Por la mañana, cuando despierto en la Sierra
y oigo pregonar el _botijo e leche_, me siento mal; créanlo ustedes...
Al llegar a Madrid, y ver la gente de capa, las mujeres con mantones,
las calles mal adoquinadas, y los caballos de los coches como
esqueletos, no veo la hora de volverme a marchar».
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