Linha reta e linha curva IV
Difficulty: Medium    Uploaded: 8 years ago by Santxiki     Last Activity: 7 years, 2 months ago
Fin
194 Units
100% Translated
100% Upvoted
Al mediodía del día siguiente, Diogo se presentó a Tito y, después de hablar sobre diferentes cosas, sacó del bolsillo una carta pequeña, que fingió haber olvidado hasta entonces y a la que aparentaba no dar gran aprecio.

"¡Qué bomba!", se dijo, en el momento en que Tito rasgó el sobre.

Esto es lo que decía la carta: Le entregué mi corazón. No quiso aceptarlo, incluso lo despreció. Su bota lo hirió demasiado para que pueda palpitar todavía. Está muerto. No lo culpo; no se debe hablar de la luz a los ciegos, la culpable fui yo. Supuse que podría darle una felicidad, recibiendo otra. Me engañé.

Tiene la gloria de retirarse con todos los honores de guerra. Soy yo la que quedo vencida. ¡Paciencia! Puede reírse de mí, no le discuto el derecho que tiene para ello.

Mientras, debo decirle que yo lo conocía bien; nunca lo dije, pero lo conocía; desde el día en que lo vi por primera vez en casa de Adelaide, reconocí en su persona al mismo hombre que un día vino a arrojarse a mis pies... Como hoy, entonces era una burla. Yo ya debía conocerlo. Pago caro mi equívoco. Adiós, adiós para siempre.

Al leer la carta, Tito miraba en repetidas ocasiones a Diogo. ¿Cómo es que el viejo se hubiera prestado a aquello? ¿La susodicha carta era auténtica o apócrifa? Además de no llevar firma, tenía la letra disfrazada. ¿Sería un arma de la que el viejo se valía para quitarse de encima al joven? Pero, si así fuera, era necesario que él supiera lo que había sucedido en la víspera.

Tito volvió a leer la carta muchas veces y, despidiéndose del viejo, le dijo que la respuesta la daría después.

Diogo se marchó restregándose las manos de contento.

Es que la carta cuya lectura los lectores habían hecho al mismo tiempo que nuestro protagonista, no era la que Emília había leído a Diogo. En el borrador presentado al viejo, la viuda declaraba simplemente que se retiraba a la corte, y agregaba que entre los recuerdos que se llevaba de Petrópolis figuraba Tito, por el personaje que había representado ante él. Pero ese borrador, por una destreza puramente femenina, no fue el que Emília envió a Tito, como han visto los lectores.

Tito respondió a la carta de Emília en los siguientes términos: Señora, leí y releí su carta y no le ocultaré el sentimiento de pesar que me inspiró. ¿Es realmente ese el estado de su corazón, señora mía? ¿Está así, tan perdido por mí?

Dice usted que magullé su corazón con mi bota. Me castiga por la acción sin que yo mientras tanto lo confirme. No recuerdo hasta hoy que hubiera hecho estrago alguno de esa naturaleza. Pero, en fin, usted lo dice y yo debo creerlo.

Leyendo su carta, se dirá que soy el caballero más osado que hasta ahora pisó la tierra de Santa Cruz. Será un equívoco de apreciación. Esto en mí, no es audacia, es franqueza. Lamento que las cosas llegasen a este extremo, pero no puedo decirle nada más que la verdad.

Debo decirle que no sé si la carta a la que respondo es de usted. Su letra, de la que ya vi una muestra en el álbum de doña Adelaide, no se parece a la de su carta; evidentemente está falsificada y por la mano de cualquiera. Además, no está firmada.

Digo esto porque la primera duda que nació en mi espíritu provino del portador elegido. ¿Por qué? ¿No encontró usted a otro sino el propio Diogo? Confieso que de todo lo que he visto en mi vida, esto es lo que más me hace reír.

Pero no debo reír, señora mía. Usted me abrió su corazón de una manera que primero inspira compasión. Esta compasión no es un desprecio, porque no tiene un sentido irónico. Es pura y sincera. Siento no poder darle esa felicidad que me pide, pero así es.

No debo extenderme, pero sin embargo me cuesta arrancar la pluma de encima del papel. Es que pocos se encontrarán en la posición en la que me encuentro ahora, la posición de conquistado. Pero debo terminar y termino aquí, enviándole mi pésame y rogándole a Dios que encuentre un corazón menos frío que el mío.

La letra va falseada, como la suya, y, como en su carta, dejo la firma en blanco.

