Él la observó sin piedad y vio que el tiempo comenzaba a devastarla con sus estragos, estaba más gorda, más triste, tenía las manos deformadas por el reuma y esos maravillosos pechos que en otra época le quitaron el sueño, se estaban convirtiendo en el amplio regazo de una matrona instalada en plena madurez.

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