LOS SIETE LOCOS [3.12-3.14/3.14], de Roberto Arlt (1929).
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3-12- LA REVELACIÓN.

Interin ocurrían estos sucesos,. en el Hospicio de las Mercedes,.
Ergueta entraba en lo que él más tarde llamaría «el conocimiento de Dios». Así fue.
Despertó al amanecer en la sala. Un paralelepípedo de luna ponía un rectángulo azul en el encalado del muro frente a su cama. A través de los barrotes de la ventana abierta se veía al cielo encuadrado por el contramarco,. un cielo poroso y seco de azul como yeso teñido de metileno. En el retículo de los hierros temblaban los hilos de agua de una estrella.
Ergueta se rascó concienzudamente la nariz,. aunque no sentía mayor preocupación. Comprendía que se encontraba en la casa de los locos,. pero ese «era un asunto que no le concernía».
Le preocupaba si hubieran encalabozado su espíritu,. pero el que en realidad estaba encarcelado en el manicomio era su cuerpo,. su cuerpo que pesaba noventa kilos,. y que ahora con cierto resquemor inexplicable recordaba que había rodado por los lupanares. Y sin poder evitarlo revisaba como un espectáculo oprobioso la vida sensual con que se había regodeado. Mas, ¿qué tenía que ver su espíritu con tal carnaza furiosa?
Era ésa una realidad tan evidente para su entendimiento,. que lo asombró de que los médicos no repararan aún en tal diferencia.
Ergueta se sintió maravillado de su descubrimiento. Él ya no era un hombre, sino un espíritu,. «sensación pura de alma»,. con riberas nítidamente recortadas dentro de la carnicera armazón de su físico,.
como las nubes en los espacios infinitos.
Estaba ligeramente alegre. Ya noches anteriores tuvo la certeza de que podía apartarse de su cuerpo,. dejarlo abandonado como a un traje. Al descubrirla, esta súbita seguridad le proporcionó un miedo liviano. Hasta en determinados momentos tuvo en la epidermis la sensación que sólo se tocaba con los bordes de su alma,. de forma que el equilibrio de su cuerpo próximo a caer,. y el de su piel,. le causaba náuseas. Era como si descendiera a suma velocidad en un ascensor.
Además tenía miedo de tener voluntad de abandonar su cuerpo,.
pues si se lo destruían,. ¿cómo podría entrar en él? El enfermero tenía cara de bellaco,. y aunque él le hubiera hablado de unas redoblonas para la próxima «reunión»,. no se sentía del todo seguro.
Mas pasada esta primera impresión se complacía en creer que era un niño débil,. lo cual no le impedía reírse desde su cama de la comedia con que trataba de tranquilizar sus noventa kilos,.
descontando que él podía ir a donde quisiera... pero no... no era cuestión de jugar. Su bondad no podía admitir eso. ¡Y qué hermoso era sentirse así colmado de caridad! Su misericordia se ensanchaba sobre el mundo,. como una nube sobre los techos de la ciudad.
Su cuerpo quedaba cada vez más abajo.
Ahora lo veía como en el fondo de un cajón,. el sanatorio entre los blancos cubos de las casas era otro cubo,. las calles azuleaban entre sábanas de sombra,. las luces verdes de los semáforos del F.C.S.
lucieron débilmente,. y el espacio entró en él como el océano en una esponja,. mientras el tiempo dejaba de existir.
Caían las alturas a través de su delicia. Ergueta sentía quietud,.
estancamiento de bondad para sí mismo,. por la voluntad de una fuerza exterior. Así gozaría el estanque seco con la lluvia que le envía el cielo.
De la tierra hacia la cual se volvía su caridad,.. veía los redondeados bordes verdosos lamidos por el éter azul. Y como no era natural permanecer silencioso,. sólo atinaba a decir:.
—Gracias... gracias, mi Señor.
No experimentaba curiosidad alguna. Su humildad se fortalecía en el acatamiento.
En la tersura celeste atisbo de pronto el escalonamiento de un roquedal. Una luz de oro bañaba el pedrerío a pesar de la noche,. y lo azul en la distancia caía en profundos barrancos de lomas doradas. Ergueta con su cuerpo restituido avanzó a pasos prudentes,. tiesa la pupila fiera en su perfil de gavilán.
Naturalmente, no se sentía tranquilo porque su cuerpo había pecado innumerables veces,. y porque comprendía que su rostro,. a pesar de la actual expresión grave,. tenía las rayas enérgicas y la fiereza de los malevos,. que cuando él era mocito imitaba en el arrabal y con las patotas.
Pero su espíritu estaba contrito y quizá eso fuera suficiente,. lo que no le impedía decirse:.
—¿Qué dirá el Señor de mi «pinta»? ¿Cómo puedo presentarme ante él? —Y al mirarse maquinalmente los botines comprobó que estaban deslustrados,. lo que acrecentó su confusión—. ¿Qué dirá el Señor de mi «pinta» y de esta cara de burrero y de cafishio? Me preguntará de mis pecados... se acordará de todas las macanas que hice... ¿y yo qué le voy a contestar?... que no sabía,. pero ¿cómo le voy a decir eso,. si él dejó testimonio de ser en todos sus profetas?
Nuevamente volvió a examinar sus botines, sucios y descalabrados.
—Y me dirá:. «Hasta estás hecho un turro... un vago vergonzoso y eso que fuiste a la universidad... Te jugaste a los «burros» lo que pudo ser consuelo del huérfano y de la vida... y enfangaste en orgías el alma inmortal que yo te di,. y arrastraste a tu ángel guardián por los lupanares y él lloraba tras tuyo,. mientras tu bocaza carnicera se llenaba de abominaciones...». Y lo peor es que yo no se lo voy a poder negar... ¿Cómo le voy a negar el pecado? ¡Qué macana, Dios mío!
El cielo era sobre su cabeza una cúpula de yeso azul. Giraban en las elípticas remotos planetas como naranjas,. y Ergueta miró humildemente el pedregal dorado.
De pronto una gran turbación desazonó su modestia. Levantó la cabeza y a su izquierda,. detenido a diez pasos,. vio al Hijo del Hombre.
El Nazareno, cubierto de una túnica celeste,. volvía a él su perfil demacrado donde lucía el almendrado ojo sereno.
Ergueta sufrió un gran desconsuelo,. no podía arrodillarse,.
«porque un bacán conserva siempre la línea» y no se arrodilla frente a un carpintero judío,. pero sintió que un sollozo le retorcía el alma y en silencio extendió los brazos unidos por los dedos hacia el dios silencioso.
Sentía que toda su caradura se impregnaba de devoción hacia él.
Así callado lo miraba a Jesús detenido en el roquedal. Los ojos de Ergueta se llenaron de lágrimas. Lamentábase de que no hubiese allí alguien con quien golpearse para demostrarle al Señor cuánto lo quería,. y ya el silencio le pareció tan insoportable que venciendo el terrible anonadamiento,. humildemente suplicó:.
—Yo quisiera ser diferente, pero no puedo.
Jesús lo miraba.
—Créame... me da no sé qué decirle que lo quiero mucho.
Ergueta le volvió la espalda,. caminó tres pasos,. luego, volviéndose, se detuvo.
—He cometido todos los pecados y muchas maca... disparates... quisiera arrepentirme y no puedo... quisiera arrodillarme... cierto,.
besarle los pies a usted, que fue crucificado por nosotros... ¡Ah! si usted supiera todas las cosas que quise decirle y se me escapan... y lo quiero sin embargo. ¿Será porque estamos de hombre a hombre?
Jesús lo miraba.
Una sonrisa nueva agració el rostro de Jesús.
Ergueta calló un instante,. luego ruborizado murmuró tímidamente:.
—¡Oh! qué bueno que es usted —exclamó enajenado Ergueta—.
¡Qué bueno! Usted se ha dignado sonreírme a mí, pecador... ¿Se da cuenta usted? Ha sonreído. A su lado, créame, me siento un muchacho, un «purrete». Quisiera adorarlo toda la vida, ser su guardaespalda. Ahora no pecaré más,. toda la vida voy a pensar en usted,. y pobre del que dude de usted... le rompo el alma... .
Jesús lo miraba.
Entonces Ergueta, queriendo ofrecer lo mejor de sí mismo, dijo:.
—Yo me arrodillo ante usted. —Avanzó unos pasos y llegando frente a Jesús inclinó la cabeza,. apoyó una rodilla en el pedregal dorado,. iba a prosternarse cuando Jesús avanzó su mano taladrada,.
la apoyó en su hombro, y dijo:.
—Vente. Sígueme siempre y no peques más,. porque tu alma es hermosa como la de los ángeles que alaban al Señor.
Quiso hablar, pero ya el vacío y el silencio lo rodeaban vertiginosamente. Ergueta comprendió que había entrado en el conocimiento de Dios. Ello era bien claro,. porque al volverse a unas voces que sonaban en la sala oscura,. un loco mudo de nacimiento exclamó, mirándolo con extrañeza:.
—Parece que venís del cielo.
Ergueta lo miró asombrado.
—Sí, porque, como los santos,. tenés una rueda de luz en la cabeza.
Ergueta, suavemente atemorizado,. se apoyó en el muro.
Un loco tuerto, que hasta entonces permanecía callado, exclamó:.
—Milagros... vos hacés milagros. Al mundo le devolviste el habla.
La conversación despertó a un tercer poseído,. que se pasaba los días matando imaginarios piojos entre sus callosos dedos desgastados,. y el barbudo, volviendo su cara pálida, dijo:.
—Vos viniste a resucitar a los muertos... .
—Y a darle la vista a los ciegos —interrumpió el mundo.
—Y también a los tuertos —aseguró el loco a quien faltaba un ojo —,. porque ahora veo de este lado.
El mudo, sosteniendo su busto con los dos brazos apoyados en el colchón, continuó:.
—Pero vos no sos vos,. sino Dios que está en tu cuerpo.
Ergueta, anonadado, aseveró:.
—Es cierto, hermanos... no soy yo... sino Dios que está en mí... .
¿Cómo podría yo, miserable burdelero, hacer milagros?
—¿Por qué no haces otro milagro?
—Yo no vine a eso, sino a predicar el verbo del Dios Vivo.
El matador de piojos recogió un pie sobre su rodilla y malévolamente insistió:.
—Debías hacer un milagro.
El mudo colocó su almohada en el piso de la sala y sentándose encima de ella, dijo:.
—Yo no hablo más.
Ergueta se apretó las sienes,. aturdido de lo que veía. Meditó amablemente el tuerto:.
—Sí, vos debías resucitar ese muerto.
—¡Si no hay ningún muerto aquí!
El tuerto avanzó cojeando hasta Ergueta,. lo tomó de un brazo y casi arrastrándolo lo llevó hasta una cama frontera,. donde yacía inmóvil un hombrecito de cabeza redonda y nariz enorme.
El mundo se acercó apretando los labios.
—¿No ves que está muerto?
—Se murió esta tarde —rezongó el tuerto.
—Les digo que ese hombre no está muerto —exclamó irritado Ergueta,. convencido de que los otros lo burlaban;. pero el matador de piojos saltó de su lecho,. se acercó a la otra cama,. inclinóse sobre el hombrecito de cabeza redonda y de tal forma empujó el cuerpo inmóvil,. que éste, al caer, resonó opacamente en el piso de la sala,.
quedando entre las dos camas con las piernas hacia arriba,.
semejante a la horqueta de un árbol recién podado.
—¿Viste que está muerto?
Los cuatro locos permanecían consternados en torno de la horqueta,. recuadrados por el celeste rectángulo de luna,. con los camisones inflados por el viento.
—¿Viste que está muerto? —repitió el barbudo.
—Hacé un milagro —suplicó el tuerto—. ¿Cómo vamos a creer en Él si vos no haces un milagro? ¿Qué te cuesta hacerlo?
El mudo, inclinando repentinamente la cabeza,. le hacía señales de aquiescencia a Ergueta.
Gravemente se inclinó sobre el cadáver,. iba a pronunciar las palabras de Vida,. mas súbitamente los muros de la sala giraron los planos del cubo ante sus ojos,. un viento oscuro aulló en sus orejas y otra vez tuvo tiempo de ver a los tres locos recuadrados por el celeste rectángulo de luna,. con los camisones inflados por el viento,.
mientras que él resbalaba por una tangente que cortaba el girante torbellino de tinieblas,. en la inconsciencia.

3-13- EL SUICIDA.

Erdosain permaneció a los pies de la Coja quizá una hora. Las anteriores emociones se disolvían en su actual modorra. Sentíase extraño a todo lo ocurrido en el transcurso del día. La angustia y la malevolencia se endurecían en su pecho como el fango bajo el sol.
Permanecía, sin embargo, inmóvil,. sometido al poder de la somnolencia oscura que se desprendía de su cansancio. Pero su frente se arrugaba. Y a través de la niebla y de la oscuridad crecía su otra desesperación,. el temor sin esperanza de verse perdido como un fantasma a la orilla de un dique de granito. Las aguas grises trazaban franjas de distinta altura que corrían en opuesta dirección. Chalupas de hierro llevaban borrosas gentes hacia remotos emporios. Habían allí, además, una mujer acicalada como una cocotte,. con un barboquejo de diamantes y que apoyaba los codos en la mesa de una taberna y se apretaba las mejillas entre los dedos enjoyados. Y mientras ella hablaba,. Erdosain se rascaba la punta de la nariz. Mas como esta actitud no era explicable,. Erdosain recordó que habían aparecido cuatro mocitas con el vestido hasta las rodillas y el pelo amarillo desgreñado en torno de sus caras caballunas. Y las cuatro mocitas, al pasar a su lado, alargaron un platillo. Fue entonces cuando Erdosain se preguntó:. «¿Es posible que puedan alimentarse haciendo sólo eso?». Entonces la estrella, la cocotte,. que bajo la barbilla tenía una papada de brillantes,. le respondió que sí,. que las cuatro mocitas vivían limosneando,. y comenzó a hablar de un príncipe ruso,. con su voz más femenina,.
cuyo género de vida,. aunque ella trataba de aparejarlo,. no condecía con el que llevaba las cuatro mocitas. Y recientemente entonces Erdosain pudo explicarse satisfactoriamente por qué razón se rascaba la punta de la nariz mientras la preciosa hablaba.
Mas su tristeza creció cuando vio a la silenciosa gente volver la cabeza,. subir a los vagones de un convoy largo,. que tenía todas las persianas bajas. Nadie preguntaba por itinerarios ni estaciones. A veinte pasos de allí,. un desierto de polvo extendía su confín oscuro.
No se divisaba la locomotora,. pero sí escuchó el doloroso rechinar de las cadenas al aflojarse los frenos. Podía correr, el tren se deslizaba despacio, alcanzarlo,. trepar por la escalerilla y quedarse un instante en la plataforma del último vagón,. viendo cómo el convoy adquiría velocidad. Erdosain estaba aún a tiempo para alejarse de esa soledad gris sin ciudades oscuras... . pero inmovilizado por su enorme angustia,. quedóse allí mirando con un sollozo detenido en la garganta,.. el último vagón con las ventanillas rigurosamente cerradas.
Cuando lo vio entrar en la curva de los entrerrieles que cubría la muralla de niebla, comprendió que se había quedado solo para siempre en el desierto de ceniza,. que el tren no retornaría jamás,.
que siempre continuaría deslizándose taciturno,. con todas las persianas de sus vagones estrictamente cerradas.
Lentamente retiró el rostro de las rodillas de Hipólita. Había dejado de llover. Sus piernas estaban heladas,. le dolían las articulaciones. Miró un instante el rostro de la mujer dormida,.
esfumado en la claridad azulada que entraba por los cristales,. y con extraordinaria precaución se puso de pie. Las cuatro mocitas de rostro caballuno y el pelo amarillo encrespado,. estaban aún en él.
Pensó:.
«Debía matarme... —Mas al observar el cabello rojo de la mujer dormida,. sus ideas tomaron otro giro más pesado—:. Debe ser cruel.
Y podría matarla, sin embargo —apretó el cabo del revólver en el bolsillo—. Bastaría un tiro en el cráneo. La bala es de acero y solo haría un agujerito. Eso sí, se le saltarían los ojos de las órbitas y quizá la nariz echara sangre. ¡Pobre alma! Y debe haber sufrido mucho. Pero debe ser cruel».
Una malevolencia cautelosa lo inclinó sobre ella. A medida que miraba a la dormida sus ojos adquirían una fijeza de enajenado,.
mientras con la mano en el bolsillo levantaba el percutor,. apretando el gatillo. Un trueno retumbó a lo lejos,. y esa extraña incoherencia que envolvía como un velo su cerebro se apartó de él;. entonces con numerosas precauciones cogió su perramus,. cerró los postigos evitando que crujieran las bisagras, y salió.
Al bajar las escaleras reconoció con alegría que tenía hambre.
Se dirigió a una de las tantas churrasquerías que hay junto al mercado Spineto,. y apresuradamente recorrió algunas cuadras.
Rodaba la luna sobre la violácea cresta de una nube,. las veredas a trechos, bajo la luz lunar,. diríanse cubiertas de planchas de zinc,.
los charcos centelleaban profundidades de plata muerta,. y con atorbellinado zumbido corría el agua,. lamiendo los cordones de granito. Tan mojada estaba la calzada,. que los adoquines parecían soldados por reciente fundición de estaño.
