La moza tenía
pañuelo azul claro por la cabeza y un mantón sobre los hombros, y en el
momento de ver al Delfín, se infló con él, quiero decir, que hizo ese
característico arqueo de brazos y alzamiento de hombros con que las
madrileñas del pueblo se agasajan dentro del mantón, movimiento que les
da cierta semejanza con una gallina que esponja su plumaje y se ahueca
para volver luego a su volumen natural.
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