El clamor de sus cantos, sus pisadas y el resplandor de sus
antorchas penetraron al interior de las casas cerradas y silenciosas, donde
temblaban los que habían terminado por creer en su propia campaña de terror
y estaban convencidos que la poblada los iba a despedazar o, en el mejor de
los casos, despojarlos de sus bienes y enviarlos a Siberia.
Discussion