Erdosain entraba y salía de las sombras celestes que oblicuamente cortaban las fachadas. El olor a mojado comunicaba a la soledad matutina cierta desolación marítima.
Indudablemente, no se encontraba en sus cabales. Lo preocupaban aún las cuatro mocitas de cara caballuna,. y el mar siniestro con sus olas de hierro. El pesado hedor de aceite quemado,.
que vomitaba la puerta amarilla de una lechería,. le causó náuseas,. y entonces, cambiando de idea, se dirigió a un prostíbulo que recordó había en la calle Paso,. más cuando llegó,. la puerta estaba ya cerrada y desconcertado,. tiritando de frío,. la boca con sabor a sulfato de cobre,. entró a un café donde acababan de levantar las cortinas metálicas. Después de larga espera,. le sirvieron el té que había pedido.
Pensó en la mujer dormida. Entrecerró los ojos,. y apoyando la cabeza en el muro,. se entregó con más desconsuelo a sus penas.
No sufría por él,. el hombre inscripto con un nombre en el registro civil,. sino que su conciencia, apartándose del cuerpo,. lo miraba como al de un extraño, y se decía:.
—¿Quién tendrá piedad del hombre?
Y estas palabras, que acertaba a recoger su pensamiento,. lo turbaban llenándolo de dolorosa ternura por invisibles prójimos.
—Caer... caer siempre más bajo. Y sin embargo, otros hombres son felices,. encuentran el amor,. pero todos sufren. Lo que ocurre es que unos se dan cuenta y otros no. Algunos lo atribuyen a lo que no tienen. Pero qué sueño estúpido ese. Sin embargo, la cara de ella era linda. Lo que tenía de lógica era lo que decía respecto al príncipe aventurero. ¡Ah! poder dormir en el fondo del mar,. en una pieza de plomo con vidrios gruesos. Dormir años y años mientras la arena se amontona, y dormir. Por eso tiene razón el Astrólogo. Día vendrá en que la gente hará la revolución,. porque les falta un Dios.
Los hombres se declararán en huelga hasta que Dios no se haga presente.
Un amargo olor de cianuro llegó hasta él;. y percibiendo a través de los párpados la lechosa claridad de la mañana,. sintióse diluido como si se hallara en el fondo del mar y la arena subiera indefinidamente sobre su chozo de plomo. Alguien le tocó la espalda.
Abrió los ojos al tiempo que el mozo del café le decía:.
—Aquí no se puede dormir.
Iba a replicar,. mas el criado se apartó para ir a despertar a otro durmiente. Era éste un hombre grueso,. que había dejado caer la calva cabeza sobre los brazos cruzados encima de la tabla de la mesa.
Pero el durmiente no respondía a las voces del mozo,. y entonces extrañado se aproximó el patrón,. un hombre que tenía bigotes tan enormes como manubrios de bicicleta,. y de tal forma lo sacudió a su parroquiano,. que éste quedó doblado sobre la silla,. sin caer porque lo afirmaba el canto de la mesa.
Erdosain se levantó extrañado,. mientras que patrón y mozo,.
mirándose, observaban de reojo al singular cliente.
El durmiente permaneció en posición absurda. La cabeza caída sobre un hombro,. dejaba ver su cara chata,. mordida de viruelas con los círculos negros de unas gafas ahumadas. Un hilo de baba rojiza manchaba su corbata verde,. escapando de entre los labios azulados. El codo del desconocido apretaba en la mesa una hoja de papel escrito. Comprendieron que estaba muerto. Llamaron a la policía,. pero Erdosain no se movía de allí,. encurioseado por el espectáculo del siniestro suicida de las gafas negras,. cuya piel se cubría lentamente de manchas azules. Y el olor de almendras amargas que estaba inmóvil en el aire,. parecía escaparse de entre las quijadas abiertas.
Llegó un auxiliar de policía,. luego un sargento,. más tarde dos vigilantes y un oficial inspector,. y dicha gente merodeaba en torno del muerto,. como si éste fuera una res. De pronto el auxiliar, dirigiéndose al oficial inspector, dijo:.
—¿No sabe quién es?
El sargento sacó del bolsillo del cadáver la adición de un hotel,.
varias monedas, un revólver, tres cartas lacradas.
—¿Así que éste es el que mató a la muchacha de la calle Talcahuano?
Le quitaron los anteojos al muerto,. y ahora se le veían los ojos,.
las pupilas bisqueando,. la córnea vuelta hacia arriba,. los párpados teñidos de rojo como si hubiera llorado lágrimas de sangre.
—¿No le decía? —continuó el auxiliar—. Aquí está la cédula de identidad.
—Iba a ir a Ushuaia para toda la vida.
Entonces Erdosain, al escuchar estas palabras,. recordó como si hiciera mucho tiempo que lo hubiera leído. (Y sin embargo, no era así. La mañana anterior se había enterado en un diario). El muerto era un estafador. Abandonó a su esposa y cinco hijos para vivir en concubinato con otra mujer de la que tenía tres hijos,. pero hacía dos noches,. quizá harto de la barragana,. se presentó en un hotel de la calle Talcahuano en compañía de una jovencita de diecisiete años,.
su nueva amante. Y a las tres de la madrugada le tapó suavemente la cabeza con una almohada,. disparándole un balazo en el oído.
Nadie en el hotel escuchó nada. A las ocho de la mañana el asesino se vistió,. dejó entreabierta la puerta,. y llamando a la camarera le dijo que no despertara a la señora hasta las diez,. porque estaba muy cansada. Luego salió, y recién a las doce del día fue descubierta la muerta.
Pero lo que le impresionó extraordinariamente a Erdosain fue pensar que el asesino había estado cinco horas en compañía de la muerta,. cinco horas junto al cadáver de la jovencita en la soledad de la noche... y que debía de haberla querido mucho.
¿Mas él no había pensado lo mismo horas antes frente a la mujer de cabello rojo? ¿Era aquello una reminiscencia inconsciente o el suicida allí doblado?... .
Llegó el carro de la Asistencia Pública y el muerto fue cargado.
Luego lo interrogaron. Erdosain manifestó lo poco que sabía como testigo,. y salió intrigado a la calle. Una pregunta inconcreta y dolorosa estaba en el fondo de su conciencia.
Recordaba ahora que el cadáver tenía la boca de los pantalones enfangada,. la camisa sucia y húmeda y,. a pesar de ello,. ¿cómo había llegado a hacerse querer por la jovencita que mató? ¿Existía entonces el amor? A pesar de sus dos mujeres y de sus ocho hijos dispersos y de su vida crapulosa de ladrón y estafador,. el asesino amaba. Y se lo imaginó en la noche hosca,. allí, en ese hotel frecuentado por prostitutas e individuos de profesión indefinida,. en una habitación de empapelado despedazado,. mirando sobre la almohada empapada de sangre la cérea carita de la muchacha enfriada. Cinco horas sombrías contemplando la muerta,. que antes le apretaba entre sus brazos desnudos. Pensando así llegó a la plaza Once, dolorosamente estupefacto.
Eran las cinco de la mañana. Entró a la estación del ferrocarril,.
miró en redor, y como tenía sueño se refugió en un rincón de la sala de espera.
A las ocho lo despertó de su profundo sueño el ruido que con las maletas hizo un pasajero. Se restregó con los puños los párpados adoloridos. En un cielo sin nubes brillaba el sol.
Salió, subiendo a un ómnibus que se dirigía a Constitución. El Astrólogo le esperaba en la estación de Témperley. Su recia figura engabanada,. con la chistera echada sobre los ojos y los bigotazos caídos a lo galo,. fue distinguida inmediatamente por Erdosain.
—Está muy pálido —dijo el Astrólogo.
—¿Estoy pálido?
—Amarillo.
—He dormido mal... para peor he visto un suicidio esta mañana... .
—Bueno, aquí tiene el cheque.
Erdosain lo examinó. Era por quince mil trescientos setenta y tres pesos;. al portador, pero con la fecha atrasada de dos días.
—¿Por qué atrasó la fecha?
—Inspirará más confianza. El empleado de banco sabe que si ese cheque se hubiera perdido,. a la hora que usted se presentara a cobrarlo habría ya orden de secuestro.
—¿Protestó?... .
—No... sonreía. Ese hombre piensa hacernos meter en la cárcel a todos... . ¡ah!... antes de ir al banco,. vaya a una peluquería y hágase afeitar... .
—¿Y el otro está advertido?
—No, cuando sea el momento lo despertaremos.
Faltaban pocos minutos para la llegada del tren. Erdosain lo miró sonriendo al Astrólogo y dijo:.
—¿Qué haría usted si yo me escapara?
El otro, con los dedos en horqueta,. se sobó los bigotes, y luego:.
—Eso es tan imposible como que el tren que viene aquí no pare aquí.
—Pero admitámoslo por un momento.
—No puedo. Si por un momento admitiera eso,. no sería usted el que fuera a cobrar el cheque... . ¡Ah!... ¿Quién era el que se suicidó esta mañana?
—Un asesino. Curioso. Mató a una muchachita que no quería ir a vivir con él.
—Fuerzas perdidas.
—¿Y usted sería capaz de matarse?
—No... Usted comprende que yo estoy destinado para un fin más alto.
Erdosain lanzó una pregunta extraña:.
—Dígame, ¿usted cree que las pelirrojas son crueles?
—Tanto no... pero más bien asexuales;. de allí que esa frialdad con que examinan las cosas causa una impresión agria. El Rufián Melancólico me contaba que en su larga carrera de macró había conocido muy pocas prostitutas de cabello rojo... . Ya sabe. No se olvide de afeitarse. Vaya al banco a las once, no antes. ¿Usted almuerza conmigo hoy, no?
Sí, hasta luego.
Tras de Erdosain subió el Mayor, que le hizo una amistosa señal al Astrólogo. Erdosain no lo vio.
Y ya hundido y en su butaca, Erdosain pensó:.
—Es un hombre extraordinario. ¡Cómo diablos ha conocido que no lo engañaré,. ¿si acierta en las otras cosas como en esta, triunfará —y vencido por el balanceo del tren se adormeció otra vez.
Tras de él estaba el Mayor. Y ya en el banco,. con el corazón golpeando fuertemente,. se acercó a la ventanilla cuando el empleado pagador lo llamó:.
—¿Quiere grueso o menudo?
—Grueso.
—Firme.
Erdosain firmó el reverso del cheque. Creyó que le pedirían cédula de identidad,. mas el empleado, impasible,. con sus brazos protegidos de manguitos de lustrina,. contó diez billetes de a mil pesos,. cinco de quinientos y el resto en moneda menor. Y aunque Erdosain deseaba huir de miedo,. escrupulosamente recontó el dinero,. lo puso en su cartera,. colocó esta en el bolsillo de su pantalón,. cogiéndola fuertemente, y salió a la calle.
Entre bosques de nubes blancas,. aparecía como metal recién lavado,. un caracol de cielo. Erdosain se sintió feliz. Pensó que en otros climas y bajo un espacio siempre azul como el que miraba debían existir mujeres singulares,. de cabelleras lujosas y rostros lisos,. con grandes ojos almendrados,. sombrosos en la oscuridad de las largas pestañas. Y que el aire siempre perfumado saldría de las grutas de la mañana hacia las bocacalles de las ciudades,.
escalonadas sobre los céspedes de los jardines,. sobrepujando con sus esféricas torres las empenachadas crestas de los parques y terrazas.
Y el rostro romboidal del Astrólogo,. con las guías de los bigotes caídas a lo largo de las comisuras de los labios,. y su chistera de cochero de punto, lo entusiasmó;. luego pensó que unido a la sociedad podría continuar sus ensayos de electrotécnica,. y ahora cruzaba las calles semejante a un emperador venido a menos,. sin reparar que su prestancia seducía a las planchadoras que pasaban con la cesta bajo el brazo,. y emocionaba a las pantaloneras que regresaban de las tiendas con pesados bultos.
Inventaría el Rayo de la Muerte,. un siniestro relámpago violeta cuyos millones de amperios fundirían el acero de los dreadnoughts,.
como un horno funde una lenteja de cera,. y haría saltar en cascajos las ciudades de portland,. como si las soliviantaran volcanes de trinitrotolueno. Veíase convertido en Dueño del Universo. Con una esquela terminante citaba a los Embajadores de las Potencias.
Encontrábase en un desmesurado salón de muros encristalados,.
cuyo centro lo ocupaba una mesa redonda. En rededor hundidos en las poltronas estaban los viejos diplomáticos,. cabezas calvas, semblantes plomizos,. miradas duras y furtivas. Algunos golpeaban con el revés del lápiz el cristal de la mesa,. otros fumaban silenciosos,. y un gigantesco negro libreado de verde se mantenía inmóvil junto al terciopelo rojo de los cortinones que cubrían la entrada.
¡Y él! Erdosain, Augusto Remo Erdosain,. el ex ladrón, el ex cobrador, se levantaba. Su busto modelado por un negro saco cruzado se reflejaba en el vidrio de la mesa con los cuatro dedos de la mano derecha calzados en el bolsillo,. y en la izquierda algunos papeles. Ya de pie, examinaba con ojos glaciales el impasible rostro de los Embajadores. Una palidez terrible le inmovilizaba con su frío delicioso. Héroes de todas las épocas sobrevivían en él. Ulises, Demetrio, Aníbal, Loyola, Napoleón, Lenin, Mussolini,. cruzaban ante sus ojos como grandes ruedas ardientes,. y se perdían en un declive de la tierra solitaria bajo un crepúsculo que ya no era terrestre.
Sus palabras caían en sonidos breves,. con choques sólidos de acero. Y seducido por la teatralidad del espectáculo,. se contemplaba en un imaginario espejo,. estremecido y airado.
Imponía condiciones.
Los Estados debían entregarle sus flotas de guerra,. millares de cañones y gavillas de fusiles. Luego de cada raza se seleccionarían algunos cientos de hombres,. se les aislaría en una isla,. y el resto de la humanidad era destruida. El Rayo volaba las ciudades,.
esterilizaba campos,. convertía en cenizas las razas y los bosques.
Se perdería para siempre el recuerdo de toda ciencia,. de todo arte y belleza. Una aristocracia de cínicos,. bandoleros sobresaturados de civilización y escepticismo,. se adueñaba del poder,. con él a la cabeza. Y como el hombre para ser feliz necesita apoyar sus esperanzas en una mentira metafísica,. ellos robustecerían el clero,.
instaurarían una inquisición para cercenar toda herejía que socavara los cimientos del dogma o la unidad de creencia que sería la absoluta unidad de la felicidad humana,. y el hombre restituido al primitivo estado de sociedad,. se dedicaría como en tiempos de los faraones a las tareas agrícolas. La mentira metafísica devolvería al hombre la dicha que el conocimiento le había secado en brote dentro del corazón. Sus palabras caían con sonidos cortos y secos,.
como los choques de cubos de acero. Y decía a los Embajadores:.
—La ciudad de nosotros, los Reyes,. será de mármol blanco y estará a la orilla del mar. Tendrá un diámetro de siete leguas y cúpulas de cobre rosa, lagos y bosques. Allí vivirán los santos de oficio,. los patriarcas bribones,. los magos fraudulentos,. las diosas apócrifas. Toda ciencia será magia. Los médicos irán por los caminos disfrazados de ángeles,. y cuando los hombres se multipliquen demasiado,. en castigo de sus crímenes,. luminosos dragones voladores derramarán por los aires vibriones de cólera asiático.
«El hombre vivirá en plena etapa de milagro,. y será millonario de fe. Durante las noches proyectaremos en las nubes,. con poderosos reflectores,. la «entrada del Justo en el Cielo». ¿Se imaginan ustedes? Súbitamente, por sobre las montañas surge un rayo verde y lila,. y las nubes se cubren de un jardín donde el aire blanco flota como copos de nieve. Un ángel de alas color de rosa cruza los canteros,. se detiene ante la verja del Paraíso,. y con los brazos abiertos los recibe al «Justo»,. un hombre de pueblo, con sombrero abollado, larga barba y garrote. ¿Comprenden ustedes pillos, profesionales, cínicos y eximios? ¿Comprenden? El ángel de las alas color de rosa, lo recibe al hombre que en la tierra suda y sufre.
¿Se dan cuenta qué genial es mi idea,. qué maravilloso el fácil milagro? Y las multitudes adorarán de rodillas a Dios,. y únicamente el cielo no existirá para nosotros,. bandoleros tristes que tenemos el poder, la ciencia y la verdad inútil».
Temblaba al hablar.
—Seremos como dioses. Donaremos a los hombres milagros estupendos,. deliciosas bellezas, divinas mentiras,. les regalaremos la convicción de un futuro tan extraordinario,. que todas las promesas de los sacerdotes serán pálidas frente a la realidad del prodigio apócrifo. Y entonces, ellos serán felices... ¿Comprenden, imbéciles?
De un encontronazo un faquín lo arrojó contra un muro. Erdosain se detuvo espantado,. apretó el dinero convulsivamente en su bolsillo,. y excitado, ferozmente alegre como un tigrecito suelto en un bosque de ladrillo,. escupió a la fachada de una casa de modas, diciendo:.
—Serás nuestra, ciudad.
Tras él caminaba el Mayor.

3-14/3-14- EL GUIÑO.

