También
estaban los sirvientes, las hermanas Mora, un par de artistas paupérrimos que
habían sobrevivido en la casa los últimos meses y un sacerdote que llegó
llamado por la cocinera, pero no tuvo nada que hacer, porque Trucha no
permitió que molestara a la moribunda con confesiones de última hora ni
aspersiones de agua bendita.
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