Venía el bárbaro
dando resoplidos, cual si le rindiera la fatiga de tanto negocio como
entre manos traía, y arrojando su pavero en el rincón y limpiándose con
un pañuelo en forma de pelota el sudor de la nobilísima frente, soltó
este gruñido: «Vengo de en ca Bicerra... ¿Ustés me recibieron?
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