En Témperley lo esperaba el Astrólogo. Una sonrisa llena de bondad iluminaba su rostro. Erdosain casi corrió a su encuentro,.
pero el otro, tomándolo de los brazos,. lo detuvo un instante mirándolo a los ojos,. luego, tuteándolo, cosa que no había hecho nunca, le dijo:.
—¿Estás contento?
Erdosain se ruborizó. En aquel instante un doble misterio quedó revelado en su conciencia. Aquel hombre no mentía,. y sintióse tan amigo de él,. que ahora hubiera querido conversar indefinidamente,.
narrarle los pormenores más íntimos de su vida desgraciada,. y sólo atinó a decir:.
—Sí, estoy muy contento.
El Astrólogo se detuvo un momento en el andén de la estación.
Ahora lo trataba de usted como de costumbre.
—¿Sabe? Muchos llevamos un superhombre adentro. El superhombre es la voluntad en su máximo rendimiento,.
sobreponiéndose a todas las normas morales y ejecutando los actos más terribles,. como un género de alegría ingenua... algo así como el inocente juego de la crueldad.
—Sí y ya uno no siente miedo ni angustia,. es como si anduviera caminando encima de las nubes.
—Claro, lo ideal sería despertar en muchos hombres esta ferocidad jovial e ingenua. A nosotros nos toca inaugurar la era del Monstruo Inocente. Todo se hará, sin duda alguna. Es cuestión de tiempo y audacia,. pero cuando se den cuenta que el espíritu se les hunde en la letrina de esta civilización,. antes de ahogarse van a torcer el camino. Lo que hay es que el hombre no ha reparado que está enfermo de cobardía y de cristianismo.
—¿Pero usted no quería cristianizar a la humanidad?
—No, al montón... pero si ese proyecto fracasa tomaremos un camino contrario. Nosotros no hemos sentado principio alguno todavía,. y lo práctico será acaparar los principios más opuestos.
Como en una farmacia,. tendremos las mentiras perfectas y diversas,.
rotuladas para las enfermedades más fantásticas del entendimiento y del alma.
—¿Sabe que usted me resulta el loco de la usina,. como le decía ayer Barsut?
—Lo que llamamos locura es la descostumbre del pensamiento de los otros. Vea, si ese changador le confesara las ideas que se le ocurren,. usted le encerraría en un manicomio. Naturalmente, como nosotros debe haber pocos... lo esencial es que de nuestros actos recojamos vitalidad y energía. Allí está la salvación.
—¿Y Barsut?
—Ni sospecha lo que le espera.
—¿Y cómo lo eliminará?
—Bromberg lo estrangulará... No sé, es una cuestión que no me atañe.
Bajo el sol, evitando los charcos,. se encaminaban hacia la morada. Y Erdosain se decía:.
—Y la ciudad de nosotros, los Reyes,. será de mármol blanco y estará a la orilla del mar... y seremos como dioses. —Y mirándole con los ojos resplandecientes,. dijo a su compañero—: ¿Sabe usted que algún día seremos como dioses?
—Es lo que la gente bestia no comprende. Los han asesinado a los dioses. Pero día vendrá que bajo el sol correrán por los caminos gritando:. «Lo queremos a Dios, lo necesitamos a Dios». ¡Qué bárbaros! Yo no me explico cómo lo han podido asesinar a Dios.
Pero nosotros los resucitaremos... inventaremos unos dioses hermosos... supercivilizados... ¡y qué otra cosa será entonces la vida!
—¿Y si fracasara todo?
—No importa... vendrá otro... vendrá otro que me substituirá. Así tiene que suceder. Lo único que debemos desear es que la idea germine en las imaginaciones... el día que esté en muchas almas, sucederán cosas hermosas.
Erdosain asombrábase de su serenidad.
No temía ya nada, y nuevamente recordó el salón de los Embajadores,. y su mirada malévola se recogió en la turbación de los ancianos diplomáticos,. cabezas calvas, semblantes plomizos, miradas duras y furtivas,. y entonces, sin poderes contener, exclamó:.
—¡Qué tanto «joder» para retorcerle el pescuezo a esa bestia!
El otro lo miró sorprendido.
—¿Está nervioso o es que se enoja solo, como los elefantes?
—No, me revienta esta carga de escrúpulo antiguo.
—Así son los mocitos —repuso el Astrólogo—. Su vida es parecida a la de un gato entre una puerta entreabierta.
—¿Asisto a la ejecución?
—¿Le interesa?
—Mucho.
Pero al atravesar la puerta de la quinta,. una náusea le revolvió el estómago y sintió en la garganta el reflejo gástrico de un vómito.
Apenas si se podía tener en pie. En sus ojos las formas estaban veladas por una neblina lechosa. De las articulaciones le colgaban los brazos con pesantez de miembros de bronce. Caminaba sin conciencia de la distancia;. el aire le pareció que se vitrificaba,. el suelo ondulaba bajo sus plantas,. a momentos la vertical de los árboles se convertía en un zig-zag dentro de sus ojos. Respiraba con fatiga,. tenía la lengua reseca e inútilmente trataba de humedecerse los labios apergaminados y las fauces ardientes,. y solo una voluntad de vergüenza lo mantenía en pie.
Cuando entreabrió los ojos descendía por la escalerilla de la cochera en compañía de Bromberg.
El Hombre que vio a la Partera marchaba como atontado con la greñuda cabellera alborotada. Tenía los pantalones superfluamente sostenidos por la pretina,. y un trozo de camisa blanca como la punta de un pañuelo escapaba de su bragueta. Y se tapaba la boca con el puño arrojando enormes bostezos. Pero su mirada somnolienta,.. perdidosa, parecía ajena a su actitud de patán. Eran hermosos ojos los suyos, serios e incoherentes como los de las grandes bestias,.
entre los párpados pestañudos que sombreaban sus ojeras en un redondo y fino rostro de doncella. Erdosain lo miró, pero el otro pareció no verle,. sumergido en su magnífica incoherencia. Luego miró embobado al Astrólogo,. este le hizo una seña con la cabeza y después de abrirle el candado entraron los tres al establo.
Barsut se levantó de un brinco:. iba a hablar. Bromberg describió una curva en el aire y un choque de cráneos contra las tablas retumbó en la cochera. En el polvo el sol alargaba un losange amarillo. Del montón informe se desprendían ronquidos sordos.
Erdosain seguía con curiosidad cruel la lucha,. y de pronto de la cintura de Bromberg,. que estaba abultado sobre Barsut con los dos enormes brazos tensos en la sujeción de un pescuezo contra el suelo,. se desprendió el pantalón,. quedando con las nalgas blancas en descubierto y la camisa sobre los riñones. Y el sordo ronquido no fue ya. Hubo un instante de silencio,. mientras el asesino, semidesnudo, inmóvil,. oprimía más fuertemente la garganta del muerto.
Erdosain miraba, nada más.
El Astrólogo aguardaba con el reloj en la mano. Así estuvieron dos minutos,. que en Erdosain no tuvieron longitud.
—Basta, ya está.
Torpe, con el pelo pegado a la frente, volvióse Bromberg,. y sin fijar en nadie su mirada incoherente,. cogió ruborizado las puntas de su pantalón,. abrochándoselo apresuradamente.
Había salido de la cochera el asesino. Erdosain lo siguió,. y el Astrólogo, que era el último,. se volvió a mirarlo al estrangulado.
Este permanecía en el suelo,. con la cabeza vuelta hacia el techo,.
las mandíbulas distendidas y la lengua pegada al vértice de los labios torcidos en una comisura que descubría los dientes.
En esa circunstancia ocurrió un suceso extraño,. del que no se dio cuenta Erdosain. El Astrólogo, deteniéndose bajo el dintel de la cochera,. volvió el rostro hacia el muerto,. entonces Barsut, levantando los hombros hasta las orejas,. estiró el cuello y mirándolo al Astrólogo guiñó un párpado. Este se tocó el ala del sombrero con el índice y salió a reunirse con Erdosain,. quien sin poderse contener, exclamó:.
—¿Y eso es todo?
—El Astrólogo levantó hacia él una mirada burlona.
—¿Pero se creía usted que «eso» es como en el teatro?
—¿Y cómo lo va a hacer desaparecer?
—Disolviéndolo en ácido nítrico. Tengo tres damajuanas. Pero, hablando de todo un poco,. ¿tiene noticias de la rosa de cobre?
—Sí, salió lo más bien. Los Espila están contentísimos. Anoche precisamente vi una muy buena muestra.
—Bueno, almorzaremos... que bien nos lo hemos ganado. Pero cuando iban a entrar en el comedor, el Astrólogo dijo:.
—¿Cómo... no nos lavamos las manos?
Erdosain lo miró sorprendido e instintivamente levantó las manos hasta donde se cruzaban las solapas de su saco para mirárselas.
Entonces, apresuradamente, en silencio,. se encaminaron hasta el cuarto de baño,. despojándose de los sacos,. abrieron las canillas.
Erdosain cogió un trozo de jabón y concienzudamente, arremangado hasta los codos, se frotó con él. Luego puso los brazos bajo el chorro de agua y se secó vigorosamente en la toalla.
Mas antes de salir,. el Astrólogo efectuó un acto extraño.
Cogiendo la toalla la arrojó al fondo de la bañadera,. tomó un frasco de alcohol,. vertiendo su contenido sobre ella,. luego encendió un fósforo,. y durante un minuto los dos semblantes en el cuarto oscuro fueron iluminados por las azuladas llamas del inflamable que consumía el tejido. Luego, por todo resto quedó allí un negruzco depósito de cenizas:. el Astrólogo abrió una canilla,. nuevamente el agua corría arrastrando la liviana carbonización,. y entonces ambos salieron para el comedor.
Una sonrisa irónica retozaba en el rostro de Erdosain.
—¿Así que ha hecho como Pilatos, eh?
—Tiene razón, e inconscientemente.
En el comedor sombroso las entreabiertas persianas dejaban ver el jardín. Tiernos tallos de madreselva trepaban hasta las maderas del marco. Insectos transparentes resbalaban en el aire junto al limonero y las paredes blancas se reflejaban en la rubia opacidad del piso encerado. Los flecos del mantel caían en torno de las patas cuadradas de la mesa. En un florero etrusco, un ramo de claveles desparramaba su apimentada fragancia,. y los cubiertos plateados brillaban sobre el lino y en la loza;. las sombras se enroscaban como rulos en la vitrea convexidad de las copas,. o se extendía en franjas triangulares sobre los platos. En una fuente ovalada había una mayonesa de langostinos.
El Astrólogo sirvió vino. Comían en silencio. Luego el Astrólogo trajo caldo amarillo de yemas de huevos,. una bandeja de espárragos nadando en aceite,. ensalada de alcachofas y más tarde pescado. Como postres hubo ricota rociada de canela y fruta.
Después sirvió café,. y Erdosain le entregó el dinero. El Astrólogo lo recontó:.
—Aquí tiene tres mil quinientos. Hágase varios trajes. Usted es un buen mozo y es conveniente que ande elegante.
—Muchas gracias... pero oiga... estoy muerto de sueño. Voy a dormir un rato. ¿Quiere despertarme a las cinco?
—Cómo no, venga. —Y el Astrólogo lo acompañó hasta su dormitorio. Erdosain se quitó los botines,. extenuado ya, arrojó el saco en el respaldar de la cama. Un ardor enorme le quemaba los párpados,. su pecho se cubrió de sudor espeso y no pensó más.
Despertó ya oscurecido,. al ruido del Astrólogo que abría una persiana. Volvióse sobresaltado,. mientras que el otro le decía:.
—¡Por fin! Hace veintiocho horas que está durmiendo. —Mas como expresara duda,.. el Astrólogo le alcanzó los diarios del día,. y, ciertamente, habían pasado dos días.
Erdosain saltó de la cama pensando en Hipólita.
—Es necesario que me vaya.
—Usted dormía que parecía un muerto. Nunca he visto a nadie dormir así, con tal cansancio,. hasta con el olvido de las necesidades naturales... pero, a propósito,. ¿de dónde sacó usted esa historia del suicida del café? He visto los diarios de ayer a la noche y de esta mañana. Ninguno trae esa noticia. Usted la ha soñado.
—Sin embargo, yo puedo enseñarle el café.
—Pues soñó en el café, entonces.
—Puede ser... no tiene importancia... ¿y eso?... .
—Ya está.
—¿Todo?
—Todo.
—¿Y el ácido?
—Lo volcaremos en el sumidero.
—¿Así que ya?... .
—Es como si no hubiera existido nunca.
—Al despedirse del Astrólogo, éste le dijo:.
—Véngase el miércoles a las cinco. A la noche tendremos reunión. No se olvide de comprarse un traje de confección mientras le hacen los otros. No falte, que estará el Buscador de Oro,. el Rufián y otros, otros. Cambiaremos ideas y acuérdese de que tengo mucho interés en la cuestión de los gases asfixiantes. Hágase un proyecto para fábrica reducida de cloro y fosgeno. Ah, y a ver si puede averiguar qué diablo es el gas mostaza. Destruye cualquier substancia que no esté protegida por un impermeable empapado en aceite.
—El fosgeno es oxicloruro de carbono.
—No pierda tiempo, Erdosain. Una fábrica chica. Que puede servir de escuela de química revolucionaria. Recuerde que nuestras actividades se pueden dividir en tres partes. El Buscador de Oro estará encargado de lo relacionado con la colonia,. usted con las industrias,. Haffner con los prostíbulos. Ahora que tenemos dinero no hay que perder tiempo. Es necesario que trabaje. ¿Qué me dice usted si organizamos una usina que llegue a ser en la Argentina lo que fue la Krupp en Alemania? Hay que tener confianza. De lo nuestro pueden salir muchas sorpresas. Somos descubridores que no saben sino en conjunto hacia dónde van. ¡Y eso mismo quién sabe!... .
Erdosain fijó un segundo los ojos en el semblante romboidal del otro,. luego, sonriendo burlonamente, dijo:.
—¿Sabe que usted se parece a Lenin?
Y antes de que el Astrólogo pudiera contestarle, salió.
[FIN]
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3-12- LA REVELACIÓN.
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Interin ocurrían estos sucesos,.
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en el Hospicio de las Mercedes,.
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Así fue.
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Despertó al amanecer en la sala.
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un cielo poroso y seco de azul como yeso teñido de metileno.
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Ergueta se rascó concienzudamente la nariz,.
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aunque no sentía mayor preocupación.
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Comprendía que se encontraba en la casa de los locos,.
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pero ese «era un asunto que no le concernía».
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Le preocupaba si hubieran encalabozado su espíritu,.
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su cuerpo que pesaba noventa kilos,.
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Mas, ¿qué tenía que ver su espíritu con tal carnaza furiosa?
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Era ésa una realidad tan evidente para su entendimiento,.
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que lo asombró de que los médicos no repararan aún en tal diferencia.
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Ergueta se sintió maravillado de su descubrimiento.
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Él ya no era un hombre, sino un espíritu,.
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«sensación pura de alma»,.
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como las nubes en los espacios infinitos.
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Estaba ligeramente alegre.
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dejarlo abandonado como a un traje.
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Al descubrirla, esta súbita seguridad le proporcionó un miedo liviano.
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de forma que el equilibrio de su cuerpo próximo a caer,.
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y el de su piel,.
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Era como si descendiera a suma velocidad en un ascensor.
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Además tenía miedo de tener voluntad de abandonar su cuerpo,.
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pues si se lo destruían,.
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¿cómo podría entrar en él?
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El enfermero tenía cara de bellaco,.
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no se sentía del todo seguro.
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Su bondad no podía admitir eso.
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¡Y qué hermoso era sentirse así colmado de caridad!
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como una nube sobre los techos de la ciudad.
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Su cuerpo quedaba cada vez más abajo.
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Ahora lo veía como en el fondo de un cajón,.
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el sanatorio entre los blancos cubos de las casas era otro cubo,.
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las calles azuleaban entre sábanas de sombra,.
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las luces verdes de los semáforos del F.C.S.
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lucieron débilmente,.
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y el espacio entró en él como el océano en una esponja,.
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mientras el tiempo dejaba de existir.
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Caían las alturas a través de su delicia.
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Ergueta sentía quietud,.
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estancamiento de bondad para sí mismo,.
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por la voluntad de una fuerza exterior.
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Así gozaría el estanque seco con la lluvia que le envía el cielo.
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Y como no era natural permanecer silencioso,.
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sólo atinaba a decir:.
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No experimentaba curiosidad alguna.
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Su humildad se fortalecía en el acatamiento.
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En la tersura celeste atisbo de pronto el escalonamiento de un roquedal.
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Una luz de oro bañaba el pedrerío a pesar de la noche,.
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y lo azul en la distancia caía en profundos barrancos de lomas doradas.
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Ergueta con su cuerpo restituido avanzó a pasos prudentes,.
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tiesa la pupila fiera en su perfil de gavilán.
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y porque comprendía que su rostro,.
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a pesar de la actual expresión grave,.
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tenía las rayas enérgicas y la fiereza de los malevos,.
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que cuando él era mocito imitaba en el arrabal y con las patotas.
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Pero su espíritu estaba contrito y quizá eso fuera suficiente,.
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lo que no le impedía decirse:.
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—¿Qué dirá el Señor de mi «pinta»?
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¿Cómo puedo presentarme ante él?
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lo que acrecentó su confusión—.
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que no sabía,.
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pero ¿cómo le voy a decir eso,.
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si él dejó testimonio de ser en todos sus profetas?
