El niño y el viejo se
entusiasmaban por igual en el bárbaro y pintoresco espectáculo, y a la
salida Plácido le contaba sus proezas taurómacas, pues también, allá en
su mocedad, había echado sus quiebros y pases de muleta, y tenía traje
completo con lentejuelas, y toreaba novillos por lo fino, sin olvidar
ninguna regla... Como Juanito le manifestara deseos de ver el traje,
contestábale Plácido que hacía muchos años su hermana la sastra (que de
Dios gozaba) lo había convertido en túnica de un Nazareno, que está en
la iglesia de Daganzo de Abajo.
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