Su
desconsuelo se manifestaba a cada instante, ya cuando encontraba una
bandada que iba al colegio, con sus pizarras al hombro y el lío de
libros llenos de mugre, ya cuando le salía al paso algún precoz mendigo
cubierto de andrajos, mostrando para excitar la compasión sus carnes sin
abrigo y los pies descalzos, llenos de sabañones.
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