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Nuevamente volvió a examinar sus botines, sucios y descalabrados.
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—Y me dirá:.
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mientras tu bocaza carnicera se llenaba de abominaciones...».
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¡Qué macana, Dios mío!
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El cielo era sobre su cabeza una cúpula de yeso azul.
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Giraban en las elípticas remotos planetas como naranjas,.
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y Ergueta miró humildemente el pedregal dorado.
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De pronto una gran turbación desazonó su modestia.
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Levantó la cabeza y a su izquierda,.
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detenido a diez pasos,.
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vio al Hijo del Hombre.
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El Nazareno, cubierto de una túnica celeste,.
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volvía a él su perfil demacrado donde lucía el almendrado ojo sereno.
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Ergueta sufrió un gran desconsuelo,.
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no podía arrodillarse,.
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Sentía que toda su caradura se impregnaba de devoción hacia él.
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Así callado lo miraba a Jesús detenido en el roquedal.
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Los ojos de Ergueta se llenaron de lágrimas.
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humildemente suplicó:.
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—Yo quisiera ser diferente, pero no puedo.
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Jesús lo miraba.
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—Créame... me da no sé qué decirle que lo quiero mucho.
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Ergueta le volvió la espalda,.
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caminó tres pasos,.
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luego, volviéndose, se detuvo.
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besarle los pies a usted, que fue crucificado por nosotros... ¡Ah!
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¿Será porque estamos de hombre a hombre?
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Jesús lo miraba.
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Una sonrisa nueva agració el rostro de Jesús.
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Ergueta calló un instante,.
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luego ruborizado murmuró tímidamente:.
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—¡Oh!
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qué bueno que es usted —exclamó enajenado Ergueta—.
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¡Qué bueno!
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Usted se ha dignado sonreírme a mí, pecador... ¿Se da cuenta usted?
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Ha sonreído.
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A su lado, créame, me siento un muchacho, un «purrete».
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Quisiera adorarlo toda la vida, ser su guardaespalda.
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Ahora no pecaré más,.
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toda la vida voy a pensar en usted,.
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y pobre del que dude de usted... le rompo el alma... .
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Entonces Ergueta, queriendo ofrecer lo mejor de sí mismo, dijo:.
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—Avanzó unos pasos y llegando frente a Jesús inclinó la cabeza,.
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apoyó una rodilla en el pedregal dorado,.
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iba a prosternarse cuando Jesús avanzó su mano taladrada,.
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—Vente.
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Sígueme siempre y no peques más,.
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porque tu alma es hermosa como la de los ángeles que alaban al Señor.
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Ergueta comprendió que había entrado en el conocimiento de Dios.
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Ello era bien claro,.
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—Parece que venís del cielo.
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Ergueta lo miró asombrado.
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—Sí, porque, como los santos,.
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tenés una rueda de luz en la cabeza.
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Ergueta, suavemente atemorizado,.
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se apoyó en el muro.
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Un loco tuerto, que hasta entonces permanecía callado, exclamó:.
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—Milagros... vos hacés milagros.
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Al mundo le devolviste el habla.
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unit 164
La conversación despertó a un tercer poseído,.
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unit 166
y el barbudo, volviendo su cara pálida, dijo:.
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unit 168
—Y a darle la vista a los ciegos —interrumpió el mundo.
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unit 169
unit 170
porque ahora veo de este lado.
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unit 172
—Pero vos no sos vos,.
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unit 173
sino Dios que está en tu cuerpo.
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unit 174
Ergueta, anonadado, aseveró:.
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unit 175
—Es cierto, hermanos... no soy yo... sino Dios que está en mí... .
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unit 176
¿Cómo podría yo, miserable burdelero, hacer milagros?
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unit 177
—¿Por qué no haces otro milagro?
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unit 178
—Yo no vine a eso, sino a predicar el verbo del Dios Vivo.
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unit 180
—Debías hacer un milagro.
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unit 182
—Yo no hablo más.
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unit 183
Ergueta se apretó las sienes,.
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unit 184
aturdido de lo que veía.
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unit 185
Meditó amablemente el tuerto:.
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unit 186
—Sí, vos debías resucitar ese muerto.
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unit 187
—¡Si no hay ningún muerto aquí!
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unit 188
El tuerto avanzó cojeando hasta Ergueta,.
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unit 189
unit 190
donde yacía inmóvil un hombrecito de cabeza redonda y nariz enorme.
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unit 191
El mundo se acercó apretando los labios.
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unit 193
—Se murió esta tarde —rezongó el tuerto.
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unit 194
unit 195
convencido de que los otros lo burlaban;.
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unit 196
pero el matador de piojos saltó de su lecho,.
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unit 197
se acercó a la otra cama,.
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unit 199
que éste, al caer, resonó opacamente en el piso de la sala,.
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unit 200
quedando entre las dos camas con las piernas hacia arriba,.
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unit 201
semejante a la horqueta de un árbol recién podado.
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unit 202
—¿Viste que está muerto?
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unit 203
Los cuatro locos permanecían consternados en torno de la horqueta,.
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unit 204
recuadrados por el celeste rectángulo de luna,.
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unit 205
con los camisones inflados por el viento.
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unit 206
—¿Viste que está muerto?
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unit 207
—repitió el barbudo.
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unit 208
—Hacé un milagro —suplicó el tuerto—.
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unit 209
¿Cómo vamos a creer en Él si vos no haces un milagro?
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unit 210
¿Qué te cuesta hacerlo?
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unit 211
El mudo, inclinando repentinamente la cabeza,.
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unit 212
le hacía señales de aquiescencia a Ergueta.
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unit 213
Gravemente se inclinó sobre el cadáver,.
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unit 214
iba a pronunciar las palabras de Vida,.
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unit 217
con los camisones inflados por el viento,.
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unit 219
en la inconsciencia.
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unit 220
3-13- EL SUICIDA.
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unit 221
Erdosain permaneció a los pies de la Coja quizá una hora.
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unit 222
Las anteriores emociones se disolvían en su actual modorra.
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unit 223
Sentíase extraño a todo lo ocurrido en el transcurso del día.
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unit 225
Permanecía, sin embargo, inmóvil,.
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unit 226
unit 227
Pero su frente se arrugaba.
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unit 228
unit 231
Chalupas de hierro llevaban borrosas gentes hacia remotos emporios.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 232
Habían allí, además, una mujer acicalada como una cocotte,.
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unit 235
Erdosain se rascaba la punta de la nariz.
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unit 236
Mas como esta actitud no era explicable,.
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unit 238
Y las cuatro mocitas, al pasar a su lado, alargaron un platillo.
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unit 239
Fue entonces cuando Erdosain se preguntó:.
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unit 242
que bajo la barbilla tenía una papada de brillantes,.
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unit 243
le respondió que sí,.
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unit 244
que las cuatro mocitas vivían limosneando,.
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unit 245
y comenzó a hablar de un príncipe ruso,.
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unit 246
con su voz más femenina,.
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unit 247
cuyo género de vida,.
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unit 248
aunque ella trataba de aparejarlo,.
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unit 249
no condecía con el que llevaba las cuatro mocitas.
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unit 251
unit 252
subir a los vagones de un convoy largo,.
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unit 253
que tenía todas las persianas bajas.
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unit 254
Nadie preguntaba por itinerarios ni estaciones.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 255
A veinte pasos de allí,.
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unit 256
un desierto de polvo extendía su confín oscuro.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 257
No se divisaba la locomotora,.
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unit 258
unit 259
Podía correr, el tren se deslizaba despacio, alcanzarlo,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 261
viendo cómo el convoy adquiría velocidad.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 263
pero inmovilizado por su enorme angustia,.
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unit 266
que el tren no retornaría jamás,.
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unit 267
que siempre continuaría deslizándose taciturno,.
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unit 268
con todas las persianas de sus vagones estrictamente cerradas.
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unit 269
Lentamente retiró el rostro de las rodillas de Hipólita.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 270
Había dejado de llover.
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unit 271
Sus piernas estaban heladas,.
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unit 272
le dolían las articulaciones.
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unit 273
Miró un instante el rostro de la mujer dormida,.
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unit 274
esfumado en la claridad azulada que entraba por los cristales,.
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unit 275
y con extraordinaria precaución se puso de pie.
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unit 277
estaban aún en él.
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unit 278
unit 280
sus ideas tomaron otro giro más pesado—:.
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unit 281
Debe ser cruel.
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unit 283
Bastaría un tiro en el cráneo.
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unit 284
La bala es de acero y solo haría un agujerito.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 286
¡Pobre alma!
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unit 287
Y debe haber sufrido mucho.
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unit 288
Pero debe ser cruel».
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unit 289
Una malevolencia cautelosa lo inclinó sobre ella.
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unit 290
unit 291
mientras con la mano en el bolsillo levantaba el percutor,.
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unit 292
apretando el gatillo.
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unit 293
Un trueno retumbó a lo lejos,.
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unit 295
entonces con numerosas precauciones cogió su perramus,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 296
cerró los postigos evitando que crujieran las bisagras, y salió.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 297
Al bajar las escaleras reconoció con alegría que tenía hambre.
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unit 299
y apresuradamente recorrió algunas cuadras.
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unit 300
Rodaba la luna sobre la violácea cresta de una nube,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 301
las veredas a trechos, bajo la luz lunar,.
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unit 302
diríanse cubiertas de planchas de zinc,.
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unit 303
los charcos centelleaban profundidades de plata muerta,.
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unit 304
y con atorbellinado zumbido corría el agua,.
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unit 305
lamiendo los cordones de granito.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 306
Tan mojada estaba la calzada,.
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unit 307
que los adoquines parecían soldados por reciente fundición de estaño.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 310
Indudablemente, no se encontraba en sus cabales.
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unit 312
y el mar siniestro con sus olas de hierro.
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unit 314
que vomitaba la puerta amarilla de una lechería,.
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unit 315
le causó náuseas,.
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unit 317
más cuando llegó,.
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unit 318
la puerta estaba ya cerrada y desconcertado,.
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unit 319
tiritando de frío,.
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unit 320
la boca con sabor a sulfato de cobre,.
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unit 321
entró a un café donde acababan de levantar las cortinas metálicas.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 322
Después de larga espera,.
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unit 323
le sirvieron el té que había pedido.
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unit 324
Pensó en la mujer dormida.
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unit 325
Entrecerró los ojos,.
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unit 326
y apoyando la cabeza en el muro,.
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unit 327
se entregó con más desconsuelo a sus penas.
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unit 328
No sufría por él,.
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unit 330
sino que su conciencia, apartándose del cuerpo,.
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unit 331
lo miraba como al de un extraño, y se decía:.
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unit 332
—¿Quién tendrá piedad del hombre?
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unit 333
Y estas palabras, que acertaba a recoger su pensamiento,.
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unit 334
lo turbaban llenándolo de dolorosa ternura por invisibles prójimos.
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unit 335
—Caer... caer siempre más bajo.
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unit 336
Y sin embargo, otros hombres son felices,.
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unit 338
pero todos sufren.
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unit 339
Lo que ocurre es que unos se dan cuenta y otros no.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 340
Algunos lo atribuyen a lo que no tienen.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 341
Pero qué sueño estúpido ese.
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unit 342
Sin embargo, la cara de ella era linda.
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unit 343
unit 344
unit 345
poder dormir en el fondo del mar,.
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unit 347
Dormir años y años mientras la arena se amontona, y dormir.
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unit 348
Por eso tiene razón el Astrólogo.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 350
porque les falta un Dios.
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unit 351
Los hombres se declararán en huelga hasta que Dios no se haga presente.
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unit 352
Un amargo olor de cianuro llegó hasta él;.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 353
unit 355
Alguien le tocó la espalda.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 356
Abrió los ojos al tiempo que el mozo del café le decía:.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 357
—Aquí no se puede dormir.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 358
Iba a replicar,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 359
mas el criado se apartó para ir a despertar a otro durmiente.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 363
y entonces extrañado se aproximó el patrón,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 365
y de tal forma lo sacudió a su parroquiano,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 366
que éste quedó doblado sobre la silla,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 367
sin caer porque lo afirmaba el canto de la mesa.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 368
Erdosain se levantó extrañado,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 369
mientras que patrón y mozo,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 370
mirándose, observaban de reojo al singular cliente.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 371
El durmiente permaneció en posición absurda.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 372
La cabeza caída sobre un hombro,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 374
mordida de viruelas con los círculos negros de unas gafas ahumadas.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 375
Un hilo de baba rojiza manchaba su corbata verde,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 376
escapando de entre los labios azulados.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 377
El codo del desconocido apretaba en la mesa una hoja de papel escrito.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 379
Llamaron a la policía,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 380
pero Erdosain no se movía de allí,.
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unit 381
unit 382
cuya piel se cubría lentamente de manchas azules.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 383
Y el olor de almendras amargas que estaba inmóvil en el aire,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 384
parecía escaparse de entre las quijadas abiertas.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 385
Llegó un auxiliar de policía,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 386
luego un sargento,.
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unit 388
y dicha gente merodeaba en torno del muerto,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 389
como si éste fuera una res.
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unit 390
De pronto el auxiliar, dirigiéndose al oficial inspector, dijo:.
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unit 391
—¿No sabe quién es?
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unit 392
El sargento sacó del bolsillo del cadáver la adición de un hotel,.
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unit 393
varias monedas, un revólver, tres cartas lacradas.
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unit 394
unit 395
Le quitaron los anteojos al muerto,.
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unit 397
las pupilas bisqueando,.
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unit 398
la córnea vuelta hacia arriba,.
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unit 399
unit 400
—¿No le decía?
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unit 401
—continuó el auxiliar—.
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unit 402
Aquí está la cédula de identidad.
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unit 403
—Iba a ir a Ushuaia para toda la vida.
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unit 404
Entonces Erdosain, al escuchar estas palabras,.
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unit 405
recordó como si hiciera mucho tiempo que lo hubiera leído.
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unit 406
(Y sin embargo, no era así.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 407
La mañana anterior se había enterado en un diario).
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unit 408
El muerto era un estafador.
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unit 410
pero hacía dos noches,.
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unit 411
quizá harto de la barragana,.
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unit 413
su nueva amante.
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unit 414
unit 415
disparándole un balazo en el oído.
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unit 416
Nadie en el hotel escuchó nada.
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unit 418
dejó entreabierta la puerta,.
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unit 420
porque estaba muy cansada.
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unit 421
Luego salió, y recién a las doce del día fue descubierta la muerta.
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unit 425
unit 426
.
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unit 427
Llegó el carro de la Asistencia Pública y el muerto fue cargado.
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unit 428
Luego lo interrogaron.
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unit 429
Erdosain manifestó lo poco que sabía como testigo,.
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unit 430
y salió intrigado a la calle.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 431
Una pregunta inconcreta y dolorosa estaba en el fondo de su conciencia.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 432
unit 433
la camisa sucia y húmeda y,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 434
a pesar de ello,.
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unit 435
¿cómo había llegado a hacerse querer por la jovencita que mató?
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unit 436
¿Existía entonces el amor?
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unit 438
el asesino amaba.
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unit 439
Y se lo imaginó en la noche hosca,.
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unit 441
en una habitación de empapelado despedazado,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 443
Cinco horas sombrías contemplando la muerta,.
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unit 444
que antes le apretaba entre sus brazos desnudos.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 445
Pensando así llegó a la plaza Once, dolorosamente estupefacto.
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unit 446
Eran las cinco de la mañana.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 447
Entró a la estación del ferrocarril,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 450
Se restregó con los puños los párpados adoloridos.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 451
En un cielo sin nubes brillaba el sol.
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unit 452
Salió, subiendo a un ómnibus que se dirigía a Constitución.
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unit 453
El Astrólogo le esperaba en la estación de Témperley.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 454
Su recia figura engabanada,.
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unit 455
unit 456
fue distinguida inmediatamente por Erdosain.
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unit 457
—Está muy pálido —dijo el Astrólogo.
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unit 458
—¿Estoy pálido?
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unit 459
—Amarillo.
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unit 460
—He dormido mal... para peor he visto un suicidio esta mañana... .
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 461
—Bueno, aquí tiene el cheque.
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unit 462
Erdosain lo examinó.
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unit 463
Era por quince mil trescientos setenta y tres pesos;.
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unit 464
al portador, pero con la fecha atrasada de dos días.
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unit 465
—¿Por qué atrasó la fecha?
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unit 466
—Inspirará más confianza.
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unit 467
El empleado de banco sabe que si ese cheque se hubiera perdido,.
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unit 468
unit 469
—¿Protestó?...
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unit 470
.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 471
—No... sonreía.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 473
¡ah!...
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 474
antes de ir al banco,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 475
vaya a una peluquería y hágase afeitar... .
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 476
—¿Y el otro está advertido?
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 477
—No, cuando sea el momento lo despertaremos.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 478
Faltaban pocos minutos para la llegada del tren.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 479
Erdosain lo miró sonriendo al Astrólogo y dijo:.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 480
—¿Qué haría usted si yo me escapara?
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 481
El otro, con los dedos en horqueta,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 482
se sobó los bigotes, y luego:.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 483
—Eso es tan imposible como que el tren que viene aquí no pare aquí.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 484
—Pero admitámoslo por un momento.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 485
—No puedo.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 486
Si por un momento admitiera eso,.
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unit 487
no sería usted el que fuera a cobrar el cheque... .