Esta carta fue entregada a la viuda esa misma tarde. A la noche, Azevedo y Adelaide fueron a visitarla. No pudieron disuadirla de la idea del viaje a la corte. Emília estuvo incluso un poco reservada con Adelaide, que no pudo descubrir los motivos de tal proceder y se retiró un tanto triste.

Al día siguiente, en efecto, Emília y la tía se prepararon y salieron para regresar a la corte.

Diogo se quedó todavía en Petrópolis, cuidando de preparar las maletas... No quería, decía, que la gente, al verlo salir en compañía de las dos señoras, supusiera cosas inapropiadas para la viuda.

Todos estos pasos admiraban a Adelaide que, como dije, veía en la insistencia de Emília y en sus modos reservados un secreto que no comprendía. ¿Querría por medio de aquel viaje atraer a Tito? En ese caso se trataba de un cálculo equivocado; ya que el chico, en aquel día como en los demás, se despertó tarde y desayunó alegremente.

—¿Sabe, dijo Adelaide, que a esta hora debe de haber salido para la ciudad nuestra amiga Emília?

—Ya había oído hablar.

—¿Por qué será?

—¡Ah!, eso es lo que no sé. ¡Altos secretos de mente de mujer! ¿Por qué sopla hoy la brisa de este lado y no de aquél? Me interesa tanto saber una cosa como la otra.

Al final del desayuno, Tito, como casi siempre, se retiró a leer durante dos horas.

Adelaide iba a dar algunas órdenes cuando vio con perplejidad que la viuda entraba a su casa acompañada por un criado.

–¡Ah!, ¡no te has ido!, dijo Adelaide corriendo a abrazarla.

–¿No me ves aquí?

El criado salió a una señal de Emília.

–Pero, ¿qué hay?, preguntó la mujer de Azevedo, viendo la extraña actitud de la viuda.

–¿Qué hay?, dijo esta. Sucede lo que no previmos... Eres casi mi hermana... puedo hablar con franqueza. ¿Nadie nos escucha?

–Ernesto salió y Tito está arriba. Pero, ¿qué es esa cara?

–¡Adelaide!, dijo Emília con los ojos llenos de lágrimas, ¡lo amo!

–¿Qué me dices?

–Eso mismo. Lo amo loca, perdida, completamente. Hasta ahora, intenté vencer esta pasión, pero no pude; y cuando por vanos preconceptos trataba de ocultarle mis sentimientos, no pude, las palabras salieron de mis labios sin querer... –Pero, ¿cómo sucedió esto?

–¡Ya lo sé! Parece que fue un castigo, quise hacer fuego y me quemé en mis propias llamas. ¡Ah!, no es desde hoy que me siento así. Desde que sus desdenes no cedieron en nada, comencé a sentir no se qué; al principio despecho, luego un deseo de triunfar, más tarde una ambición de dejarlo todo, siempre y cuando lo ganase todo; al final no fui dueña de mí misma. Era yo quien me sentía locamente apasionada y lo manifestaba, por gestos, por palabras, por todo y cuanto mayor era en él la indiferencia, más crecía el amor en mí.

—¿Me estás hablando en serio?

—Antes mírame.

—¿Quién iba a pensar...?

—A mí misma me parece imposible; sin embargo es más que cierto... —¿Y él?

—Él me dijo cuatro palabras indiferentes, ni sé lo que fue y se marchó.

—¿Resistirá?

—No sé.

–Si hubiera adivinado esto no te habría sugerido aquella desgraciada idea.

–No me comprendiste. ¿Crees que lamento lo que sucede? ¡Oh, no!, me siento feliz, me siento orgullosa... Es uno de estos amores que brotan de por sí para llenar el alma de satisfacción: primero debo bendecirte... —Es una verdadera pasión... ¿Pero piensas que es imposible hablar con él?

—No sé; pero sea o no imposible, no es la conversión lo que yo solicito; me basta con que sea menos indiferente y más compasivo.

—¿Pero qué pretendes hacer? preguntó Adelaide sintiendo que las lágrimas también le rompían de los ojos.

Hubo algunos instantes de silencio.

—Pero, lo que tú no sabes, continuó Emília, es que él no es para mí un simple extraño. Ya lo conocía antes de casarme. Él fue quien me pidió casarme antes que Rafael... —¡Ah!

—¿Lo sabías?

—Él ya me había contado la historia, pero no nombró a la aludida. ¿Eras tú?

—Era yo. Ambos nos conocimos, sin decirnos nada el uno al otro... —¿Por qué?

La respuesta a esta pregunta la dio el propio Tito que se había asomado a la puerta de adentro. Al ver entrar a la viuda por una de las ventanas, Tito bajó a escuchar su conversación con Adelaide. La extrañeza que le causaba el inesperado regreso de Emília podía disculpar la indiscreción del muchacho.

