Estaba limpiándose los dedos con el pañuelo, y Juanito discurriendo por dónde pegaría la hebra, cuando sonó abajo una voz terrible que dijo: _¡Fortunaaá!_ Entonces la chica se inclinó en el pasamanos y soltó un _yia voy_ con chillido tan penetrante que Juanito creyó se le desgarraba el tímpano.

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