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unit 488
¡Ah!...
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unit 489
¿Quién era el que se suicidó esta mañana?
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unit 491
Curioso.
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unit 492
Mató a una muchachita que no quería ir a vivir con él.
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unit 493
—Fuerzas perdidas.
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unit 494
—¿Y usted sería capaz de matarse?
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unit 495
—No... Usted comprende que yo estoy destinado para un fin más alto.
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unit 496
Erdosain lanzó una pregunta extraña:.
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unit 497
—Dígame, ¿usted cree que las pelirrojas son crueles?
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unit 498
—Tanto no... pero más bien asexuales;.
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unit 501
unit 502
No se olvide de afeitarse.
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unit 503
Vaya al banco a las once, no antes.
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unit 504
¿Usted almuerza conmigo hoy, no?
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unit 505
Sí, hasta luego.
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unit 508
Y ya hundido y en su butaca, Erdosain pensó:.
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unit 509
—Es un hombre extraordinario.
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unit 510
¡Cómo diablos ha conocido que no lo engañaré,.
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unit 512
Tras de él estaba el Mayor.
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unit 513
Y ya en el banco,.
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unit 514
con el corazón golpeando fuertemente,.
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unit 515
se acercó a la ventanilla cuando el empleado pagador lo llamó:.
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unit 516
—¿Quiere grueso o menudo?
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unit 517
—Grueso.
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unit 518
—Firme.
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unit 519
Erdosain firmó el reverso del cheque.
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unit 520
Creyó que le pedirían cédula de identidad,.
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unit 521
mas el empleado, impasible,.
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unit 522
con sus brazos protegidos de manguitos de lustrina,.
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unit 523
contó diez billetes de a mil pesos,.
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unit 524
cinco de quinientos y el resto en moneda menor.
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unit 525
Y aunque Erdosain deseaba huir de miedo,.
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unit 526
escrupulosamente recontó el dinero,.
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unit 527
lo puso en su cartera,.
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unit 528
colocó esta en el bolsillo de su pantalón,.
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unit 529
cogiéndola fuertemente, y salió a la calle.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 530
Entre bosques de nubes blancas,.
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unit 531
aparecía como metal recién lavado,.
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unit 532
un caracol de cielo.
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unit 533
Erdosain se sintió feliz.
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unit 535
de cabelleras lujosas y rostros lisos,.
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unit 536
con grandes ojos almendrados,.
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unit 537
sombrosos en la oscuridad de las largas pestañas.
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unit 539
escalonadas sobre los céspedes de los jardines,.
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unit 541
Y el rostro romboidal del Astrólogo,.
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unit 545
y ahora cruzaba las calles semejante a un emperador venido a menos,.
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unit 548
Inventaría el Rayo de la Muerte,.
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unit 550
como un horno funde una lenteja de cera,.
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unit 551
y haría saltar en cascajos las ciudades de portland,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 552
como si las soliviantaran volcanes de trinitrotolueno.
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unit 553
Veíase convertido en Dueño del Universo.
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unit 554
Con una esquela terminante citaba a los Embajadores de las Potencias.
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unit 555
Encontrábase en un desmesurado salón de muros encristalados,.
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unit 556
cuyo centro lo ocupaba una mesa redonda.
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unit 557
En rededor hundidos en las poltronas estaban los viejos diplomáticos,.
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unit 559
miradas duras y furtivas.
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unit 560
Algunos golpeaban con el revés del lápiz el cristal de la mesa,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 561
otros fumaban silenciosos,.
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unit 563
¡Y él!
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unit 564
Erdosain, Augusto Remo Erdosain,.
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unit 565
el ex ladrón, el ex cobrador, se levantaba.
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unit 567
y en la izquierda algunos papeles.
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unit 569
Una palidez terrible le inmovilizaba con su frío delicioso.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 570
Héroes de todas las épocas sobrevivían en él.
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unit 571
Ulises, Demetrio, Aníbal, Loyola, Napoleón, Lenin, Mussolini,.
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unit 572
cruzaban ante sus ojos como grandes ruedas ardientes,.
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unit 574
Sus palabras caían en sonidos breves,.
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unit 576
Y seducido por la teatralidad del espectáculo,.
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unit 577
se contemplaba en un imaginario espejo,.
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unit 578
estremecido y airado.
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unit 579
Imponía condiciones.
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unit 580
Los Estados debían entregarle sus flotas de guerra,.
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unit 581
millares de cañones y gavillas de fusiles.
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unit 582
Luego de cada raza se seleccionarían algunos cientos de hombres,.
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unit 583
se les aislaría en una isla,.
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unit 584
y el resto de la humanidad era destruida.
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unit 585
El Rayo volaba las ciudades,.
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unit 586
esterilizaba campos,.
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unit 587
convertía en cenizas las razas y los bosques.
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unit 588
Se perdería para siempre el recuerdo de toda ciencia,.
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unit 589
de todo arte y belleza.
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unit 590
Una aristocracia de cínicos,.
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unit 592
se adueñaba del poder,.
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unit 593
con él a la cabeza.
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unit 595
ellos robustecerían el clero,.
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unit 597
y el hombre restituido al primitivo estado de sociedad,.
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unit 598
se dedicaría como en tiempos de los faraones a las tareas agrícolas.
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unit 600
Sus palabras caían con sonidos cortos y secos,.
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unit 601
como los choques de cubos de acero.
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unit 603
—La ciudad de nosotros, los Reyes,.
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unit 604
será de mármol blanco y estará a la orilla del mar.
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unit 606
Allí vivirán los santos de oficio,.
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unit 607
los patriarcas bribones,.
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unit 608
los magos fraudulentos,.
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unit 610
Toda ciencia será magia.
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unit 611
Los médicos irán por los caminos disfrazados de ángeles,.
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unit 612
y cuando los hombres se multipliquen demasiado,.
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unit 613
en castigo de sus crímenes,.
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unit 615
«El hombre vivirá en plena etapa de milagro,.
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unit 616
y será millonario de fe.
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unit 618
con poderosos reflectores,.
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unit 619
la «entrada del Justo en el Cielo».
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unit 620
¿Se imaginan ustedes?
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unit 621
Súbitamente, por sobre las montañas surge un rayo verde y lila,.
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unit 623
Un ángel de alas color de rosa cruza los canteros,.
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unit 625
y con los brazos abiertos los recibe al «Justo»,.
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unit 626
un hombre de pueblo, con sombrero abollado, larga barba y garrote.
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unit 627
¿Comprenden ustedes pillos, profesionales, cínicos y eximios?
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unit 628
¿Comprenden?
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unit 630
¿Se dan cuenta qué genial es mi idea,.
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unit 631
qué maravilloso el fácil milagro?
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unit 632
Y las multitudes adorarán de rodillas a Dios,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 633
y únicamente el cielo no existirá para nosotros,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 634
unit 635
Temblaba al hablar.
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unit 636
—Seremos como dioses.
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unit 637
Donaremos a los hombres milagros estupendos,.
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unit 638
deliciosas bellezas, divinas mentiras,.
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unit 639
les regalaremos la convicción de un futuro tan extraordinario,.
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unit 641
Y entonces, ellos serán felices... ¿Comprenden, imbéciles?
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unit 642
De un encontronazo un faquín lo arrojó contra un muro.
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unit 643
Erdosain se detuvo espantado,.
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unit 644
apretó el dinero convulsivamente en su bolsillo,.
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unit 646
escupió a la fachada de una casa de modas, diciendo:.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 647
—Serás nuestra, ciudad.
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unit 648
Tras él caminaba el Mayor.
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unit 649
3-14/3-14- EL GUIÑO.
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unit 650
En Témperley lo esperaba el Astrólogo.
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unit 651
Una sonrisa llena de bondad iluminaba su rostro.
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unit 652
Erdosain casi corrió a su encuentro,.
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unit 653
pero el otro, tomándolo de los brazos,.
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unit 654
lo detuvo un instante mirándolo a los ojos,.
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unit 655
luego, tuteándolo, cosa que no había hecho nunca, le dijo:.
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unit 656
—¿Estás contento?
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unit 657
Erdosain se ruborizó.
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unit 658
En aquel instante un doble misterio quedó revelado en su conciencia.
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unit 659
Aquel hombre no mentía,.
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unit 660
y sintióse tan amigo de él,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 661
que ahora hubiera querido conversar indefinidamente,.
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unit 662
narrarle los pormenores más íntimos de su vida desgraciada,.
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unit 663
y sólo atinó a decir:.
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unit 664
—Sí, estoy muy contento.
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unit 665
El Astrólogo se detuvo un momento en el andén de la estación.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 666
Ahora lo trataba de usted como de costumbre.
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unit 667
—¿Sabe?
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unit 668
Muchos llevamos un superhombre adentro.
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unit 669
El superhombre es la voluntad en su máximo rendimiento,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 672
—Sí y ya uno no siente miedo ni angustia,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 673
es como si anduviera caminando encima de las nubes.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 675
A nosotros nos toca inaugurar la era del Monstruo Inocente.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 676
Todo se hará, sin duda alguna.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 677
Es cuestión de tiempo y audacia,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 679
antes de ahogarse van a torcer el camino.
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unit 681
—¿Pero usted no quería cristianizar a la humanidad?
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unit 683
Nosotros no hemos sentado principio alguno todavía,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 684
y lo práctico será acaparar los principios más opuestos.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 686
tendremos las mentiras perfectas y diversas,.
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unit 688
—¿Sabe que usted me resulta el loco de la usina,.
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unit 689
como le decía ayer Barsut?
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 690
unit 691
Vea, si ese changador le confesara las ideas que se le ocurren,.
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unit 692
usted le encerraría en un manicomio.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 694
Allí está la salvación.
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unit 695
—¿Y Barsut?
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unit 697
—¿Y cómo lo eliminará?
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unit 698
unit 699
Bajo el sol, evitando los charcos,.
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unit 700
se encaminaban hacia la morada.
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unit 701
Y Erdosain se decía:.
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unit 702
—Y la ciudad de nosotros, los Reyes,.
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unit 704
—Y mirándole con los ojos resplandecientes,.
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unit 705
unit 706
—Es lo que la gente bestia no comprende.
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unit 707
Los han asesinado a los dioses.
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unit 708
Pero día vendrá que bajo el sol correrán por los caminos gritando:.
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unit 709
«Lo queremos a Dios, lo necesitamos a Dios».
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unit 710
¡Qué bárbaros!
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unit 711
Yo no me explico cómo lo han podido asesinar a Dios.
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unit 713
—¿Y si fracasara todo?
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unit 714
—No importa... vendrá otro... vendrá otro que me substituirá.
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unit 715
Así tiene que suceder.
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unit 718
No temía ya nada, y nuevamente recordó el salón de los Embajadores,.
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unit 720
cabezas calvas, semblantes plomizos, miradas duras y furtivas,.
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unit 721
y entonces, sin poderes contener, exclamó:.
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unit 723
El otro lo miró sorprendido.
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unit 724
—¿Está nervioso o es que se enoja solo, como los elefantes?
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 725
—No, me revienta esta carga de escrúpulo antiguo.
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unit 726
—Así son los mocitos —repuso el Astrólogo—.
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unit 727
Su vida es parecida a la de un gato entre una puerta entreabierta.
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unit 728
—¿Asisto a la ejecución?
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unit 729
—¿Le interesa?
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unit 730
—Mucho.
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unit 731
Pero al atravesar la puerta de la quinta,.
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unit 733
Apenas si se podía tener en pie.
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unit 734
En sus ojos las formas estaban veladas por una neblina lechosa.
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unit 737
el aire le pareció que se vitrificaba,.
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unit 740
Respiraba con fatiga,.
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unit 745
Tenía los pantalones superfluamente sostenidos por la pretina,.
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unit 747
Y se tapaba la boca con el puño arrojando enormes bostezos.
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unit 751
Erdosain lo miró, pero el otro pareció no verle,.
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unit 752
sumergido en su magnífica incoherencia.
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unit 753
Luego miró embobado al Astrólogo,.
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unit 755
Barsut se levantó de un brinco:.
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unit 756
iba a hablar.
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unit 758
En el polvo el sol alargaba un losange amarillo.
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unit 759
Del montón informe se desprendían ronquidos sordos.
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unit 761
y de pronto de la cintura de Bromberg,.
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unit 763
se desprendió el pantalón,.
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unit 764
unit 765
Y el sordo ronquido no fue ya.
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unit 766
Hubo un instante de silencio,.
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unit 767
mientras el asesino, semidesnudo, inmóvil,.
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unit 768
oprimía más fuertemente la garganta del muerto.
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unit 769
Erdosain miraba, nada más.
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unit 770
El Astrólogo aguardaba con el reloj en la mano.
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unit 771
Así estuvieron dos minutos,.
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unit 772
que en Erdosain no tuvieron longitud.
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unit 773
—Basta, ya está.
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unit 774
Torpe, con el pelo pegado a la frente, volvióse Bromberg,.
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unit 775
y sin fijar en nadie su mirada incoherente,.
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unit 776
cogió ruborizado las puntas de su pantalón,.
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unit 777
abrochándoselo apresuradamente.
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unit 778
Había salido de la cochera el asesino.
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unit 779
Erdosain lo siguió,.
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unit 780
y el Astrólogo, que era el último,.
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unit 781
se volvió a mirarlo al estrangulado.
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unit 782
Este permanecía en el suelo,.
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unit 783
con la cabeza vuelta hacia el techo,.
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En esa circunstancia ocurrió un suceso extraño,.
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del que no se dio cuenta Erdosain.
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unit 787
El Astrólogo, deteniéndose bajo el dintel de la cochera,.
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unit 788
volvió el rostro hacia el muerto,.
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unit 789
entonces Barsut, levantando los hombros hasta las orejas,.
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unit 790
estiró el cuello y mirándolo al Astrólogo guiñó un párpado.
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unit 792
quien sin poderse contener, exclamó:.
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unit 793
—¿Y eso es todo?
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unit 794
—El Astrólogo levantó hacia él una mirada burlona.
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unit 795
—¿Pero se creía usted que «eso» es como en el teatro?
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unit 796
—¿Y cómo lo va a hacer desaparecer?
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unit 797
—Disolviéndolo en ácido nítrico.
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unit 798
Tengo tres damajuanas.
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unit 799
Pero, hablando de todo un poco,.
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unit 800
¿tiene noticias de la rosa de cobre?
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unit 801
—Sí, salió lo más bien.
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unit 802
Los Espila están contentísimos.
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unit 803
Anoche precisamente vi una muy buena muestra.
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unit 804
—Bueno, almorzaremos... que bien nos lo hemos ganado.
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unit 806
—¿Cómo... no nos lavamos las manos?
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 808
Entonces, apresuradamente, en silencio,.
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unit 809
se encaminaron hasta el cuarto de baño,.
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unit 810
despojándose de los sacos,.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 811
abrieron las canillas.
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unit 814
Mas antes de salir,.
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unit 815
el Astrólogo efectuó un acto extraño.
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unit 816
Cogiendo la toalla la arrojó al fondo de la bañadera,.
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unit 817
tomó un frasco de alcohol,.
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vertiendo su contenido sobre ella,.
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unit 819
luego encendió un fósforo,.
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Luego, por todo resto quedó allí un negruzco depósito de cenizas:.
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unit 822
el Astrólogo abrió una canilla,.
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unit 823
nuevamente el agua corría arrastrando la liviana carbonización,.
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unit 824
y entonces ambos salieron para el comedor.
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—¿Así que ha hecho como Pilatos, eh?
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—Tiene razón, e inconscientemente.
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Tiernos tallos de madreselva trepaban hasta las maderas del marco.
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Los flecos del mantel caían en torno de las patas cuadradas de la mesa.
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unit 833
y los cubiertos plateados brillaban sobre el lino y en la loza;.
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o se extendía en franjas triangulares sobre los platos.
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En una fuente ovalada había una mayonesa de langostinos.
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El Astrólogo sirvió vino.
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Comían en silencio.
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unit 839
Luego el Astrólogo trajo caldo amarillo de yemas de huevos,.
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unit 841
ensalada de alcachofas y más tarde pescado.
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Como postres hubo ricota rociada de canela y fruta.
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Después sirvió café,.
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unit 844
y Erdosain le entregó el dinero.
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El Astrólogo lo recontó:.
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unit 846
—Aquí tiene tres mil quinientos.
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Hágase varios trajes.
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unit 848
Usted es un buen mozo y es conveniente que ande elegante.
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unit 849
—Muchas gracias... pero oiga... estoy muerto de sueño.
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Voy a dormir un rato.
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¿Quiere despertarme a las cinco?
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—Cómo no, venga.
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unit 853
—Y el Astrólogo lo acompañó hasta su dormitorio.
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unit 854
Erdosain se quitó los botines,.
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unit 855
extenuado ya, arrojó el saco en el respaldar de la cama.
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unit 856
Un ardor enorme le quemaba los párpados,.
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unit 857
su pecho se cubrió de sudor espeso y no pensó más.
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unit 858
Despertó ya oscurecido,.
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unit 859
al ruido del Astrólogo que abría una persiana.
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Volvióse sobresaltado,.
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mientras que el otro le decía:.
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—¡Por fin!
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unit 863
Hace veintiocho horas que está durmiendo.
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unit 864
unit 866
Erdosain saltó de la cama pensando en Hipólita.
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unit 867
—Es necesario que me vaya.