—¿Por qué?, repitió él. Es lo que les voy a contar.

—Pero, antes que nada, dijo Adelaide, no sé si sabe que una indiferencia, tan completa como la suya, puede resultar fatal a quien le es menos indiferente.

—¿Se refiere a su amiga?, preguntó Tito. Yo corto todo con una palabra.

Y, volviéndose para Emília, dijo, extendiendo la mano: —¿Acepta mi mano de esposo?

Un grito de suprema alegría iba a salir del pecho de Emília; pero no sé si un resto de orgullo o cualquier otro sentimiento, convirtió esa manifestación en una sencilla palabra que, por cierto, fue pronunciada con lágrimas en la voz: —¡Si!, dijo ella.

Tito besó amorosamente la mano de la viuda. Después añadió: —Pero es necesario medir toda mi generosidad; yo debía decir: acepto su mano. ¿Debía o no debía? Soy un tanto original y me gusta invertirlo todo.

—Pués sí; pero de uno u otro modo soy feliz. Sin embargo, en la conciencia me surge un remordimiento. ¿Le doy una felicidad tan completa como la que recibo?

—¿Remordimiento? Si está sujeta a los remordimientos, debe tener uno; pero por otro motivo. La señora está pasando en este momento por las horcas caudinas. La hice sufrir, ¿no? Oyendo lo que voy a decir, estará de acuerdo en que yo ya sufría antes y mucho más.

–¿Tenemos un romance?, le preguntó Adelaide a Tito.

–Realidad, señora mía, respondió Tito, es realidad en prosa. Un día, hace ya algunos años, tuve la felicidad de ver a una señora, y la amé. El amor fue tanto más indomable cuanto que me nació súbitamente. Era entonces más apasionado que hoy, no conocía mucho las costumbres mundanas. Resolví declararle mi amor y pedir su mano. Como respuesta, recibí esta nota... –Ya sé, dijo Emília. Esa señora fui yo. Estoy humillada, ¡perdón!

–Mi amor la perdona, nunca dejé de amarla. Estaba seguro de encontrarla algún día y procedí de manera de hacerme desear.

–Escríbalo y dirán que es una novela, dijo alegremente Adelaide.

–La vida no es otra cosa..., agregó Tito. Media hora después llegaba Azevedo. Sorprendido por la presencia de Emília, a la que imaginaba viajando en tren, y más sorprendido aún por el trato cordial entre Tito y Emília, el marido de Adelaide preguntó a qué se debía eso.

–La causa es simple, respondió Adelaide. Emília volvió porque se casará con Tito.

Azevedo no se dio por satisfecho, le explicaron todo.

–Entiendo, dijo, que Tito, al no haber logrado nada caminando en línea recta, intentó ver si lograba algo avanzando por una línea curva. A veces, es el camino más corto.

–Como en esta ocasión, agregó Tito.

Emília cenó en la casa de Adelaide. A la tarde apareció el viejo Diogo, que iba a despedirse porque debía partir a la mañana siguiente hacia la corte. Grande fue su sorpresa al ver a la viuda.

–¿Volvió?

–Es cierto, respondió Emília riendo.

–Pues yo iba a partir, pero ya no parto. ¡Ah!, recibí una carta de Europa, ¡me la trajo el capitán de la galera Macedonia! ¡Llegó el oso!

–Pues vaya a hacerle compañía, respondió Tito.

Diogo hizo una mueca. Después, como quiso saber el motivo del repentino regreso de la viuda, esta le explicó que se iba a casar con Tito.

Diogo no lo creyó.

–Todavía es una relación, ¿no? dijo pestañeando

Y no solamente no lo creyó en ese momento, sino que no lo creyó de ahí en adelante, a pesar de todo. Algunos días más tarde partieron todos para la corte. Diogo aún no estaba convencido de nada. Pero, cuando un día al entrar en la casa de Emília, vio la fiesta de compromiso, el pobre viejo no pudo negar la realidad y sufrió un fuerte golpe. Sin embargo, tuvo ánimos para asistir a las fiestas de compromiso. Azevedo y su esposa fueron los testigos.

