Treparán cautelosamente hasta lo alto de su pecho, pues han observado que usted duerme de espaldas; pegarán su oído a la curva de su tronco, para guiarse por las palpitaciones del corazón, y cuando sientan bajo sus pies estos latidos, cinco o seis de ellos empuñarán una barra enorme de acero terriblemente aguzada, clavándola todos a un tiempo en su carne, hasta que le traspasen el corazón y salten en torno de su arma caños de sangre.
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