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unit 868
—Usted dormía que parecía un muerto.
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unit 869
Nunca he visto a nadie dormir así, con tal cansancio,.
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unit 870
hasta con el olvido de las necesidades naturales... pero, a propósito,.
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unit 871
¿de dónde sacó usted esa historia del suicida del café?
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unit 872
He visto los diarios de ayer a la noche y de esta mañana.
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Ninguno trae esa noticia.
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Usted la ha soñado.
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unit 875
—Sin embargo, yo puedo enseñarle el café.
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unit 876
—Pues soñó en el café, entonces.
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—Puede ser... no tiene importancia... ¿y eso?...
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.
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—Ya está.
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—¿Todo?
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unit 881
—Todo.
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—¿Y el ácido?
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unit 883
—Lo volcaremos en el sumidero.
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.
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unit 886
—Es como si no hubiera existido nunca.
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—Al despedirse del Astrólogo, éste le dijo:.
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—Véngase el miércoles a las cinco.
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A la noche tendremos reunión.
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No falte, que estará el Buscador de Oro,.
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unit 892
el Rufián y otros, otros.
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Hágase un proyecto para fábrica reducida de cloro y fosgeno.
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Ah, y a ver si puede averiguar qué diablo es el gas mostaza.
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unit 897
—El fosgeno es oxicloruro de carbono.
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—No pierda tiempo, Erdosain.
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Una fábrica chica.
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Que puede servir de escuela de química revolucionaria.
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Recuerde que nuestras actividades se pueden dividir en tres partes.
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unit 902
El Buscador de Oro estará encargado de lo relacionado con la colonia,.
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unit 903
usted con las industrias,.
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unit 904
Haffner con los prostíbulos.
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unit 905
Ahora que tenemos dinero no hay que perder tiempo.
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unit 906
Es necesario que trabaje.
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Hay que tener confianza.
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unit 909
De lo nuestro pueden salir muchas sorpresas.
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Somos descubridores que no saben sino en conjunto hacia dónde van.
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¡Y eso mismo quién sabe!...
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unit 912
.
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unit 913
Erdosain fijó un segundo los ojos en el semblante romboidal del otro,.
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unit 914
luego, sonriendo burlonamente, dijo:.
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unit 916
Y antes de que el Astrólogo pudiera contestarle, salió.
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unit 917
[FIN]
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3-12- LA REVELACIÓN.

Interin ocurrían estos sucesos,. en el Hospicio de las Mercedes,.
Ergueta entraba en lo que él más tarde llamaría «el conocimiento de
Dios». Así fue.
Despertó al amanecer en la sala. Un paralelepípedo de luna ponía
un rectángulo azul en el encalado del muro frente a su cama. A
través de los barrotes de la ventana abierta se veía al cielo
encuadrado por el contramarco,. un cielo poroso y seco de azul
como yeso teñido de metileno. En el retículo de los hierros
temblaban los hilos de agua de una estrella.
Ergueta se rascó concienzudamente la nariz,. aunque no sentía
mayor preocupación. Comprendía que se encontraba en la casa de
los locos,. pero ese «era un asunto que no le concernía».
Le preocupaba si hubieran encalabozado su espíritu,. pero el que
en realidad estaba encarcelado en el manicomio era su cuerpo,. su
cuerpo que pesaba noventa kilos,. y que ahora con cierto resquemor
inexplicable recordaba que había rodado por los lupanares. Y sin
poder evitarlo revisaba como un espectáculo oprobioso la vida
sensual con que se había regodeado. Mas, ¿qué tenía que ver su
espíritu con tal carnaza furiosa?
Era ésa una realidad tan evidente para su entendimiento,. que lo
asombró de que los médicos no repararan aún en tal diferencia.
Ergueta se sintió maravillado de su descubrimiento. Él ya no era
un hombre, sino un espíritu,. «sensación pura de alma»,. con riberas
nítidamente recortadas dentro de la carnicera armazón de su físico,.
como las nubes en los espacios infinitos.
Estaba ligeramente alegre. Ya noches anteriores tuvo la certeza
de que podía apartarse de su cuerpo,. dejarlo abandonado como a
un traje. Al descubrirla, esta súbita seguridad le proporcionó un
miedo liviano. Hasta en determinados momentos tuvo en la
epidermis la sensación que sólo se tocaba con los bordes de su
alma,. de forma que el equilibrio de su cuerpo próximo a caer,. y el de
su piel,. le causaba náuseas. Era como si descendiera a suma
velocidad en un ascensor.
Además tenía miedo de tener voluntad de abandonar su cuerpo,.
pues si se lo destruían,. ¿cómo podría entrar en él? El enfermero
tenía cara de bellaco,. y aunque él le hubiera hablado de unas
redoblonas para la próxima «reunión»,. no se sentía del todo seguro.
Mas pasada esta primera impresión se complacía en creer que era
un niño débil,. lo cual no le impedía reírse desde su cama de la
comedia con que trataba de tranquilizar sus noventa kilos,.
descontando que él podía ir a donde quisiera... pero no... no era
cuestión de jugar. Su bondad no podía admitir eso. ¡Y qué hermoso
era sentirse así colmado de caridad! Su misericordia se ensanchaba
sobre el mundo,. como una nube sobre los techos de la ciudad.
Su cuerpo quedaba cada vez más abajo.
Ahora lo veía como en el fondo de un cajón,. el sanatorio entre los
blancos cubos de las casas era otro cubo,. las calles azuleaban entre
sábanas de sombra,. las luces verdes de los semáforos del F.C.S.
lucieron débilmente,. y el espacio entró en él como el océano en una
esponja,. mientras el tiempo dejaba de existir.
Caían las alturas a través de su delicia. Ergueta sentía quietud,.
estancamiento de bondad para sí mismo,. por la voluntad de una
fuerza exterior. Así gozaría el estanque seco con la lluvia que le
envía el cielo.
De la tierra hacia la cual se volvía su caridad,.. veía los
redondeados bordes verdosos lamidos por el éter azul. Y como no
era natural permanecer silencioso,. sólo atinaba a decir:.
—Gracias... gracias, mi Señor.
No experimentaba curiosidad alguna. Su humildad se fortalecía en
el acatamiento.
En la tersura celeste atisbo de pronto el escalonamiento de un
roquedal. Una luz de oro bañaba el pedrerío a pesar de la noche,. y
lo azul en la distancia caía en profundos barrancos de lomas
doradas. Ergueta con su cuerpo restituido avanzó a pasos
prudentes,. tiesa la pupila fiera en su perfil de gavilán.
Naturalmente, no se sentía tranquilo porque su cuerpo había
pecado innumerables veces,. y porque comprendía que su rostro,. a
pesar de la actual expresión grave,. tenía las rayas enérgicas y la
fiereza de los malevos,. que cuando él era mocito imitaba en el
arrabal y con las patotas.
Pero su espíritu estaba contrito y quizá eso fuera suficiente,. lo que
no le impedía decirse:.
—¿Qué dirá el Señor de mi «pinta»? ¿Cómo puedo presentarme
ante él? —Y al mirarse maquinalmente los botines comprobó que
estaban deslustrados,. lo que acrecentó su confusión—. ¿Qué dirá el
Señor de mi «pinta» y de esta cara de burrero y de cafishio? Me
preguntará de mis pecados... se acordará de todas las macanas que
hice... ¿y yo qué le voy a contestar?... que no sabía,. pero ¿cómo le
voy a decir eso,. si él dejó testimonio de ser en todos sus profetas?
Nuevamente volvió a examinar sus botines, sucios y
descalabrados.
—Y me dirá:. «Hasta estás hecho un turro... un vago vergonzoso y
eso que fuiste a la universidad... Te jugaste a los «burros» lo que
pudo ser consuelo del huérfano y de la vida... y enfangaste en
orgías el alma inmortal que yo te di,. y arrastraste a tu ángel
guardián por los lupanares y él lloraba tras tuyo,. mientras tu bocaza
carnicera se llenaba de abominaciones...». Y lo peor es que yo no se
lo voy a poder negar... ¿Cómo le voy a negar el pecado? ¡Qué
macana, Dios mío!
El cielo era sobre su cabeza una cúpula de yeso azul. Giraban en
las elípticas remotos planetas como naranjas,. y Ergueta miró
humildemente el pedregal dorado.
De pronto una gran turbación desazonó su modestia. Levantó la
cabeza y a su izquierda,. detenido a diez pasos,. vio al Hijo del
Hombre.
El Nazareno, cubierto de una túnica celeste,. volvía a él su perfil
demacrado donde lucía el almendrado ojo sereno.
Ergueta sufrió un gran desconsuelo,. no podía arrodillarse,.
«porque un bacán conserva siempre la línea» y no se arrodilla frente
a un carpintero judío,. pero sintió que un sollozo le retorcía el alma y
en silencio extendió los brazos unidos por los dedos hacia el dios
silencioso.
Sentía que toda su caradura se impregnaba de devoción hacia él.
Así callado lo miraba a Jesús detenido en el roquedal. Los ojos de
Ergueta se llenaron de lágrimas. Lamentábase de que no hubiese
allí alguien con quien golpearse para demostrarle al Señor cuánto lo
quería,. y ya el silencio le pareció tan insoportable que venciendo el
terrible anonadamiento,. humildemente suplicó:.
—Yo quisiera ser diferente, pero no puedo.
Jesús lo miraba.
—Créame... me da no sé qué decirle que lo quiero mucho.
Ergueta le volvió la espalda,. caminó tres pasos,. luego,
volviéndose, se detuvo.
—He cometido todos los pecados y muchas maca... disparates...
quisiera arrepentirme y no puedo... quisiera arrodillarme... cierto,.
besarle los pies a usted, que fue crucificado por nosotros... ¡Ah! si
usted supiera todas las cosas que quise decirle y se me escapan... y
lo quiero sin embargo. ¿Será porque estamos de hombre a hombre?
Jesús lo miraba.
Una sonrisa nueva agració el rostro de Jesús.
Ergueta calló un instante,. luego ruborizado murmuró tímidamente:.
—¡Oh! qué bueno que es usted —exclamó enajenado Ergueta—.
¡Qué bueno! Usted se ha dignado sonreírme a mí, pecador... ¿Se da
cuenta usted? Ha sonreído. A su lado, créame, me siento un
muchacho, un «purrete». Quisiera adorarlo toda la vida, ser su
guardaespalda. Ahora no pecaré más,. toda la vida voy a pensar en
usted,. y pobre del que dude de usted... le rompo el alma... .
Jesús lo miraba.
Entonces Ergueta, queriendo ofrecer lo mejor de sí mismo, dijo:.
—Yo me arrodillo ante usted. —Avanzó unos pasos y llegando
frente a Jesús inclinó la cabeza,. apoyó una rodilla en el pedregal
dorado,. iba a prosternarse cuando Jesús avanzó su mano taladrada,.
la apoyó en su hombro, y dijo:.
—Vente. Sígueme siempre y no peques más,. porque tu alma es
hermosa como la de los ángeles que alaban al Señor.
Quiso hablar, pero ya el vacío y el silencio lo rodeaban
vertiginosamente. Ergueta comprendió que había entrado en el
conocimiento de Dios. Ello era bien claro,. porque al volverse a unas
voces que sonaban en la sala oscura,. un loco mudo de nacimiento
exclamó, mirándolo con extrañeza:.
—Parece que venís del cielo.
Ergueta lo miró asombrado.
—Sí, porque, como los santos,. tenés una rueda de luz en la
cabeza.
Ergueta, suavemente atemorizado,. se apoyó en el muro.
Un loco tuerto, que hasta entonces permanecía callado, exclamó:.
—Milagros... vos hacés milagros. Al mundo le devolviste el habla.
La conversación despertó a un tercer poseído,. que se pasaba los
días matando imaginarios piojos entre sus callosos dedos
desgastados,. y el barbudo, volviendo su cara pálida, dijo:.
—Vos viniste a resucitar a los muertos... .
—Y a darle la vista a los ciegos —interrumpió el mundo.
—Y también a los tuertos —aseguró el loco a quien faltaba un ojo
—,. porque ahora veo de este lado.
El mudo, sosteniendo su busto con los dos brazos apoyados en el
colchón, continuó:.
—Pero vos no sos vos,. sino Dios que está en tu cuerpo.
Ergueta, anonadado, aseveró:.
—Es cierto, hermanos... no soy yo... sino Dios que está en mí... .
¿Cómo podría yo, miserable burdelero, hacer milagros?
—¿Por qué no haces otro milagro?
—Yo no vine a eso, sino a predicar el verbo del Dios Vivo.
El matador de piojos recogió un pie sobre su rodilla y
malévolamente insistió:.
—Debías hacer un milagro.
El mudo colocó su almohada en el piso de la sala y sentándose
encima de ella, dijo:.
—Yo no hablo más.
Ergueta se apretó las sienes,. aturdido de lo que veía. Meditó
amablemente el tuerto:.
—Sí, vos debías resucitar ese muerto.
—¡Si no hay ningún muerto aquí!
El tuerto avanzó cojeando hasta Ergueta,. lo tomó de un brazo y
casi arrastrándolo lo llevó hasta una cama frontera,. donde yacía
inmóvil un hombrecito de cabeza redonda y nariz enorme.
El mundo se acercó apretando los labios.
—¿No ves que está muerto?
—Se murió esta tarde —rezongó el tuerto.
—Les digo que ese hombre no está muerto —exclamó irritado
Ergueta,. convencido de que los otros lo burlaban;. pero el matador
de piojos saltó de su lecho,. se acercó a la otra cama,. inclinóse sobre
el hombrecito de cabeza redonda y de tal forma empujó el cuerpo
inmóvil,. que éste, al caer, resonó opacamente en el piso de la sala,.
quedando entre las dos camas con las piernas hacia arriba,.
semejante a la horqueta de un árbol recién podado.
—¿Viste que está muerto?
Los cuatro locos permanecían consternados en torno de la
horqueta,. recuadrados por el celeste rectángulo de luna,. con los
camisones inflados por el viento.
—¿Viste que está muerto? —repitió el barbudo.
—Hacé un milagro —suplicó el tuerto—. ¿Cómo vamos a creer en
Él si vos no haces un milagro? ¿Qué te cuesta hacerlo?
El mudo, inclinando repentinamente la cabeza,. le hacía señales
de aquiescencia a Ergueta.
Gravemente se inclinó sobre el cadáver,. iba a pronunciar las
palabras de Vida,. mas súbitamente los muros de la sala giraron los
planos del cubo ante sus ojos,. un viento oscuro aulló en sus orejas y
otra vez tuvo tiempo de ver a los tres locos recuadrados por el celeste
rectángulo de luna,. con los camisones inflados por el viento,.
mientras que él resbalaba por una tangente que cortaba el girante
torbellino de tinieblas,. en la inconsciencia.

3-13- EL SUICIDA.

Erdosain permaneció a los pies de la Coja quizá una hora. Las
anteriores emociones se disolvían en su actual modorra. Sentíase
extraño a todo lo ocurrido en el transcurso del día. La angustia y la
malevolencia se endurecían en su pecho como el fango bajo el sol.
Permanecía, sin embargo, inmóvil,. sometido al poder de la
somnolencia oscura que se desprendía de su cansancio. Pero su
frente se arrugaba. Y a través de la niebla y de la oscuridad crecía
su otra desesperación,. el temor sin esperanza de verse perdido
como un fantasma a la orilla de un dique de granito. Las aguas
grises trazaban franjas de distinta altura que corrían en opuesta
dirección. Chalupas de hierro llevaban borrosas gentes hacia
remotos emporios. Habían allí, además, una mujer acicalada como
una cocotte,. con un barboquejo de diamantes y que apoyaba los
codos en la mesa de una taberna y se apretaba las mejillas entre los
dedos enjoyados. Y mientras ella hablaba,. Erdosain se rascaba la
punta de la nariz. Mas como esta actitud no era explicable,. Erdosain
recordó que habían aparecido cuatro mocitas con el vestido hasta
las rodillas y el pelo amarillo desgreñado en torno de sus caras
caballunas. Y las cuatro mocitas, al pasar a su lado, alargaron un
platillo. Fue entonces cuando Erdosain se preguntó:. «¿Es posible
que puedan alimentarse haciendo sólo eso?». Entonces la estrella, la
cocotte,. que bajo la barbilla tenía una papada de brillantes,. le
respondió que sí,. que las cuatro mocitas vivían limosneando,. y
comenzó a hablar de un príncipe ruso,. con su voz más femenina,.
cuyo género de vida,. aunque ella trataba de aparejarlo,. no condecía
con el que llevaba las cuatro mocitas. Y recientemente entonces
Erdosain pudo explicarse satisfactoriamente por qué razón se
rascaba la punta de la nariz mientras la preciosa hablaba.
Mas su tristeza creció cuando vio a la silenciosa gente volver la
cabeza,. subir a los vagones de un convoy largo,. que tenía todas las
persianas bajas. Nadie preguntaba por itinerarios ni estaciones. A
veinte pasos de allí,. un desierto de polvo extendía su confín oscuro.
No se divisaba la locomotora,. pero sí escuchó el doloroso rechinar
de las cadenas al aflojarse los frenos. Podía correr, el tren se
deslizaba despacio, alcanzarlo,. trepar por la escalerilla y quedarse
un instante en la plataforma del último vagón,. viendo cómo el
convoy adquiría velocidad. Erdosain estaba aún a tiempo para
alejarse de esa soledad gris sin ciudades oscuras... . pero
inmovilizado por su enorme angustia,. quedóse allí mirando con un
sollozo detenido en la garganta,.. el último vagón con las ventanillas
rigurosamente cerradas.