Debo confesar, escribía dos meses después el feliz novio al esposo de Adelaide. –Debo confesar que entré en un juego arriesgado. Podía perder; afortunadamente, gané.
unit 2
"Que bomba!"
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 3
disse ele consigo, na ocasião em que Tito rasgou a sobrecarta.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 4
Eis o que dizia a carta: Dei-lhe o meu coração.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 5
Não quis aceitá-lo, desprezou-o mesmo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 6
A sua bota magoou-o demais para que ele possa palpitar ainda.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 7
Está morto.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 8
Não o censuro; não se deve falar de luz aos cegos; a culpada fui eu.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 9
Supus que pudesse dar-lhe uma felicidade, recebendo outra.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 10
Enganei-me.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 11
Tem a glória de retirar-se com todas as honras de guerra.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 12
Eu é que fico vencida.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 13
Paciência!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 14
Pode zombar de mim; não lhe contesto o direito que tem para isso.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 16
Era zombaria então, como hoje.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 17
Eu já devia conhecê-lo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 18
Caro pago o meu engano.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 19
Adeus, adeus para sempre.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 20
Lendo esta carta, Tito olhava repetidas vezes para Diogo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 21
Como é que o velho se prestara àquilo?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 22
Era autêntica ou apócrifa a tal carta?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 23
Sobre não trazer assinatura, tinha a letra disfarçada.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 24
Seria uma arma de que o velho usara para descartar-se do rapaz?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 25
Mas, se fosse assim, era preciso que ele soubesse do que se passara na véspera.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 26
Tito releu a carta muitas vezes; e, despedindo-se do velho, disse-lhe que a resposta iria depois.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 27
Diogo retirou-se esfregando as mãos de contente.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 32
Realmente, minha senhora, é esse o estado do seu coração?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 33
Está assim tão perdido por mim?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 34
Diz Vossa Excelência que eu com a minha bota machuquei o seu coração.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 35
Penaliza-me o fato, sem que eu entretanto o confirme.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 36
Não me lembra até hoje que tivesse feito estrago algum desta natureza.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 37
Mas, enfim, Vossa Excelência o diz, e eu devo crê-lo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 39
Será um engano de observação.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 40
Isto em mim não é audácia, é franqueza.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 41
Lastimo que as coisas chegassem a este ponto, mas não posso dizer-lhe nada mais que a verdade.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 42
Devo confessar que não sei se a carta a que respondo é de Vossa Excelência.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 44
Demais, não traz assinatura.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 45
Digo isto porque a primeira dúvida que nasceu em meu espírito proveio do portador escolhido.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 46
Pois quê?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 47
Vossa Excelência não achou outro senão o próprio Diogo?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 48
Confesso que de tudo o que tenho visto em minha vida, é isto o que mais me faz rir.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 49
Mas eu não devo rir, minha senhora.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 50
Vossa Excelência abriu-me o seu coração de um modo que inspira antes compaixão.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 51
Esta compaixão não lhe é desairosa, porque não vem por sentido irônico.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 52
É pura e sincera.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 53
Sinto não poder dar-lhe essa felicidade que me pede; mas é assim.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 54
Não devo estender-me, contudo custa-me arrancar a pena de cima do papel.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 55
É que poucos terão a posição que eu ocupo agora, a posição de requestado.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 57
A letra vai disfarçada como a sua, e, como na sua carta, deixo a assinatura em branco.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 58
Esta carta foi entregue à viúva na mesma tarde.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 59
À noite, Azevedo e Adelaide foram visitá-la.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 60
Não puderam dissuadi-la da idéia da viagem para a corte.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 62
No dia seguinte, com efeito, Emília e a tia aprontaram-se e saíram para voltar para a corte.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 65
Quereria ela por aquele meio de viagem atrair Tito?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 67
— Sabe, disse Adelaide, que a esta hora deve ter partido para a cidade nossa amiga Emília?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 68
— Já tinha ouvido dizer.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 69
— Por que será?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 70
— Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 71
isso é que eu não sei.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 72
Altos segredos do espírito de mulher!
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 73
Por que sopra hoje a brisa deste lado e não daquele?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 74
Interessa-me tanto saber uma coisa como outra.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 75
No fim do almoço Tito, como quase sempre, retirou-se para ler durante duas horas.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 77
— Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 78
não partiste!
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 79
disse Adelaide correndo a abraçá-la.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 80
— Não me vês aqui?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 81
O criado saiu a um sinal de Emília.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 82
— Mas que há?
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 83
perguntou a mulher de Azevedo, vendo os modos estranhos da viúva.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 84
— Que há?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 85
disse esta.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 86
Há o que não prevíamos... És quase minha irmã... posso falar francamente.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 87
Ninguém nos ouve?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 88
— Ernesto está fora e o Tito lá em cima.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 89
Mas que ar é esse?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 90
— Adelaide!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 91
disse Emília com os olhos rasos de lágrimas, eu o amo!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 92
— Que me dizes?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 93
— Isto mesmo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 94
Amo-o doidamente, perdidamente, completamente.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 96
— Eu sei!
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 97
