Advertidos por el chofer, sus dos guardaespaldas y
algunos jóvenes exaltados de su partido habían hecho el viaje hasta Las Tres
Marías, armados con palos, manoplas y cadenas, para rescatarlo, pero se
encontraron con la guardia redoblada en el portón, encañonados por la misma
metralleta que el senador Trucha les había proporcionado.
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