Cuando lo vio entrar en la curva de los entrerrieles que cubría la
muralla de niebla, comprendió que se había quedado solo para
siempre en el desierto de ceniza,. que el tren no retornaría jamás,.
que siempre continuaría deslizándose taciturno,. con todas las
persianas de sus vagones estrictamente cerradas.
Lentamente retiró el rostro de las rodillas de Hipólita. Había
dejado de llover. Sus piernas estaban heladas,. le dolían las
articulaciones. Miró un instante el rostro de la mujer dormida,.
esfumado en la claridad azulada que entraba por los cristales,. y con
extraordinaria precaución se puso de pie. Las cuatro mocitas de
rostro caballuno y el pelo amarillo encrespado,. estaban aún en él.
Pensó:.
«Debía matarme... —Mas al observar el cabello rojo de la mujer
dormida,. sus ideas tomaron otro giro más pesado—:. Debe ser cruel.
Y podría matarla, sin embargo —apretó el cabo del revólver en el
bolsillo—. Bastaría un tiro en el cráneo. La bala es de acero y solo
haría un agujerito. Eso sí, se le saltarían los ojos de las órbitas y
quizá la nariz echara sangre. ¡Pobre alma! Y debe haber sufrido
mucho. Pero debe ser cruel».
Una malevolencia cautelosa lo inclinó sobre ella. A medida que
miraba a la dormida sus ojos adquirían una fijeza de enajenado,.
mientras con la mano en el bolsillo levantaba el percutor,. apretando
el gatillo. Un trueno retumbó a lo lejos,. y esa extraña incoherencia
que envolvía como un velo su cerebro se apartó de él;. entonces con
numerosas precauciones cogió su perramus,. cerró los postigos
evitando que crujieran las bisagras, y salió.
Al bajar las escaleras reconoció con alegría que tenía hambre.
Se dirigió a una de las tantas churrasquerías que hay junto al
mercado Spineto,. y apresuradamente recorrió algunas cuadras.
Rodaba la luna sobre la violácea cresta de una nube,. las veredas
a trechos, bajo la luz lunar,. diríanse cubiertas de planchas de zinc,.
los charcos centelleaban profundidades de plata muerta,. y con
atorbellinado zumbido corría el agua,. lamiendo los cordones de
granito. Tan mojada estaba la calzada,. que los adoquines parecían
soldados por reciente fundición de estaño.
Erdosain entraba y salía de las sombras celestes que
oblicuamente cortaban las fachadas. El olor a mojado comunicaba a
la soledad matutina cierta desolación marítima.
Indudablemente, no se encontraba en sus cabales. Lo
preocupaban aún las cuatro mocitas de cara caballuna,. y el mar
siniestro con sus olas de hierro. El pesado hedor de aceite quemado,.
que vomitaba la puerta amarilla de una lechería,. le causó náuseas,. y
entonces, cambiando de idea, se dirigió a un prostíbulo que recordó
había en la calle Paso,. más cuando llegó,. la puerta estaba ya
cerrada y desconcertado,. tiritando de frío,. la boca con sabor a
sulfato de cobre,. entró a un café donde acababan de levantar las
cortinas metálicas. Después de larga espera,. le sirvieron el té que
había pedido.
Pensó en la mujer dormida. Entrecerró los ojos,. y apoyando la
cabeza en el muro,. se entregó con más desconsuelo a sus penas.
No sufría por él,. el hombre inscripto con un nombre en el registro
civil,. sino que su conciencia, apartándose del cuerpo,. lo miraba
como al de un extraño, y se decía:.
—¿Quién tendrá piedad del hombre?
Y estas palabras, que acertaba a recoger su pensamiento,. lo
turbaban llenándolo de dolorosa ternura por invisibles prójimos.
—Caer... caer siempre más bajo. Y sin embargo, otros hombres
son felices,. encuentran el amor,. pero todos sufren. Lo que ocurre es
que unos se dan cuenta y otros no. Algunos lo atribuyen a lo que no
tienen. Pero qué sueño estúpido ese. Sin embargo, la cara de ella
era linda. Lo que tenía de lógica era lo que decía respecto al
príncipe aventurero. ¡Ah! poder dormir en el fondo del mar,. en una
pieza de plomo con vidrios gruesos. Dormir años y años mientras la
arena se amontona, y dormir. Por eso tiene razón el Astrólogo. Día
vendrá en que la gente hará la revolución,. porque les falta un Dios.
Los hombres se declararán en huelga hasta que Dios no se haga
presente.
Un amargo olor de cianuro llegó hasta él;. y percibiendo a través
de los párpados la lechosa claridad de la mañana,. sintióse diluido
como si se hallara en el fondo del mar y la arena subiera
indefinidamente sobre su chozo de plomo. Alguien le tocó la
espalda.
Abrió los ojos al tiempo que el mozo del café le decía:.
—Aquí no se puede dormir.
Iba a replicar,. mas el criado se apartó para ir a despertar a otro
durmiente. Era éste un hombre grueso,. que había dejado caer la
calva cabeza sobre los brazos cruzados encima de la tabla de la
mesa.
Pero el durmiente no respondía a las voces del mozo,. y entonces
extrañado se aproximó el patrón,. un hombre que tenía bigotes tan
enormes como manubrios de bicicleta,. y de tal forma lo sacudió a su
parroquiano,. que éste quedó doblado sobre la silla,. sin caer porque
lo afirmaba el canto de la mesa.
Erdosain se levantó extrañado,. mientras que patrón y mozo,.
mirándose, observaban de reojo al singular cliente.
El durmiente permaneció en posición absurda. La cabeza caída
sobre un hombro,. dejaba ver su cara chata,. mordida de viruelas con
los círculos negros de unas gafas ahumadas. Un hilo de baba rojiza
manchaba su corbata verde,. escapando de entre los labios
azulados. El codo del desconocido apretaba en la mesa una hoja de
papel escrito. Comprendieron que estaba muerto. Llamaron a la
policía,. pero Erdosain no se movía de allí,. encurioseado por el
espectáculo del siniestro suicida de las gafas negras,. cuya piel se
cubría lentamente de manchas azules. Y el olor de almendras
amargas que estaba inmóvil en el aire,. parecía escaparse de entre
las quijadas abiertas.
Llegó un auxiliar de policía,. luego un sargento,. más tarde dos
vigilantes y un oficial inspector,. y dicha gente merodeaba en torno
del muerto,. como si éste fuera una res. De pronto el auxiliar,
dirigiéndose al oficial inspector, dijo:.
—¿No sabe quién es?
El sargento sacó del bolsillo del cadáver la adición de un hotel,.
varias monedas, un revólver, tres cartas lacradas.
—¿Así que éste es el que mató a la muchacha de la calle
Talcahuano?
Le quitaron los anteojos al muerto,. y ahora se le veían los ojos,.
las pupilas bisqueando,. la córnea vuelta hacia arriba,. los párpados
teñidos de rojo como si hubiera llorado lágrimas de sangre.
—¿No le decía? —continuó el auxiliar—. Aquí está la cédula de
identidad.
—Iba a ir a Ushuaia para toda la vida.
Entonces Erdosain, al escuchar estas palabras,. recordó como si
hiciera mucho tiempo que lo hubiera leído. (Y sin embargo, no era
así. La mañana anterior se había enterado en un diario). El muerto
era un estafador. Abandonó a su esposa y cinco hijos para vivir en
concubinato con otra mujer de la que tenía tres hijos,. pero hacía dos
noches,. quizá harto de la barragana,. se presentó en un hotel de la
calle Talcahuano en compañía de una jovencita de diecisiete años,.
su nueva amante. Y a las tres de la madrugada le tapó suavemente
la cabeza con una almohada,. disparándole un balazo en el oído.
Nadie en el hotel escuchó nada. A las ocho de la mañana el asesino
se vistió,. dejó entreabierta la puerta,. y llamando a la camarera le dijo
que no despertara a la señora hasta las diez,. porque estaba muy
cansada. Luego salió, y recién a las doce del día fue descubierta la
muerta.
Pero lo que le impresionó extraordinariamente a Erdosain fue
pensar que el asesino había estado cinco horas en compañía de la
muerta,. cinco horas junto al cadáver de la jovencita en la soledad de
la noche... y que debía de haberla querido mucho.
¿Mas él no había pensado lo mismo horas antes frente a la mujer
de cabello rojo? ¿Era aquello una reminiscencia inconsciente o el
suicida allí doblado?... .
Llegó el carro de la Asistencia Pública y el muerto fue cargado.
Luego lo interrogaron. Erdosain manifestó lo poco que sabía como
testigo,. y salió intrigado a la calle. Una pregunta inconcreta y
dolorosa estaba en el fondo de su conciencia.
Recordaba ahora que el cadáver tenía la boca de los pantalones
enfangada,. la camisa sucia y húmeda y,. a pesar de ello,. ¿cómo
había llegado a hacerse querer por la jovencita que mató? ¿Existía
entonces el amor? A pesar de sus dos mujeres y de sus ocho hijos
dispersos y de su vida crapulosa de ladrón y estafador,. el asesino
amaba. Y se lo imaginó en la noche hosca,. allí, en ese hotel
frecuentado por prostitutas e individuos de profesión indefinida,. en
una habitación de empapelado despedazado,. mirando sobre la
almohada empapada de sangre la cérea carita de la muchacha
enfriada. Cinco horas sombrías contemplando la muerta,. que antes
le apretaba entre sus brazos desnudos. Pensando así llegó a la
plaza Once, dolorosamente estupefacto.
Eran las cinco de la mañana. Entró a la estación del ferrocarril,.
miró en redor, y como tenía sueño se refugió en un rincón de la sala
de espera.
A las ocho lo despertó de su profundo sueño el ruido que con las
maletas hizo un pasajero. Se restregó con los puños los párpados
adoloridos. En un cielo sin nubes brillaba el sol.
Salió, subiendo a un ómnibus que se dirigía a Constitución. El
Astrólogo le esperaba en la estación de Témperley. Su recia figura
engabanada,. con la chistera echada sobre los ojos y los bigotazos
caídos a lo galo,. fue distinguida inmediatamente por Erdosain.
—Está muy pálido —dijo el Astrólogo.
—¿Estoy pálido?
—Amarillo.
—He dormido mal... para peor he visto un suicidio esta mañana... .
—Bueno, aquí tiene el cheque.
Erdosain lo examinó. Era por quince mil trescientos setenta y tres
pesos;. al portador, pero con la fecha atrasada de dos días.
—¿Por qué atrasó la fecha?
—Inspirará más confianza. El empleado de banco sabe que si ese
cheque se hubiera perdido,. a la hora que usted se presentara a
cobrarlo habría ya orden de secuestro.
—¿Protestó?... .
—No... sonreía. Ese hombre piensa hacernos meter en la cárcel a
todos... . ¡ah!... antes de ir al banco,. vaya a una peluquería y hágase
afeitar... .
—¿Y el otro está advertido?
—No, cuando sea el momento lo despertaremos.
Faltaban pocos minutos para la llegada del tren. Erdosain lo miró
sonriendo al Astrólogo y dijo:.
—¿Qué haría usted si yo me escapara?
El otro, con los dedos en horqueta,. se sobó los bigotes, y luego:.
—Eso es tan imposible como que el tren que viene aquí no pare
aquí.
—Pero admitámoslo por un momento.
—No puedo. Si por un momento admitiera eso,. no sería usted el
que fuera a cobrar el cheque... . ¡Ah!... ¿Quién era el que se suicidó
esta mañana?
—Un asesino. Curioso. Mató a una muchachita que no quería ir a
vivir con él.
—Fuerzas perdidas.
—¿Y usted sería capaz de matarse?
—No... Usted comprende que yo estoy destinado para un fin más
alto.
Erdosain lanzó una pregunta extraña:.
—Dígame, ¿usted cree que las pelirrojas son crueles?
—Tanto no... pero más bien asexuales;. de allí que esa frialdad
con que examinan las cosas causa una impresión agria. El Rufián
Melancólico me contaba que en su larga carrera de macró había
conocido muy pocas prostitutas de cabello rojo... . Ya sabe. No se
olvide de afeitarse. Vaya al banco a las once, no antes. ¿Usted
almuerza conmigo hoy, no?
Sí, hasta luego.
Tras de Erdosain subió el Mayor, que le hizo una amistosa señal
al Astrólogo. Erdosain no lo vio.
Y ya hundido y en su butaca, Erdosain pensó:.
—Es un hombre extraordinario. ¡Cómo diablos ha conocido que
no lo engañaré,. ¿si acierta en las otras cosas como en esta, triunfará
—y vencido por el balanceo del tren se adormeció otra vez.
Tras de él estaba el Mayor. Y ya en el banco,. con el corazón
golpeando fuertemente,. se acercó a la ventanilla cuando el
empleado pagador lo llamó:.
—¿Quiere grueso o menudo?
—Grueso.
—Firme.
Erdosain firmó el reverso del cheque. Creyó que le pedirían
cédula de identidad,. mas el empleado, impasible,. con sus brazos
protegidos de manguitos de lustrina,. contó diez billetes de a mil
pesos,. cinco de quinientos y el resto en moneda menor. Y aunque
Erdosain deseaba huir de miedo,. escrupulosamente recontó el
dinero,. lo puso en su cartera,. colocó esta en el bolsillo de su
pantalón,. cogiéndola fuertemente, y salió a la calle.
Entre bosques de nubes blancas,. aparecía como metal recién
lavado,. un caracol de cielo. Erdosain se sintió feliz. Pensó que en
otros climas y bajo un espacio siempre azul como el que miraba
debían existir mujeres singulares,. de cabelleras lujosas y rostros
lisos,. con grandes ojos almendrados,. sombrosos en la oscuridad de
las largas pestañas. Y que el aire siempre perfumado saldría de las
grutas de la mañana hacia las bocacalles de las ciudades,.
escalonadas sobre los céspedes de los jardines,. sobrepujando con
sus esféricas torres las empenachadas crestas de los parques y
terrazas.
Y el rostro romboidal del Astrólogo,. con las guías de los bigotes
caídas a lo largo de las comisuras de los labios,. y su chistera de
cochero de punto, lo entusiasmó;. luego pensó que unido a la
sociedad podría continuar sus ensayos de electrotécnica,. y ahora
cruzaba las calles semejante a un emperador venido a menos,. sin
reparar que su prestancia seducía a las planchadoras que pasaban
con la cesta bajo el brazo,. y emocionaba a las pantaloneras que
regresaban de las tiendas con pesados bultos.
Inventaría el Rayo de la Muerte,. un siniestro relámpago violeta
cuyos millones de amperios fundirían el acero de los dreadnoughts,.
como un horno funde una lenteja de cera,. y haría saltar en cascajos
las ciudades de portland,. como si las soliviantaran volcanes de
trinitrotolueno. Veíase convertido en Dueño del Universo. Con una
esquela terminante citaba a los Embajadores de las Potencias.
Encontrábase en un desmesurado salón de muros encristalados,.
cuyo centro lo ocupaba una mesa redonda. En rededor hundidos en
las poltronas estaban los viejos diplomáticos,. cabezas calvas,
semblantes plomizos,. miradas duras y furtivas. Algunos golpeaban
con el revés del lápiz el cristal de la mesa,. otros fumaban
silenciosos,. y un gigantesco negro libreado de verde se mantenía
inmóvil junto al terciopelo rojo de los cortinones que cubrían la
entrada.
¡Y él! Erdosain, Augusto Remo Erdosain,. el ex ladrón, el ex
cobrador, se levantaba. Su busto modelado por un negro saco
cruzado se reflejaba en el vidrio de la mesa con los cuatro dedos de
la mano derecha calzados en el bolsillo,. y en la izquierda algunos
papeles. Ya de pie, examinaba con ojos glaciales el impasible rostro
de los Embajadores. Una palidez terrible le inmovilizaba con su frío
delicioso. Héroes de todas las épocas sobrevivían en él. Ulises,
Demetrio, Aníbal, Loyola, Napoleón, Lenin, Mussolini,. cruzaban ante
sus ojos como grandes ruedas ardientes,. y se perdían en un declive
de la tierra solitaria bajo un crepúsculo que ya no era terrestre.
Sus palabras caían en sonidos breves,. con choques sólidos de
acero. Y seducido por la teatralidad del espectáculo,. se
contemplaba en un imaginario espejo,. estremecido y airado.
Imponía condiciones.
Los Estados debían entregarle sus flotas de guerra,. millares de
cañones y gavillas de fusiles. Luego de cada raza se seleccionarían
algunos cientos de hombres,. se les aislaría en una isla,. y el resto de
la humanidad era destruida. El Rayo volaba las ciudades,.
esterilizaba campos,. convertía en cenizas las razas y los bosques.
