acabaría llenándose de protuberancias y adherencias, de
múltiples escaleras torcidas que conducían a lugares vagos, de torreones, de
ventanucos que no se abrían, de puertas suspendidas en el vacío, de corredores
torcidos y ojos de buey que comunicaban los cuartos para hablarse a la hora de
la siesta, de acuerdo a la inspiración de Clara, que cada vez que necesitara
instalar un nuevo huésped, mandaría fabricar otra habitación en cualquier
parte y si los espíritus le indicaban que había un tesoro oculto o un cadáver
insepulto en las fundaciones, echaría abajo un muro, hasta dejar la mansión
convertida en un laberinto encantado imposible de limpiar, que desafiaba
numerosas leyes urbanísticas y municipales.
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