Parece que foi castigo; quis fazer fogo e queimei-me nas mesmas chamas.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 98
Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 99
não é de hoje que me sinto assim.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 102
— Mas estás falando sério?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 103
— Olha antes para mim.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 104
— Quem pensara?...
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 105
— A mim própria parece impossível; porém é mais que verdade... — E ele?...
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 106
— Ele disse-me quatro palavras indiferentes, nem sei o que foi, e retirou-se.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 107
— Resistirá?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 108
— Não sei.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 109
— Se eu adivinhara isto não te insinuaria naquela malfadada idéia.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 110
— Não me compreendeste.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 111
Cuidas que eu deploro o que acontece?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 112
Oh!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 113
não!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 116
— Mas que pretendes fazer?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 117
perguntou Adelaide sentindo que as lágrimas também lhe rebentavam dos olhos.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 118
Houve alguns instantes de silêncio.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 119
— Mas o que tu não sabes, continuou Emília, é que ele não é para mim um simples estranho.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 120
Já o conhecia antes de casada.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 121
Foi ele quem me pediu em casamento antes de Rafael... — Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 122
— Sabias?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 123
— Ele já me havia contado a história, mas não nomeara a santa.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 124
Eras tu?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 125
— Era eu.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 126
Ambos nos conhecíamos, sem dizermos nada um ao outro... — Por quê?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 127
A resposta a esta pergunta foi dada pelo próprio Tito, que assomara à porta do interior.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 128
unit 129
A estranheza que lhe causava a volta inesperada de Emília podia desculpar a indiscrição do rapaz.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 130
— Por quê?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 131
repetiu ele.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 132
É o que lhes vou dizer.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 134
— Refere-se à sua amiga?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 135
perguntou Tito.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 136
Eu corto tudo com uma palavra.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 137
E voltando-se para Emília, disse, estendendo-lhe a mão: — Aceita a minha mão de esposo?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 139
disse ela.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 140
Tito beijou amorosamente a mão da viúva.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 141
unit 142
Devia ou não devia?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 143
Sou um tanto original e gosto de fazer inversão em tudo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 144
— Pois sim; mas de um ou de outro modo sou feliz.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 145
Contudo um remorso me surge na consciência.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 146
Dou-lhe uma felicidade tão completa como a que recebo?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 147
— Remorso?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 148
Se é sujeita aos remorsos deve ter um, mas por motivo diverso.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 149
A senhora está passando neste momento pelas forças caudinas.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 150
Fi-la sofrer, não?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 151
Ouvindo o que vou dizer concordará que eu já antes sofria, e muito mais.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 152
— Temos romance?
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 153
perguntou Adelaide a Tito.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 154
— Realidade, minha senhora, respondeu Tito, e realidade em prosa.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 155
Um dia, há já alguns anos, tive eu a felicidade de ver uma senhora, e amei-a.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 156
O amor foi tanto mais indomável quanto que me nasceu de súbito.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 157
Era então mais ardente que hoje, não conhecia muito os usos do mundo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 158
Resolvi declarar-lhe a minha paixão e pedi-la em casamento.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 159
Tive em resposta este bilhete... — Já sei, disse Emília.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 160
Essa senhora fui eu.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 161
Estou humilhada; perdão!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 162
— Meu amor lhe perdoa; nunca deixei de amá-la.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 163
Eu estava certo de encontrá-la um dia e procedi de modo a fazer-me o desejado.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 164
— Escreva isto e dirão que é um romance, disse alegremente Adelaide.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 165
— A vida não é outra coisa... acrescentou Tito, Daí a meia hora entrava Azevedo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 167
— A causa é simples, respondeu Adelaide; Emília voltou porque vai casar-se com Tito.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 168
Azevedo não se deu por satisfeito; explicaram-lhe tudo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 170
Às vezes é o caminho mais curto.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 171
— Como agora, acrescentou Tito.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 172
Emília jantou em casa de Adelaide.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 174
Grande foi a sua admiração quando viu a viúva.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 175
— Voltou?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 176
— É verdade, respondeu Emília rindo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 177
— Pois eu ia partir, mas já não parto.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 178
Ah!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 179
recebi uma carta da Europa: foi o capitão da galera Macedônia quem a trouxe!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 180
Chegou o urso!
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 181
— Pois vá fazer-lhe companhia, respondeu Tito.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 182
Diogo fez uma careta.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 184
Diogo não acreditou.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 185
— É ainda um laço, não?
2 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 186
disse ele piscando os olhos.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 187
E não só não acreditou então, como não acreditou daí em diante, apesar de tudo.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 188
Daí a alguns dias partiram todos para a corte.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 189
Diogo ainda se não convencia de nada.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 191
Todavia, teve ainda coração para assistir às festas do noivado.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 192
Azevedo e a mulher serviram de testemunhas.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago
unit 194
Podia perder; felizmente ganhei.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 7 years, 2 months ago

