En la
misma catedral, cuando les quitaba la vista de encima el sacristán que
les enseñaba alguna capilla o preciosidad reservada, los esposos
aprovechaban aquel momento para darse besos a escape y a hurtadillas,
frente a la santidad de los altares consagrados o detrás de la estatua
yacente de un sepulcro.
Discussion