Lo peor fue que viéndole su mujer tan retortijado y hecho
todo una _ese_, creyó que tenía el dolor espasmódico que le solía dar; y
como el mejor remedio para eso eran las friegas, Nicanora le propuso
dárselas, y al oír tal proposición, tembláronle a Ido las carnes,
viéndose descubierto y perdido.
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