No dejó de observar que
Nicolás preguntaba por ella discretamente, pero no hacía ningún amago de
visitarla, en cambio Jaime se encerraba con ella, le prestaba sus libros más
queridos y andaba como iluminado, hablando incoherencias y rondando por la
casa como nunca lo había hecho, hasta el punto que el jueves olvidó la reunión
de los socialistas.
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