El perrazo se acercó a
ella, le colocó la gran cabeza de fiera milenaria en la falda y se quedó
mirándola con sus ojos enamorados, que se fueron empañando y quedando
ciegos, mientras el blanco encaje de Chantilly, la seda francesa del sofá, la
alfombra persa y el parquet se ensopaban de sangre.
Discussion