Irina acompañó a Ron Wilkins a la salida y guardó la tarjeta sin intención de usarla; se las había arreglado sola, no necesitaba ese dinero, que consideraba inmundo y significaba soportar de nuevo los mismos interrogatorios y firmar declaraciones con los detalles más escabrosos; no quería avivar las brasas del pasado en los tribunales, era mayor de edad y ningún juez la evitaría enfrentarse a los acusados.

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