No dia seguinte, ao meio-dia, Diogo apresentou-se ao Tito, e depois de falar sobre diferentes coisas, tirou do bolso uma cartinha, que fingira ter esquecido até então, e a qual mostrava não dar grande apreço.

"Que bomba!" disse ele consigo, na ocasião em que Tito rasgou a sobrecarta.

Eis o que dizia a carta:

Dei-lhe o meu coração. Não quis aceitá-lo, desprezou-o mesmo. A sua bota magoou-o demais para que ele possa palpitar ainda. Está morto. Não o censuro; não se deve falar de luz aos cegos; a culpada fui eu. Supus que pudesse dar-lhe uma felicidade, recebendo outra. Enganei-me.

Tem a glória de retirar-se com todas as honras de guerra. Eu é que fico vencida. Paciência! Pode zombar de mim; não lhe contesto o direito que tem para isso.

Entretanto, devo dizer-lhe que eu bem o conhecia; nunca lho disse, mas conhecia-o; desde o dia em que o vi pela primeira vez em casa de Adelaide, reconheci na sua pessoa o mesmo homem que um dia veio atirar-se aos meus pés... Era zombaria então, como hoje. Eu já devia conhecê-lo. Caro pago o meu engano. Adeus, adeus para sempre.

Lendo esta carta, Tito olhava repetidas vezes para Diogo. Como é que o velho se prestara àquilo? Era autêntica ou apócrifa a tal carta? Sobre não trazer assinatura, tinha a letra disfarçada. Seria uma arma de que o velho usara para descartar-se do rapaz? Mas, se fosse assim, era preciso que ele soubesse do que se passara na véspera.

Tito releu a carta muitas vezes; e, despedindo-se do velho, disse-lhe que a resposta iria depois.

Diogo retirou-se esfregando as mãos de contente.

É que a carta cuja leitura os leitores fizeram ao mesmo tempo que o nosso herói, não era a que Emília lera a Diogo. Na minuta apresentada ao velho a viúva declarava simplesmente que se retirava para a Corte, e acrescentava que entre as recordações que levava de Petrópolis figurava Tito, pela figura que ela havia representado diante dele. Mas essa minuta, por uma destreza puramente feminina, não foi a que Emília mandou a Tito, como viram os leitores.

À carta de Emília respondeu Tito nos seguintes termos:

Minha senhora,

Li e reli a sua carta; e não lhe ocultarei o sentimento de pesar que ela me inspirou. Realmente, minha senhora, é esse o estado do seu coração? Está assim tão perdido por mim?

Diz Vossa Excelência que eu com a minha bota machuquei o seu coração. Penaliza-me o fato, sem que eu entretanto o confirme. Não me lembra até hoje que tivesse feito estrago algum desta natureza. Mas, enfim, Vossa Excelência o diz, e eu devo crê-lo.

Lendo esta carta Vossa Excelência dirá consigo que eu sou o mais audaz cavalheiro que ainda pisou a terra de Santa Cruz. Será um engano de observação. Isto em mim não é audácia, é franqueza. Lastimo que as coisas chegassem a este ponto, mas não posso dizer-lhe nada mais que a verdade.

Devo confessar que não sei se a carta a que respondo é de Vossa Excelência. A sua letra, de que eu já vi uma amostra no álbum de D. Adelaide, não se parece com a da carta; está evidentemente disfarçada; é de qualquer mão. Demais, não traz assinatura.

Digo isto porque a primeira dúvida que nasceu em meu espírito proveio do portador escolhido. Pois quê? Vossa Excelência não achou outro senão o próprio Diogo? Confesso que de tudo o que tenho visto em minha vida, é isto o que mais me faz rir.

Mas eu não devo rir, minha senhora. Vossa Excelência abriu-me o seu coração de um modo que inspira antes compaixão. Esta compaixão não lhe é desairosa, porque não vem por sentido irônico. É pura e sincera. Sinto não poder dar-lhe essa felicidade que me pede; mas é assim.

