A poco llegó el practicante que sólo hacía servicio en la botica por las
noches, y llevándole aparte, le dijo Segismundo: «Amigo Padilla, hoy
mismo le voy a proponer a doña Casta que vengas de día, porque esta
calamidad de Rubín tiene la cabeza como un cesto, y me temo que si se
queda solo envenene a toda la parroquia».
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