Desde el primer momento en que desnudó
a Amanda, tanteando en la oscuridad, enredado en los trapos de su disfraz de
existencialista, temblando de anticipación por las protuberancias y los
intersticios que muchas veces había imaginado sin llegar a conocerlos en su
espléndida desnudez, supuso que ella tendría la experiencia suficiente para
evitar que él se convirtiera en padre de familia a los veintiún años y ella en
madre soltera a los veinticinco.
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