A media noche, cuando se retiraron fatigados a su domicilio después de haber paseado por las calles y oído media _Africana_ en el teatro de la Princesa, Jacinta sintió que de repente, sin saber cómo ni por qué, la picaba en el cerebro el gusanillo aquel, la idea perseguidora, la penita disfrazada de curiosidad.

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