Clara llegó a temerlo mucho más que cuando era el hombre sano y
fuerte que se introducía en la paz de su vida con un olor a macho ansioso, su
vozarrón de huracán, su guerra sin cuartel, su prepotencia de gran señor,
imponiendo su voluntad y estrellando sus caprichos contra el delicado
equilibrio que ella mantenía entre los espíritus del Más Allá y las almas
necesitadas del Más Acá.
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