Levantose, con gran sorpresa de Encarnación, única persona que en la
sala estaba, se peinó a la ligera y se puso su falda de merino oscuro,
pañuelo de crespón negro, otro de color a la cabeza, mitones colorados,
sus botas de caña clara, y... Pero antes de salir dedicó un gran rato a
su hijo, que habiendo despertado cuando la mamá se vestía, parecía
declarar con sus chillidos que le cargaba la salidita.
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