No sabía vencer el farmacéutico su genio vivo y zumbón, ni
mostrarse tan habilidoso como el caso exigía, y aunque Fortunata le
tiraba de los faldones de la levita para que tomase un tono más
contemporizador, el maldito no se podía contener: «Vaya con la que saca
ahora... Pero, hombre de Dios, ¿a usted qué le importa que el alma venga
de acá o venga de allá?
Discussion