Não devo estender-me, contudo custa-me arrancar a pena de cima do papel. É que poucos terão a posição que eu ocupo agora, a posição de requestado. Mas devo acabar e acabo aqui, mandando-lhe os meus pêsames e rogando a Deus para que encontre um coração menos frio que o meu.

A letra vai disfarçada como a sua, e, como na sua carta, deixo a assinatura em branco.

Esta carta foi entregue à viúva na mesma tarde. À noite, Azevedo e Adelaide foram visitá-la. Não puderam dissuadi-la da idéia da viagem para a corte. Emília usou mesmo de uma certa reserva para com Adelaide, que não pôde descobrir os motivos de semelhante procedimento, e retirou-se um tanto triste.

No dia seguinte, com efeito, Emília e a tia aprontaram-se e saíram para voltar para a corte.

Diogo ficou em Petrópolis ainda, cuidando em aprontar as malas... Não queria, dizia ele, que o público, vendo-o partir em companhia das duas senhoras, supusesse coisas desairosas à viúva.

Todos estes passos admiravam Adelaide, que, como disse, via na insistência de Emília e nos seus modos reservados um segredo que não compreendia. Quereria ela por aquele meio de viagem atrair Tito? Nesse caso era cálculo errado; visto que o rapaz, naquele dia como nos outros, acordou tarde e almoçou alegremente.

— Sabe, disse Adelaide, que a esta hora deve ter partido para a cidade nossa amiga Emília?

— Já tinha ouvido dizer.

— Por que será?

— Ah! isso é que eu não sei. Altos segredos do espírito de mulher! Por que sopra hoje a brisa deste lado e não daquele? Interessa-me tanto saber uma coisa como outra.

No fim do almoço Tito, como quase sempre, retirou-se para ler durante duas horas.

Adelaide ia dar algumas ordens quando viu com pasmo entrar-lhe em casa a viúva, acompanhada de um criado.

— Ah! não partiste! disse Adelaide correndo a abraçá-la.

— Não me vês aqui?

O criado saiu a um sinal de Emília.

— Mas que há? perguntou a mulher de Azevedo, vendo os modos estranhos da viúva.

— Que há? disse esta. Há o que não prevíamos... És quase minha irmã... posso falar francamente. Ninguém nos ouve?

— Ernesto está fora e o Tito lá em cima. Mas que ar é esse?

— Adelaide! disse Emília com os olhos rasos de lágrimas, eu o amo!

— Que me dizes?

— Isto mesmo. Amo-o doidamente, perdidamente, completamente. Procurei até agora vencer esta paixão, mas não pude; e quando, por vãos preconceitos, tratava de ocultar-lhe o estado do meu coração, não pude, as palavras saíram-me dos lábios insensivelmente...

— Mas como se deu isto?

— Eu sei! Parece que foi castigo; quis fazer fogo e queimei-me nas mesmas chamas. Ah! não é de hoje que me sinto assim. Desde que os seus desdéns em nada cederam, comecei a sentir não sei o quê; ao princípio despeito, depois um desejo de triunfar, depois uma ambição de ceder tudo, contanto que tudo ganhasse; afinal não fui senhora de mim. Era eu quem me sentia doidamente apaixonada e lho manifestava, por gestos, por palavras, por tudo; e mais crescia nele a indiferença, mais crescia o amor em mim.

— Mas estás falando sério?

— Olha antes para mim.

— Quem pensara?...

— A mim própria parece impossível; porém é mais que verdade...

— E ele?...

— Ele disse-me quatro palavras indiferentes, nem sei o que foi, e retirou-se.

— Resistirá?

— Não sei.

— Se eu adivinhara isto não te insinuaria naquela malfadada idéia.

— Não me compreendeste. Cuidas que eu deploro o que acontece? Oh! não! sinto-me feliz, sinto-me orgulhosa... É um destes amores que brotam por si para encher a alma de satisfação: devo antes abençoar-te...

— É uma verdadeira paixão... Mas acreditas impossível a conversão dele?

— Não sei; mas seja ou não impossível, não é a conversão que eu peço; basta-me que seja menos indiferente e mais compassivo.

— Mas que pretendes fazer? perguntou Adelaide sentindo que as lágrimas também lhe rebentavam dos olhos.

Houve alguns instantes de silêncio.

— Mas o que tu não sabes, continuou Emília, é que ele não é para mim um simples estranho. Já o conhecia antes de casada. Foi ele quem me pediu em casamento antes de Rafael...

— Ah!

— Sabias?

— Ele já me havia contado a história, mas não nomeara a santa. Eras tu?

— Era eu. Ambos nos conhecíamos, sem dizermos nada um ao outro...

