Se daba vueltas en la cama, atormentada por un insomnio perenne,
dobló la dosis de tranquilizantes, volvió a refugiarse en sus jaquecas y sus
neuralgias, se aturdió en el taller metiendo y sacando del horno centenares de
monstruos para Nacimientos en un esfuerzo por mantenerse ocupada y no
pensar, pero no pudo sofocar su impaciencia.
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