Vicioso y discreto, sibarita y
hombre de talento, aspirando a la erudición de todos los goces y con
bastante buen gusto para espiritualizar las cosas materiales, no podía
contentarse con gustar la belleza comprada o conquistada, la gracia, el
donaire, la extravagancia; quería gustar también la virtud, no
precisamente vencida, que deja de serlo, sino la pura, que en su pureza
misma tenía para él su picante.
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