«Pues ayer--refirió la joven con los ojos bajos, alzándolos al final de
cada frase, como si pusiera con ellos las comas, más que con el
acento--, pues ayer... iba yo tan tranquila por la calle de la
Magdalena, pensando en usted... porque siempre estoy pensando en usted
y... me paré a ver el escaparate de una tienda donde hay tubos y llaves
de agua... Ni sé por qué me paré allí, pues ¿qué me importan a mí los
tubos?...
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