pero no pudo realizar su destino a la medida de su
romántica vocación, y éste transcurrió chato y gris, entre las paredes de un
cuarto de enferma, en míseros conventillos, en tortuosas confesiones, donde
esa mujer grande, opulenta, de sangre ardiente, hecha para la maternidad, para
la abundancia, la acción y el ardor, se fue consumiendo.
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