pero lo cierto es que doña Inés era recatadísima y, o bien
tenía razón el padre Anselmo y era una Lucrecia cristiana, ; o bien sabía,
con prodigioso artificio, practicar aquel famoso precepto que dice: «Si
no eres casta, sé cauta.» De aquí que doña Inés pudiese erguir muy alta
la frente y calificar de brutal y grosera calumnia la más leve
insinuación que contra su honestidad se atreviese a hacer algún
deslenguado.
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