Donde quiera que hay hombres, hay autoridad, y estas
autoridades de café, definiendo a veces, a veces profetizando y siempre
influyendo, por la sensatez aparente de sus juicios, sobre la vulgar
multitud, constituyen una especie de opinión, que suele traslucirse a la
prensa, allí donde no existe otra de mejor ley.
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