Se perdería para siempre el recuerdo de toda ciencia,. de todo arte y
belleza. Una aristocracia de cínicos,. bandoleros sobresaturados de
civilización y escepticismo,. se adueñaba del poder,. con él a la
cabeza. Y como el hombre para ser feliz necesita apoyar sus
esperanzas en una mentira metafísica,. ellos robustecerían el clero,.
instaurarían una inquisición para cercenar toda herejía que socavara
los cimientos del dogma o la unidad de creencia que sería la
absoluta unidad de la felicidad humana,. y el hombre restituido al
primitivo estado de sociedad,. se dedicaría como en tiempos de los
faraones a las tareas agrícolas. La mentira metafísica devolvería al
hombre la dicha que el conocimiento le había secado en brote
dentro del corazón. Sus palabras caían con sonidos cortos y secos,.
como los choques de cubos de acero. Y decía a los Embajadores:.
—La ciudad de nosotros, los Reyes,. será de mármol blanco y
estará a la orilla del mar. Tendrá un diámetro de siete leguas y
cúpulas de cobre rosa, lagos y bosques. Allí vivirán los santos de
oficio,. los patriarcas bribones,. los magos fraudulentos,. las diosas
apócrifas. Toda ciencia será magia. Los médicos irán por los
caminos disfrazados de ángeles,. y cuando los hombres se
multipliquen demasiado,. en castigo de sus crímenes,. luminosos
dragones voladores derramarán por los aires vibriones de cólera
asiático.
«El hombre vivirá en plena etapa de milagro,. y será millonario de
fe. Durante las noches proyectaremos en las nubes,. con poderosos
reflectores,. la «entrada del Justo en el Cielo». ¿Se imaginan
ustedes? Súbitamente, por sobre las montañas surge un rayo verde
y lila,. y las nubes se cubren de un jardín donde el aire blanco flota
como copos de nieve. Un ángel de alas color de rosa cruza los
canteros,. se detiene ante la verja del Paraíso,. y con los brazos
abiertos los recibe al «Justo»,. un hombre de pueblo, con sombrero
abollado, larga barba y garrote. ¿Comprenden ustedes pillos,
profesionales, cínicos y eximios? ¿Comprenden? El ángel de las
alas color de rosa, lo recibe al hombre que en la tierra suda y sufre.
¿Se dan cuenta qué genial es mi idea,. qué maravilloso el fácil
milagro? Y las multitudes adorarán de rodillas a Dios,. y únicamente
el cielo no existirá para nosotros,. bandoleros tristes que tenemos el
poder, la ciencia y la verdad inútil».
Temblaba al hablar.
—Seremos como dioses. Donaremos a los hombres milagros
estupendos,. deliciosas bellezas, divinas mentiras,. les regalaremos
la convicción de un futuro tan extraordinario,. que todas las
promesas de los sacerdotes serán pálidas frente a la realidad del
prodigio apócrifo. Y entonces, ellos serán felices... ¿Comprenden,
imbéciles?
De un encontronazo un faquín lo arrojó contra un muro. Erdosain
se detuvo espantado,. apretó el dinero convulsivamente en su
bolsillo,. y excitado, ferozmente alegre como un tigrecito suelto en un
bosque de ladrillo,. escupió a la fachada de una casa de modas,
diciendo:.
—Serás nuestra, ciudad.
Tras él caminaba el Mayor.

3-14/3-14- EL GUIÑO.

En Témperley lo esperaba el Astrólogo. Una sonrisa llena de
bondad iluminaba su rostro. Erdosain casi corrió a su encuentro,.
pero el otro, tomándolo de los brazos,. lo detuvo un instante
mirándolo a los ojos,. luego, tuteándolo, cosa que no había hecho
nunca, le dijo:.
—¿Estás contento?
Erdosain se ruborizó. En aquel instante un doble misterio quedó
revelado en su conciencia. Aquel hombre no mentía,. y sintióse tan
amigo de él,. que ahora hubiera querido conversar indefinidamente,.
narrarle los pormenores más íntimos de su vida desgraciada,. y sólo
atinó a decir:.
—Sí, estoy muy contento.
El Astrólogo se detuvo un momento en el andén de la estación.
Ahora lo trataba de usted como de costumbre.
—¿Sabe? Muchos llevamos un superhombre adentro. El
superhombre es la voluntad en su máximo rendimiento,.
sobreponiéndose a todas las normas morales y ejecutando los actos
más terribles,. como un género de alegría ingenua... algo así como el
inocente juego de la crueldad.
—Sí y ya uno no siente miedo ni angustia,. es como si anduviera
caminando encima de las nubes.
—Claro, lo ideal sería despertar en muchos hombres esta
ferocidad jovial e ingenua. A nosotros nos toca inaugurar la era del
Monstruo Inocente. Todo se hará, sin duda alguna. Es cuestión de
tiempo y audacia,. pero cuando se den cuenta que el espíritu se les
hunde en la letrina de esta civilización,. antes de ahogarse van a
torcer el camino. Lo que hay es que el hombre no ha reparado que
está enfermo de cobardía y de cristianismo.
—¿Pero usted no quería cristianizar a la humanidad?
—No, al montón... pero si ese proyecto fracasa tomaremos un
camino contrario. Nosotros no hemos sentado principio alguno
todavía,. y lo práctico será acaparar los principios más opuestos.
Como en una farmacia,. tendremos las mentiras perfectas y diversas,.
rotuladas para las enfermedades más fantásticas del entendimiento
y del alma.
—¿Sabe que usted me resulta el loco de la usina,. como le decía
ayer Barsut?
—Lo que llamamos locura es la descostumbre del pensamiento
de los otros. Vea, si ese changador le confesara las ideas que se le
ocurren,. usted le encerraría en un manicomio. Naturalmente, como
nosotros debe haber pocos... lo esencial es que de nuestros actos
recojamos vitalidad y energía. Allí está la salvación.
—¿Y Barsut?
—Ni sospecha lo que le espera.
—¿Y cómo lo eliminará?
—Bromberg lo estrangulará... No sé, es una cuestión que no me
atañe.
Bajo el sol, evitando los charcos,. se encaminaban hacia la
morada. Y Erdosain se decía:.
—Y la ciudad de nosotros, los Reyes,. será de mármol blanco y
estará a la orilla del mar... y seremos como dioses. —Y mirándole
con los ojos resplandecientes,. dijo a su compañero—: ¿Sabe usted
que algún día seremos como dioses?
—Es lo que la gente bestia no comprende. Los han asesinado a
los dioses. Pero día vendrá que bajo el sol correrán por los caminos
gritando:. «Lo queremos a Dios, lo necesitamos a Dios». ¡Qué
bárbaros! Yo no me explico cómo lo han podido asesinar a Dios.
Pero nosotros los resucitaremos... inventaremos unos dioses
hermosos... supercivilizados... ¡y qué otra cosa será entonces la
vida!
—¿Y si fracasara todo?
—No importa... vendrá otro... vendrá otro que me substituirá. Así
tiene que suceder. Lo único que debemos desear es que la idea
germine en las imaginaciones... el día que esté en muchas almas,
sucederán cosas hermosas.
Erdosain asombrábase de su serenidad.
No temía ya nada, y nuevamente recordó el salón de los
Embajadores,. y su mirada malévola se recogió en la turbación de
los ancianos diplomáticos,. cabezas calvas, semblantes plomizos,
miradas duras y furtivas,. y entonces, sin poderes contener, exclamó:.
—¡Qué tanto «joder» para retorcerle el pescuezo a esa bestia!
El otro lo miró sorprendido.
—¿Está nervioso o es que se enoja solo, como los elefantes?
—No, me revienta esta carga de escrúpulo antiguo.
—Así son los mocitos —repuso el Astrólogo—. Su vida es
parecida a la de un gato entre una puerta entreabierta.
—¿Asisto a la ejecución?
—¿Le interesa?
—Mucho.
Pero al atravesar la puerta de la quinta,. una náusea le revolvió el
estómago y sintió en la garganta el reflejo gástrico de un vómito.
Apenas si se podía tener en pie. En sus ojos las formas estaban
veladas por una neblina lechosa. De las articulaciones le colgaban
los brazos con pesantez de miembros de bronce. Caminaba sin
conciencia de la distancia;. el aire le pareció que se vitrificaba,. el
suelo ondulaba bajo sus plantas,. a momentos la vertical de los
árboles se convertía en un zig-zag dentro de sus ojos. Respiraba
con fatiga,. tenía la lengua reseca e inútilmente trataba de
humedecerse los labios apergaminados y las fauces ardientes,. y
solo una voluntad de vergüenza lo mantenía en pie.
Cuando entreabrió los ojos descendía por la escalerilla de la
cochera en compañía de Bromberg.
El Hombre que vio a la Partera marchaba como atontado con la
greñuda cabellera alborotada. Tenía los pantalones superfluamente
sostenidos por la pretina,. y un trozo de camisa blanca como la punta
de un pañuelo escapaba de su bragueta. Y se tapaba la boca con el
puño arrojando enormes bostezos. Pero su mirada somnolienta,..
perdidosa, parecía ajena a su actitud de patán. Eran hermosos ojos
los suyos, serios e incoherentes como los de las grandes bestias,.
entre los párpados pestañudos que sombreaban sus ojeras en un
redondo y fino rostro de doncella. Erdosain lo miró, pero el otro
pareció no verle,. sumergido en su magnífica incoherencia. Luego
miró embobado al Astrólogo,. este le hizo una seña con la cabeza y
después de abrirle el candado entraron los tres al establo.
Barsut se levantó de un brinco:. iba a hablar. Bromberg describió
una curva en el aire y un choque de cráneos contra las tablas
retumbó en la cochera. En el polvo el sol alargaba un losange
amarillo. Del montón informe se desprendían ronquidos sordos.
Erdosain seguía con curiosidad cruel la lucha,. y de pronto de la
cintura de Bromberg,. que estaba abultado sobre Barsut con los dos
enormes brazos tensos en la sujeción de un pescuezo contra el
suelo,. se desprendió el pantalón,. quedando con las nalgas blancas
en descubierto y la camisa sobre los riñones. Y el sordo ronquido no
fue ya. Hubo un instante de silencio,. mientras el asesino,
semidesnudo, inmóvil,. oprimía más fuertemente la garganta del
muerto.
Erdosain miraba, nada más.
El Astrólogo aguardaba con el reloj en la mano. Así estuvieron
dos minutos,. que en Erdosain no tuvieron longitud.
—Basta, ya está.
Torpe, con el pelo pegado a la frente, volvióse Bromberg,. y sin
fijar en nadie su mirada incoherente,. cogió ruborizado las puntas de
su pantalón,. abrochándoselo apresuradamente.
Había salido de la cochera el asesino. Erdosain lo siguió,. y el
Astrólogo, que era el último,. se volvió a mirarlo al estrangulado.
Este permanecía en el suelo,. con la cabeza vuelta hacia el techo,.
las mandíbulas distendidas y la lengua pegada al vértice de los
labios torcidos en una comisura que descubría los dientes.
En esa circunstancia ocurrió un suceso extraño,. del que no se dio
cuenta Erdosain. El Astrólogo, deteniéndose bajo el dintel de la
cochera,. volvió el rostro hacia el muerto,. entonces Barsut,
levantando los hombros hasta las orejas,. estiró el cuello y mirándolo
al Astrólogo guiñó un párpado. Este se tocó el ala del sombrero con
el índice y salió a reunirse con Erdosain,. quien sin poderse contener,
exclamó:.
—¿Y eso es todo?
—El Astrólogo levantó hacia él una mirada burlona.
—¿Pero se creía usted que «eso» es como en el teatro?
—¿Y cómo lo va a hacer desaparecer?
—Disolviéndolo en ácido nítrico. Tengo tres damajuanas. Pero,
hablando de todo un poco,. ¿tiene noticias de la rosa de cobre?
—Sí, salió lo más bien. Los Espila están contentísimos. Anoche
precisamente vi una muy buena muestra.
—Bueno, almorzaremos... que bien nos lo hemos ganado. Pero
cuando iban a entrar en el comedor, el Astrólogo dijo:.
—¿Cómo... no nos lavamos las manos?
Erdosain lo miró sorprendido e instintivamente levantó las manos
hasta donde se cruzaban las solapas de su saco para mirárselas.
Entonces, apresuradamente, en silencio,. se encaminaron hasta el
cuarto de baño,. despojándose de los sacos,. abrieron las canillas.
Erdosain cogió un trozo de jabón y concienzudamente,
arremangado hasta los codos, se frotó con él. Luego puso los
brazos bajo el chorro de agua y se secó vigorosamente en la toalla.
Mas antes de salir,. el Astrólogo efectuó un acto extraño.
Cogiendo la toalla la arrojó al fondo de la bañadera,. tomó un
frasco de alcohol,. vertiendo su contenido sobre ella,. luego encendió
un fósforo,. y durante un minuto los dos semblantes en el cuarto
oscuro fueron iluminados por las azuladas llamas del inflamable que
consumía el tejido. Luego, por todo resto quedó allí un negruzco
depósito de cenizas:. el Astrólogo abrió una canilla,. nuevamente el
agua corría arrastrando la liviana carbonización,. y entonces ambos
salieron para el comedor.
Una sonrisa irónica retozaba en el rostro de Erdosain.
—¿Así que ha hecho como Pilatos, eh?
—Tiene razón, e inconscientemente.
En el comedor sombroso las entreabiertas persianas dejaban ver
el jardín. Tiernos tallos de madreselva trepaban hasta las maderas
del marco. Insectos transparentes resbalaban en el aire junto al
limonero y las paredes blancas se reflejaban en la rubia opacidad
del piso encerado. Los flecos del mantel caían en torno de las patas
cuadradas de la mesa. En un florero etrusco, un ramo de claveles
desparramaba su apimentada fragancia,. y los cubiertos plateados
brillaban sobre el lino y en la loza;. las sombras se enroscaban como
rulos en la vitrea convexidad de las copas,. o se extendía en franjas
triangulares sobre los platos. En una fuente ovalada había una
mayonesa de langostinos.
El Astrólogo sirvió vino. Comían en silencio. Luego el Astrólogo
trajo caldo amarillo de yemas de huevos,. una bandeja de
espárragos nadando en aceite,. ensalada de alcachofas y más tarde
pescado. Como postres hubo ricota rociada de canela y fruta.
Después sirvió café,. y Erdosain le entregó el dinero. El Astrólogo
lo recontó:.
—Aquí tiene tres mil quinientos. Hágase varios trajes. Usted es un
buen mozo y es conveniente que ande elegante.
—Muchas gracias... pero oiga... estoy muerto de sueño. Voy a
dormir un rato. ¿Quiere despertarme a las cinco?
—Cómo no, venga. —Y el Astrólogo lo acompañó hasta su
dormitorio. Erdosain se quitó los botines,. extenuado ya, arrojó el
saco en el respaldar de la cama. Un ardor enorme le quemaba los
párpados,. su pecho se cubrió de sudor espeso y no pensó más.
Despertó ya oscurecido,. al ruido del Astrólogo que abría una
persiana. Volvióse sobresaltado,. mientras que el otro le decía:.
—¡Por fin! Hace veintiocho horas que está durmiendo. —Mas
como expresara duda,.. el Astrólogo le alcanzó los diarios del día,. y,
ciertamente, habían pasado dos días.
Erdosain saltó de la cama pensando en Hipólita.
—Es necesario que me vaya.
—Usted dormía que parecía un muerto. Nunca he visto a nadie
dormir así, con tal cansancio,. hasta con el olvido de las necesidades
naturales... pero, a propósito,. ¿de dónde sacó usted esa historia del
suicida del café? He visto los diarios de ayer a la noche y de esta
mañana. Ninguno trae esa noticia. Usted la ha soñado.
—Sin embargo, yo puedo enseñarle el café.
—Pues soñó en el café, entonces.
—Puede ser... no tiene importancia... ¿y eso?... .
—Ya está.
—¿Todo?
—Todo.
—¿Y el ácido?
—Lo volcaremos en el sumidero.
—¿Así que ya?... .
—Es como si no hubiera existido nunca.
—Al despedirse del Astrólogo, éste le dijo:.
—Véngase el miércoles a las cinco. A la noche tendremos
reunión. No se olvide de comprarse un traje de confección mientras
le hacen los otros. No falte, que estará el Buscador de Oro,. el Rufián
y otros, otros. Cambiaremos ideas y acuérdese de que tengo mucho
interés en la cuestión de los gases asfixiantes. Hágase un proyecto
para fábrica reducida de cloro y fosgeno. Ah, y a ver si puede
averiguar qué diablo es el gas mostaza. Destruye cualquier
substancia que no esté protegida por un impermeable empapado en
aceite.
—El fosgeno es oxicloruro de carbono.
—No pierda tiempo, Erdosain. Una fábrica chica. Que puede
servir de escuela de química revolucionaria. Recuerde que nuestras
actividades se pueden dividir en tres partes. El Buscador de Oro
estará encargado de lo relacionado con la colonia,. usted con las
industrias,. Haffner con los prostíbulos. Ahora que tenemos dinero no
hay que perder tiempo. Es necesario que trabaje. ¿Qué me dice
usted si organizamos una usina que llegue a ser en la Argentina lo
que fue la Krupp en Alemania? Hay que tener confianza. De lo
nuestro pueden salir muchas sorpresas. Somos descubridores que
no saben sino en conjunto hacia dónde van. ¡Y eso mismo quién
sabe!... .
Erdosain fijó un segundo los ojos en el semblante romboidal del
otro,. luego, sonriendo burlonamente, dijo:.
—¿Sabe que usted se parece a Lenin?
Y antes de que el Astrólogo pudiera contestarle, salió.
[FIN]