cuando sentí a mi espalda... mejor dicho aquí en el cuello,
una voz... ¡Ay, señora!, la voz me sonó aquí detrás junto a estos
pelitos que tenemos donde nace la cabellera, y fue como si me entraran
una aguja muy fina y muy fría... Me quedé helada... volvime... le vi...
se sonreía».
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