimento de pretender essa moça pode contar que há no mundo mais dois desgraçados, ele e eu.
Não há de acontecer assim felizmente lá todos me conhecem; sabem que não cochilo para executar
o que prometo. Há poucos meses o major Valente perdeu a eleição só porque teve o atrevimento de
dizer que ia arranjar a demissão do juiz municipal. Não arranjou a demissão, e por castigo tomou
taboca; saiu na lista dos suplentes. Quem lhe deu o golpe fui eu. A coisa foi...
– Mas por que não se casa com essa moça? perguntou Camilo, desviando cautelosamente a
narração da última vitória eleitoral de Soares.
– Não me caso porque... tem muita curiosidade de o saber?
– Curiosidade... de amigo e nada mais.
– Não me caso porque ela não quer.
Camilo estacou o cavalo.
– Não quer? disse ele espantado. Então por que motivo pretende impedir que ela...
– Isso é uma história muito comprida. A Isabel...
– Isabel?... interrompeu Camilo. Ora, espere, será a filha do Dr. Matos, que foi juiz de
direito há dez anos?
– Essa mesma.
– Deve estar uma moça?
– Tem seus vinte anos bem contados.
– Lembra-me que era bonitinha aos doze
– Oh! mudou muito... para melhor! Ninguém a vê que não fique logo com a cabeça voltada.
Tem rejeitado já uns poucos de casamentos. O último noivo recusado fui eu. A causa por que se me
recusou foi ela mesma que me veio dizer.
– E que causa era?
– “Olha, Sr. Soares, disse-me ela. O senhor merece bem que uma moça o aceite por marido;
eu era capaz disso, mas não o faço porque nunca seríamos felizes.”
– Que mais?
– Mais nada. Respondeu-me apenas isto que lhe acabo de contar.
– Nunca mais se falaram?
– Pelo contrário, falamo-nos muitas vezes. Não mudou comigo; trata-me como dantes. A
não serem aquelas palavras que ela me disse, e que ainda me doem cá dentro, eu podia ter
esperanças. Vejo, porém, que seriam inúteis; ela não gosta de mim.
– Quer que lhe diga uma coisa com franqueza?
– Diga.
– Parece-me um grande egoísta.
– Pode ser; mas sou assim. Tenho ciúmes de tudo, até do ar que ela respira. Eu, se a visse
gostar de outro, e não pudesse impedir o casamento, mudava de terra. O que me vale é a convicção
que tenho de que ela não há de gostar nunca de outro, e assim pensam todos os mais.
– Não admira que não saiba amar, reflexionou Camilo, pondo os olhos no horizonte como
se estivesse ali a imagem da formosa súdita do czar. Nem todas receberam do céu esse dom, que é o
verdadeiro distintivo dos espíritos seletos. Algumas há, porém que sabem dar a vida e a alma a um
ente querido, que lhe enchem o coração de profundos afetos, e deste modo fazem jus a uma
perpétua adoração. São raras, bem sei, as mulheres desta casta; mas existem...
Camilo terminou esta homenagem à dama dos seus pensamentos abrindo as asas a um suspiro
que se não chegou ao seu destino, não foi por culpa do autor. O companheiro não compreendeu a
intenção do discurso, insistiu em dizer que a formosa goiana estava longe de gostar de ninguém, e
ele ainda mais longe de lho consentir.
O assunto agradava aos dois comprovincianos; falaram dele longamente até o aproximar da
tarde. Pouco depois chegaram a um pouso, onde deviam pernoitar.
Tirada a carga dos animais, cuidaram os criados primeiramente do café, e, depois do jantar.
Nessas ocasiões ainda mais pungiram ao nosso herói as saudades de Paris. Que diferença entre os
seus jantares dos restaurants dos boulevards e aquela refeição ligeira e tosca, num miserável
pouso de estrada, sem os acepipes da cozinha francesa, sem a leitura do Fígaro ou da Gazette des
Tribunaux!
Camilo suspirava consigo mesmo; tornava-se então ainda menos comunicativo. Não se perdia
nada porque o seu companheiro falava por dois.
Acabada a refeição, acendeu Camilo um charuto e Soares um cigarro de palha. Era já noite. A
fogueira do jantar alumiava um pequeno espaço em roda; mas nem era precisa, porque a lua
começava a surgir de trás de um morro, pálida e luminosa, brincando nas folhas do arvoredo e nas
águas tranqüilas do rio que serpeava ali ao pé.
Um dos tropeiros sacou a viola e começou a gargantear uma cantiga, que a qualquer outro
encantaria pela rude singeleza dos versos e da toada, mas que ao filho do comendador apenas fez
lembrar com tristeza as volatas da Ópera. Lembrou-lhe mais; lembrou-lhe uma noite em que a bel
amoscovita, molemente sentada num camarote dos Italianos, deixava de ouvir as ternuras do tenor,
para contemplá-lo de longe, cheirando um raminho de violetas.
Soares atirou à rede e adormeceu.
O tropeiro cessou de cantar, e dentro de pouco tempo tudo era silêncio no pouso.
Camilo ficou sozinho diante da noite, que estava realmente formosa e solene. Não faltava ao
jovem goiano a inteligência do belo; e a quase novidade daquele espetáculo, que uma longa
ausência lhe fizera esquecer, não deixava de o impressionar imensamente.
