Mirando cara a cara a su amigo, Ido tosió dos o
tres veces, y con una vocecilla que sonaba metálicamente, le dijo,
poniéndole la mano en el hombro:
«Usted es desgraciado porque no le hacen justicia; pero yo lo soy más,
tocayo, porque no hay mayor desdicha que el deshonor».
Discussion