Se le
ocurrían cosas tan extravagantes como aprovechar los pocos momentos de
distracción de las madres para secretearse con su amada y decirle que no
creyera en aquello de la Pentecostés, figuración alegórica nada más,
porque no hubo ni podía haber tales lenguas de fuego ni Cristo que lo
fundó; añadiendo, si podía, que la vida contemplativa es la más estéril
que se puede imaginar, aun como preparación para la inmortalidad, porque
las luchas del mundo y los deberes sociales bien cumplidos son lo que
más purifica y ennoblece las almas.
Discussion