De quando em quando chegavam aos seus ouvidos urros longínquos, de alguma fera que
vagueava na solidão. Outras vezes eram aves noturnas, que soltavam ao perto os seus pios
tristonhos. Os grilos, e também as rãs e os sapos formavam o coro daquela ópera do sertão, que o
nosso herói admirava decerto, mas à qual preferia indubitavelmente a ópera cômica.
Assim esteve longo tempo, cerca de duas horas, deixando vagar o seu espírito ao sabor das
saudades, e levantando e desfazendo mil castelos no ar. De repente foi chamado a si pela voz de
Soares, que parecia vítima de um pesadelo. Afiou o ouvido e escutou estas palavras soltas e
abafadas que o seu companheiro murmurava:
– Isabel... querida Isabel... Que é isso?... Ah! meu Deus! Acudam!
As últimas sílabas eram já mais aflitas que as primeiras. Camilo correu ao companheiro e
fortemente o sacudiu. Soares acordou espantado, sentou-se, olhou em roda de si e murmurou:
– Que é?
– Um pesadelo.
– Sim, foi um pesadelo. Ainda bem! Que horas são?
– Ainda é noite.
– Já está levantado?
– Agora é que me vou deitar. Durmamos que é tempo.
– Amanhã lhe contarei o sonho.
No dia seguinte, efetivamente, logo depois das primeiras vinte braças de marcha, referiu
Soares o terrível sonho de véspera.
– Estava eu ao pé de um rio, disse ele, com a espingarda na mão, espiando as capivaras.
Olho casualmente para a ribanceira que ficava muito acima, do lado oposto, e vejo uma moça
montada num cavalo preto, e com os cabelos, que também eram pretos, caídos sobre os ombros...
– Era tudo uma escuridão, interrompeu Camilo.
– Espere; admirei-me de ver ali, e por aquele modo, uma moça que me parecia franzina e
delicada. Quem pensava o senhor que era?
– A Isabel.
– A Isabel. Corri pela margem adiante, trepei acima de uma pedra fronteira ao lugar onde
ela estava, e perguntei-lhe o que fazia ali. Ela esteve algum tempo calada. Depois, apontando para o
fundo do grotão disse:
– “O meu chapéu caiu lá embaixo.
– Ah!
– O senhor ama-me? disse ela passados alguns minutos.
– Mais que a vida.
– Fará o que eu lhe pedir?
– Tudo.
– Bem, vá buscar o meu chapéu.”
Olhei para baixo. Era um imenso grotão em cujo fundo fervia e roncava uma água barrenta e
grossa. O chapéu, em vez de ir com a corrente por ali abaixo até perder-se de todo, ficara espetado
na ponta de uma rocha, e lá do fundo parecia convidar-me a descer. Mas era impossível. Olhei para
todos os lados, a ver se achava algum recurso. Nenhum havia...
– Veja o que é a imaginação escaldada! observou Camilo.
– Já eu procurava algumas palavras com que dissuadisse Isabel da terrível idéias, quando
senti pousar-me uma mão no ombro. Voltei-me; era um homem; era o senhor.
– Eu?
– É verdade. O senhor olhou para mim com um ar de desprezo, sorriu para ela e depois
olhou para o abismo. Repentinamente, sem que eu possa dizer como, estava o senhor em baixo e
estendia a mão para tirar o chapelinho fatal.
– Ah!
– A água, porém, engrossando subitamente, ameaçava submergi-lo. Então Isabel, soltando
um grito de angústia, esporeou o cavalo e atirou-se pela ribanceira abaixo. Gritei... chamei por
socorro;
– Tudo foi inútil. Já a água os enrolava em suas dobras... quando fui acordado pelo senhor.
Leandro Soares concluiu esta narração do seu pesadelo, parecendo ainda assustado do que lhe
acontecerá... imaginariamente. Convém dizer que ele acreditava nos sonhos.
– Veja o que é uma digestão mal feita! exclamou Camilo quando o comprovinciano
terminou a narração. Que porção de tolices! O chapéu, a ribanceira, o cavalo, e mais que tudo a
minha presença nesse melodrama fantástico, tudo isso é obra de quem digeriu mal o jantar. Em
Paris há teatros que representam pesadelos assim, - piores do que o seu porque são mais compridos.
Mas o que vejo também é que essa moça não o deixa nem dormindo.
– Nem dormindo!
Soares disse estas duas palavras quase como um eco, sem consciência. Desde que concluíra a
narração, e logo depois das primeiras palavras de Camilo, entrara a fazer consigo uma série de
reflexões que não chegaram ao conhecimento do autor desta narrativa. O mais que lhes posso dizer
é que não eram alegres, porque a fonte lhe descaiu, enrugou-se-lhe a testa, e ele, cravando os olhos
nas orelhas do animal, recolheu-se a um inviolável silêncio.
A viagem, daquele dia em diante, foi menos suportável para Camilo de que até ali. Além de
uma leve melancolia que se apoderara do companheiro, ia-se-lhe tornando enfadonho aquele andar
léguas e léguas que pareciam não acabar mais. Afinal voltou Soares à sua habitual verbosidade, mas
já então nada podia vencer o tédio mortal que se apoderara do mísero Camilo.
Quando porém avistou a cidade, perto da qual estava a fazenda, onde vivera as primeiras
auroras da sua mocidade, Camilo sentiu abalar-se-lhe fortemente o coração. Um sentimento sério o
dominava. Por algum tempo, ao menos, Paris com seus esplendores cedia o lugar à pequena e
honesta pátria dos Seabras.