Era un
hombronazo peludo que debía afeitarse dos veces al día y aun así, siempre
parecía llevar una barba del martes, tenía cejas negras y malévolas que
peinaba hacia arriba para hacer creer a su sobrina que estaba emparentado con
el diablo, y el pelo tieso como un escobillón, inútilmente engominado y
siempre húmedo.
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