Nicolás decidió entonces ir a buscarla, porque se dio
cuenta que le estaban haciendo falta la presencia de mariposa inquieta de
Amanda y sus abrazos sofocados y silenciosos en los cuartos vacíos de la gran
casa de la esquina, donde retozaban como cachorros cada vez que Clara
aflojaba la vigilancia y Miguel se distraía jugando o se quedaba dormido en
algún rincón.
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