No sirves ni para barrendero de las calles, ni
siquiera para llevar un cartel con anuncios... Y sin embargo,
desventurado, no hay hechura de Dios que no tenga su _para qué_ en este
taller admirable del trabajo universal; tú has nacido para un gran
oficio, en el cual puedes alcanzar mucha gloria y el pan de cada día.
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