La mitad de los faroles había sido apedreada y en los edificios no había ventanas encendidas, la luz provenía de unas tristes fogatas alimentadas con periódicos y tablas, donde se calentaban pequeños grupos que montaban guardia ante los ministerios, los bancos, las oficinas, turnándose para impedir que las pandillas de extrema derecha los tomaran al asalto en las noches.

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