Lo había dicho
varias veces a su amante, expresándose de una manera ruda; pero en aquel
lance, parecíale ridículo volver sobre aquella idea verdadera o falsa
del amor, porque en su buen instinto comprendía que toda aquella
hojarasca de leyes divinas, principios, conciencia y demás, servía para
ocultar el hueco que dejaba el amor fugitivo.
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