— Por quê?

A resposta a esta pergunta foi dada pelo próprio Tito, que assomara à porta do interior. Tendo visto entrar a viúva de uma das janelas, Tito desceu abaixo a ouvir a conversa dela com Adelaide. A estranheza que lhe causava a volta inesperada de Emília podia desculpar a indiscrição do rapaz.

— Por quê? repetiu ele. É o que lhes vou dizer.

— Mas antes de tudo, disse Adelaide, não sei se sabe que uma indiferença, tão completa, como a sua, pode ser fatal a quem lhe é menos indiferente?

— Refere-se à sua amiga? perguntou Tito. Eu corto tudo com uma palavra.

E voltando-se para Emília, disse, estendendo-lhe a mão:

— Aceita a minha mão de esposo?

Um grito de alegria suprema ia saindo do peito de Emília; mas não sei se um resto de orgulho, ou qualquer outro sentimento, converteu essa manifestação em uma simples palavra, que aliás foi pronunciada com lágrimas na voz:

— Sim! disse ela.

Tito beijou amorosamente a mão da viúva. Depois acrescentou:

— Mas é preciso medir toda a minha generosidade; eu devia dizer: aceito a sua mão. Devia ou não devia? Sou um tanto original e gosto de fazer inversão em tudo.

— Pois sim; mas de um ou de outro modo sou feliz. Contudo um remorso me surge na consciência. Dou-lhe uma felicidade tão completa como a que recebo?

— Remorso? Se é sujeita aos remorsos deve ter um, mas por motivo diverso. A senhora está passando neste momento pelas forças caudinas. Fi-la sofrer, não? Ouvindo o que vou dizer concordará que eu já antes sofria, e muito mais.

— Temos romance? perguntou Adelaide a Tito.

— Realidade, minha senhora, respondeu Tito, e realidade em prosa. Um dia, há já alguns anos, tive eu a felicidade de ver uma senhora, e amei-a. O amor foi tanto mais indomável quanto que me nasceu de súbito. Era então mais ardente que hoje, não conhecia muito os usos do mundo. Resolvi declarar-lhe a minha paixão e pedi-la em casamento. Tive em resposta este bilhete...

— Já sei, disse Emília. Essa senhora fui eu. Estou humilhada; perdão!

— Meu amor lhe perdoa; nunca deixei de amá-la. Eu estava certo de encontrá-la um dia e procedi de modo a fazer-me o desejado.

— Escreva isto e dirão que é um romance, disse alegremente Adelaide.

— A vida não é outra coisa... acrescentou Tito,

Daí a meia hora entrava Azevedo. Admirado da presença de Emília quando a supunha a rodar no trem de ferro, e mais admirado ainda das maneiras cordiais por que se tratavam Tito e Emília, o marido de Adelaide inquiriu a causa disso.

— A causa é simples, respondeu Adelaide; Emília voltou porque vai casar-se com Tito.

Azevedo não se deu por satisfeito; explicaram-lhe tudo.

— Percebo, disse ele; Tito, não tendo alcançado nada caminhando em linha reta, procurou ver se alcançava caminhando por linha curva. Às vezes é o caminho mais curto.

— Como agora, acrescentou Tito.

Emília jantou em casa de Adelaide. À tarde apareceu ali o velho Diogo, que ia despedir-se porque devia partir para a corte no dia seguinte de manhã. Grande foi a sua admiração quando viu a viúva.

— Voltou?

— É verdade, respondeu Emília rindo.

— Pois eu ia partir, mas já não parto. Ah! recebi uma carta da Europa: foi o capitão da galera Macedônia quem a trouxe! Chegou o urso!

— Pois vá fazer-lhe companhia, respondeu Tito.

Diogo fez uma careta. Depois, como desejasse saber o motivo da súbita volta da viúva, esta explicou-lhe que se ia casar com Tito.

Diogo não acreditou.

— É ainda um laço, não? disse ele piscando os olhos.

E não só não acreditou então, como não acreditou daí em diante, apesar de tudo. Daí a alguns dias partiram todos para a corte. Diogo ainda se não convencia de nada. Mas, quando entrando um dia em casa de Emília viu a festa do noivado, o pobre velho não pôde negar a realidade e sofreu um forte abalo. Todavia, teve ainda coração para assistir às festas do noivado. Azevedo e a mulher serviram de testemunhas.

É preciso confessar, escrevia dois meses depois o feliz noivo ao esposo de Adelaide; - é preciso confessar que eu entrei num jogo arriscado. Podia perder; felizmente ganhei.