Como supiera un día la dama que su hijo frecuentaba los barrios de
Puerta Cerrada, calle de Cuchilleros y Cava de San Miguel, encargó a
Estupiñá que vigilase, y este lo hizo con muy buena voluntad llevándole
cuentos, dichos en voz baja y melodramática: «Anoche cenó en la
pastelería del sobrino de Botín, en la calle de Cuchilleros... ¿sabe la
señora?
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